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Gabriela Cerruti ATACÓ a Bukele… La Respuesta Fue DEVASTADORA

y lanzando la pregunta final, directa, brutal. ¿Cómo podía llamarse demócrata cuando en realidad era de facto un dictador? lo que hizo que el estudio explotara en ovaciones, silvidos y gente de pie mientras ella se recostaba con gesto de victoria anticipada, convencida de que Bukele no tenía salida.

 Pero él no se movió ni un centímetro, no parpadeó, no cambió el rostro, solo la miró como si estuviera evaluando algo que ella aún no entendía. Y cuando el ruido finalmente murió, habló con una voz tranquila, casi suave, pero tan precisa, que cada palabra cortaba, diciendo que antes de responder necesitaba hacerle una pregunta, algo que la descolocó por completo porque no era lo que esperaba.

 y entonces le preguntó con calma, inquietante, si hacía 3 meses cuando salió de su departamento en Palermo a las 10 de la noche para comprar vino en la tienda de la esquina, llevaba el teléfono en la mano o en el bolso, provocando un silencio absoluto y un cambio visible en el rostro de Serruti. Qué pálida, intentó protestar sin entender la relación, mientras Bukele insistía suavemente en que respondiera.

teléfono en la mano o en el bolso hasta que ella incómoda preguntó por qué y él devolvió la pregunta con más precisión aún porque llevaba el teléfono en la mano y no guardado como de costumbre, momento en el que el estudio quedó tan callado que se escuchaba la respiración del público hasta que ella tragó saliva y respondió la verdad, porque Buenos Aires no es seguro de noche.

 Y entonces Bukele asintió lentamente y explicó que exactamente por eso, porque incluso ella, una mujer con recursos, conexiones políticas y viviendo en uno de los barrios más seguros de la ciudad, no podía caminar dos cuadras de noche sin tener el teléfono listo para pedir ayuda, fingir una llamada o reaccionar ante cualquier peligro inclinándose ligeramente hacia delante mientras la audiencia quedaba hipnotizada para entonces cambiar el foco y decir que ahora hablaría de su país, recordando que hace 3 años El Salvador tenía la

tasa de homicidios más alta del mundo con 103 asesinatos por cada 100,000 habitantes. Las pandillas MS13 y barrio 18 controlaban el 80% del territorio, extorsionaban a cada negocio, reclutaban niños a la fuerza, violaban mujeres con total impunidad y asesinaban a cualquiera que se resistiera, haciendo una pausa que nadie se atrevió a romper, explicando que las madres no podían enviar a sus hijos a la escuela por miedo a que fueran reclutados o asesinados, que los comerciantes No podían abrir sus tiendas sin pagar

extorsión porque las quemaban con ellos dentro, que las mujeres no podían salir de noche porque serían violadas y si sobrevivían obligadas a convertirse en novias de pandilleros bajo amenaza de matar a sus familias. hasta que Serruti intentó interrumpir diciendo que nadie negaba los problemas de seguridad, pero Bukele la frenó con la misma voz suave y una autoridad tan contundente que la hizo callar de inmediato para cerrar ese tramo.

 Recordando que en 2022 las pandillas asesinaron a 87 personas en un solo fin de semana. 87. no por accidente, sino como mensaje, como demostración brutal de poder. ¿Por qué podían hacer todo eso? Precisamente porque durante más de 30 años distintos gobiernos que se decían democráticos negociaron con las pandillas, les concedieron privilegios en las cárceles, les permitieron seguir mandando desde adentro mientras fingían combatirlas de cara a la opinión pública.

 Y por eso, explicó Bukele recostándose ligeramente en su silla, fue que decidió romper ese ciclo y declarar el estado de excepción, arrestar a todos los pandilleros sin negociación, sin privilegios y sí, sin el debido proceso que tú mencionas, porque entonces vino la pregunta clave y ¿sabes qué pasó después? Pasó algo que nadie esperaba, silencio absoluto, porque el año pasado El Salvador registró la tasa de homicidios más baja de todo el continente americano, más baja que Canadá, más baja que Estados Unidos, más baja que Argentina, apenas

2,4 homicidios por cada 100,000 habitantes. Y como consecuencia directa de eso, las madres volvieron a enviar a sus hijos a la escuela sin miedo. Los comerciantes abrieron sus negocios sin pagar extorsión y las mujeres pudieron caminar de noche y al inclinarse nuevamente hacia adelante, mirándola fijamente, Bukele le lanzó otra pregunta que terminó de desarmar el debate.

Gabriela, si tuvieras que elegir entre garantizar el debido proceso a pandilleros que violan, extorsionan y asesinan o poder caminar dos cuadras de noche sin miedo en tu propio barrio, ¿qué elegirías? sin que nadie supiera aún que esa frase acabaría de destruir el argumento de Serruti en menos de un minuto, porque ella abrió la boca, pero no logró emitir sonido alguno.

 Los panelistas se miraron incómodos y el público que antes aplaudía con furia ahora permanecía a mudo. Hasta que Carlos Martínez, veterano periodista de Página 12, intentó rescatar la situación diciendo que Bukele planteaba una falsa dicotomía y que no había que elegir entre seguridad y derechos humanos, que era posible tener ambos.

 Pero Bukele giró hacia él con una lentitud calculada y respondió, “Entonces, explícame cómo. Explícame por qué Argentina, con todas sus garantías constitucionales y su respeto al debido proceso, tiene una tasa de homicidios cuatro veces más alta que El Salvador. Explícame por qué Buenos Aires registra en un mes más robos que San Salvador en todo un año.

Explícame por qué las villas están controladas por narcotraficantes que operan con impunidad. Mientras la policía no entra. Y antes de que Carlos pudiera responder, Bukele lo interrumpió anticipándose al argumento habitual. Y antes de que digas que es por la pobreza, déjame recordarte que El Salvador es más pobre que Argentina.

Nuestro PIB per capity es menos de un tercio del suyo, así que no es un problema de recursos, es un problema de voluntad política, de decidir si pesan más los derechos de los criminales o los derechos de las víctimas. Mientras el conductor Roberto García intentaba intervenir porque era momento de corte comercial, pero la tensión era demasiado potente para frenarla con las redes sociales explotando y el estudio en vilo, hasta que mencionó las imágenes de la mega cárcel.

 Hombres tatuados, asinados, casi desnudos, calificadas como tortura por organizaciones de derechos humanos, a lo que Bukele asintió y explicó que esas imágenes existían porque esos hombres no eran ladrones de bicicletas ni carteristas, sino asesinos, violadores y extorsionadores, que los tatuajes que cubrían sus cuerpos representaban cuántas personas habían matado, cuántas mujeres habían violado y cuántos barrios habían dominado con terror, haciendo una pausa para que el peso de sus palabras cayera, señalando que esas mismas organizaciones nunca visitaron los

barrios controlados por pandillas en su peor momento. Nunca documentaron a niñas de 12 años forzadas a ser novias. Nunca fotografiaron cuerpos descuartizados apareciendo cada mañana, ni entrevistaron a madres que enterraron a sus hijos por negarse a unirse a una pandilla, elevando por primera vez el tono con emoción contenida.

 Para remarcar que ahora, solo ahora que esos criminales están tras las rejas, apareció la indignación y la preocupación por los derechos humanos, preguntando con dureza dónde estaban cuando el pueblo salvadoreño vivía en el infierno, justo cuando Gabriela Cerruti recuperó la voz e intentó apelar al estado de derecho, pero Bukele la interrumpió de inmediato, cortante, repitiendo esas palabras como si fueran el último refugio de un argumento que ya no se sostenía.

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