Las tres declaraciones tienen la misma estructura como si alguien las hubiera dictado.” Completado, “Bukele”, interrumpió él. Necesito que investiguen a un vendedor apodado Spider y quiero saber quién autorizó la redistribución de puestos después de las detenciones. Se detuvo frente a un puesto de verduras.
Un hombre corpulento contaba dinero. Con permiso, Buke le dijo quitándose los lentes. Este era el puesto de los renderos. El hombre levantó la mirada palideciendo al reconocerlo. “Sí, señor presidente, no te preocupes”, dijo el hombre nervioso. Bukele sonrió, pero sus ojos permanecieron fríos. Solo estoy conociendo a los comerciantes exitosos del mercado.
Es impresionante como algunos prosperan mientras otros terminan en bartolinas, ¿verdad? Speeder comenzó a sudar. Yo yo solo. Balbuceó. Nos vemos pronto, cortó Bukele dándose vuelta. Por el rabillo del ojo vio a Spider sacar frenéticamente su celular. Ya en el carro presidencial Bukele llamó a Marina.
Quiero intervenir el teléfono de un tal Spider del mercado. Y Marina, creo que encontramos nuestro eslabón débil. La imagen de Miguel vendiendo agua bajo la lluvia volvió a su mente. Ahora, al menos comenzaba a entender por qué. El régimen de excepción ha detenido a más de 50,000 personas. La voz de la diputada opositora resonaba en el salón azul de la Asamblea Legislativa.
¿Cuántos son verdaderamente culpables? Bukele, sentado en primera fila, mantenía una expresión neutral mientras la presentación continuaba. Y ahora, señores diputados, observen este video viral. En la pantalla apareció a Miguel, el niño vendiendo agua en un semáforo. Este es Miguel Renderos, 12 años. Sus padres, comerciantes del mercado, fueron detenidos hace 8 meses.
Hoy debe mantener a su abuela enferma. Murmullos llenaron la sala. Bukele sintió las miradas sobre él. Es este el país que queremos, donde los niños pagan por nuestros errores, dijo la diputada. Señora diputada, interrumpió el presidente de la Asamblea, el régimen de excepción ha reducido los homicidios a mínimos históricos.
¿A qué costo? Contratacó la diputada. La BBC, CNN, Al Yasira. Todos están cubriendo casos como el de Miguel. El mundo nos observa. Bukele se inclinó hacia Marina susurrando, “¿Quién filtró el video?” “Estamos trabajando en eso”, respondió ella, “pero hay más. Reiters quiere una entrevista exclusiva sobre el caso. El presidente se masajeó las cienes mientras su teléfono no dejaba de sonar con notificaciones.
Señor presidente, la diputada lo enfrentó directamente. ¿Qué tiene que decir sobre Miguel? La sala quedó en silencio cuando Bukele se levantó lentamente. El ambiente estaba cargado de tensión. El régimen de excepción comenzó porque fue necesario para salvar a El Salvador. Pero un sistema de justicia fuerte no tiene miedo de reconocer sus errores”, afirmó el presidente.
Por eso anunció la creación de una comisión especial para revisar casos específicos. La sala estalló en murmullos. Esta comisión continuó Bukele alzando la voz, “trabajará con total independencia. No buscamos debilitar la lucha contra las pandillas, sino fortalecerla con justicia. La diputada insistió, “¿Y los renderos?” Bukele respondió sin titubeos.
Cada caso será evaluado por sus méritos, sin presiones mediáticas ni políticas. Al salir de la asamblea, el teléfono de Bukele sonó. Era el jefe de investigación. “Señor presidente, hemos interceptado llamadas de Spider. Está nervioso. Cometió errores. Tenemos pruebas de que fabricó las acusaciones contra los renderos, grabaciones, incluso transferencias bancarias.
recibió dinero para entregar testimonios falsos. Bukele levantó la mirada hacia el cielo nublado de San Salvador. Prepárame un informe completo, ordenó. Y Marina, “Sí, señor presidente, acepta la entrevista con Reuters. Es hora de que el mundo conozca toda la historia.” En las redes sociales, el hashtag justicia para Miguel ya era tendencia nacional.
La presión aumentaba, pero ahora Bukele tenía algo que la oposición no esperaba. La verdad a veces, murmuró para sí mismo. La justicia llega de formas inesperadas. La delegación central de Santa Ana estaba tranquila a las 3 de la madrugada en una oficina del segundo piso. Sin embargo, un equipo especial trabajaba intensamente bajo la luz de las pantallas.
