Hay que entender qué significan realmente esas cifras que publicó la revista Semana hace pocos días basándose en una encuesta de Atlas Intel, una de las firmas más serias que mide la opinión política en América Latina. Abelardo de la Espriella aparece con 32,1% de intención de voto, Iván Cepeda con 31,4% y el resto de candidatos, esos que se hacen llamar del centro o de la tercera vía, están tan abajo en las preferencias que ni siquiera vale la pena mencionarlos porque la gente ya entendió que en este momento no hay espacio para tibios, no hay espacio para los que
quieren quedar bien con todo el mundo, no hay espacio para los que creen que se puede negociar con quienes quieren acabar con todo lo que hemos construido. La diferencia entre Abelardo e Iván es de apenas 0,7 puntos, menos de un punto porcentual. Y eso en términos electorales se llama empate técnico, lo que quiere decir que cualquiera de los dos puede ganar, que todo está abierto, que nada está decidido y que su voto, el voto de usted que está viendo esto en su casa o en su celular mientras espera el bus o mientras toma su tintico en la
tienda de la esquina, ese voto puede ser el que defina todo. Piense en eso un momento. Piense en el poder que tiene en sus manos. Porque durante años nos han hecho creer que los ciudadanos comunes no importamos, que las elecciones las deciden los políticos en sus oficinas con aire acondicionado o los empresarios con sus platas o los medios de comunicación con sus campañas.
Pero esta vez no. Esta vez la decisión está tan pareja que cada persona cuenta, cada familia cuenta, cada barrio cuenta. Y eso es algo que nos debe llenar de responsabilidad, pero también de esperanza. Abelardo de la Espriella no es un político común, no es uno de esos que llevan toda la vida viviendo del Estado.
No es uno de esos que prometen una cosa en campaña y hacen otra cuando llegan al poder. Abelardo es un abogado que se hizo un nombre defendiendo causas difíciles, enfrentándose a los poderosos, diciendo las cosas como son, sin importarle si los periodistas lo atacaban o si los políticos de siempre lo señalaban. Y por eso la gente lo respeta, por eso la gente confía en él, porque saben que es un hombre de palabra, un hombre que no se vende, un hombre que entiende lo que significa trabajar duro para salir adelante.
Cuando Abelardo habla de seguridad, no está repitiendo un discurso aprendido. Está hablando desde la convicción de alguien que ha visto como el crimen se ha tomado las calles. Como los comerciantes tienen que pagar vacunas para poder trabajar en paz. Como las familias tienen miedo de sacar a sus hijos a jugar al parque, como los campesinos están abandonando sus tierras porque los grupos armados los amenazan y el gobierno no hace nada para protegerlos.
Y por eso su propuesta es clara y contundente, devolverle la autoridad a la fuerza pública, dejar que los soldados y policías hagan su trabajo sin tanto protocolo ni tanto miedo a que después los investiguen por hacer lo correcto y acabar de una vez por todas con esa paz falsa, que lo único que ha logrado es que los bandidos se fortalezcan.
La propuesta de Abelardo de bajarle los impuestos a la gente es música para los oídos de millones de colombianos que sienten que están trabajando para el gobierno y no para ellos mismos. Porque es verdad, uno se levanta todos los días a trabajar, se mata el lomo 8, 10, 12 horas y cuando llega el momento de recibir el pago, resulta que la mitad se fue en impuestos, en retenciones, en contribuciones que uno ni siquiera sabe para qué sirven.
Y lo peor es que cuando uno necesita algo del estado, cuando uno va a un hospital público o cuando necesita que la policía llegue rápido o cuando quiere que le arreglen, la calle, no hay plata, no hay recursos, todo es lento, todo es malo. Y uno se pregunta entonces, ¿para dónde se fue toda esa plata que nos quitaron? Abelardo entiende eso, entiende la frustración de la gente y por eso propone un estado más pequeño, más eficiente, un estado que no se meta en todo, que deje trabajar a la gente en paz, que no esté inventando regulaciones absurdas para justificar la
existencia de 1000 burócratas que no hacen nada productivo y que en vez de estar quitándole plata a los que trabajan, se dedique a cuidar lo básico, seguridad, justicia, infraestructura, salud y educación de verdad, no esas porquerías que tenemos hoy, donde Todo es un negocio para los contratistas amigos del gobierno de turno.
