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CHUCKY LOZANO: LO QUE NUNCA SE ATREVIÓ A CONTAR

Era domingo 30 de julio del 95. Cuernavaca, capital del estado de Morelos. Una colonia popular del centro del país. Calles sin pavimentar en los suburbios. Casas de adobe pintadas de colores intensos, niños jugando fútbol descalzo sobre las banquetas de cemento. Hirving Rodrigo Lozano Baena nació esa tarde dentro de un hospital público de la capital morelense sin complicaciones médicas durante el parto, hijo único de un padre electricista y una madre dedicada al hogar.

Sus padres eran gente trabajadora, sin estudios universitarios y sin patrimonio acumulado. Lo que sí tenían era un televisor de tubo dentro de la sala de la casa modesta de Cuernavaca y todas las tardes del fin de semana se sentaban frente a la pantalla a ver los partidos de fútbol que transmitían las cadenas mexicanas durante los años 90.

Hirvin Lozano creció dentro de esa sala con esa televisión encendida, con esos partidos del fin de semana. Y a los 5 años, según los reportes posteriores que aparecieron dentro de los archivos del fútbol mexicano, el niño le pidió a su padre electricista un balón de fútbol viejo dentro del mercado municipal de Cuernavaca.

El padre se lo compró por 20 pesos. 20 pesos que iban a cambiar para siempre la historia económica de la familia Lozano Baena dentro del estado de Morelos. El padre electricista de Cuernavaca había trabajado durante los últimos 18 años, seguidos cableando casas modestas de la colonia popular morelense, ganando un sueldo semanal que apenas alcanzaba para mantener a la familia dentro de la casa modesta del centro del estado.

Y ese balón viejo del mercado municipal comprado con el cambio de la última quincena del verano del 2000 era el regalo más grande que el electricista le había hecho a su único hijo dentro de los primeros 5 años de vida. 20 años después, ese balón de fútbol viejo iba a terminar dentro de una vitrina iluminada del salón principal de una casa de la ciudad californiana de San Diego.

Y el padre electricista, según los reportes posteriores del entorno familiar, no iba a vivir lo suficiente para ver el partido más doloroso de toda la carrera profesional de su único hijo dentro del fútbol mexicano contemporáneo. falleció dentro del Hospital General de Cuernavaca durante el verano del 2022, exactamente 18 años después de aquel balón de 20 pesos del mercado municipal morelense, sin haber visto el ascenso económico definitivo del Chucki Lozano al fútbol estadounidense y sin haber sufrido la humillación pública del

partido inaugural del Mundial del 26 dentro del estadio remodelado de la Ciudad de México, lo que ocurrió durante los siguientes 8 años seguidos dentro de La colonia popular de Cuernavaca, según los archivos del fútbol mexicano, marcó el inicio del camino exacto que iba a llevar al muchacho de Morelos desde las calles polvorientas de la capital morelense hasta el estadio más importante del fútbol europeo dentro de la ciudad italiana de Nápoles.

18 años más tarde, Hirvin Lozano empezó a jugar fútbol profesional dentro de las fuerzas básicas del club Pachuca durante el verano del 2004. Tenía 9 años de edad. Lo descubrió un casatalentos del grupo Pachuca dentro de un torneo amateur del estado de Morelos. Lo invitó a probarse dentro de las instalaciones de la Academia Juvenil del Club Tuso y aprobó el examen físico durante la primera semana de evaluación.

El grupo Pachuca, propiedad del empresario mexicano Jesús Martínez Patiño, llevaba años buscando talento juvenil dentro del centro del país para alimentar las divisiones inferiores del club, lo que encontraron dentro del cuerpo pequeño y delgado del muchacho de Cuernavaca. Según los reportes que aparecieron después dentro de los archivos del fútbol mexicano, fue una velocidad excepcional para correr sobre la banda izquierda, una capacidad técnica superior a la media de los niños de su edad y una agresividad ofensiva que los entrenadores juveniles del club

Tuso no habían visto durante los últimos años. A los 15 años, según los registros oficiales del club Pachuca, Hirvin Lozano firmó su primer contrato profesional dentro del fútbol mexicano. A los 17 años debutó dentro del primer equipo profesional del club Tuso durante la temporada 2014 y antes de cumplir los 18 ocurrió algo dentro de la vida personal del muchacho de Cuernavaca que iba a marcar las siguientes dos décadas de su carrera profesional dentro del fútbol internacional a los 18 años recién cumplidos. Según los reportes del

entorno familiar publicados décadas más tarde dentro de los archivos del fútbol mexicano, el joven extremo del club Pachuca tomó una decisión personal que la mayoría de los compañeros del vestuario consideró arriesgada, prematura y profundamente alejada del estilo de vida típico de los jugadores juveniles del fútbol profesional mexicano contemporáneo.

Ella se llamaba Ana Obregón, originaria del estado de Hidalgo, nacida el 5 de febrero del 91, 4 años mayor que el jovenvin Lozano. Ana Obregón trabajaba como modelo profesional dentro de la capital de Hidalgo durante los primeros años de la década del 2010. Pasarelas, sesiones fotográficas, eventos publicitarios dentro de la región centro del país.

Se conocieron, según los reportes posteriores, durante el verano del 2012 dentro de las instalaciones del club Pachuca, donde Ana había acompañado a un familiar a un evento del club Tuso. El joven extremo, con apenas 16 años recién cumplidos, se enamoró de la modelo de 21 años durante esa primera tarde dentro de las instalaciones del club juvenil.

Dos años después, en el 2014, Ana Obregón y Hirvin Lozano contrajeron matrimonio dentro de una ceremonia íntima del estado de Hidalgo. Él tenía 18 años, ella tenía 22. La hija mayor de la pareja, Daniel Lozano Obregón, nació pocos meses después dentro del mismo año del matrimonio. El segundo hijo, Rodrigo Lozano Obregón, nació en abril del 2017.

Ana abandonó su carrera de modelo profesional dentro del fútbol mexicano para dedicarse al cuidado de los dos hijos del matrimonio y al acompañamiento permanente de la carrera deportiva del esposo. Durante los siguientes 12 años seguidos, según los reportes del entorno familiar, el matrimonio Lozano Obregón fue considerado uno de los más estables del fútbol mexicano.

Sin escándalos públicos, sin rumores de infidelidad, sin separaciones temporales documentadas dentro de los archivos del entorno deportivo. El muchacho de Cuernavaca, a diferencia de la mayoría de los compañeros del fútbol profesional mexicano de su generación, no apareció jamás dentro de las páginas amarillistas del entretenimiento deportivo nacional.

No fue captado dentro de discotecas de Las Vegas o de Miami. No fue relacionado con modelos, actrices ni cantantes del entorno latinoamericano. Lo que tenía dentro de la casa familiar de Cuernavaca primero y dentro de las casas posteriores de Heinoven, Nápoles y San Diego, era una familia tradicional, estable y profundamente católica.

una familia que iba a estar presente 12 años después dentro del sofá del salón principal de la casa de San Diego, viendo el partido inaugural del mundial del 26 por la televisión norteamericana, sin el padre dentro de la convocatoria del TRI. Esa estabilidad familiar dentro de la casa modesta del muchacho de Cuernavaca, según los reportes del fútbol mexicano, contrastó profundamente con la trayectoria meteórica que la carrera profesional del joven extremo iba a vivir dentro del fútbol europeo durante los siguientes 10 años seguidos,

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