Señor presidente, encontramos algo”, dijo la investigadora principal Sandra Morales. Desplegó una serie de documentos sobre la mesa. Los tres testimonios contra los renderos fueron registrados con solo 10 minutos de diferencia. “10 minutos?”, preguntó Bukele inclinándose sobre los papeles. “¿En la misma delegación?” “Cinuó”. “Exacto,”, respondió Sandra. “Y hay más.
Las declaraciones son prácticamente idénticas. mismo formato, mismas frases, hasta las mismas faltas de ortografía. En la pantalla, tres documentos se alinearon lado a lado, mostrando las similitudes innegables. ¿Quién recibió estas declaraciones? El agente Ramírez, respondió Sandra dudando. Desapareció hace tres meses.
Su familia reportó que viajó a Guatemala y nunca regresó. Bukele se frotó la barbilla y las cámaras del día del arresto. Sandra asintió. Aquí está lo interesante. Otro investigador se acercó con una tablet. El video muestra que llegaron dos patrullas, pero el reporte menciona tres. Y mire la hora. Bukele observó la grabación.
Las patrullas llegaron a las 23:40, pero el informe marcaba 22:15. La denuncia de Spider fue a las 22 horas”, murmuró Bukeley. Necesitaban que el tiempo coincidiera. De repente, un oficial joven irrumpió apresuradamente. “Señora Morales, interceptamos una llamada de Spider. Está organizando un viaje a Honduras.” Bukele, decidido, ordenó, “No lo dejen salir del país, pero discretamente.
No quiero que sepa que lo estamos vigilando.” Sandra proyectó un mapa de transferencias bancarias. Las cuentas coinciden, señor presidente. Spider recibió tres depósitos de $10,000 cada uno justo antes de las detenciones. El Origen, una empresa fantasma en Panamá. Estamos rastreando al beneficiario final. Bukele caminó hacia la ventana mirando la ciudad que dormía ajena a la verdad que se estaba descubriendo en aquella oficina.

Los renderos tenían antecedentes. Ninguno respondió Sandra. Al contrario, encontramos registros de que María Campos presentó dos denuncias por extorsión. La última semana antes de su arresto, denuncias que convenientemente desaparecieron. Bukele apretó los puños. Su teléfono vibró. Era un mensaje de Marina. CNN publicará un reportaje sobre el caso Mañana.
Necesitamos una respuesta oficial. Sandra dijo Bukele girándose hacia el equipo. ¿Cuánto tiempo necesitan para tener un expediente completo? Sandra respondió, “Con lo que tenemos 48 horas para algo sólido.” Tienen 24, cortó Bukele con firmeza. “Y quiero vigilancia total sobre Spider. Cada llamada, cada movimiento, antes de salir se detuvo. Una cosa más.
¿Dónde está el dinero que confiscaron a los renderos?” Sandra revisó los registros. Según el acta, $2,000, pero en la evidencia fotográfica solo aparecen $100. Bukele sonríó sin humor. Las piezas empiezan a encajar. Buen trabajo, equipo. Manténganme informado. En el pasillo oscuro, Bukele marcó el número de su jefe de gabinete.
Prepara una conferencia de prensa para mañana y necesit general. La verdad estaba saliendo a la luz, pero Bukele sabía que la parte más difícil apenas comenzaba. No bastaba con conocer la verdad. Tenía que probarla de una manera que ni sus enemigos pudieran cuestionar. El ascensor del edificio en Soyapango estaba fuera de servicio.
Marina y dos asesores subieron por las escaleras hasta el quinto piso, mientras un equipo de seguridad mantenía una vigilancia discreta del perímetro. “Apartamento 5C”, susurró Marina al tocar suavemente la puerta desgastada. Una anciana con una máscara de oxígeno abrió. Detrás de ella, Miguel apareció con su caja de aguas.
“¿Son del gobierno?”, preguntó el niño protegiendo a su abuela. El presidente nos envió”, respondió Marina mostrando su identificación. “Podemos pasar.” El apartamento era pequeño pero ordenado. Un ventilador viejo luchaba por mantener la habitación fresca. En la pared colgaba una foto familiar que mostraba a los renderos celebrando frente a su puesto en el mercado.