Del otro lado está Iván Cepeda y con todo respeto, hay que decir las cosas como son. Iván Cepeda representa todo lo que está mal en la política colombiana. Representa esa izquierda que nunca ha producido nada, pero que siempre está criticando a los que sí producen. Esa izquierda que defiende a los terroristas, pero ataca a los soldados.
Esa izquierda que habla de justicia social único que hace es repartir miseria. Porque eso es lo que hace el socialismo, reparte pobreza, reparte mediocridad, reparte resentimiento. Iván Cepeda lleva décadas en la política y uno se pregunta, ¿qué ha hecho en todo ese tiempo? ¿Cuál es su legado? Y la respuesta es simple.
Su legado es haber perseguido militares, haber defendido a las FARC, haber promovido leyes que le quitan plata a los que trabajan para dársela a los que no hacen nada, haber sido siempre el primero en atacar cualquier intento de meter orden en este país y ahora quiere ser presidente, quiere llegar a la casa de Nariño con esa misma agenda destructiva, con esa misma visión de un estado todopoderoso que controla todo, que decide que se puede decir y que no, que decide quién prospera y quién no, que decide incluso como uno debe debe criar a sus hijos.
La ideología que defiende Cepeda no es ningún secreto. Él mismo lo ha dicho mil veces. Él cree en el socialismo, cree en el modelo que aplicó Hugo Chávez en Venezuela, cree en eso de que el Estado debe controlarlo todo para que haya igualdad. Pero resulta que esa igualdad es solo en la pobreza.
Porque cuando el Estado controla todo, lo único que genera es escasez, corrupción y autoritarismo. Eso lo hemos visto en Cuba, donde la gente lleva 60 años esperando que el sistema funcione. Y lo único que ha funcionado es la represión. Lo hemos visto en Venezuela, donde un país que era el más rico de Sudamérica hoy tiene a su gente huyendo por millones porque no hay comida, no hay medicinas, no hay libertad.
Y lo hemos visto en Nicaragua, donde un dictador se eternizó en el poder usando exactamente el mismo discurso que usa Cepeda, el discurso del pueblo, el discurso de la justicia social, el discurso de los pobres contra los ricos. Pero la realidad es que cuando gente como Cepeda llega al poder, los únicos que terminan ricos son ellos y sus amigos, mientras el resto del país se hunde.
Y eso no es una exageración, eso es lo que muestran los hechos, eso es lo que muestra la historia y por eso es tan grave que esté empatado en las encuestas con Abelardo, porque significa que hay una gran parte de la población que todavía cree en ese cuento, que todavía piensa que el gobierno puede resolver todos sus problemas si le da más poder, más plata. más control.
Lo que está en juego en esta elección no es solo quien va a ser presidente los próximos 4 años. Lo que está en juego es el modelo de país que vamos a tener. Y ese modelo tiene dos caminos completamente opuestos. El camino de Abelardo es el camino de la libertad, de la responsabilidad individual, de entender que cada persona es dueña de su destino y que el papel del Estado es ayudar a que la gente pueda desarrollar su potencial, no ponerle trabas, no robarle su plata, no decidir por ellos.
Y el camino de Cepeda es el camino del colectivismo, de la dependencia, de creer que el Estado es el que tiene que darnos todo y que por eso tiene derecho a quitarnos todo, incluyendo nuestra libertad. La encuesta de Atlas Intel no solo midió la intención de voto, también midió otras cosas muy reveladoras.
Por ejemplo, midió la imagen favorable de cada candidato y ahí Abelardo también sale ganando. La gente que lo conoce lo respeta. La gente que lo ha visto en debates o envistas sabe que es un hombre preparado, que sabe de qué está hablando, que no se deja amedrentar y eso contrasta con Cepeda que tiene una imagen muy dividida.
