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Colosio: Su Esposa Moría de Cáncer en SECRETO… Murió Buscando la Verdad 8 Meses Después

Hoy vas a descubrir cuatro cosas que casi nadie te contó completas. Primero, el diagnóstico que Diana Laura ocultó durante toda la campaña y por qué Colosio estuvo a punto de renunciar a la presidencia para cuidarla. Segundo, ¿cómo se enteró ella del asesinato de su esposo y la maquinaria de poder que se activó esa misma tard? Tercero, la promesa que le hizo a sus hijos y los 8 meses en que luchó por la verdad mientras el cáncer la consumía por dentro.

Y cuarto, ¿qué fue de sus dos hijos huérfanos? ¿Y por qué 32 años después este caso volvió a abrirse y hoy podría cambiarlo todo? Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes de seguir necesito ser claro contigo porque en este canal no inventamos. El único condenado por el asesinato de Colosio es un hombre llamado Mario Aburto.

 Todo lo demás, el segundo tirador, los autores intelectuales, la mano que pudo haber dado la orden desde arriba, son versiones que se han repetido durante 30 años, pero que la justicia no ha probado. Te las voy a contar porque son parte de esta historia, pero siempre te voy a decir qué es un hecho comprobado y qué es una versión. Porque tú mereces la verdad, no el rumor.

Para entender todo esto, necesitas conocer el México de aquel año y necesitas conocer a esta pareja antes de la tragedia. Porque esta historia no empieza con los disparos, empieza mucho antes. Empieza con dos jóvenes que se conocieron en una universidad y que parecían destinados a llegar muy alto. Volvamos en el tiempo.

Diana Laura Riojas nació el 9 de septiembre del año 1958 en Coahuila, aunque creció en Monterrey, Nuevo León y de ahí venía ese orgullo de regio Montana que la acompañó toda la vida. Era una mujer brillante. Se fue a la ciudad de México a estudiar economía en la Universidad Anahuac y ahí, en esas aulas, conoció a un joven recién llegado de Europa, un sonorense que había hecho estudios fuera y que tenía una ambición tranquila pero firme.

Luis Donaldo Colosio Murrieta. Él era de Magdalena, de Quino, Sonora, un hombre del norte, de tierra dura, de los que hablan poco y trabajan mucho. Y déjame que te pinte bien a Diana Laura, porque ella es el corazón de esta historia y muchas veces se la cuenta solo como un apéndice de su marido. era región montana de carácter de esas mujeres del norte firmes, directas, que no se andan con rodeos, pero al mismo tiempo era una intelectual, una economista de verdad, no un adorno.

En una época en que a las esposas de los políticos se les pedía sonreír, callar y verse bonitas, Diana Laura tenía opiniones, criterio, peso propio. Discutía de política con su esposo de igual a igual. Y él la escuchaba. Confiaba en su juicio como en el de pocos. Quienes los conocieron contaban que eran una pareja, pareja, valga la palabra, un equipo de verdad.

Ella no caminaba dos pasos atrás de él, caminaba a su lado. Y esa fortaleza, esa inteligencia, ese carácter de mujer que no se dejaba, iban a ser justamente las armas que usaría en sus últimos meses cuando le tocara enfrentarse ella sola, enferma y viuda contra todo el aparato del Estado mexicano. Porque la mujer que se negó a creer la versión oficial no era una viuda frágil y desconsolada.

Era una economista lúcida que conocía cómo se movían las piezas del poder y que sabía oler una mentira de estado a kilómetros. Se casaron, como te dije, en 1984 y formaron esa familia que parecía bendecida. Él subiendo en la política, ella sosteniendo el hogar y aconsejándolo en las sombras. Dos hijos, un futuro que se veía luminoso.

Nadie en aquellos años de ascenso habría imaginado que a los dos, marido y mujer, les quedaba tan poco tiempo, que el año 1994 se los llevaría a los dos con apenas 8 meses de diferencia. Se enamoraron, se casaron en el año 1984 y empezaron a construir una vida que parecía sacada de un guion perfecto. Tuvieron a su primer hijo, Luis Donaldo, en 1985 y años después, tras esperar mucho, llegó su segunda hija, Mariana, en 1993.

Guarda esos dos nombres. Luis Donaldo, hijo, y Mariana, porque estos dos niños, uno de 9 años, la otra de apenas uno, son las víctimas más silenciosas de toda esta historia. dos criaturas que iban a perder a su padre y a su madre en el mismo año. Pero antes de seguir con la tragedia, déjame contarte quién era él de verdad, porque la imagen que quedó de Colosio es la del mártir y era mucho más que eso.

Luis Donaldo venía de Magdalena de Quino, un pueblo de Sonora, tierra de desierto y de gente recia. No venía de Cunar Rica, era hijo de un comerciante. Estudió, se preparó, se formó como economista y completó estudios en el extranjero. Era de esos hombres que escalaron a base de disciplina, no de apellido, tranquilo, trabajador, de los que escuchan más de lo que hablan.

Dentro del partido, Colosio fue subiendo escalón por escalón. fue diputado, fue senador, llegó a presidir el propio PRI, el partido en el poder, y después tuvo a su cargo una de las secretarías más importantes del gobierno de Salinas, la que manejaba los programas sociales, el famoso programa de solidaridad que llevaba obras y apoyos a los pueblos más pobres del país.

Eso le dio algo que pocos políticos tienen. Conocía la pobreza de México de cerca. Había estado en las comunidades, en los pueblos olvidados, en las colonias sin agua. Por eso, cuando habló de un México con hambre y sed de justicia, no era una frase de discurso vacío, era algo que había visto con sus propios ojos.

Y a su lado siempre Diana Laura. tenía un papel mucho más hondo que el de acompañante. Era economista igual que él, inteligente, de carácter, con opiniones propias. De las mujeres que entienden de política tanto como sus maridos, aunque en aquella época el reflector siempre fuera para ellos. Quienes los conocieron decían que ella era su consejera, su sostén, su brújula, que Colosio confiaba en su criterio como en el de nadie.

Eran, en el sentido más real de la palabra un equipo y ese equipo estaba a un paso de llegar a la cima del poder en México. Mientras la familia crecía, la carrera de Colosio despegaba. Y tienes que entender cómo funcionaba el poder en México en aquellos años, porque sin eso nada de esto tiene sentido. En aquella época gobernaba un solo partido.

 El PRI llevaba más de seis décadas ininterrumpidas en el poder y había una regla no escrita que todo el país conocía. El presidente en turno señalaba con el dedo a su sucesor. Le decían el dedazo. El que era elegido candidato del PRI tenía prácticamente la presidencia asegurada porque ese partido ganaba todas las elecciones. Así que cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari eligió a Colosio como candidato en los hechos lo estaba señalando como el próximo presidente de México.

Y aquí viene algo que quiero que entiendas porque es el corazón de toda esta historia. En ese sistema, el candidato no era un hombre libre, era una pieza de una maquinaria enorme, antigua y poderosa. Y en esa maquinaria, cuando una pieza se salía del lugar que le tocaba, podía ser reemplazada. Recuerda esto.

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