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¡Desgarrador! Asi VIVE IRMA DORANTES en su HACIENDA a sus 91 AÑOS

 Hoy entraremos juntos a esa hacienda en Cuernavaca, no para ver a la leyenda de la época de oro. sino a la mujer implacable que forjó un imperio con sus propias manos desde la miseria. Alguien que amó con una pasión inmensa que el México conservador de los 50s jamás iba a soportar. Perdió su alma gemela de forma atroz y se levantó solita contra todos.

 Analizaremos a fondo cada peso que generó, cómo levantó su imperio, sus batallas silenciosas por décadas y lo que representa alcanzar los 90 y un años como la última guardiana de la etapa más gloriosa de nuestro cine. Quédate conmigo hasta el final. Te juro que la biografía de Irma es más inmensa, muchísimo más trágica y mucho más inspiradora que cualquier cinta que ella protagonizó en pantalla.

 Para valorar su refugio debemos conocer su origen. Y el comienzo de Marta Irma Aguirre Martínez, como realmente dice su acta de nacimiento, aunque todos la adoremos como Irma Adorantes, fue tan humilde que su éxito raya francamente en el milagro absoluto. Nació un 21 de diciembre de 1934 en Mérida. Enfrentando la dura escasez de aquel méxico postrevolucionario de los 30s, su padre le entraba cualquier oficio.

 Su madre, Graciela soñaba con el arte y detectó en su pequeña un talento nato, irrepetible. Desde los cuatro añitos la llevaba a certámenes de radio. Esos shows infantiles donde cantaban temas populares peleando por premios muy sencillos, Irma interpretaba a Cri Cri y siempre arrasaba. Yo he visto esos registros, irradiaba magia natural, memorizando letras tan rápido que dejaba helados a los mayores con un carisma que no se aprende en escuelas, simplemente se trae en la sangre.

 Doña Graciela no solo sintió orgullo, vio la salida perfecta de la pobreza. Por eso decidieron aventurarse a la Ciudad de México cuando Irma apenas rondaba los 8 años. Abandonar Yucatán y su familia para ir al Distrito Federal, a ciegas exigía unas agallas tremendas que solo una madre dispuesta a todo posee. Aterrizaron en la capital sin un quinto.

Vivían amontonadas en una modesta vecindad. Su mamá se partía el lomo trabajando mientras le buscaba foros. Sin rendirse, la llevó a audicionar al teatro infantil de bellas artes. Una cuna de talentos brutal. Y claro, Irma quedó. Arrancó de extra en muchas obras. Una para una niña con ensayos larguísimos, disciplina militar y sueldos de miseria, pero era la llave de oro al medio artístico y su madre jamás iba a soltarla.

 A la par tocaban incansablemente las puertas de los grandes estudios, presentándola con productores top, buscando el salto al celuloide con esa furia de quien sabe que la pantalla grande no perdona ni espera a nadie. En 1947, a sus 13 años cayó el milagro. Ismael Rodríguez hacía casting para los tres huastecos.

 Esa joya estelarizada por Pedro Infante sobre unos trillizos separados desde que nacieron. Consiguieron la prueba y le dieron un papelito. Apenas unos minutos a cuadro, pero marcaba su debuto oficial y nada menos que frente a Pedro Infante. En aquel, Pedro tenía 30 años. estaba en los cuernos de la Luna siendo el ídolo indiscutible de todo México.

 Un talento fuera de serie que derretía los corazones de millones de mexicanas. Los verdaderos fans recordamos la escena donde el padre Juan de Dios, interpretado por Pedro, regaña a una chiquilla por andarse pintando los labios, pues esa niña era nuestra Irma. Un encuentro fugaz. Irma apenas debutaba con 13 años.

 Él era el titán del cine grabando sin parar. Obviamente no hubo romance ahí, pero los que conocemos la historia sabemos que el destino ya los había marcado. Aquí es donde nos metemos al dinero. Tú y yo vamos a analizar con Lupa cómo carajos levantó esa fortuna que hoy la protege a sus 91 años. Hoy tú y yo analizaremos cómo se construyó ese patrimonio.

 Una de las historias más fascinantes y complejas del cine de oro mexicano. Hablemos de nuestra Irma como actriz juvenil. Entre 1948 y 52, nuestra Irma cobraba unos 2,000 a 3,000 por cinta. Filmaba hasta seis películas al año. Sus ingresos anuales rondaban los 18,000 pes antiguos. Una locura que hoy equivaldía a más de 6 millones de pesos actuales.

 Para su familia, que había llegado a la capital rentando cuartitos de vecindad pocos años antes, este dinero significó un salto enorme. Les cambió la vida por completo. Pero todo estalló cuando su romance con nuestro ídolo Pedro Infante salió a la luz y empezaron a estelarizar juntos. Sus ganancias se dispararon. Entre 1950 y 57, Irma estelarizó 11 cintas con Pedro.

 Auténticas superproducciones de la época. Por cada proyecto con Pedro en esa década dorada cobraba de 15,000 a 25,000, unos 180,000 a 300,000 de hoy. Hacía tres a cuatro cintas anuales. Como fans sabemos el dato, solo actuando con él generaba hasta 100,000 pesos anuales de entonces, superando el 1200,000 pesos actuales.

 Si sumamos sus protagónicos independientes, su magia en la radio y algunos shows ocasionales, sus ingresos totales en su apogeo de 1953 a 57, iban de 80,000 a 150,000 pesos antiguos. Hoy hablaríamos de casi 2 millones de pesos anuales. Para una jovencita de 18 a 23 años era una fortuna. Nuestra estrella superaba en sueldo a muchísimas actrices de su generación.

 Y aquí, amigos, viene el trágico conflicto financiero. Esto explica por qué levantó su hacienda en Cuernavaca desde los cimientos tras 1957. Pedro era el actor mejor pagado del país. El ídolo de Guamuchil cobraba más de 100,000 pesos por película en los 50, equivalente a millón y medio actual, y grababa muchísimo. También amasaba fortunas cantando en palenques.

 Sus contratos con las disqueras eran de oro. En esa época sus ganancias rebasaban el millón de pesos viejos al año. Hoy estaríamos hablando de más de 12 millones de pesos. Pedro adoraba consentir a Irma. Le regalaba vestidos exclusivos, joyas hermosas y cubría todos sus gastos. Al nacer su pequeña en 1955, él pagó todo encantado.

 Pero el 15 de abril de 1957, la tragedia nos arrebató a Pedro en aquel avionazo en Mérida. Irma lo perdió todo. La ley fue cruel. No le tocó ni un centavo porque no era su viuda oficial. En 1956, la Suprema Corte invalidó trágicamente el divorcio de Pedro con María Luisa León. María Luisa fue nombrada esposa legal, borrando el matrimonio yucateco que Irma y Pedro celebraron en 1953.

La herencia entera terminó en otras manos. En el funeral, María Luisa recibió las condolencias. A nuestra pobre Irma le tocó llorarlo en las sombras sin ningún derecho oficial. Tenía 23 años. Una bebita de dos. Estaba sola, armada únicamente con su inmenso talento y sus recuerdos. Quédense conmigo.

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