Los que lo apoyan lo apoyan con fanatismo, pero los que no lo apoyan lo rechazan profundamente. Y eso no es casualidad. Eso pasa porque Cepeda representa algo que la mayoría de colombianos rechaza, representa el resentimiento, representa el rencor, representa esa visión de que el mundo se divide entre víctimas y victimarios y de que siempre hay que cobrar venganza.
Abelardo, en cambio, representa la esperanza, representa la posibilidad de que Colombia puede ser un país próspero donde trabajar honradamente sirva para algo, donde estudiar sirva para algo, donde esforzarse sirva para algo. Y no un país donde todo depende de a qué político uno conoce o de qué subsidio uno puede conseguir, porque esa es otra gran diferencia entre los dos.
Abelardo quiere un país de propietarios, un país donde cada familia tenga su casa, su carro, su negocio, donde la gente no tenga que estarle pidiendo limosna al gobierno, donde la gente sea dueña de su vida. Icepeda quiere un país de subsidiados, un país donde todos dependan del Estado para sobrevivir, porque así es más fácil controlarlos, así es más fácil manipularlos, así es más fácil perpetuarse en el poder.
Hay algo que la encuesta también reveló y que es muy importante. La mayoría de la gente que apoya a Abelardo son personas que trabajan, que tienen un negocio, que tienen una profesión, que pagan impuestos, que sacan a sus familias adelante con su propio esfuerzo, mientras que la mayoría de la gente que apoya a Cepeda son personas que viven de subsidios, que viven de contratos con el Estado, que viven de esa economía clientelista donde todo se mueve por favores políticos.
Y eso dice mucho. Eso dice que estamos ante una elección entre la Colombia productiva y la Colombia parasitaria. entre la Colombia que construye y la Colombia que destruye, entre la Colombia que quiere salir adelante y la Colombia que quiere que todos nos hundamos juntos en nombre de la igualdad.
Mucha gente se pregunta, ¿cómo es posible que Cepeda esté tan arriba en las encuestas? ¿Cómo es posible que tanta gente esté dispuesta a votar por alguien que representa una ideología que ha fracasado en todas partes? Y la respuesta es compleja, pero tiene que ver con varias cosas. Primero, tiene que ver con que durante años el sistema educativo y los medios de comunicación han estado adoctrinando a la gente, enseñándoles que el capitalismo es malo, que la empresa privada es mala, que los ricos son malos y que la solución a todos los
problemas es más estado, más control, más redistribución. Y eso ha calado en mucha gente joven que no vivió los años del socialismo real, que no sabe lo que es eso, que solo conoce la teoría bonita, pero no la realidad horrible. Segundo, tiene que ver con que el gobierno actual, que es del mismo lado ideológico que Cepeda, ha usado todos los recursos del Estado para hacer campaña.
Ha repartido subsidios a diestra y siniestra para comprar votos, ha nombrado a todos sus amigos en cargos públicos para que tengan plata y puedan hacer clientelismo. ha usado los medios públicos para hacer propaganda y ha perseguido a sus opositores usando todas las herramientas del Estado, desde la Diana hasta la fiscalía, pasando por la Contraloría y la Procuraduría, todo al servicio de un proyecto político que busca perpetuarse en el poder.
Y tercero, tiene que ver con que mucha gente está desesperada, mucha gente está cansada, mucha gente siente que nada funciona y que cualquier cambio es mejor que lo que hay. I Cepeda se presenta como el cambio, como la esperanza, como el que va a acabar con los corruptos y con los privilegiados.
Pero la realidad es que él es parte del mismo sistema. Él lleva décadas en la política. Él ha vivido siempre del Estado. Él nunca ha trabajado en el sector privado. Nunca ha creado un empleo. Nunca ha tenido que pagar nómina. Nunca ha sentido lo que siente un comerciante cuando le llega el recibo de impuestos.
