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Antes de morir, CHAVELA VARGAS Confesó quien es el HIJO OCULTO entre ALICIA JUÁREZ y JOSÉ ALFREDO…

 un hombre que había crecido con otro apellido en otra familia, construyendo una vida completa sobre una identidad que era verdadera en todo sentido, excepto en el biológico. Un hombre cuya existencia había sido el secreto mejor guardado de la época dorada de la música mexicana durante más de seis décadas. Para entender el peso de lo que Chabela confesó en agosto de 2012, es necesario retroceder a 1961, el año en que todo comenzó.

 José Alfredo Jiménez tenía 37 años. y era ya la figura más dominante de la música ranchera mexicana. compositor prolífico con más de 300 canciones escritas, intérprete de voz inconfundible, hombre de vida intensa que vivía con la misma desmesura con que componía, amando profundamente, bebiendo excesivamente y moviéndose por el mundo artístico mexicano con la energía de alguien que sabe que el tiempo es limitado, aunque todavía no sepa exactamente cuánto.

Alicia Juárez tenía 28 años y era una cantante de Guanajuato que comenzaba a construir una carrera sólida en la ciudad de México con una voz que los conocedores describían como Tierra Mojada después de lluvia, cálida, profunda, con una melancolía natural que hacía que sus interpretaciones se sintieran como conversaciones privadas, aunque se cantaran en auditorios llenos.

Se conocieron en una grabación compartida en el estudio X u en la ciudad de México en marzo de 1961. se reconocieron con la inmediata de los que han estado buscando algo sin saber exactamente qué y comenzaron una relación que ambos mantuvieron en una zona deliberadamente ambigua entre la amistad profunda, la colaboración artística y el amor que ninguno de los dos se atrevió a nombrar completamente en público.

 Alicia y José Alfredo se amaban le dijo Chavela a Dolores esa noche de agosto de 2012 según el relato de la asistente. que amaban de esa manera que destruye y construye al mismo tiempo, de esa manera que solo existe entre personas que tienen el mismo tamaño de alma y que por eso mismo son incapaces de estar juntos de manera convencional, sin quemarse mutuamente.

La relación entre Alicia y José Alfredo fue intensa, intermitente y completamente invisible para el mundo exterior. se veían en periodos específicos, cuando las giras y grabaciones los ponían en la misma ciudad, cuando la intensidad de la vida artística creaba esos espacios de vulnerabilidad donde las defensas bajan y los sentimientos reales emergenador normalmente no permite.

 Isabela Vargas era en ese entonces la tercer vértice del triángulo, no en el sentido romántico, sino en el sentido de la amiga que lo sabe todo, la confidente que guarda los secretos de ambos porque los ama a los dos con esa lealtad feroz que Chabela tenía para las pocas personas que consideraban su familia verdadera.

 Había conocido a José Alfredo en los años 50 en las cantinas de la Ciudad de México, donde ambos forjaron sus identidades artísticas entre tequila y canciones que nacían de las tripas. y había conocido a Alicia Juárez a través de él. Desarrolló con ella una amistad independiente que con los años se convertiría en el vínculo más duradero de ese triángulo, sobreviviendo incluso a la muerte de José Alfredo en 1973.

“Chabela era el ancla”, explicó Dolores durante la entrevista con Carmen Reyes. Era la que sabía todo de los dos y que nunca traicionó a ninguno. Era la que recibía las llamadas de madrugada cuando las cosas se complicaban. era la que guardaba los secretos porque entendía que ciertos secretos no son para guardarse por conveniencia, sino para proteger a personas que uno ama.

 Fue esa posición privilegiada de confianza absoluta la que se convirtió en Chabela en la única persona fuera de Alicia y José Alfredo, que supo desde el principio lo que ocurrió en el otoño de 1962, que Alicia Juárez quedó embarazada. El embarazo no fue planeado ni esperado. Llegó en un momento en que la relación entre Alicia y José Alfredo atravesaba uno de sus periodos de mayor intensidad, esos momentos donde la proximidad emocional y física que su amistad generaba cruzaba inevitablemente las fronteras que ambos se habían impuesto.

Cuando Alicia descubrió que estaba embarazada en octubre de 1962, su primera llamada fue a Chabela. No, José Alfredo, una Chavela. me dijo que Alicia llamó llorando a las 2 de la mañana. Relató Dolores reproduciendo las palabras de Chabela de esa noche de agosto de 2012, que le dijo, “Chabela, estoy esperando un hijo de José Alfredo y no sé qué hacer.

” Y que Chavela le dijo, “Lo primero que vas a hacer es dejar de llorar. Lo segundo es no decirle nada a José Alfredo todavía. Y lo tercero es venir a verme mañana para que pensemos juntas.” La razón por la que Alicia no quería decirle a José Alfredo inmediatamente era compleja y tenía múltiples capas. José Alfredo estaba casado, aunque su matrimonio era una institución nominal que ambos mantenían por convención social más que por amor real.

 Revelar el embarazo significaba forzar una conversación pública sobre una relación que ambos habían protegido con tanto cuidado durante 2 años. significaba exponer a Alicia al juicio de una industria musical dominada por hombres donde ser madre soltera equivalía a un suicidio profesional y significaba poner a José Alfredo en la posición de elegir entre reconocer al hijo o negarlo, una elección que de cualquier manera tendría consecuencias devastadoras para todos los involucrados.

 Chavela y Alicia se reunieron en el departamento de Chavela en la colonia Roma de la Ciudad de México durante tres días consecutivos. En octubre de 1962, tr días de conversaciones largas de tequila compartido, de llanto y de la búsqueda de una solución que protegiera a Alicia, protegiera al bebé y causara el menor daño posible a una relación que ambos sabían era irrepetible.

 La solución que encontraron fue radical, dolorosa y extraordinariamente bien ejecutada. Alicia continuaría su embarazo en secreto absoluto, retirándose de la vida pública bajo pretexto de una enfermedad respiratoria que requería descanso en Guanajuato. Y el bebé sería entregado al nacer a una familia de confianza en esa misma ciudad.

 Una familia que criaría al niño con amor genuino, pero sin conocimiento de la identidad real de sus padres biológicos. La familia elegida para criar al bebé fue la de Ernesto y Carmen Villanueva, una pareja de clase media de la ciudad de Guanajuato, que llevaba 4 años intentando tener hijos sin éxito y que era conocida de la familia de Alicia a través de conexiones de toda la vida.

La adopción fue informal, sin documentos oficiales que podían rastrearse, del tipo que existía con frecuencia en el México de los años 60, donde los registros civiles tenían huecos que permitían que un bebé apareciera oficialmente como hijo biológico de una familia sin serlo. El bebé nació el 14 de marzo de 1963 en una clínica privada de Guanajuato bajo el nombre de Roberto Villanueva Torres.

 Pesó 3,4 kg, tenía los ojos oscuros y la estructura facial que con los años revelaría, para quien supiera mirar, un parecido inequívoco con el hombre que lo había engendrado sin saberlo durante la mayor parte de su vida. Alicia Juárez estuvo presente en el parto. Sostuvo a Roberto durante exactamente 40 minutos antes de entregarlo a Carmen Villanueva, que esperaba en la habitación contigua con la emoción contenida de una mujer que finalmente tiene en sus brazos al hijo que había pedido en oraciones durante años. Chabela me dijo que Alicia le

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