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Facundo Cabral: El ASQUEROSO Azar Que Lo Salvó del Avión… y Lo Dejó Vivo Para Sufrirlo 40 Años

 La que se llevó a su familia y lo dejó a él. Y la que lo esperó paciente durante 32  años más hasta encontrarlo en el asiento equivocado. Su nombre  era Facundo Cabral. Tú lo conociste. Tú escuchaste  esa canción que decía, “No soy de aquí ni soy de allá, en la radio de tu cocina, en el tocadiscos de la sala,  en la voz de tu marido cuando manejaba.

” Lo viste con su barba blanca, su guitarra, esa forma de hablar que  hacía que la gente llorara y se riera en el mismo minuto. un hombre que predicó  la paz durante 50 años, que la UNESCO nombró mensajero mundial de la paz, que estuvo nominado al Premio Nobel y que terminó acribillado a balazos en una calle de Guatemala a las 5 de la mañana por balas que  ni siquiera eran para él.

Pero esa fue la  última tragedia, no fue la primera ni la peor.  Antes de ese avión, este hombre ya había visto morir de hambre a cuatro de sus hermanos. Fue mudo hasta los  9 años, alcohólico a los 10, preso  a los 14. Hoy te voy a contar la historia completa  de un hombre que pasó la vida entera suplicando morir hasta que  aprendió a vivir justo cuando vinieron a matarlo.

Y vas a descubrir cuatro cosas  que casi ningún video sobre Facundo Cabral te cuenta bien. Primero, la verdad del asiento vacío. ¿Por qué él no subió a ese avión? Y el dato que media internet  repite mal, el año equivocado, el vuelo equivocado, el error que nosotros no vamos a heredar. Segundo, ¿quién  era de verdad la mujer que murió con su hija en brazos? Una muchacha de 18 años  y el pacto de amor que hicieron antes de empezar, que vas a entender  solo cuando sepas cómo terminó.

Tercero, lo que hizo con  todo ese dolor. ¿A dónde fue? ¿Qué tocó con sus propias manos? ¿Cuánto dinero regaló? Y el abrazo que le dio a los 46 años al hombre que más odió  en su vida. Y cuarto, ¿quién ordenó las balas de Guatemala?  ¿Por qué Facundo estaba en ese auto a esa hora? Y cómo un error entre narcos terminó con la vida del hombre equivocado.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas  antes del final, te pierdes la parte que más duele y la que más te va a dejar pensando esta noche. Pero  para entender cómo fue posible que un hombre de paz terminara así, necesitas conocer  el mundo que lo construyó. Porque esta historia  no empieza el día del avión, empieza mucho antes y empieza  con algo que tú probablemente viste y escuchaste en tu propia casa  sin saber lo que había detrás.

Facundo Cabral no tenía casa. Quiero que entiendas eso desde el principio, porque ahí  está la clave de todo. El hombre que llenaba teatros en toda América, que vendía discos por millones,  que cantaba en nueve idiomas, vivía en hoteles, de ciudad en ciudad, de país  en país, con una sola maleta.

Se llamaba a sí mismo un vagabundo de primera clase. Decía que la vida era un hotel de paso y que el único  equipaje que uno se lleva al final cabe en un cajón. Regaló sus discos de oro, se los dio a un amigo taxista porque decía que no valían nada. Y aquí viene lo que  casi nadie te explica. Esa vida de no tener raíces,  de no parar nunca, de dormir cada noche en una cama distinta,  no fue una elección romántica de artista bohemio.

Fue  una condena. A Facundo lo echaron de su país. En 1976, los militares tomaron el poder en Argentina.  Empezó la dictadura más sangrienta de la historia del país. 30,000 personas desaparecieron, se las llevaban de sus casas  en la noche y nunca volvían. Y los artistas que cantaban sobre la libertad estaban en la primera línea  de la lista.

Facundo cantaba sobre la libertad.  Prohibieron sus canciones en la radio, cancelaron sus presentaciones, pusieron su nombre en esas listas  negras que circulaban en secreto junto al de Mercedes Sosa, al de León Gieco, al de tantos otros. Cualquier empresario que se atreviera a contratarlo se arriesgaba  a recibir una visita de los militares en la madrugada.

Así que se fue. Cruzó la frontera sabiendo que tal vez no volvería, sabiendo que  su madre envejecía y él no iba a estar ahí. se refugió en México y ahí está el  mecanismo que quiero que recuerdes durante todo este video, porque es el que lo explica todo. El exilio lo subió a la carretera  y la carretera nunca lo volvió a bajar.

Un cantante  perseguido, sin patria, que se convierte en un nómada eterno, que vive de teatro  en teatro porque no tiene otro lugar al mundo donde estar. Esa carretera  lo salvó cuando lo perseguían los militares. Y esa misma carretera,  35 años después, lo iba a meter en un auto en Guatemala  a las 5 de la mañana en el lugar exacto donde lo estaban  esperando para matarlo.

El mismo  camino que fue su refugio fue su tumba. Recuerda eso, la carretera. La vas a necesitar para entender el final. Y hay algo más sobre esa carretera que necesitas tener claro. Un artista que vive de gira  no elige siempre por dónde pasa ni con quién viaja. En aquellos años, buena parte de  América Latina era tierra de nadie.

 Países donde el Estado era débil y el narcotráfico era fuerte.  donde un empresario de espectáculos podía ser al mismo tiempo otra cosa mucho más oscura. Facundo cruzaba esas fronteras con su guitarra y su mensaje  de paz, confiando en la gente que lo contrataba, sin preguntar demasiado  de dónde venía el dinero, porque él vivía en otro plano.

  Hablaba de Dios, de Borges, del perdón. no miraba hacia abajo, hacia el barro donde se movían  los que organizaban sus giras. Y ese fue, sin que él lo supiera,  el error más caro de su vida. un hombre que solo veía el cielo viajando por un mundo que estaba  podrido por debajo. Pero antes de la carretera, antes del exilio, antes de la fama, hubo una mujer.

Y esa mujer  es la primera persona que necesitas conocer porque sin ella  no hay historia. Se llamaba Sara. Sara Camiña era la madre de Facundo. Y lo que esa mujer cargó sobre sus hombros es algo que tú, que has sido madre, que has  sostenido una casa sola, que has trabajado hasta que te sangraban las manos para que a tus hijos no les  faltara.

 Vas a entender en la primera frase. Sara  tenía 30 años cuando su mundo se cayó. Era modista, una de las mejores de la plata. Cosía vestidos para gente  fina, tenía manos de artista y siete hijos pequeños. Su marido, el padre de  Facundo, era un hombre elegante, apuesto, recitador de versos en orquestas de tango.

Sara  lo amaba. Lo amó toda su vida, incluso después  de lo que te voy a contar. Y un sábado de mayo, cuando ella salió con los niños a visitar a su madre, ese hombre vació la casa entera.  Se llevó los muebles, la ropa,  las ollas, los juguetes de los niños y lo más  cruel de todo, se llevó la máquina de coser de Sara.

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