Y por eso sus propuestas son tan irreales, tan desconectadas de la realidad, porque para el todo es teoría, todo es discurso, todo es ideología. Abelardo, por el contrario, si sabe lo que es trabajar, si sabe lo que es construir algo desde cero, si sabe lo que es enfrentarse a un estado abusivo que en vez de ayudar pone obstáculos y por eso sus propuestas son realistas, son aplicables, son cosas que de verdad pueden mejorar la vida de la gente, no son promesas vacías ni cuentos de hadas, son soluciones concretas basadas en
experiencia real, en sentido común, en entender cómo funciona la economía, cómo se genera riqueza, cómo se cree. empleo, ¿cómo se construye un país próspero? La pregunta que cada colombiano tiene que hacerse en este momento es simple, pero profunda. ¿Qué tipo de país quiero para mis hijos, para mis nietos, para las próximas generaciones? Quiero un país donde ellos tengan oportunidades, donde puedan soñar en grande, donde puedan trabajar duro y saber que ese esfuerzo va a ser recompensado, donde puedan vivir en paz
y en libertad. O quiero un país donde todo dependa del gobierno, donde no haya oportunidades, porque el Estado controla todo, donde la gente tenga que hacer fila para conseguir lo básico, donde no se pueda hablar libremente porque cualquier crítica al régimen es castigada. Esa es la elección real, esa es la decisión que estamos tomando.
Y por eso no puede haber tibios, por eso no puede haber indecisos, por eso no puede haber gente que diga, “Ay, es que los dos son malos o hay.” Es que yo no creo en ningún político porque este no es el momento para hacerse los desinteresados. Este es el momento de definirse, de tomar partido, de decidir de qué lado de la historia uno va a estar.
Los números de la encuesta también muestran que hay un sector muy importante de indecisos, gente que todavía no sabe por quién votar. Y a esa gente hay que decirle con claridad, si usted trabaja, si usted tiene un negocio, si usted paga impuestos, si usted cree en Dios, si usted valora la familia, si usted respeta a los soldados y policías que nos cuidan, si usted quiere que Colombia sea un país próspero y no una Venezuela más, entonces su voto tiene que ser por Abelardo de la Espriella.
No hay otra opción, no hay otra alternativa, porque votar por cepeda o quedarse en la casa sin votar es lo mismo. Es abrirle la puerta a un proyecto que va a acabar con todo lo que conocemos. La historia nos enseña que los pueblos que no aprenden de los errores ajenos están condenados a repetirlos. Y nosotros tenemos ejemplos clarísimos de lo que pasa cuando la izquierda radical llega al poder.
Venezuela era el país más rico de Sudamérica y hoy tiene a su gente comiendo de la basura. Cuba era un país próspero y hoy lleva 60 años en la miseria más absoluta. Nicaragua era un país con futuro y hoy es una dictadura donde la gente desaparece por protestar. Argentina ha probado el mismo modelo una y otra vez y siempre termina en crisis, en inflación, en pobreza.
Y sin embargo, hay gente que insiste en que aquí va a ser diferente, que aquí sí va a funcionar, que el problema es que en esos países no lo hicieron bien, pero aquí sí lo vamos a hacer bien. Y eso es una mentira, eso es un engaño, porque el problema no es cómo se aplica el socialismo, el problema es el socialismo mismo.
El problema es creer que el Estado puede planificar mejor que millones de personas tomando decisiones libres. El problema es creer que quitándole a unos para darle a otros se va a generar prosperidad. cuando lo único que se genera es resentimiento y miseria. Abelardo lo ha dicho con todas las letras. Colombia no necesita más estado. Colombia necesita más libertad.
Colombia no necesita más impuestos. Colombia necesita que le bajen los impuestos para que la gente pueda invertir, pueda consumir, pueda ahorrar, pueda crecer. Colombia no necesita más burocracia. Colombia necesita menos trabas para que la gente pueda trabajar en paz. Y Colombia no necesita más ideología. Colombia necesita sentido común, necesita realismo, necesita entender que el mundo no se arregla con discursos bonitos, sino con trabajo duro, con disciplina, con orden, con seguridad.
