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FANNY CANO: Por ESTO Dejó Una Carta Antes de Subir al Avión… Sabía Que No Volvería

Como si supiera a su hermano Francisco, diría años después en una entrevista para el programa Tras La verdad. No tenía muchas ganas de ir. Yo le comentaba que lo tenía que hacer, pero no lo aceptaba mucho. Guarda esa frase, la vas a necesitar para entender el final. Mientras Fanny mira la niebla por la ventanilla del Boeing 727, en otra pista del mismo aeropuerto, un avión más pequeño, un DC9 de la compañía Aviaco con destino a Santander está completamente perdido.

Su piloto, el comandante Augusto Almoguera Pérez, un hombre de 54 años con más de 13000 horas de vuelo, no encuentra la cabecera de su pista. La niebla se lo traga todo. Se guía por las luces laterales del suelo, pero las ha perdido. Habla con la torre de control. Le preguntan su posición. Él responde con las últimas palabras que se le grabarán en esta vida. Sigo sin encontrar.

En ese instante el DC9 entra sin saberlo en la pista activa, donde el Boeing 727 de Iberia acelera a 270 km porh para despegar. Los pilotos de Iberia ven unas luces que no deberían estar ahí. Intentan esquivar, no les da tiempo. La cola del Boeing impacta contra el depósito de combustible del DC9. La explosión es instantánea.

 Una bola de fuego devora ambas aeronaves. Los 42 ocupantes del DC9 mueren en el acto. Del Boeing. De las 93 personas que van a bordo, 51 no van a sobrevivir. Entre esas 51 personas están Fanicano y su esposo Sergio Luis, la mujer que el diario Excelsior había llamado la más hermosa de México. Ali y la mujer que fue Rubí, Yesenia Muñeca, la primera villana que la televisión mexicana vio en su pantalla, la actriz que sentía vergüenza de ser hermosa.

La mujer que lo dejó todo por buscar la paz interior. Murió a los 39 años en una pista de aeropuerto entre la niebla y las llamas. Y lo más devastador no es cómo murió. Lo más devastador es lo que dejó escrito antes de subir a ese avión y lo que su historia revela sobre una industria que usó su cara, su cuerpo y su talento durante 20 años y nunca le permitió ser lo que ella realmente quería ser.

Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre Fan y Cano. Primero, lo que su hermano Francisco reveló sobre la carta que ella dejó antes de subir al avión, como si presintiera que no iba a volver. Segundo, con lo que la industria del espectáculo le hizo a la mujer que todos llamaban la más bella de México y lo que ella sentía cada vez que se lo decían.

Tercero, lo que su compañera Irma Lozano confesó sobre lo que pasaba en el set de Rubí cuando se apagaban las cámaras y que contradice todo lo que el público creyó durante décadas. Y cuarto, la ironía más cruel de la historia del espectáculo mexicano. Cómo terminó Rubí en la telenovela y cómo terminó Fanny en la vida real.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Pero para entender cómo fue posible que esta historia ocurriera, necesitas conocer el mundo que construyó a esta mujer. Porque esta historia no empieza el 7 de diciembre de 1983 en un aeropuerto de Madrid. Empieza mucho antes. Empieza en un pueblo caliente de Michoacán o en una época en la que la televisión mexicana era la reina absoluta de tu sala.

 Y empieza con algo que tú probablemente viste con tus propios ojos. Huetamo de Núñez, Michoacán, Tierra Caliente. Uno de esos pueblos donde el calor pega desde las 6 de la mañana y no se va ni de noche. Ahí nació María Francisca Isabel Cano Damián el 28 de febrero de 1944. segunda de seis hermanos, hija de Francisco Cano Romero y Aurelia Damián Espinoza, una familia de clase media que no tenía nada que ver con el mundo del espectáculo, nada de nada.

Cuando Fanny tenía 10 años, la familia se mudó a la Ciudad de México, a la colonia Nueva Santa María. Una vida tranquila, ordenada, de niña que va a la escuela, que obedece. que no da problemas. A los 16 años la eligieron reina de la preparatoria número dos o poco despuésa de la porra universitaria y después reina de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde ella estaba estudiando en la Facultad de Filosofía y Letras.

 Recuerda eso, filosofía y letras. No una escuela de actuación, no una academia de modelaje, filosofía y letras. Eso era lo que a ella le interesaba. Las ideas, los libros, el pensamiento, la belleza que todo el mundo le veía era para ella un accidente, algo que le había tocado, no algo que hubiera elegido. Y entonces, un día de 1961, sentada en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras, un hombre llamado Jaime Valdés, publicista del medio artístico, y otro llamado José Luis Rodríguez, el famoso palillo de la UNAM, la vieron y la vieron como la iba a ver

todo México durante los siguientes 20 años, como una cara o como un cuerpo como una imagen que podía vender cualquier cosa. La inscribieron en el concurso de reina de los estudiantes. Lo ganó y desde ese momento la vida que Fanny Kano había planeado para sí misma dejó de existir. Valdés la convenció de tomar un taller de actuación con el legendario maestro Sequi Sano, el mismo que había formado a Silvia Pinal, a Ofelia Guilmain, a Rita Macedo, a Jacline Andere, el hombre que sabía convertir una cara bonita en una

actriz de verdad. Y Fanny descubrió algo que no esperaba, que le gustaba actuar, que tenía talento, que podía hacer algo más que ganar concursos de belleza. Ese mismo año debutó en el teatro en la obra Baby Doll. Al año siguiente, en 1962, debutó en el cine con la película El cielo y la tierra, al lado de nada menos que Libertad la Marque.

 Y en 1963, con apenas 19 años consiguió su primer estelar en la pantalla grande como pareja romántica de Cantinflas en la película Entrega inmediata. Tú probablemente recuerdas esa época. ¿Recuerdas ir al cine con tu familia? ¿Recuerdas las marquesinas? ¿Recuerdas los nombres que brillaban en las carteleras? Y de pronto, en medio de todos esos nombres que ya conocías, apareció uno nuevo, uno que nadie había escuchado antes.

Fanny Cano, en 1963 hizo cinco películas. Cinco en un solo año, tres más al año siguiente. Y de pronto el nombre de Fanicano estaba en todas partes. El diario Excelsior la llevó en primera plana de espectáculos con un titular que la perseguiría hasta la tumba, la mujer más hermosa de México. Esa frase, esa frase que para cualquier otra actriz habría sido un regalo, para ella fue una condena.

Porque lo que el público y la industria vieron en Fanicano fue exactamente lo que ella no quería que vieran, su cara, su cuerpo, nada más. Su hermano Francisco, décadas después lo diría con una claridad que duele. Fanny era muy distinta a lo que se pudiera pensar de ella. No le interesaban los lujos, era más espiritual.

Algunas veces, mientras crecíamos, vi como a ella le daba pudor ser tan hermosa. No era que no se gustara, solo que sentía que los demás solo la veían como una cara o un cuerpo, pero a nadie parecía importarle lo que sintiera o pensara, y ella era mucho más que una cara bonita. Le daba pudor ser tan hermosa.

Recuerda esa frase, es la frase que explica toda esta historia. Desde el primer día en la cafetería de la UNAM hasta la última mañana en el aeropuerto de Barajas. Pero en 1965 Fanny Cano estaba a punto de entrar en un mundo que la convertiría en leyenda. Un mundo que tú conoces muy bien, un mundo que entraba en tu sala todas las noches, se sentaba contigo y no se iba hasta que tú apagabas la televisión.

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