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JOAN SEBASTIAN: el ÍDOLO que lo TUVO TODO y los PERDIÓ a los DOS a BALAZOS

 Y como ese mismo hombre que le cantó al amor como nadie tuvo que vivir el dolor más grande que puede sufrir un ser humano, enterrar a sus propios hijos, porque esto es lo que casi nadie te cuenta cuando hablan de Joan Sebastián. Te hablan de sus caballos, de sus sombreros, de sus grami, de sus mil canciones, de las plazas llenas. Te muestran al rey triunfante arriba del caballo saludando a la multitud.

 Pero detrás de cada sonrisa en el escenario, detrás de cada concierto, detrás de cada canción de amor que le regalaba a su público, había un hombre que cargaba un dolor que tú y yo difícilmente podríamos soportar. Un hombre que aprendió de la peor manera, que ni todo el dinero del mundo, ni toda la fama, ni todos los premios pueden proteger a un padre de la peor de las desgracias.

 Esa es la verdadera historia de Joan Sebastian, la que vamos a conocer hoy completa. Si te emocionan las historias reales de las grandes leyendas de nuestra música, suscríbete ahora mismo y activa la campanita, porque esto que vas a escuchar está documentado con fechas, con nombres y con sus propias palabras. Y antes de empezar, déjame una cosa en los comentarios.

 ¿Cuál es la canción de Joan Sebastián que más te marcó? Escríbemela ahí abajo. La voy a leer. Ahora sí, abrimos el expediente. Antes de entrar te aviso lo que vas a descubrir, porque cada cosa pesa más que la anterior. Lo primero, como un niño pobre de Juliantla, un pueblo en la montaña de Guerrero, un niño que entró al seminario para hacer cura, terminó convertido en el compositor más premiado de México.

 Lo segundo, ¿cómo inventó un espectáculo único en el mundo? ¿Cómo cantaba arriba de un caballo? ¿Y por qué lo coronaron como el rey del jaripeo? Lo tercero, las cinco mujeres que marcaron su vida, los ocho hijos que tuvo y el escándalo de la infidelidad que toda una nación vio por televisión.

 Lo cuarto, y prepárate, porque es lo que parte esta historia en dos. La tragedia, los dos hijos que le arrebataron a balazos y cómo un padre puede seguir cantando con el corazón hecho pedazos. Y lo quinto, su propia batalla de 16 años contra una enfermedad que se lo fue comiendo por dentro y el adiós final en la tierra que nunca quiso abandonar.

 Te voy a avisar cuando llegue cada parte y guárdate ya un nombre porque lo vamos a necesitar más adelante y te va a doler cuando entiendas por qué. trigo. Recuérdalo, ese nombre lo va a perseguir a él y te va a perseguir a ti durante todo este video. Ahora vamos al principio. Cuando todavía no había rey, solo un niño y una montaña.

 Hay hombres que nacen en cunas de oro y hay hombres que nacen en cunas de tierra. Joan Sebastián nació  en una cuna de tierra y nunca en toda su vida, por más millones que ganara, por más premios que acumulara, se olvidó de dónde venía. Al contrario, hizo de su origen humilde la bandera más grande de su carrera.

 Y eso, créeme, no es lo común. Lo común es que la gente cuando triunfa, cuando prueba el dinero y la fama, quiera borrar su pasado pobre, esconder de dónde salió, fingir que siempre perteneció a ese mundo de lujos, José Manuel hizo justo lo contrario y por eso su historia se siente tan verdadera, tan cercana. Él presumía de su pueblo, lo nombraba en sus canciones, volvía a él cada vez que podía.

 Para él, Juliantla no era una vergüenza que ocultar, sino el tesoro más grande que tenía. Y esa fidelidad a sus raíces fue una de las claves de por qué el pueblo lo amó tanto y por tanto tiempo. Juliantla, Guerrero. 8 de abril de 1900. 51. Un pueblo pequeño escondido en la montaña, en el municipio de TCO de Alarcón, al norte de uno de los estados más pobres de México.

 Un lugar sin bullicio, sin ruido de coches, como él mismo lo describiría años después en una de sus canciones más queridas. Ahí nació José Manuel Figueroa Figueroa, hijo de doña Celia Figueroa, un niño de campo, de los que crecen entre caballos, animales y la dureza de una tierra que no regala nada.

 Quiero que te imagines ese mundo por un momento. Un niño en la sierra de Guerrero a mediados del siglo pasado, sin lujos, sin comodidades, sin un futuro asegurado. El destino lógico de un niño así era quedarse en el pueblo, trabajar la tierra, criar animales y vivir una vida sencilla y anónima como la de tantos. Pero José Manuel traía algo distinto por dentro.

Traía la poesía. Y quiero que entiendas de qué tamaño era esa pobreza, porque no es un adorno de la historia, es la raíz de todo. Guerrero era y sigue siendo uno de los estados más pobres de México. Juliantla era un pueblo de montaña sin las comodidades de la ciudad, donde la gente vivía del campo, de los animales, de lo que la tierra quisiera dar.

Un niño que nacía ahí no tenía caminos fáciles, no había escuelas de música, no había contactos, no había forma evidente de que un crío de ese rincón llegara jamás a ser alguien  fuera de su pueblo. Y sin embargo, de ese rincón olvidado salió el compositor más premiado en la historia de México. Cuando entiendes de dónde salió, su grandeza se vuelve todavía más enorme.

Desde muy chico, José Manuel mostró que era diferente. Su padre, según se ha contado, le regaló una guitarra siendo apenas un niño y desde entonces empezó a rasguear y a inventar.  La música y las palabras le brotaban de manera natural, como el agua de un manantial. No era algo que hubiera estudiado, era algo que traía dentro, un don con el que había nacido en aquella cuna de tierra.

 Y aquí viene un dato precioso de esos que retratan a una persona entera. Siendo apenas un niño, lo mandaron interno a un colegio en Guanajuato, lejos de su casa, lejos de su madre. Imagínate a ese niño de 8 años arrancado de su pueblo, de su montaña, de los suyos. metido en un internado, en un estado lejano, esa soledad temprana, ese extrañar la tierra fue lo que despertó al poeta.

 Porque un día en ese internado le entregó a su maestra unas líneas que él mismo había escrito en honor a su pueblo. Decían algo así como que había un pueblo en la montaña sin bullicio ni ruido de coches, con un sol que lo bañaba de luces y una luna que alumbraba sus noches. La maestra leyó aquello y no lo podía creer.

 Pensó que el niño lo había copiado de algún libro, que era imposible que un crío hubiera escrito algo tan hermoso, pero no lo había copiado. Era su imaginación, era el talento puro de un niño que extrañaba su tierra. Ese niño, muchos años después sería conocido como uno de los compositores más importantes en la historia de la música mexicana.

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