La diferencia de menos de un punto en las encuestas es al mismo tiempo una advertencia y una oportunidad. Es una advertencia porque nos dice que estamos al borde del abismo, que cualquier cosa puede pasar, que si no nos movilizamos, si no convencemos a nuestros vecinos, a nuestros familiares, a nuestros amigos, si no salimos todos a votar, podemos perder el país.
Pero también es una oportunidad porque nos dice que si se puede ganar, que la victoria está al alcance de la mano, que si hacemos bien las cosas, si trabajamos unidos, si dejamos a un lado las diferencias pequeñas y nos concentramos en lo importante, podemos sacar adelante a Abelardo y con el sacar adelante a Colombia. Hay que entender algo fundamental.
Esta campaña no es solo de Abelardo. Esta campaña es de todos los colombianos que amamos este país, que queremos que nuestros hijos tengan futuro aquí, que no queremos tener que emigrar como han tenido que emigrar millones de venezolanos. ¿Qué queremos poder caminar tranquilos por nuestras calles? ¿Qué queremos poder trabajar sin que el Estado nos robe con impuestos abusivos? ¿Qué queremos poder decir lo que pensamos sin miedo a que nos persigan? Y por eso cara, uno de nosotros tiene que hacer su parte. Cada uno tiene que ser
un activista en su entorno. Cada uno tiene que hablar con la gente, explicarle lo que está en juego, mostrarle los números, mostrarle la realidad. Porque hay mucha gente que no entiende la gravedad del momento. Hay mucha gente que piensa que esto es una elección más, que da lo mismo quien gane. Y no, no da lo mismo.
Esta vez no da lo mismo. La encuesta que publicó la revista semana no apareció de la nada. No fue un simple ejercicio académico de una firma encuestadora que quería medir el ambiente político. Esa encuesta es el termómetro de una nación que está enferma, de un país que lleva años buscando un rumbo y que no lo encuentra porque cada vez que parece que vamos por buen camino, aparece alguien que nos quiere devolver a los errores del pasado.
Y ese alguien en este momento tiene nombre y apellido, Iván Cepeda, el hombre que representa todo lo que nos ha hecho daño, todo lo que nos ha mantenido pobres, todo lo que nos ha dividido como sociedad. Para entender quién es realmente Iván Cepeda, hay que mirar su historia, hay que ver de dónde viene, qué ha hecho durante todos estos años en la política y sobre todo hay que entender cuál es su verdadero proyecto, porque él no habla con claridad, él no dice abiertamente lo que quiere hacer.
Él usa un lenguaje suave, un lenguaje de derechos humanos, de paz, de justicia social. Pero detrás de ese lenguaje bonito hay una agenda muy clara, la agenda del socialismo del siglo XXI. La misma agenda. que destruyó a Venezuela. La misma que tiene a Cuba sumida en la miseria desde hace más de 60 años. La misma que está acabando con Nicaragua en este momento.
Iván Cepeda es hijo de un senador que fue asesinado y ese hecho marcó su vida. lo llenó de un resentimiento profundo contra todo lo que él considera el establecimiento, contra las fuerzas militares, contra los empresarios, contra todo lo que representa el orden tradicional de este país. Y ese resentimiento lo convirtió en un hombre amargado, en un hombre que ve enemigos por todas partes, en un hombre que cree que Colombia se construye cobrando venganzas y no construyendo futuro.
