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ITATÍ CANTORAL: las ASQUEROSAS 5 personas que destruyeron su vida y la convirtieron en MADRE FEROZ

 Y quédate hasta el final porque la traición número uno, la que más le dolió, la que la hizo convertirse en la madre más feroz de México, es la más reciente. Y vas a entender por qué ella misma dijo, “Yo siempre pongo el alto. Mi nombre es bueno, tú ya me conoces, comadre, y esta es fama destruida. Itati Guadalupe Cantoral Suki llegó al mundo un martes 13 de mayo de 1975 en la ciudad de México.

 Y déjame decirte que nacer en esa familia no era cualquier cosa, era nacer dentro de la historia musical de México mismo, porque su padre era nada más y nada menos que Roberto Cantoral García. Sí, el señor cantoral, el que compuso el reloj, el que compuso la barca, el que compuso el triste, esa canción inmortal que José José convirtió en himno, el que compuso el preso número nueve, esa que todos cantamos sin saber quién la había escrito.

 Roberto Cantoral era el alma de la canción romántica mexicana y desde 1982 era el presidente de la Sociedad de Autores y Compositores de México. Un hombre podero, respetado, querido por todos. Pero la madre de Itatí también tenía lo suyo, comadre. Doña Ituki era argentina. Nació en Buenos Aires en octubre de 1937 y no era cualquier mujer, era bailarina, era actriz y era además campeona de judo. Campeona de judo.

 La señora era fuerte, físicamente, fuerte, mentalmente fuerte. Y la forma en que Roberto e Itatí se conocieron parece sacada de una novela. Doña Itatí tenía 25 años cuando viajó a Chile a presentarse como bailarina y ahí, en Santiago, conoció a Roberto Cantoral. Se enamoraron a los dos días, se casaron a los 9 días. 9 días, comadre.

 El compositor Armando Manzanero llegó a decir que esa historia era digna de contarse. De ese amor relámpago nacieron cuatro hijos, tres hombres primero y al final la única mujer. Esa única mujer era Itatí, la consentida, la chiquita, la princesa de la casa cantoral. Los hermanos eran José Cantoral, compositor y productor. Roberto Cantoral, hijo, que con el tiempo se convertiría en director general de la sociedad de autores y compositores y Carlos Cantoral y luego ella, la única mujer.

 La casa cantoral era una casa donde se respiraba música a todas horas, donde llegaban a cenar los más grandes cantantes de México, donde José José pasaba a ver al maestro para que le diera consejos. Y Tatí creció dentro de ese mundo, pero ella no quería ser compositora, ella no quería ser cantante, ella quería ser actriz y empezó a actuar a los 11 años, comadre, a los 11 años.

 En 1986 debutó en un programa que se llamaba La Telaraña, una serie de suspenso que se transmitió hasta 1988. La familia entera la apoyaba. Y cuando terminó la telaraña se inscribió en el SEA, el centro de educación artística de Televisa, esa escuela legendaria de donde han salido todos los grandes actores de las telenovelas.

 Y ahí en el Sea Itati no solo aprendió a actuar, ahí conoció al primer gran amor de su vida. Y aquí, comadre, aquí empieza lo bueno, porque antes de Eduardo Santa Marina, antes de Carlos Alberto Cruz, antes incluso de Cristian Castro, hubo un hombre que casi se convierte en el primer esposo de Itatí Cantoral y ese hombre la marcó para siempre.

 Su nombre era Alexis Ayala y Tati tenía 16 años. Alexis Sayala tenía 25, una diferencia de 9 años. Pero a esa edad, esos 9 años eran un abismo. Ella era prácticamente una niña. Él era un hombre hecho y derecho. Se conocieron en una fiesta del Sea. Y Tati lo vio entrar y se quedó paralizada.

 Era hermoso, ha contado ella misma. La nariz como esculpida, ojos claros grandotes. Fue muy guapo. No podía creer lo guapo que era. Y se enamoró del modo en que se enamora una niña de 16 años. Con todo, con la vida entera. El noviazgo duró 3 años, tr años intensos. 3 años en los que Alexis iba a la casa cantoral a cenar con la familia.

3 años en los que doña Itatis le hacía pastel a su yerno porque se veía buen muchacho. Y llegó el momento. Alexis Ayala le pidió matrimonio a Itatí y ella dijo que sí, sin pensarlo. Yo también me quería casar con él, ha contado. Tuve hasta vestido de novia y todo. Tenía el vestido comprado, comadre.

 El vestido colgado en su closet, las invitaciones casi listas, la iglesia casi reservada. Pero entonces intervino don Roberto Cantoral, el gran compositor, el padre amoroso, el hombre que la conocía mejor que nadie. Y don Roberto le dijo a su hija las palabras que cambiaron el rumbo de su vida.

 ¿Cómo crees si es una niña? Eso le dijo Aitati. Y le habló también a Alexis y se opuso. Se opuso firmemente y la boda no se hizo. Y Tati ha bromeado con esto muchas veces. Gracias a mi papá, no, porque si no ya tendría 18 divorcios. Dijo entre risas. Pero detrás de la broma hay una verdad enorme. Don Roberto Cantoral protegió a su hija.

 Le evitó un matrimonio prematuro que probablemente habría destruido a las dos personas. A los 18 años comadre, mientras su carrera empezaba a despegar, los médicos le encontraron un padecimiento grave a Itatí. La tuvieron que operar y Itatí salió adelante sola, joven, con la fuerza que le había heredado su mamá argentina y campeona de judo. Ese susto la marcó.

 la hizo entender que la vida es frágil, que el tiempo no espera. Y la siguiente oportunidad llegó en 1991, cuando el productor Emilio la Rosa la incluyó en el elenco de muchachitas. Después vino La Pícara soñadora, protagonizada por Mariana Levi. Después, De frente al Sol, después dos mujeres, un camino.

 Y Tatí estaba en cada telenovela, estaba subiendo y entonces llegó el papel que la cambiaría para siempre. El papel que la convertiría en leyenda, el papel que también se convertiría sin que ella lo supiera todavía en la traición número cinco de su vida. María la del Barrio, 1995, comadre y Tati Cantoral tiene 19 años. 19.

 Es prácticamente una niña que apenas está empezando a entender lo que es la vida adulta y Televisa la convoca para audicionar para el papel antagónico de una nueva telenovela protagonizada por Talía y Fernando Colunga. La telenovela se llamaba María la del Barrio. Era una nueva versión de Los ricos también lloran.

 El productor era nada menos que Valentín Pimstein y la directora era Beatriz Sheridan, la mismísima Beatriz Sheridan. Una mujer rigurosa, exigente, perfeccionista, conocida por sacar lo mejor de cada actor, pero también por ser implacable en el set. Y Tati hizo la audición, la hizo bien. Le dieron el papel de Soraya Montenegro, la villana principal.

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