“Necesitamos que nos cuentes todo, Miguel”, pidió Marina mientras se sentaba en el sofá. El niño miró a su abuela, quien asintió débilmente y comenzó por hablar. Fue después de que mamá denunció a Spider”, comenzó Miguel. Él quería que pagáramos más renta, pero el negocio no daba para tanto. Papá decía que ya no éramos la gallina de los huevos de oro.
¿Cuánto les pedía?, preguntó Marina. Al principio eran $50 a la semana, luego $100 y al final quería $200. “Mamá fue a la policía dos veces”, añadió, y la abuela tosió ajustándose la máscara de oxígeno. “El tanque está casi vacío”, murmuró Miguel. Cuesta $70 rellenarlo. Marina anotó la información mentalmente.
¿Qué pasó la noche del arresto?, preguntó Marina. Estábamos cenando. Pupusas de chipilín que papá trajo del mercado dijo Miguel con los ojos humedecidos. Llegaron policías gritando, tiraron todo. Papá les decía que era un error, que éramos gente honrada. ¿Mencionaron a Spider?, preguntó Marina. No, pero dudó Miguel. Lo vi afuera en su carro.
estaba sonriendo. De repente, el teléfono de Miguel sonó. El niño palideció al ver la pantalla. ¿Quién es?, preguntó Marina. Un número desconocido. Han estado llamando desde ayer, respondió Miguel, visiblemente nervioso. Marina tomó el teléfono y vio el mensaje de texto. Cállate la boca, Cipote, o tu abuela Crow a necesitar más que oxígeno.
Era la primera amenaza. Miguel negó con la cabeza. comenzaron después del video en la asamblea”, explicó temblando. Marina sacó su teléfono y marcó rápidamente. “Señor presidente, necesitamos protección para la familia y un tanque de oxígeno.” Cuando colgó, se volvió hacia Miguel. “¿Tienes los recibos de las denuncias que hizo tu mamá?”, preguntó.
“Mamá guardaba todo,”, respondió Miguel y fue a la habitación. Regresó con una carpeta desgastada. “Aquí está.” Marina revisó los documentos. Eran exactamente lo que necesitaban. pruebas de que María Campos había denunciado las extorsiones antes de su arresto. Se arrodilló frente al niño y le dijo, “¿Confías en el presidente Bukele?” “Sí”, respondió Miguel sin dudar.
Fue el único que se detuvo a escucharme. “Entonces necesito que seas valiente un poco más”, dijo Marina. “Vamos a sacar a tus papás de ahí, pero tienen que estar seguros.” En ese momento, un golpe en la puerta los sobresaltó. Era el equipo de seguridad. Señora Marina, hay movimiento sospechoso en la entrada del edificio.
Bien, respondió Marina. Miguel, empaca lo necesario. Vos y tu abuela van a un lugar seguro. ¿Y mis aguas? Necesito vender, insistió Miguel. Eso se acabó, le dijo Marina con firmeza. Orden presidencial, ahora tu único trabajo es ser un niño. Mientras ayudaban a la abuela a prepararse, Marina envió un mensaje a Bukele.
Tenemos las pruebas y también testigos que necesitan protección inmediata. La respuesta llegó en segundos. Casa de seguridad en Santa Tecla lista y marina. Buen trabajo. La casa presidencial en antiguo Cuzcatlán brillaba bajo el sol de la tarde. En la sala de crisis, Bukele estudiaba los documentos esparcidos sobre la mesa mientras su equipo esperaba en silencio.
Finalmente dijo, “Tenemos tres cosas: las pruebas de la extorsión, los testimonios falsos y el dinero de Spider y las amenazas”, añadió Marina. Miguel y su abuela están seguros en Santa Tecla”, informó Marina. Sin embargo, el ministro de seguridad intervino. “Señor presidente, liberar a los renderos sentaría un precedente peligroso.
Miles pedirían revisión de sus casos. ¿Y si son inocentes como los renderos?”, contraatacó Marina. El teléfono sonó. Era una videollamada del presidente de España. Bukele saludó al mandatario europeo. El caso del niño del semáforo está en todos los medios. La Unión Europea está preocupada, le informó el presidente español.
