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OMAR CHÁVEZ: CONFESÓ Por Qué Le DESTROZÓ La Vida A Toda Su Familia

 se subió a su cadilac negro estacionado afuera.  Manejó 40 minutos hasta una casa en Nabolato, donde lo esperaba otra mujer y no regresó al hospital hasta tres días después. Amalia Carrasco esa noche, sola en la habitación del hospital, con el niño pegado al pecho, escribió en una libreta pequeña de pasta verde una sola frase, una frase que iba a explicar la historia entera de Omar Chávez durante los siguientes 36 años.

Una frase que Omar leyó por primera vez a los 22 años de edad, una noche de octubre de 2012, cuando su madre, ya enferma le entregó esa libreta verde antes de morir. La frase decía exactamente  esto. Este niño va a tener un nombre más grande que él y le va  a doler todos los días.

 Guarda esto en tu mente porque va a regresar. Aquí aparece el primer caramelo de esta historia. Porque esa libreta verde de pasta dura  escrita por Amalia Carrasco entre 1990 con 98 páginas llenas de letra apretada todavía existe. Hoy en 2026 está guardada en una caja fuerte del despacho de un abogado de Culiacán llamado Ramón Esquivel, abogado que la familia Chávez contrató en 2016 para que la custodiara.

Esa libreta durante 10 años nadie la abrió. Pero la mañana del 21 de mayo de 2026, cuando Omar Chávez salió del penal de Aguaruto bajo medidas cautelares, lo primero que hizo no fue ir a ver a su esposa, no fue ir a ver a sus hijos. Lo primero que hizo Omar Chávez fue manejar 42  minutos hasta el despacho de Ramón Esquivel, golpear la puerta a las 11:17 de la mañana y exigir que le entregaran la libreta verde de su madre.

El abogado se negó. Omar regresó esa noche con una pistola, pero esa escena la vamos a contar más adelante, porque para entender por qué Omar Chávez a los 36 años fue capaz de apuntarle con una pistola al abogado de su propia familia por una libreta de pasta verde. Primero hay que regresar a lo que era esa casa amarilla del fraccionamiento Las Quintas en los años  90 y a lo que pasaba dentro de ella cuando Julio César Chávez padre llegaba a las 3 de la mañana con olor a alcohol.

 a perfume de otra mujer y a sangre seca en los nudillos de las dos manos. Omar tenía 4 años la primera vez que vio a su padre golpear a su madre. Era una madrugada de febrero de 1994, eran las 2:40 de la mañana. Julio César Chávez, padre, dos meses después de perder por primera vez en su carrera profesional contra Franky Randall en Las Vegas, llegó a la casa amarilla con un humor que Amalia ya había aprendido a reconocer.

 Omar, dormido en la habitación de al lado con su hermano mayor, Julio César Jor, de 8 años, escuchó tres cosas esa madrugada en este orden. Primero, el golpe seco de una puerta de cocina cerrándose con fuerza.  Segundo, una voz de mujer pidiendo que parara. Tercero, un silencio largo, demasiado largo, que solo se rompió cuando Omar escuchó a su madre llorando bajito sobre el piso de mosaico de la cocina.

 A la mañana siguiente, cuando Omar bajó a desayunar, encontró a su madre Amalia con el labio roto y un moretón en el pómulo derecho. Amalia  le puso un plato de avena con plátano, le acarició el cabello y le dijo a Omar a sus 4 años recién cumplidos, una frase que el niño iba a recordar el resto de su vida. Mi amor, papá está cansado.

 No le hagas preguntas  hoy. Come tu avena. Julio César Chávez Junior, el hermano mayor de Omar,  no bajó a desayunar esa mañana. Julio César Chávez. Junior estaba en el cuarto principal con su padre. Estaba aprendiendo a vendarse las manos. Estaba escuchando al campeón decirle que él, el primogénito, iba a ser el heredero del nombre, el que iba a llevar el cinturón  de la familia, el que iba a defender el apellido Chávez en los rings del mundo entero.

 Omar abajo,  comiendo avena con plátano frente a su madre rota, entendió esa mañana algo que iba a marcar cada decisión de su vida. Su hermano era el escogido, él era  el otro, él era el segundo. Y desde ese día, durante 32 años seguidos, Omar Chávez intentó no ser el segundo. Lo intentó con todas las fuerzas de un niño que pesaba 18 kg y veía a su madre llorar en la cocina.

 Lo intentó debutando  como boxeador profesional a los 16 años exactos, 2 años antes de la edad legal mexicana. en una pelea arreglada por su padre el 16 de diciembre de 2006  en su natal Culiacán, donde noqueó a un debutante llamado Jesús García en el primer asalto. Esa pelea en realidad no fue una pelea, esa pelea fue una pantomima.

Aquí entra el segundo caramelo de esta historia, porque Jesús García, el rival que Omar Chávez supuestamente noqueó en el primer asalto de su debut profesional, no era boxeador. Jesús García era un albañil de 29 años del pueblo de Villajuárez,  a 40 km de Culiacán, al que el equipo de Julio César Chávez  padre le ofreció 8000 pesos por subirse al cuadrilátero y dejarse caer en el primer asalto.

Jesús García aceptó, se dejó caer al minuto y 42 segundos y se llevó esos 8000 pesos a su casa esa misma noche en un sobre amarillo que Omar nunca supo que su padre había entregado. Pero Jesús García 18 años después, en 2024, escribió una carta. Una carta que envió a un periodista de Sinaloa llamado Roberto Quen.

 Una carta donde contaba la verdad de esa noche. Una carta que el periodista publicó parcialmente en abril de 2025, dos meses antes de morir Roberto Quen, en circunstancias que el caso oficial cerró como infarto al miocardio, pero que la familia del periodista todavía hoy considera un asesinato. La carta de Jesús García completa sigue guardada en un disco duro que la viuda del periodista no quiere entregar a nadie. Vamos a regresar a esa carta.

Omar Chávez a sus 16 años salió del cuadrilátero esa noche del 16 de diciembre con la mano levantada por  su padre Julio César con los flashes de los fotógrafos pegándole en la cara con su hermano Julio César Junior, que esa misma noche peleaba en la pelea estelar. mirándolo desde la esquina con una sonrisa que Omar no supo decifrar hasta  20 años después.

Esa sonrisa de su hermano mayor decía una sola cosa. Yo sé que esto fue mentira y tú también lo sabes, pero Omar con 16 años prefirió creer que era verdad.  Prefirió creer que había noqueado a un boxeador profesional en menos  de 2 minutos. prefirió creer que iba a ser el segundo Chávez en conquistar  el mundo.

 Y esa decisión, esa pequeña mentira que Omar se dijo a sí mismo a los 16 años  fue la primera de una larga cadena de mentiras que iban a terminar 36 años después,  una mañana de mayo de 2026 en una patrulla de la Policía Estatal Preventiva de Sinaloa.  Entre 2006 y 2012, Omar Chávez peleó 31 veces como profesional, ganó 30, perdió una.

 Y de esas 30 victorias, según la  propia confesión de Jesús García en la carta enviada a Roberto Cuen, al menos 14 fueron peleas arregladas financiadas por el equipo de Julio César Chávez  padre, donde rivales pobres aceptaban dinero a cambio de dejarse caer en los primeros asaltos. Omar Chávez fue construido. Omar Chávez fue inflado.

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