Y por eso su carrera política ha sido básicamente una cruzada de persecución. Persecución a militares, persecución a empresarios, persecución a políticos que no piensan como él, persecución a periodistas que lo critican y si llega al poder, esa persecución se va a multiplicar por 1000. Durante años, Cepeda ha sido el principal defensor de las FART, el principal promotor de ese proceso de paz, que lo único que hizo fue darles impunidad a los terroristas, que masacraron a miles de colombianos, que secuestraron a miles de familias, que
pusieron bombas en las ciudades, que reclutaron niños para la guerra. Y todo eso quedó en nada porque gente como Cepeda convenció al país de que había que perdonar, de que había que pasar la página, de que había que entender que los guerrilleros eran víctimas de la sociedad. Y el resultado de ese cuento es que hoy los comandantes de las FARC están libres, tienen curules en el Congreso, tienen partidos políticos, tienen plata del Estado, mientras las víctimas reales, las que perdieron a sus seres queridos, las que perdieron sus
tierras, las que tuvieron que huir de sus pueblos. Esas víctimas no tienen nada, no tienen justicia, no tienen reparación, no tienen ni siquiera el consuelo de saber que los que les hicieron daño pagaron por lo que hicieron. Y ahora ese mismo Iván Cepeda quiere ser presidente, quiere tener en sus manos todo el poder del Estado.
Y uno se pregunta, ¿qué va a hacer con ese poder? Y la respuesta es fácil de imaginar si uno mira lo que han hecho sus amigos ideológicos en otros países. Va a usar ese poder para perseguir a sus enemigos. Va a usar ese poder para controlar los medios de comunicación. Va a usar ese poder para cambiar las leyes y quedarse más tiempo del que debe.
Va a usar ese poder para repartir el estado entre sus aliados. Va a usar ese poder para crear una economía donde todo dependa del gobierno y nadie pueda ser independiente, porque esa es la estrategia del socialismo, crear dependencia para crear control. La propuesta económica de Cepeda es un desastre anunciado.

Él habla de justicia tributaria, pero lo que quiere es subirle los impuestos a todo el mundo. Habla de redistribución, pero lo que quiere es quitarle a los que producen para darle a los que no hacen nada. Habla de soberanía alimentaria, pero lo que quiere es acabar con la agroindustria y volver a una economía campesina de subsistencia donde nadie prospera.
Habla de transición energética, pero lo que quiere es acabar con el petróleo y el carbón, que son los que sostienen las finanzas del país sin tener con que reemplazarlos. Habla de reforma agraria, pero lo que quiere es expropiar tierras y repartirlas entre sus seguidores, como hizo Chávez en Venezuela y como hicieron los sandinistas en Nicaragua.
Y todos sabemos cómo terminaron esos experimentos. En hambre, en escasez, en violencia, en éxodo masivo. Abelardo de la Espriella, en cambio, tiene una visión completamente diferente, una visión basada en la realidad y no en la ideología. Una visión que entiende que la prosperidad no se decreta, sino que se construye.
Y se construye dejando que la gente trabaje, dejando que la gente invierta, dejando que la gente prospere sin que el Estado esté todo el tiempo poniéndole trabas o robándole su plata con impuestos absurdos. Abelardo ha dicho una y mil veces que Colombia necesita un choque de confianza.
Necesita que los empresarios vuelvan a creer en el país. Necesita que los inversionistas extranjeros vean que aquí hay seguridad jurídica, que aquí se respetan los contratos, que aquí no van a llegar a expropiarle sus negocios. Y para lograr eso hay que hacer varias cosas. Primero, hay que bajar los impuestos porque Colombia tiene una de las cargas tributarias más altas de la región y eso ahuyenta la inversión.
Segundo, hay que simplificar la regulación porque hoy en día montar un negocio en Colombia es un calvario de trámites y permisos que lo único que hacen es fomentar la corrupción. Tercero, hay que darle seguridad a la gente porque nadie va a invertir en un país donde lo pueden matar o secuestrar en cualquier momento.
Y cuarto, hay que acabar con la corrupción que se come la mitad del presupuesto público y deja sin recursos los programas que de verdad importan. Todo eso es sentido común. Todo eso es realismo. Todo eso es lo que han hecho los países que han salido de la pobreza. Pero para la izquierda eso es neoliberalismo, eso es entreguismo, eso es someterse a los intereses del gran capital.