Bukele mantuvo la compostura. Estamos manejando la situación. Necesitamos garantías de que los derechos humanos. Con todo respeto, cortó Bukele. Cuando las pandillas aterrorizaban El Salvador, Europa guardó silencio. Ahora que el país es seguro, vienen a darnos lecciones. Terminó la llamada y se volvió hacia su equipo. Spider intentando salir del país informó el jefe de inteligencia.
Tiene un vuelo reservado para mañana. No lo detengan todavía, ordenó Bukele, que se sienta seguro. Las grabaciones. Sandra proyectó un audio en la pantalla. La voz de Spider era inconfundible. Los renderos ya no son problema. El policía hizo su trabajo. Los testimonios están listos. Señor presidente, el fiscal general aclaró su garganta.
Técnicamente estas grabaciones son inadmisibles. Fueron obtenidas sin una orden judicial. Pero las transferencias bancarias, esas sí podemos usarlas. Bukele se levantó y caminó hacia la ventana, mirando la distancia y los edificios de San Salvador. “¿Cuántos casos como este hay?”, preguntó al aire. “¿Cuántos inocentes están pagando por culpables?” “Señor presidente, Marina se acercó.
CNN transmitirá en una hora. El mundo está esperando su decisión. Bukele recordó la mirada de Miguel bajo la lluvia, la dignidad de un niño que se veía obligado a madurar demasiado rápido. “Preparen la sala de prensa”, ordenó. “Y quiero a Spider detenido antes de la conferencia.” “La línea oficial”, preguntó su jefe de comunicaciones.
“La verdad”, respondió Bukele mientras se ajustaba la chaqueta. El régimen de excepción salvó al salvador de las pandillas, pero un país verdaderamente fuerte no teme reconocer y corregir sus errores. Los índices de aprobación podrían bajar, advirtió un asesor. Los índices no importan dijo Bukele caminando hacia la puerta.
Lo que importa es que un niño pueda volver a tener padres. Antes de salir se detuvo. Marina, asegúrate de que Miguel y su abuela estén viendo la televisión en una hora y prepárame una visita al centro penitenciario para mañana. Va a ver a los renderos personalmente. No, Bukele le sonrió. Voy a ver a Spider.
Quiero que confiese. Mirándome a los ojos. En el pasillo, su equipo lo seguía mientras daba las instrucciones finales. La decisión estaba tomada. Era hora de demostrar que la justicia en El Salvador no era solo un eslogan de campaña. El centro judicial Isidro Menéndez estaba rodeado de periodistas. En la sala principal, el juez Ramírez escuchaba atentamente mientras la fiscal especial presentaba las nuevas evidencias y aquí señaló en la pantalla vemos las transferencias bancarias a la cuenta de Eduardo Speeder Ramírez. Tres depósitos
de $1,000 cada uno exactamente un día antes de las falsas declaraciones contra los renderos. Spider, esposado y custodiado, mantenía la mirada baja. Su señoría, continuó la fiscal. El acusado, ya confesó, fabricó testimonios falsos para incriminar a Roberto y María Renderos. El motivo venganza por denunciar sus extorsiones.
El juez revisó los documentos. La confesión fue voluntaria. Totalmente”, respondió la fiscal después de su encuentro con el presidente Bukele esta mañana. Un murmullo recorrió la sala. Spider se hundió más en su asiento. “El presidente solo me miró”, murmuró Spider, su voz apenas audible. Me miró y me preguntó si podía dormir tranquilo, sabiendo que un niño vendía agua en las calles por mi culpa.
La fiscal proyectó nuevas imágenes. Estas son las denuncias originales presentadas por María Campos. dijo mientras en la pantalla se mostraban los documentos. Denuncias que misteriosamente desaparecieron del sistema, eh, pero que una oficial consciente mantuvo copias en papel. ¿Y el dinero confiscado?, preguntó el juez. Aquí está el video de la bodega de evidencias, respondió la fiscal reproduciendo una grabación.
Se ve claramente al agente corrupto retirando $500 del sobre original. En las gradas, Marina observaba mientras enviaba mensajes a Bukele. Spider se está derrumbando. La evidencia es irrefutable, pensó. El juez. Se ajustó los lentes. Los renderos están presentes en una sala contigua, su señoría, con su hijo Miguel. Tráiganlos.
