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HARFUCH Abre la Bodega Que JENNI RIVERA Rentó 4 Meses Antes del Avión.. las 11 CINTAS Que Grabó SOLA

Detrás del letrero, una hilera de bodegas de cemento gris sin ventanas ni luces. Cerradas desde hace años. Tres camionetas Suburban negras avanzan en caravana por la avenida y se detienen frente al número 4823. No hay luces de torreta. No hay sirenas.  Lo que hay es un operativo binacional acordado entre la oficina de Omar García Harfook y el FBI de Los Ángeles.

La orden judicial cruzada se firmó hace 14 horas en un despacho de Washington. Tres jueces tuvieron que dar el visto  bueno antes de las 2 de la tarde del día anterior y nadie en Long Beach, salvo cuatro personas en esa cuadra, sabe que esto está ocurriendo. Harf baja primero, lleva chamarra negra de cuello alto, botas tácticas,  una linterna LED de la mano derecha.

Detrás bajan dos peritos forenses de la Fiscalía Federal Mexicana, una notaria de Tijuana con su credencial colgando del cuello, dos agentes  especiales del FBI con chalecos rotulados, un fotógrafo del equipo binacional y un perito de informática con un maletín que carga como si pesara más de lo que pesa. Nadie habla.

Lo único que se escucha es el rumor del puerto al fondo y el sonido de las botas sobre el asfalto mojado por la niebla. Cuando Harf saca el aliento, el vapor se queda curgando un segundo en el aire frío antes de disolverse. La bodega tiene la fachada lisa de cemento aparente, sin ventanas, solo un portón corredizo metálico con dos candados oxidad y una puerta de servicio a un costado.

Encima del portón, una placa descolorida con letras blancas que dice Aerton Prises Storage. Las letras están casi borradas. La bodega lleva cerrada desde julio de 2014. Lo que hay adentro nadie lo ha visto en más de 10 años. Ni siquiera los hijos de Jenny Rivera saben que esto existe. No aparece en los inventarios públicos de la herencia ni en los documentos del juicio sucesorio.

Existe solo en un papel firmado en agosto de 2012, 4 meses antes del accidente y guardado en un archivo de sacramento que tardó 11 años en abrirse. Un cerrajero de la Fiscalía Mexicana se acerca al portón con su maletín. trabaja en silencio durante 6 minutos. El primer candado cede con un chasquido seco.

El segundo tarda más. Cuando finalmente cae al suelo, el sonido del metal contra el cemento rebota en la cuadra entera y a Harfuxs le sale el aliento congelado al hablar por primera vez. Ábranlo despacio. El portón se desliza con un quejido largo y lo primero que sale antes que cualquier otra cosa es el olor. Es un olor difícil de explicar.

Tiene capas. Encima polvo de 11 años. Debajo del polvo cartón mojado y vuelto a  secar muchas veces por la humedad del puerto. Debajo del cartón, algo dulce que no se borra. Es el perfume que Jenny Rivela lanzó en 2011. Se llamaba Divina. Una de las cajas de la bodega contiene 5000 frascos sin distribuir, todavía sellados en su empaque original.

11 años después,  el aroma sigue ahí congelado en el aire encerrado, como si alguien hubiera abierto un frasco hace un minuto. Harf enciende la linterna  y entra primero. La de luz recorre lo que parece un almacén de los años 50, piso de concreto  manchado de aceite viejo, columnas de hierro pintadas de blanco descascarado, focos rotos colgando de cables que cuelgan del techo metálico y mercancía, mercancía por todos lados.

Cajas apiladas hasta el techo, maniquíes alineados como soldados a lo largo de la pared izquierda. Estantes con  productos en sus empaques originales intactos con la cara de Jenny Rivera sonriendo en cada uno. Hay una colección completa de jeans con su línea, La Divina Collection, en perchas que llegan hasta la pared del fondo.

Hay cajas de cartón con etiquetas que dicen maquillaje 2012, lote 3 en plumón negro. Hay una caja registradora antigua en una esquina abierta con monedas viejas  adentro hay una mesa larga cubierta con un mantel azul rey y encima de la mesa una caja abierta con joyería de fantasía y un anillo dorado con la inicial J grabada que se quedó dentro como si alguien lo hubiera estado revisando justo antes de salir y nunca hubiera regresado.

En una pared lateral hay una fotografía enmarcada. Es Jenny Rivera en el escenario  del estadio Azteca 2010. Está sonriendo con los brazos abiertos con un vestido rojo de lentejuelas frente a más de 100,000 personas. La foto  está cubierta de polvo. Hay otra fotografía al lado más chica.

Es  Jenny con sus cinco hijos en el patio de la casa de Encino. Chiqui se está abrazándola por la espalda. Haky, Michael, Jenica, Johnny, todos sonriendo. La foto es de 2011, un año antes del  accidente. Junto a la mesa larga del mantel azul, rey, hay un calendario de pared. Es del año 2012. Está abierto  en el mes de diciembre.

La fecha del nueve está marcada con un círculo rojo de plumón grueso. Encima del círculo,  escritas en letra de mujer, en letra de Jenny Rivera, hay cuatro palabras: no tomar el charter. Subrayadas dos veces con la misma tinta roja. Jenny Rivera murió en un charter el 9 de diciembre de  2012.

La nota está fechada el 2 de diciembre. 7 días antes, Harf se queda mirando el calendario durante 15 segundos, toma una foto con el teléfono, le hace una señal al fotógrafo del operativo. El fotógrafo dispara cuatro veces. La notaria registra el hallazgo en su libreta a las  4:52 de la mañana.

Hora exacta, posición exacta del calendario en la bodega. Cadena de custodia abierta. Después, Harfux sigue caminando y en la pared del fondo lo que Harfu vino a buscar, una caja fuerte empotrada en el muro, marca Centri, color negro mate, con teclado digital cubierta de polvo de varios milímetros, pero la luz roja del LED del teclado todavía parpadea débilmente, como si alguien hubiera estado pagando la pila de respaldo durante todos estos años.

Alguien sabía que esa caja fuerte estaba ahí y alguien quería que siguiera funcionando. El perito forense acerca con la pinza, los guantes y la cámara. La notaria saca su libreta. El fotógrafo dispara tres veces. Harf ilumina el teclado con la linterna y se queda mirando los números desgastados, las teclas con marcas  de uso, la luz roja que no debería estar prendida después de 11 años.

Y entonces dice, “Aquí  está el perito. Toma una imagen térmica de la caja. Después  conecta un equipo de bypass al puerto trasero. Es un proceso que toma 22 minutos. Mientras  tanto, los agentes del FBI revisan el inventario general de la bodega y los peritos mexicanos fotografian cada caja, cada percha, cada esquina.

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