Posted in

RAFA MÁRQUEZ : LA ASQUEROSA VERDAD QUE ADRIANA LAVAT OCULTO DURANTE 5 AÑOS

La precolarra, la precolarra, la precolarra. Atlenador de divisiones inferiores. El niño llegó al mundo con dos cosas marcadas desde el primer minuto. Un apellido que ya tenía historia  en el fútbol regional y un padre que iba a empujarlo a cumplir el sueño que él mismo no había podido terminar.

A los 4 años el niño ya pateaba un balón en el patio de tierra de su casa. A los seis ya entrenaba con un equipo infantil  de la liga local. A los 9 metía cuatro goles en un partido de torneo regional y un casatalentos del club Atlas de Guadalajara llamado Mario Carrillo  lo apuntó en una libreta verde. Esa libreta verde iba a cambiarle la vida.

La familia del niño no tenía dinero. La casa de Zamora tenía dos cuartos. una madre que cocinaba para todos, tres hermanos que dormían en colchones tirados en el piso, un padre que sacaba el sueldo de entrenador para pagar la renta y la comida. Pero ese padre tenía algo más valioso que el dinero. Tenía contactos en el mundo del fútbol  mexicano y sabía exactamente qué hacer con un hijo que pateaba el balón mejor que todos los niños de su generación.

A los 12 años, Rafael Márquez Álvarez salió de Zamora. se fue solo con una maleta de tela rumbo a las divisiones inferiores del Atlas en Guadalajara, a 3 horas de su casa. Esa madrugada del lunes de septiembre del 91, cuando se subió al autobús con la maleta en las piernas, el niño tenía 12 años recién cumplidos.

Su madre se quedó llorando en la terminal. Su padre le dio un solo abrazo, sin lágrimas, sin frases largas, le dijo una sola cosa al oído antes de soltarlo. Si fallas, no vuelvas. Esa frase del padre dicha a las 5:30 de una mañana fría de septiembre iba a marcar todas las decisiones que el muchacho iba a tomar durante los siguientes 30 años.

Porque cuando un niño se va de su casa con 12 años cargando esa frase, ya no sabe distinguir entre lo correcto y lo que sirve para no volver perdido. Cualquier cosa funciona mientras no haya que regresar. Los años siguientes fueron de entrenamiento y soledad. El muchacho subió rápido en el Atlas. A los 15 ya jugaba en la sub17.

A los 17 ya entrenaba con el primer equipo profesional. Y en julio del 96, con 16 años recién cumplidos, debutó en primera división contra el Atlante en el estadio Jalisco. Jugó 35 minutos,  no metió gol, pero recibió tres elogios en la prensa al día siguiente. A partir de ese partido, la carrera del muchacho fue una escalera de dos en dos.

Para los 18 años era titular indiscutible del Atlas y referente defensivo del equipo. Para los 19 ya había recibido su primera convocatoria a la selección mexicana  y antes de cumplir 20, en julio del 99, llegó la oferta que cambiaba todo. El AS Mónaco de Francia lo quería.000 dólar para el Atlas.

Salario de $500,000 al año para el muchacho.  Pasaje de Guadalajara Anisa pagado para él y para toda su  familia si decidían acompañarlo. A los 20 años, Rafael Márquez Álvarez se subió a un avión que lo iba a sacar de México durante los siguientes 17 años. La maleta, esta vez era de cuero. Las despedidas las mismas.

Su madre llorando, su padre sin lágrimas. Pero la frase que el padre le dijo en el aeropuerto de Guadalajara aquella tarde de julio fue distinta. Esta vez fue una sola palabra: triunfa. Lo que el muchacho no sabía esa tarde mientras abrazaba a su madre y aceptaba la palabra de su padre como sentencia, es que la persona que él iba a destruir  más profundamente en los siguientes 10 años de su vida, ni siquiera la había conocido todavía.

Esa mujer estaba a esa hora terminando una clase de actuación en la ciudad de México, sin imaginar que el muchacho del avión iba a marcarla para siempre. Esa mujer se llamaba Adriana Labat Rodríguez. Tenía 24 años. Era actriz, hija del primer actor Jorge Labat, sobrina del legendario actor de doblaje José Labat, la voz mexicana de Robert de Niro y Al Pacino, sobrina también de la primera actriz  Keta Labat, icono del cine de oro mexicano.

Es decir, Adriana Labat venía de una de las dinastías más respetadas del entretenimiento  mexicano. Su apellido sonaba en las salas de cine desde los años 50,  pero ella no quería vivir del apellido. estudiaba actuación desde los 18 años. Había presentado un programa de televisión llamado  A que No te atreves en el 99.

Ahora preparaba audiciones para telenovelas.  Vivía en un departamento de la colonia Polanco con su madre, Chuti Rodríguez. Tenía  una rutina ordenada, una vida tranquila, un sueño de actriz que ya empezaba a tomar forma. Ya, ya,  ya, ya, ya, ya, ya. En el verano del año 2001,  Adriana y Rafael se conocieron en una fiesta privada en la Ciudad de México.

Fue durante las vacaciones de él en Mónaco. Una amiga en común los presentó.  Hablaron toda la noche, bailaron poco. Él le pidió el teléfono al final, ella se lo dio  y al día siguiente él la invitó a cenar a un restaurante de Polanco. Lo demás fue rápido, demasiado rápido.

A los dos meses ya eran pareja oficial. A los 5 meses ya hablaban de matrimonio. A los 7 meses se casaron por lo civil en una ceremonia íntima  en la capital. Era diciembre del año 2001. Ella tenía 27 años, él tenía 22. Lo que la familia Labat no podía ver esa noche de la boda civil es que ese  muchacho moreno de Zamora, de hablar pausado y mirada tímida, cargaba dentro una frase paterna que lo iba a empujar a destruir todo lo que tocara con tal de no fallar.

Y la primera víctima de esa frase iba a estar a su lado durante los siguientes 6 años. Los dos primeros años de matrimonio fueron de viajes y promesas. Rafael jugaba en el Mónaco. Adriana viajaba a Francia cada vez que tenía descanso de los castings. Vivían a caballo entre dos países.

Aprendieron a hablar francés juntos. Compraron un departamento en Mónaco con vista al puerto y empezaron a planear,  sin contárselo a nadie todavía, el primer hijo. El primer hijo llegó en agosto del 2003. Lo llamaron Santiago. Santiago Márquez Labat. Nació en una clínica privada de la Ciudad de México  un sábado por la mañana.

Pesó 3 kg y 200 g. Salió moreno como su padre  y con los ojos grandes de su madre. Adriana lo cargó en el pecho  durante las primeras dos horas sin soltarlo. Rafael la besó en la frente y le dijo una frase que ella iba a recordar 20 años después en una corte de Alcovendas.

Read More