Cuando Roberto y María Renderos entraron, la sala quedó en silencio. 8 meses de prisión habían dejado marcas, pero caminaban con dignidad. Miguel corrió hacia ellos. “Papá, mamá!”, gritó el niño. El abrazo familiar arrancó lágrimas a varios presentes. Spider apartó la mirada. Señores renderos, el juez se dirigió a ellos.
Este tribunal ha revisado exhaustivamente su caso. Las nuevas evidencias demuestran no solo su inocencia, sino su valentía al denunciar las extorsiones. María abrazó más fuerte a Miguel. Por tanto, continúa el juez, este tribunal ordena su inmediata liberación y la restitución completa de sus derechos. Además, se volvió hacia Spider.
El señor Eduardo Ramírez enfrentará cargos por falso testimonio, extorsión y obstrucción de la justicia. La Fiscalía también investigará a los funcionarios que colaboraron en esta injusticia. Roberto Renderos dio un paso adelante. Señor juez, ¿podremos recuperar nuestro puesto en el mercado? El presidente Bukele ha ordenado personalmente su restitución, respondió Marina desde las gradas.
y hay un programa de compensación esperándolos. Afuera, los periodistas transmitían en vivo. La noticia ya recorría el mundo. El Salvador demostraba que su lucha contra el crimen podía coexistir con la justicia. En su oficina, Bukele miraba la transmisión. Su teléfono no paraba de recibir mensajes de felicitación, pero él solo observaba la imagen de Miguel finalmente entre sus padres.
A veces, murmuró, la verdadera fuerza está en saber reconocer nuestros errores. El complejo penitenciario esa mañana vibraba con una energía diferente. En la oficina del director, Roberto y María Renderos firmaban los documentos de su liberación mientras un equipo de trabajadores sociales les explicaba el programa de reinserción.
“El gobierno cubrirá los gastos médicos de su madre”, explicaba la trabajadora social María. El tanque de oxígeno ya está instalado en su nuevo apartamento. Roberto sostenía la mano de su esposa mientras revisaban los papeles. Nuevo apartamento, preguntó Roberto confundido. Orden presidencial, respondió Marina entrando en la oficina, un lugar seguro en Santa Tecla, cerca de la escuela donde Miguel comenzará el próximo mes.
María dejó caer una lágrima sobre los documentos. Miguel está aquí esperando afuera con su abuela dijo Marina. Pero antes necesitamos su testimonio sobre Spider y la red de extorsión en el mercado. Roberto se enderezó. Diremos todo, ya, no tenemos miedo. En el estacionamiento del complejo, los periodistas esperaban tras una barrera.
Miguel con una camisa nueva sostenía la mano de su abuela, quien respiraba más fácilmente con su nuevo equipo de oxígeno. Nervioso, Chero, le preguntó amablemente un guardia. Ya no sonró Miguel. Ya no tengo que ser el hombre de la casa. Las puertas se abrieron y Roberto y María aparecieron parpadeando ante el sol brillante. Al ver a Miguel corrieron hacia él.
El abrazo familiar fue captado por decenas de cámaras, pero ellos no notaron nada más que el calor de estar juntos nuevamente. “Perdónenos, hijo”, susurró María, “por dejártelo solo tanto tiempo.” “No estaba solo,”, respondió Miguel. sabía que eran inocentes y el presidente también lo supo. En su oficina, Bukele observaba la escena por televisión. Su teléfono sonó.
Era el fiscal general. Spider cooperando informó el fiscal. Ya identificó a tres funcionarios corruptos y dos redes más de extorsión. Los otros casos similares. El equipo especial comenzó las revisiones. Hay al menos 30 que necesitan atención inmediata. Bukele asintió. Procedan. Y quiero el programa de compensación.
funcionando esta misma semana. En el auto rumbo a su nuevo hogar, la familia Renderos escuchaba mientras Marina les explicaba los detalles de su reintegración. “El puesto del mercado estará listo mañana”, dijo Marina. “Y hay un fondo de compensación para reiniciar el negocio.” “¿Y mi escuela?”, preguntó Miguel. “Academia Don Bosco.
” Sonrió Marina, “beado hasta la universidad.” Roberto miró por la ventana a las calles de San Salvador. “¿Cómo agradecemos todo esto? El presidente tiene una solicitud, respondió Marina. Quiere que sean parte del nuevo programa de prevención de extorsiones. Sus testimonios pueden ayudar a otros. María apretó la mano de su esposo. Por supuesto que ayudaremos.
