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Asi FUE la LUJOSA VIDA de FLOR SILVESTRE – (La MATRIARCA de la DINASTIA)

 Era la vida típica del México rural de los años 30. Trabajo duro, comida sencilla, muchos hermanos compartiendo el mismo cuarto y muy pocas oportunidades de salir de la pobreza. Pero Guillermina tenía algo especial desde niña. A los 5 años ya cantaba constantemente. Cantaba mientras ayudaba a su madre en las labores de la casa. Cantaba cuando iba por agua al pozo.

Cantaba para sus hermanos menores. Tenía una voz clara, afinada, con un timbre dulce pero fuerte que llamaba la atención. La madre de Guillermina, María de Jesús, se dio cuenta de que su hija tenía un talento extraordinario y tomó una decisión valiente que cambiaría el destino de toda la familia.

 Convenció a su esposo de mudarse a la Ciudad de México para que Guillermina tuviera oportunidades de desarrollar su talento. Imaginen lo que significaba esa decisión en 1935. El padre tenía trabajo estable en Salamanca. La familia tenía casa, aunque humilde. Mudarse a la gran ciudad con siete hijos era un riesgo enorme.

 Pero María de Jesús insistió y su esposo finalmente aceptó. Cuando Guillermina tenía 13 años, en 1943, la familia Jiménez llegó a la Ciudad de México. Se instalaron en una vecindad humilde en el centro de la capital, probablemente en alguna de las colonias populares como Tepito, la Mercedores. La vida en la gran ciudad fue difícil al principio.

 El padre conseguía trabajos eventuales. Los hermanos mayores también trabajaban para ayudar, pero la familia sobrevivía apenas, comiendo frijoles y tortillas, compartiendo cuartos pequeños en la vecindad. Pero Guillermina comenzó a cantar inmediatamente. Un pariente que trabajaba en el Teatro del Pueblo, ubicado en el último piso del mercado Abelardo Rodríguez en el centro de la ciudad, los invitó a ver una función.

Cuando terminó el espectáculo, Guillermina, de apenas 13 años, subió al escenario decidida a cantar. El mariachi que estaba tocando la miró con escepticismo. Era tan joven, tan pequeña, que pensaron que no podía cantar en serio. Se negaron a acompañarla. Guillermina bajó del escenario humillada, pero no derrotada.

Esa experiencia, lejos de desanimarla, la motivó aún más. Comenzó a presentarse en concursos de aficionados en teatros pequeños, en carpas, en cualquier lugar donde le permitieran cantar. Y la gente comenzó a notar que aquella niña de Guanajuato tenía una voz extraordinaria. A los 15 años, en 1945, Guillermina ya cantaba regularmente en el teatro colonial y en otros teatros pequeños del centro de la Ciudad de México.

 Ganó varios concursos de aficionados y comenzó a usar el nombre artístico que la haría famosa, Flor Silvestre. El nombre fue idea de Arturo Blancas, un promotor de espectáculos que la escuchó cantar y quedó impresionado. Flor Silvestre evocaba la película de 1943, dirigida por Emilio Fernández, que había sido un éxito.

 Era un hombre perfecto para una cantante que representaba lo auténtico, lo rural, lo mexicano. Antes de cumplir los 20 años, Flor ya tenía una pequeña reputación en el circuito de teatros del centro de la ciudad de México. Ganaba entre 50 y 100 pesos por presentación. equivalente a entre 600 y 12,200 pesos actuales. No era riqueza, pero le permitía ayudar a su familia y soñar con algo más grande, el salto a la fama.

 El verdadero punto de inflexión en la carrera de flor silvestre llegó en 1950, cuando tenía 20 años. Después de una gira por Latinoamérica, donde había cantado en teatros de Argentina y otros países, Flo regresó a México con experiencia y con la voz más madura.  Durante esa gira por Argentina, Flor tuvo una relación breve y desastrosa con un hombre llamado Andrés Nieto.

 Se casaron impulsivamente.  En 1946, cuando Flor tenía apenas 16 años, nació su primera hija, Dalia Inés Nieto Jiménez. Pero Andrés era jugador, violento, irresponsable. El matrimonio duró menos de un año y terminó con Flor regresando a México con su bebé, decidida a construir una carrera para mantenerla.

 Ser madre soltera a los 16 años en el México conservador de los años 40 era un escándalo. Pero Flor nunca ocultó a su hija ni se avergonzó de su situación. Trabajó más duro que nunca para darle una vida digna. En 1950, Flor se presentó en un concurso de aficionados en la XCW. La voz de América Latina desde México, la estación de radio más importante y poderosa de todo el país.

 La XCW era propiedad de Emilio Azcárraga Vidaurreta y era el sueño de todo artista mexicano trabajar ahí. Flor ganó el concurso y no solo eso, fue contratada inmediatamente para cantar regularmente en la XCW. Era un contrato que le pagaba 500 pesos mensuales, equivalente a aproximadamente 6,000 pes actuales. No era riqueza, pero era estabilidad para una joven de 20 años con una hija que mantener.

 Pero lo más importante es que la XCW la exponía a toda la industria del entretenimiento mexicano. En los estudios de la XCW se grababan programas de radio, se organizaban presentaciones en vivo y todos los empresarios importantes del cine y la música pasaban por ahí constantemente. Fue en la XCW donde el productor cinematográfico Gregorio Werstein la escuchó cantar.

 Quedó fascinado no solo con su voz, sino con su presencia. Flor tenía un rostro de belleza natural, rasgos finos, ojos expresivos y una elegancia innata que no necesitaba maquillaje ni vestuarios costosos. Ballerstein la contrató inmediatamente para cinco películas. Era 1950 y el cine mexicano estaba en plena época de oro.

 México producía decenas de películas al año que se exportaban a toda Latinoamérica y España y Flor Silvestre a los 20 años iba a ser estrella de cine. Su debut cinematográfico fue Primero Soy Mexicano en 1950, dirigida y protagonizada por Joaquín Pardabé, uno de los actores y directores más respetados del cine mexicano.

 También actuaba Luis Aguilar, galán establecido del cine de charros y rancheras. La película fue un éxito y Flor Silvestre se convirtió instantáneamente en una de las actrices más prometedoras del cine mexicano. Ese mismo año, 1950, Floor firmó su primer contrato discográfico con Columbia Records. Grabó sus primeros éxitos Llorar Amargo y Goye Morena.

 Los discos se vendieron bien y Flor comenzó a generar ingresos de múltiples fuentes, cine, radio, discos y presentaciones en vivo. También en 1950 Flor se casó con Francisco Rubiales Calvo, conocido profesionalmente como Paco Malgesto. Paco era periodista, comentarista taurino, locutor de radio y presentador de televisión.

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