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Sasha Sokol: los 5 ASQUEROSOS hombres de su vida. Rompió el silencio al fin

era novia de Luis de Llano en ese momento y mi mamá yo creo que no era lo que sentía que era mejor para mí, ¿no? Entonces yo creo que mi mamá me planteó, “¿Por qué no te vas?” Lo que voy a contarte hoy, comadre, te va a romper  el corazón porque esta niña, esta niña que tú viste con coletas, con uniforme blanco, brincando en el escenario de Timbiriche, esta niña que cantaba México con la mano en el pecho a los 12 años.

 Esta niña tenía 14 años cuando un hombre de 309 años, un hombre que era un año mayor que su propio papá, un hombre que tenía la misma edad de su mamá, ese hombre la convirtió en su pareja sin tener edad para hacerlo. Y nadie, comadre, nadie movió un dedo para protegerla. Lo más doloroso no fue eso, comadre. Lo más doloroso fue que cuando su familia se enteró, en lugar de demandar al monstruo, la castigaron a Ela.

 su padrastro, ese hombre que la había adoptado, ese hombre que ella consideraba su papá, ese hombre la desadoptó. Su mamá la sacó de Timbiriche y la mandó a un internado en Boston, pero el monstruo siguió pegado a ella. Siguieron juntos 4 años. Cuatro.  Y cuando por fin se atrevió a hablar, 34 años después, mucho mundo le dio la espalda otra vez.

 Hoy te voy a contar las cinco personas que destrozaron a Sasha Socol. Esa niña preciosa de ojos azules que se convirtió en la voz del mitú mexicano. La mujer que llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ganó. La mujer que cambió la ley en México. Quédate hasta el final, comadre, porque la número uno te va a hervir la sangre y la número dos te va a sorprender, porque es un nombre que tú ya conoces  muy bien. Empezamos.

Vámonos para atrás, comadre. Año 1970, 17 de junio, verano caliente en la Ciudad de México. Y en una clínica de la colonia Polanco, una mujer francesa de piel blanquísima y mirada serena dio  a luz a una bebé que iba a marcar a toda Latinoamérica. Esa mujer francesa se llamaba Magdalena Quilleri y aquella bebé, esa bebita preciosa de cabellitos  castaños era Sasha Marian Socol Quilleri, la futura reina de Timbiriche.

 Magdalena Quilleriy era una francesa elegantísima, fina, con ese aire de mujer europea que sabe pisar fuerte aunque ande en tacones de aguja. se casó con un mexicano de ascendencia ucraniana llamado Miguel Socol, a quien todos le decían cariñosamente happy. Y de esa unión nació la pequeña Sasha, pero la felicidad familiar duró poco.

Cuando Sasha  era apenas una niñita, sus papás se separaron y la vida, comadre, esa que a veces te quita y a veces te da, le tenía preparada una segunda oportunidad a Magdalena. Doña Magdalena conoció a un hombre mexicano de sociedad. Un hombre serio, elegante, importantísimo, un hombre con un apellido que en México vale tanto como el oro.

 Se llamaba Fernando Díz Barroso Azcárraga. ¿Tú entiendes lo que significa ese apellido, comadre? Significa que este señor era pariente de la familia Azcárraga. Sí, esa familia, la familia dueña de Televisa, la familia que controlaba el medio del espectáculo en México. Fernando Díz Barroso era un ejecutivo poderoso de Televisa. Se enamoró perdidamente de la mamá de Sasha y se casaron.

 Y la pequeñita Sasha,  una niña de 6 o 7 años, recibió un papá nuevo. Un papá nuevo que la trató como si fuera su propia hija, que la quería. Fernando adoptó a la pequeña Sasha, le dio sus apellidos. La niña pasó a llamarse Sasha Marián 10 Barroso y para ella Fernando se convirtió en su papá real, el papá de todos los días, el papá que la veía crecer.

 Sasha tenía hermanos también, comadre tenía un hermano, Michel y dos hermanas, Shimena y Alejandra. Una familia preciosa, una familia que se veía perfecta desde afuera.  Y entre los privilegios que vinieron con el apellido 10 Barroso, vino el más grande de todos  para una niña con sueños artísticos, el acceso a Televisa.

 A los 5 años, comadre,  a los 5 años, Sasha ya estaba grabando comerciales para una marca de galletas que tú conoces muy bien, Marcel. Sí, comadre. Esos pingüinos, esas roles, esas sabritas que tú le ponías al lonche de tus  hijos, esa niña preciosa de los anuncios era Sasha Socol. Pero la vocación verdadera vino con la música.

 Entre 1980 y 1981, Sasha hizo audición y la aceptaron en el Centro de Educación Artística de Televisa, el famoso Sea, esa fábrica de estrellas por donde han pasado todas, todas las que tú admiras hoy en la pantalla. Su maestra fue una mujer estrictísima llamada Marta Zavaleta y Sasha, con apenas 10 11 años  ya estaba destacando.

 Y entonces, comadre, en 1982 llegó la llamada que iba a cambiar la vida de Sasha para siempre. Y aquí entra al cuadro el primer monstruo de esta historia, un hombre que en aquel entonces era el productor más poderoso de la televisión infantil  mexicana. Un hombre con bigote, con anillo de oro en el meñique, con voz grave de locutor, un hombre que tenía la edad de los papás de las niñas a las que les hablaba,  un hombre llamado Luis de Llano Macedo.

 Luis de Llano estaba armando un proyecto que iba a cambiar la historia de la música pop infantil en América Latina, un grupo musical formado por niños de entre 10 y 14 años, algo que en México nunca se había visto. El nombre del grupo era una palabra rara, juguetona, que sonaba a juego de patio, timbíiche. Luis deo había convencido al cantante español Miguel Bosé para que apadrinara el proyecto.

 Y entre los niños que seleccionó comadre había unos nombres que con el tiempo se iban a convertir en leyenda. Benny Ibarra, sobrino del propio Luis de Llano, Diego Schoning, Mariana Garza, Alex Bauer, Paulina Rubio, hija de la actriz Susana Dos Amantes. Y faltaba una pieza,  una pieza chiquita pero brillante. Y para esa pieza, Luis de Llano se acordó de la niña rubia que había visto en el Sea, la niña de los ojos claros, la hijita de Fernando 10 Barroso, Sasha Secol.

 Sasha entró a Timbiriche con 12 años, comadre. 12. Una nena que apenas estaba dejando los moños del cabello. Una nena que todavía iba con la mamá al súper. Una nena que apenas estaba descubriendo que era estar enamorada. Y ahí, comadre, en ese estudio de grabación, ahí empezó el infierno. Pero claro, en ese momento nadie lo sabía. En ese momento todo parecía un sueño hermoso.

 Los timbiriches empezaron a grabar. Los timbiriches empezaron a hacer giras. Sasha cantaba canciones que se volvieron himnos de toda una generación. La vida es mejor cantando. Noches de verano. Hoy tengo que decirte papá.  México. Las niñas mexicanas de los 80s se sabían de memoria cada palabra. Y Sasha, comadre, Sasha brillaba más que ninguna.

  Tenía esa cosa que se llama estrella. A los 12 años empezó también su primer noviazgo de niños con Benny y Barra. Sí, comadre, ese Benny y Barra que tú conoces fueron novios siendo unos chamacos, un romance inocente de besos en la mejilla, cositas de niños,  comadre. Hasta el día de hoy, Sasha dice que Benny Ibarra fue su primer novio y lo recuerda con un cariño especial.

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