Y prefieren mantener al país pobre con tal de mantener su discurso. Prefieren mantener a la gente dependiente con tal de mantener su poder. Prefieren destruir el país con tal de no aceptar que su ideología no funciona. La diferencia entre Abelardo e Iván no es solo de propuestas económicas, es una diferencia de valores.
Es una diferencia de visión de mundo. Es una diferencia de carácter. Abelardo es un hombre que cree en la familia, que cree en Dios, que cree que los valores tradicionales son los que han sostenido a nuestra sociedad durante siglos y que no hay que cambiarlos solo porque ahora está de moda la ideología de género o el progresismo cultural que viene de las universidades de Estados Unidos y Europa.
Abelardo cree que un niño necesita un papá y una mamá, que la vida se respeta desde la concepción, que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, y que el Estado no tiene por qué estar metiéndose en esos temas que son de conciencia personal y familiar. Iván Cepeda, por el contrario, es parte de esa izquierda progresista que cree que todo lo tradicional es malo, que todo lo que viene del pasado hay que destruirlo, que la familia tradicional es una construcción patriarcal que hay que desmantelar, que los niños pueden decidir su género desde los 5 años, que
hay que enseñarles en los colegios que todas las orientaciones sexuales son iguales, que el aborto es un derecho que hay que celebrar y que cualquiera que piense diferente es un retrógrado, un facho, un enemigo. del progreso. Y esa agenda cultural es tan peligrosa como la agenda económica, porque lo que busca es destruir los cimientos de la sociedad, es confundir a los niños, es enfrentar a las familias, es crear divisiones donde no las había.
Hay un tema que no se puede ignorar y que es fundamental en esta elección, el tema de la seguridad. Porque Colombia ha vivido décadas de violencia, décadas de guerra, décadas de tener que convivir con el miedo. Y justo cuando parecía que estábamos logrando controlar la situación, justo cuando las fuerzas militares habían logrado debilitar a los grupos armados, justo cuando la gente empezaba a sentir que podía viajar por el país sin tanto riesgo, llegó el gobierno actual con su política de paz total y echó todo para atrás.
La paz total ha sido un fracaso total. Y no lo digo yo, lo dicen los números. Los cultivos de coca se han duplicado, los grupos armados ilegales se han fortalecido, las masacres han aumentado, los secuestros han vuelto, la extorsión se ha disparado y todo porque este gobierno les dijo a los soldados que no hicieran nada, que se quedaran en los cuarteles, que no fueran a ofender a los grupos armados con los que se estaba negociando.
Y el resultado es que esos grupos aprovecharon para recuperar territorio, para reclutar más gente, para comprar más armas, para fortalecer sus finanzas con el narcotráfico. Y ahora estamos peor que antes. Iván Cepeda apoya esa política. Iván Cepeda cree que el problema de Colombia no son los grupos armados, sino las fuerzas militares.
Él cree que si quitamos el ejército y la policía, va a haber paz. Y eso es de una ingenuidad criminal. Eso es no entender cómo funciona el mundo. Eso es creer que los bandidos van a dejar las armas porque les pedimos por favor. Cuando la historia nos enseña que los criminales solo entienden el lenguaje de la fuerza, que la única forma de acabar con ellos es persiguiéndolos, capturándolos, metiéndolos a la cárcel y tirando la llave.
Abelardo lo tiene claro. Abelardo ha dicho que el primer día de su gobierno va a cambiar la estrategia de seguridad. Va a darles la orden a las fuerzas militares de que salgan a recuperar el territorio. Va a aumentarles el presupuesto. Va a mejorarles los sueldos. Va a protegerlos jurídicamente para que puedan hacer su trabajo sin miedo a que después los metan a la cárcel por cumplir con su deber.
Y va a acabar con esa política absurda de negociar con criminales que lo único que han hecho es burlarse del Estado. Pero no solo es tema de darle órdenes al ejército, también es tema de inteligencia, de coordinación. de acabar con la corrupción dentro de las mismas instituciones. Porque uno de los grandes problemas que tiene Colombia es que hay infiltración del narcotráfico en todas partes.
