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“Lo que RICARDO FORT y CRIS MORENA JAMÁS se Animaron a Confesar”

Antes de ser Cris Morena era María Cristina de Jacomi, una chica de barrio parque que se crió en una casa donde las cosas no eran lo que parecían. Se dice que su madre tenía una enfermedad mental que la familia tardó años en reconocer. Una madre brillante, creativa, pero impredecible. Un día cariñosa. Al siguiente completamente inalcanzable.

Cris lo vivió en silencio durante su infancia y ese silencio, según trascendió en más de una entrevista, la marcó para siempre. Porque hay quienes sostienen que la mejor manera de entender a Cris Morena no es mirar sus programas, sino mirar lo que escondió detrás de ellos. Chiquititas era sobre niños abandonados.

Rebelde Way era sobre jóvenes que se rebelaban contra el mundo adulto. Casi ángeles era sobre huérfanos que se buscaban a sí mismos. Casualidad. Hay quienes dicen que no, que cada programa de Cris Morena es en realidad una carta que nunca le mandó a su madre. A los 17 años se fue de su casa sola, sin red de contención.

 Fue imagen de los Jeans Lee. Trabajó en televisión desde adolescente y en 1972 en el programa Boltops conoció al hombre que cambiaría su vida, Gustavo Jankelevich. Se casaron al año siguiente. Tenían poco más de 20 años. tenían todo por delante y tenían, aunque todavía no lo sabían, un dolor que los esperaba más adelante. Juntos construyeron un imperio, primero como actriz, después como guionista, después como productora.

 Cris tomó el nombre artístico Morena de un personaje que en la telenovela fugitiva, hijo de  Y ese nombre en la vida, ese nombre prestado se convirtió en una marca que vale decenas de millones de dólares. Porque hay algo que Cris Morena entendió antes que nadie, que la televisión no es entretenimiento, es emoción, es identidad, es el espejo en el que un país entero se mira a sí mismo.

Y mientras Argentina se miraba en ese espejo, Cris guardaba sus secretos. Del otro lado de la ciudad había un hombre que también guardaba secretos, pero los suyos eran distintos. Los suyos brillaban, los suyos hacían ruido, los suyos llenaban páginas de revista. Ricardo Ford no nació famoso, nació rico y esa diferencia, aunque parezca menor, lo definió todo.

era el heredero de uno de los imperios chocolateros más grandes de Argentina, Felford, la empresa que hacía los Jack, los Rodesia, los caramelos que toda una generación de argentinos comió de chicos. Era en teoría el heredero perfecto de un negocio familiar, discreto, formal, invisible. Pero Ricardo Fort no tenía ningún interés en servisible.

Se dice que desde muy joven Ford sabía que era diferente, que el traje gris del empresario familiar le quedaba tres talles de grande, que el mundo del chocolate era demasiado pequeño para alguien que quería que todo Argentina lo mirara. Y hay algo que pocos recuerdan hoy. Fort no entró a la televisión porque alguien lo llamó.

 Fort entró porque él decidió entrar, porque se plantó en la puerta del entretenimiento argentino y dijo, “Acá estoy yo.” Lo que pasó después, Argentina lo vio en vivo. Los anillos, los guardaespaldas, las pelucas, los programas, los escándalos. Una carrera mediática que duró apenas 5 años, pero que dejó una huella que sigue viva hoy, más de una década después de su muerte.

Porque Ricardo Ford no fue simplemente un personaje de televisión. Ricardo Ford fue un fenómeno cultural, una grieta en el sistema, un hombre que llegó a la televisión argentina con plata propia y les dijo a todos los productores, a todos los directores, a todos los dueños de canales. Yo no necesito que me inviten, yo me invito solo.

Y Cris Morena, ¿qué pensaba Cris Morena de ese hombre? Esa es la pregunta que nadie hizo y cuya respuesta puede cambiar todo lo que creía saber. Para entender lo que pasó entre Fort y Chris Morena, primero hay que entender el mapa del entretenimiento argentino de los 2000. Era un territorio dominado por muy pocos.

Tinelli de un lado, Cris Morena del otro, Telefo y en el medio, cruzando de un lado al otro como si los límites no existieran. Estaba Fort. Fortado de Showmch. Showmch era el programa de Tinelli. Tinelli y Morena eran, en términos televisivos, rivales, dos imperios que peleaban por el mismo espectador, por la misma franja horaria, por el mismo peso en la industria.

Entonces, lógicamente, un hombre como Fort, que vivía dentro del universo de Tinelli no tenía ninguna razón para aparecer en el universo de Morena. servido del poder y nunca apareció. Pasal a napta. Pero así empieza lo interesante,  porque hay quienes sostienen en base a versiones que circularon durante años en los pasillos del espectáculo, que Fort y Morena no se ignoraban, que se conocían, que en más de una oportunidad, en reuniones privadas, en eventos exclusivos, en esa Buenos Aires nocturna que nunca

aparece en las revistas. Estos dos gigantes del entretenimiento argentino se cruzaron, se miraron y se reconocieron. ¿Qué se reconocieron? Eso es lo que se pregunta este video, porque Fort y Morena tenían más cosas en común de lo que cualquiera imaginaría al verlos juntos. Los dos construyeron imperios, los dos convirtieron el dolor en poder. Los dos vivían dobles vidas.

una pública y brillante, otra privada y cargada de sombras que pocos conocían. Y los dos, según trascendió en distintos momentos, guardaban un secreto sobre el mundo del entretenimiento argentino que nunca dijeron en voz alta. ¿Cuál era ese secreto? Paciencia, porque primero hay que entender lo que cada uno perdió.

El 28 de septiembre de 2010, Chris Morena perdió a su hija. Romina Yan tenía 36 años. Había crecido a la vista de toda Argentina como la protagonista de Chiquititas. Era la hija de Cris, sí, pero también era la hija de todos, la nena de la pantalla que había acompañado la infancia de millones. Y un domingo a la mañana, sin previo aviso, sin enfermedad, sin ninguna señal, Romina Yan dejó de estar.

un paro cardíaco, 36 años, tres hijos y una madre que de repente tuvo que entender que el mundo puede derrumbarse un domingo cualquiera mientras vos seguís respirando. Crris Morena nunca habló demasiado de ese dolor. en público, al menos siguió trabajando, siguió creando, siguió siendo la Cris Morena que Argentina conocía, pero hay quienes que estuvieron cerca de ella en esos años.

Cuentan que algo en su interior cambió para siempre, que la pérdida de Romina la convirtió en otra persona, más profunda, más silenciosa, más cuidadosa de lo que mostraba y lo que ocultaba. Y 15 años después, la vida volvió a golpearla. En julio de 2025, su nieta Mila, la hija de su hijo Tomás, murió en un accidente náutico en Miami.

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