El auto se detuvo frente a un edificio moderno en Santa Tecla. En la entrada, un cartel pequeño decía: “Bienvenidos a casa, familia renderos. Antes vendía agua para sobrevivir”, murmuró Miguel mientras subían. Ahora, ahora solo tienes que ser un niño”, completó su madre abrazándolo. En sus ojos brillaba no solo el alivio de la libertad, sino la esperanza de un nuevo comienzo.
La justicia había llegado tarde, pero había llegado. El parque Cuscatlán resplandecía bajo el sol de la mañana. Una multitud se había reunido frente al escenario temporal, donde carteles anunciaban el programa nacional de revisión y justicia. “¿Estás listo?”, preguntó Marina a Miguel. ajustándole la corbata del uniforme de la academia Don Bosco.
Un poco nervioso, admitió el niño mirando a sus padres sentados en primera fila. Roberto y María Renderos, vestidos formalmente, conversaban con otros exonerados que también habían sido liberados en las últimas semanas. Sus historias, diferentes pero conectadas habían destapado una red de corrupción que se extendía más allá del mercado. El murmullo de la multitud cesó cuando el presidente Bukele subió al podio.
Hace dos meses comenzó comenzó Bukele. Un encuentro casual en un semáforo nos mostró que la verdadera fortaleza de un país no está solo en su capacidad de combatir el crimen, sino en su voluntad de reconocer y corregir sus errores. Las cámaras enfocaron a Miguel y su familia. El régimen de excepción salvó al salvador de las pandillas.
Eso es innegable. Pero la justicia verdadera requiere vigilancia constante. Por eso, hoy inauguramos una nueva era en nuestro sistema judicial. En las pantallas gigantes se proyectaron estadísticas. 37 casos revisados, 23 personas liberadas, 15 funcionarios corruptos detenidos. El programa nacional de revisión y justicia no es solo un mecanismo legal”, continuó Bukele. Es un compromiso con la verdad.
Y para explicar mejor importancia, invito a alguien que vivió esta transformación en primera persona. Miguel subió al escenario, sus piernas temblando ligeramente. Hace dos meses comenzó comenzó el niño ganando confianza. Vendía agua en los semáforos para mantener a mi abuela enferma. Hoy estudió en la academia Don Bosco y mis padres. Su voz se quebró por un momento.
Mis padres están en libertad con su puesto en el mercado de nuevo. Un aplauso espontáneo surgió de la multitud. Pero no estoy aquí solo por mi historia, continuó Miguel. Estoy aquí por todos los niños que aún esperan justicia, por todas las familias separadas que merecen una segunda revisión de sus casos. Bukele regresó al podio colocando una mano en el hombro de Miguel.
A partir de hoy, cada caso dudoso será revisado, cada acusación será investigada y cada injusticia será corregida, porque un salvador verdaderamente seguro es también un salvador justo. En la primera fila, María secaba sus lágrimas mientras Roberto la abrazaba. Junto a ellos, la abuela de Miguel, con su tanque de oxígeno nuevo, sonreía orgullosa.
Después de la ceremonia, en un momento privado, Bukele se acercó a la familia. Miguel, sonrió el presidente. ¿Cómo van las clases? Bien, señor presidente, respondió Miguel. Quiero ser abogado. Abogado, preguntó Bukele riendo suavemente. Pensé que quería ser médico. Cambié de opinión, respondió Miguel con determinación.
Quiero ayudar a otras familias como ayudaron a la mía. Entonces Bukele extendió su mano y dijo, “Nos veremos en la fiscalía en unos años.” En el camino de regreso a casa, la familia Renderos se detuvo en su puesto del mercado. El letrero nuevo brillaba: “Pupucería la esperanza.” ¿Por qué la esperanza? Preguntó un cliente. María sonrió mientras preparaba la masa.
Porque la esperanza es lo último que se pierde y a veces, cuando menos lo esperas, te encuentras con ella en un semáforo. Miguel, haciendo su tarea en una esquina del puesto, levantó la vista y sonrió. El niño del semáforo había encontrado su camino a casa. En su oficina, Bukele firmaba más órdenes para el programa de revisión.
En su pantalla, una frase destacaba en el nuevo proyecto de ley. La justicia no es solo el castigo de los culpables, sino también la protección de los inocentes. El Salvador estaba cambiando una historia a la vez. M.