Posted in

HARFUCH ENTRA al Cuarto donde VICENTE FERNÁNDEZ Agonizó 46 Minutos.. Adentro Nadie Llamó al Hospital

 500 hectáreas, una de las propiedades privadas más grandes de Jalisco. La cabeza del rancho está a unos 400 m del portón. En el camino las caballerizas. A esa hora los caballos duermen. Solo se escucha el bufido suave de algunos animales que sienten las luces de la camioneta. Pero no se levantan. El criadero de caballos miniatura está más al fondo.

Vicente Fernández llegó a tener más de 90 ejemplares registrados en la American Quarter Horse Association. Algunos siguen ahí, otros se vendieron en los últimos meses sin que nadie supiera bien a quién ni por cuánto. La alberca en forma de guitarra aparece a la izquierda. Está vacía. La construcción es del año 2004.

 A don Vicente le costó más esa alberca que la casa principal. Lo dijo el mismo en una entrevista de la revista Turismo Guadalajara. La piedra del fondo es importada. El sistema de filtros lleva sin funcionar varios meses. Las hojas secas del invierno se acumulan en el suelo de la guitarra. La camioneta se detiene frente a la casa principal.

 Madera oscura, tejas rojas, balcones de hierro forjado. Una construcción que mezcla el estilo mexicano antiguo con detalles que el charro mandó copiar de las haciendas porfirianas de Guanajuato. Tres pisos, sótano, caballerizas privadas pegadas a la fachada lateral y un patio interior con una fuente de cantera que lleva meses sin agua.

 El cerrajero baja primero, se acerca a la puerta principal. La chapa es vieja, pesada, de las que se hacían en los años 80 cuando el rancho se terminó de construir. 3 minutos. La puerta se abre, la fotógrafa entra de segunda, la notaria de tercera. El ingeniero en sistemas le pide al cerrajero que mantenga la puerta abierta 5 minutos antes de cerrarla.

 Quiere que el aire de afuera circule un momento por la sala, por la humedad de adentro. Lo primero que sale es el olor, un olor extraño a polvo asentado, a cuero viejo, a madera que no ha respirado en semanas. Y debajo de todo eso, un olor que el perito forense reconoce de inmediato. Humedad.

 La humedad de una casa que tiene los servicios cortados desde hace tiempo. La electricidad funciona solo en algunas habitaciones. El agua corriente está suspendida en los pisos superiores. Harf entra primero. La linterna recorre la sala principal. Sillones de cuero color tabaco, una mesa larga de mezquite con 12 sillas alrededor.

 Sobre la mesa un mantel a cuadros, un sombrero charro colgado del respaldo de la cabecera y una botella de tequila. Los tres potrillos con el sello roto. Alguien bebió de esa botella hace poco. El nivel está por debajo del cuello, en la pared del fondo, un retrato gigante de don Vicente. Oleo. Lo pintó un artista de Guadalajara en 1999, un año después del secuestro de su hijo mayor, el charro mira de frente con el traje negro y los hilos de plata sin sonreír. Detrás de ese retrato.

 Según el plano que Harfood tiene en la carpeta, hay una caja fuerte empotrada en la pared. Esa caja se queda para otro momento. Lo que Harfuch vino a abrir esta madrugada está en otra parte de la casa. A la derecha de la sala, un pasillo lleva al cuarto de servidores. Es una habitación pequeña, sin ventanas, con tres racks de equipos electrónicos.

La instalación es relativamente reciente. El sistema actual se instaló en 2017, según los registros que el equipo de Harfux tiene en la carpeta. Lo mandó instalar Gerardo Fernández con una empresa de seguridad de Guadalajara que también trabaja con varios bancos privados de Jalisco. El sistema graba en alta definición.

 Almacena los archivos en un servidor local más una copia automática en un servidor externo y se puede acceder remotamente desde cualquier computadora autorizada. Los focos rojos siguen encendidos, el sistema sigue funcionando. El ingeniero entra primero, se sienta frente al monitor principal, conecta su laptop al puerto del servidor central.

 Harfook lo deja trabajar. camina hasta la recámara principal. La recámara está en la planta baja. Vicente Fernández dejó de usar las habitaciones del segundo piso cuando empezó a tener problemas con la cadera hace ya más de 10 años. La cama es de madera tallada, 2 m de ancho, una colcha tejida en tlaquepaque con los colores de la bandera.

 Sobre la mesa de noche del lado izquierdo, una imagen de la Virgen de Zapopán, un vaso con restos secos de algo que pudo ser agua o tequila y un libro abierto boca abajo. Es una biografía de Pedro Infante. La página marcada está por el capítulo del accidente de avión. Del lado derecho de la cama, sobre el otro buró, hay un dictáfono cassette de los antiguos, de los que se usaban en oficinas en los años 90.

 Color gris con el carrete dentro, todavía con cinta. Harf lo recoge con guantes, le da vuelta. La etiqueta de la cinta tiene una fecha escrita a mano con pluma azul. 12 de noviembre. Es la fecha en que Vicente Fernández entró por última vez en estado consciente al hospital Country 2000. Murió 30 días después. El ingeniero llama desde el cuarto de servidores.

Tiene algo. Hay un hueco. Eso es lo primero que dice. La grabación del circuito cerrado del 6 de agosto de 2021 tiene un hueco de 3 horas exactas. Entre las 3:30 de la tarde y las 6:30, justo el rango de tiempo en el que, según la versión oficial, Vicente Fernández se cayó 3 horas. Lo importante no es solo el corte, es la forma del corte.

 Las cámaras siguieron grabando, pero el archivo se borró después. borrado manual, alguien que sabía exactamente lo que hacía y tenía las contraseñas de administrador. Harf pregunta, ¿cuántas personas tenían esas contraseñas? El ingeniero responde con calma. Cuatro, las tres del personal técnico del rancho y una más que correspondía al jefe de seguridad personal de don Vicente.

 Esa última cuenta se desactivó el 14 de diciembre de 2021. Dos días después del entierro, la fotógrafa empieza a documentar. La notaria toma nota, pero ahí no termina. El ingeniero ya está recuperando fragmentos. El sistema de respaldo automático guardó miniaturas de baja resolución cada 15 minutos. La calidad es pésima, los rostros se ven borrosos, pero las siluetas están.

 Y hay algo en una de las miniaturas que cambia toda la versión oficial. Vicente Fernández no estaba solo en la recámara cuando se cayó. Hay una segunda silueta femenina de pie al lado de la cama. La hora exacta, 5:42 de la tarde, 40 minutos antes de que la ambulancia llegara al rancho. Arfuch se queda mirando la pantalla.

Read More