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Así VIVE JULIO IGLESIAS a sus 82 AÑOS…Isla Privada con 600 Millones

 ¿Cómo es posible que el hombre más seductor del mundo, el que cantó sobre el amor en 12 idiomas, el que hizo llorar a mujeres en 100 países con canciones sobre la fidelidad y el amor eterno, esté hoy en el centro del escándalo más explosivo de su vida, a sus 82 años. ¿Y cómo reaccionaron los ocho hijos que tiene de dos matrimonios cuando la noticia les llegó? Eso llega al final.

 Pero primero hay que ver el imperio que construyó. Porque para entender la magnitud de lo que está en juego, primero hay que entender la magnitud de lo que existe. Empecemos en Nasau, porque Nasau, la capital de las Bahamas, no es solo una ciudad. Es el símbolo de lo que Julio Iglesias eligió ser cuando dejó de necesitar que el mundo lo viera constantemente para saber quién era.

 La mansión de Nasau está situada en una isla privada en las afueras de la ciudad. acceso solo por barco o por helicóptero. Lo que significa que si Julio Iglesias no quiere ver a nadie ese día, no tiene que ver a nadie ese día. No hay paparazzi posibles cuando tienes que cruzar agua para llegar a la puerta de alguien. No hay periodistas esperando afuera.

 No hay nadie. Solo el océano Atlántico y los jardines tropicales que rodean una propiedad que combina la arquitectura caribeña con los estándares de lujo de alguien que lleva seis décadas hospedándose en los mejores hoteles del mundo y que sabe exactamente qué hace falta para sentirse cómodo. La piscina de la mansión de Nasao tiene vistas directas al mar, no vistas al jardín, al mar, al Atlántico.

 Desde la piscina, cuando el tiempo está despejado, se puede ver el horizonte con esa claridad que solo existe en las latitudes caribeñas, donde el aire no tiene contaminación ni humedad industrial. Julio se mete en esa piscina todas las mañanas. Lo dijo él mismo en abril de 2025 cuando tuvo que responder a los rumores sobre su estado de salud.

 con ese humor que lo ha acompañado desde siempre. Acabo de nadar como un pez. Elipuerto es funcional, no decorativo. Julio Iglesias usa el helicóptero para llegar a Miami en menos de una hora cuando los compromisos lo requieren, que en los últimos años son compromisos de otra naturaleza que los de antes. Ya no son las giras que en 2019 tenía programadas para recorrer el mundo.

 Son las reuniones con los ejecutivos de Netflix para la serie biográfica que está produciendo las sesiones para sus memorias, los encuentros con los abogados. Pero volvamos a las propiedades porque la de Nasau es solo una. Puntacana, República Dominicana. Aquí está la que Julio llama su casa favorita, la que construyó desde cero entre 1997 y 2001 con más de 100 trabajadores traídos específicamente de España, República Dominicana y Bali.

 4 años de construcción para una propiedad que hoy abarca 450 haáreas de selva tropical, playa privada y jardines que varios diseñadores de renombre tardaron años en desarrollar. La mansión principal de Punta Cana está construida alrededor de una piscina sinuosa que se extiende como un río artificial entre los distintos cuerpos de la propiedad.

 Hay una estructura de dos pisos traída directamente de Bali, que funciona como zona de habitaciones y área de juegos para los hijos más pequeños. Siete dormitorios, ocho baños. Un estudio de grabación de última generación donde Julio grabó álbum completos sin necesidad de pisar un estudio comercial. Una cocina de dimensiones industriales que en los años buenos, cuando la familia completa se reunía, alimentaba a docenas de personas al día.

 Los materiales de construcción de la mansión de Puntacana son, según los propios reportajes que se publicaron sobre ella, cuatro. Caoba, madera, banquirá de Indonesia, pino de Oregón y coral. Materiales que envejecen bien en el clima caribeño, que ganan en textura y en carácter con los años, que en lugar de deteriorarse se vuelven más hermosos conforme el trópico, los va incorporando a su propia lógica de crecimiento y cambio.

 Miranda, su esposa, decía de esa casa en las entrevistas que daba cuando todavía daba entrevistas. Aquí tenemos todo y los niños son felices. Por la mañana los mayores tienen clases con su tutor. Por la tarde practican deportes en la playa, pescan, hacen windsurf. Siempre están rodeados de naturaleza y respiran aire fresco.

 Esa era la vida de Julio Iglesias en Puntacana en sus mejores años. Y fue precisamente en esa mansión donde en 2021 ocurrieron algunos de los hechos que en enero de 2026 sacudieron al mundo. Pero eso llega en su momento. Primero hay que hablar de Indian Creek. Indian Creek, una isla de 1 km y dos cuadrados en la bahía de Biscin, entre Miami Beach y Bal Harbor.

Accesible solo por un puente custodiado las 24 horas por más de 20 miembros de seguridad privada, una isla donde viven Ricky Martin, Ivanca Trump y las personas más ricas del mundo que quieren vivir cerca de Miami sin vivir en Miami. Una isla donde el valor de los inmuebles no se mide por metros cuadrados, sino por quiénes son los vecinos.

 Julio Iglesias compró una participación del 15% en Indian Creek a finales de los años 70, cuando su carrera estaba explotando en los Estados Unidos y el dinero llegaba en cantidades que superaban la capacidad de gastarlo. Fue una de esas decisiones de inversión que parecen obvias en retrospectiva y que en el momento requieren una visión que muy pocos tienen.

 La participación que adquirió Iglesias en Indian Creek lo convirtió en uno de los propietarios de esa isla exclusiva. Y cuando en 2021 Donald Trump Jor compró uno de los terrenos de iglesias en Indian Creek por 31 millones de dólares, se entendió que el 15% que había comprado décadas atrás había multiplicado su valor, de manera que ningún disco de platino podría igualar. Y luego está Cuatro Lunas.

Cuatro lunas en Ojén, Málaga. Una finca de 450 haectáreas en los montes que rodean Marbella, a media hora del aeropuerto de Málaga y a menos de 10 km del Mediterráneo. Árboles centenarios, jardines extensos, palmeras, dos huertos, una suite principal con terrazas panorámicas con vistas al mar, zonas para los invitados, un elipuerto y por supuesto un estudio de grabación.

una de las fincas más hermosas del Mediterráneo, según todos los que la han visitado. Julio plantó personalmente algunos de los árboles de esa finca. Lo dijo con la emoción de alguien que sabe lo que significa meter las manos en la tierra y cuidar algo que va a durar más que uno. Me centré profundamente en cuidar los árboles existentes e introducir nuevas especies.

 Creamos una finca de belleza inigualable. Y entonces, en el verano de 2012, un incendio devastador arrasó la provincia de Málaga. Destruyó más de 8000 hectáreas en municipios, entre los que estaba Ojen. El fuego llegó hasta los límites de cuatro lunas. Los árboles que Julio había cuidado durante 12 años, los alcornoques centenarios, los robles, los cipreses, los pinos, ardieron.

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