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¿El veto eterno? Por qué los dueños del balón no dejan que Hugo Sánchez mande

 Y nunca, en toda la historia del fútbol mexicano, nadie le ha ofrecido dirigir la Federación por ¿Por qué? La respuesta oficial no existe porque la pregunta oficial nunca se hace. Nadie en una conferencia de  prensa le pregunta al presidente de la FMF por qué Hugo Sánchez no puede dirigir esta institución.

 La pregunta no se hace porque la  respuesta es obvia para todos los que entienden cómo funciona el poder en México. Y la  respuesta es esta. Hugo es incontrolable. Un presidente  de la FMF tiene que obedecer a los dueños de los clubes, a Televisa, a TV Azteca,  a los patrocinadores, a la FIFA, a los intereses comerciales que mueven miles de millones de pesos al  año.

 Un presidente de la FMF es un administrador del sistema. No un líder, no un visionario,  no un reformador, un administrador. ¿Te imaginas  a Hugo Sánchez administrando el sistema? Al hombre que le dijo a Bin Hacker, “O él o, al hombre que compró su propia libertad en el Real Madrid. al hombre que en cada entrevista dice exactamente lo que piensa sin filtros,   administrando un sistema construido sobre pactos secretos, negocios opacos y obediencia silenciosa.

El sistema no puede permitir que Hugo se siente en esa silla, no porque no esté capacitado, sino porque está demasiado capacitado y demasiado  dispuesto a usarlo. La Federación Mexicana de Fútbol fue fundada en 1927,  casi un siglo de historia. En ese siglo nunca ni una sola vez un exfutbolista de primer nivel ha sido presidente.

 Ni Hugo, ni  Campos, ni Hermosillo, ni Blanco, ni ninguno de los hombres que le dieron a México sus momentos más  gloriosos en el campo. La silla siempre ha sido para hombres de despacho, hombres que entienden de negocios,  pero no de balones. Hombres que saben firmar cheques, pero no patear penaltis. Eso no es una coincidencia, es una política.

 Una política diseñada para asegurar que el fútbol mexicano nunca sea dirigido por alguien que lo entienda de verdad, porque  alguien que lo entiende de verdad querría cambiarlo. Y cambiar el fútbol mexicano significaría romper el modelo de negocio que enriquece a los dueños. Hugo lo sabe y los dueños saben que Hugo lo sabe y por eso la silla sigue  prohibida.

 El miedo que los dueños le tienen a Hugo no es personal, es estructural.  Para entenderlo, necesitas entender qué es realmente la Federación Mexicana de Fútbol. La FMF no es una institución deportiva,  es un consorcio empresarial disfrazado de federación. Las decisiones no las toma el presidente, las toma  la Asamblea de Dueños, un grupo de 10, 12, 15 multimillonarios que poseen  los clubes de la Liga MX y que tratan el fútbol como lo que es para ellos.

 Un negocio. Un negocio donde los derechos de televisión generan miles  de millones, donde las transferencias mueven fortunas, donde los patrocinios alimentan  imperios mediáticos. El presidente de la FMF es en la práctica un empleado de esos dueños. Justino Compián  lo fue, Decio de María lo fue, John de Luisa lo fue hasta que las diferencias con ciertos dueños lo sacaron del cargo.

 Juan Carlos Rodríguez llegó como  comisionado con promesas de revolución y se fue un año y medio después cuando la Asamblea de Dueños empezó a cuestionar sus decisiones financieras. El patrón  es siempre el mismo. El presidente propone, los dueños disponen y si el presidente  se sale del guion, los dueños lo reemplazan.

 Ahora imagina a Hugo en ese sistema. Hugo no propone, Hugo ordena, Hugo no negocia, Hugo impone. Hugo no se sienta en una mesa de 12 multimillonarios a escuchar pacientemente sus intereses comerciales. Hugo les dice a la cara que su forma de hacer las cosas es mediocre y que él puede hacerlo mejor.

 ¿Cómo reaccionarían los dueños? Con pánico. Porque Hugo  no les debe nada. No necesita su dinero, no necesita sus contactos, no necesita su aprobación. Hugo ganó más dinero en 7 años en el Real Madrid del que la mayoría de los directivos de la FMF verán en toda su vida. Hugo tiene fama mundial.

 Hugo tiene una plataforma mediática en ESPN  desde la que puede destruir la reputación de cualquier directivo con una frase en horario estelar. Un hombre así no se controla. Un hombre así no obedece. Un hombre  así, sentado en la silla de la FMF cambiaría todo. Abriría el ascenso y descenso que los dueños eliminaron para proteger sus inversiones.

 Reformaría los derechos de los jugadores que el Pacto de Caballeros mantuvo como esclavos  durante décadas. Exigiría transparencia financiera en un sistema acostumbrado a la opacidad.  confrontaría a Televisa y TV Azteca por el monopolio de los derechos de transmisión  y haría todo esto públicamente frente a las cámaras con el mismo ego y la misma frontalidad que lo convirtieron en el mejor goleador de la historia de la Liga española.

 Para los dueños, Hugo en la FMF no es un  riesgo administrativo, es una amenaza existencial. Es el fin del negocio tal como lo conocen  y por eso la silla sigue vacía para él. No porque Hugo no quiera sentarse, sino porque los que controlan la silla no van a dejarlo ni acercarse. La estrategia más elegante para mantener a Hugo lejos del  poder ha sido la narrativa de la falta de experiencia.

 Cada vez que el nombre de Hugo aparece en las discusiones sobre  el futuro de la FMF, surge la misma objeción. Hugo es  futbolista, no administrador. Hugo no tiene experiencia en gestión. Hugo sabe de goles, no  de presupuestos. Es una frase que se repite con tanta frecuencia que parece razonable hasta que la examinas  con cuidado.

 Hugo Sánchez tiene un título universitario en odontología de la UNAM. No es un futbolista que dejó los estudios para  dedicarse al deporte. Es un profesional con formación académica completa. Vivió y trabajó en España durante más de una década, donde absorbió el modelo europeo de gestión deportiva.

 Dirigió equipos en México y en la  Liga española. Manejó vestuarios con jugadores de 20 nacionalidades diferentes. Negoció contratos, diseñó planes estratégicos, administró presupuestos deportivos. Si eso no es experiencia en gestión, ¿qué es? Ahora compara su perfil con el de los hombres que sí han sido presidentes de la FMF.

 Justino Compean era un empresario de la industria ganadera. ¿Qué sabía de fútbol? Lo que veía por televisión. Decio de María era un abogado corporativo. ¿Cuántos partidos arbitró? Ninguno. John de Luisa venía del sector privado de empresas de entretenimiento. ¿Cuántos goles marcó? Cero. Juan Carlos Rodríguez era un ejecutivo de inversiones.

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