En la policía, en el ejército, en la fiscalía, en las alcaldías, en las gobernaciones y mientras eso siga así, va a ser muy difícil ganar la guerra contra el crimen. Entonces, Abelardo también propone una depuración de las instituciones, una limpieza profunda, sacar a todos los corruptos, meter gente nueva, gente honesta, gente comprometida con el país, sino con su bolsillo.
En cuanto al narcotráfico, que es el combustible de toda la violencia, Abelardo tiene una posición realista. Él sabe que mientras haya demanda va a haber oferta, que Colombia sola no puede acabar con ese problema, que eso requiere cooperación internacional, pero también sabe que lo que sí podemos hacer es combatir las estructuras criminales que controlan el negocio.
Es fumigar los cultivos ilícitos, es incautar los cargamentos, es extraditar a los capó. Es desmantelar las redes de lavado de activos, es decir, todo lo que este gobierno ha dejado de hacer porque supuestamente eso no es compatible con la paz. Cuando la verdad es que sin seguridad no hay paz, sin autoridad no hay paz, sin estado fuerte no hay paz.
Iván Cepeda, en cambio, propone legalizar las drogas, propone que el Estado compre la coca, propone sustituir cultivos como si eso fuera tan fácil, como si los campesinos que están metidos en ese negocio fueran víctimas inocentes y no cómplices voluntarios de una actividad criminal. Y propone dialogar con todos los grupos armados, darles beneficios jurídicos, darles plata.
darles participación política, es decir, repetir exactamente el mismo error que se cometió con las FARC. Y todos sabemos cómo terminó eso, con impunidad total para los criminales y con frustración total para las víctimas. Ahora hablemos de algo que preocupa mucho a las familias colombianas, la educación, porque lo que está pasando en los colegios y en las universidades es gravísimo.
Hay un adoctrinamiento sistemático, hay una imposición de la ideología de género, hay una reescritura de la historia donde los terroristas son héroes y los soldados son villanos. Hay una destrucción de los valores que durante siglos sostuvieron a nuestra sociedad. Y todo eso está financiado con plata del Estado, con plata de nuestros impuestos.
Los niños están saliendo de los colegios sin saber leer bien, sin saber escribir bien, sin saber matemáticas básicas, pero eso sí, salen sabiendo que hay 50 géneros diferentes, que Colombia es un país opresor, que el capitalismo es malo, que Simón Bolívar era un asesino, que las FARC eran revolucionarios luchando por los pobres y que cualquiera que piense diferente es un facho.
Y eso no es educación, eso es adoctrinamiento, eso es lavado de cerebro, eso es preparar a una generación para que acepte el socialismo sin cuestionarlo. Abelardo ha prometido hacer una reforma educativa profunda, una reforma que devuelva a los colegios su función principal, que es enseñar conocimientos y valores, no ideología, una reforma que les dé más autonomía a los padres de familia para decidir qué tipo de educación quieren para sus hijos.
Una reforma que acabe con esos sindicatos de maestros, que lo único que hacen es defender a los malos profesores y bloquear cualquier intento de mejorar la calidad. Una reforma que premie el mérito, que evalúe a los maestros, que exija resultados, que pripere a los jóvenes para el mundo real y no para ser activistas políticos.
Iván Cepeda, en cambio, quiere profundizar todo lo malo que ya hay. Él quiere más ideología de género en los colegios. Quiere que el Estado controle toda la educación, incluyendo la privada. Quiere acabar con los colegios religiosos porque según él adoctrinan a los niños, cuando la realidad es que los que adoctrinan son ellos con su agenda progresista y quiere una educación superior gratuita para todos, lo cual suena muy bonito, pero es completamente inviable porque alguien tiene que pagar esas universidades y ese alguien somos todos
con más impuestos, con más deuda pública, con más inflación. La salud es otro tema crítico y aquí también hay una diferencia abismal entre los dos candidatos. El sistema de salud colombiano está quebrado, las EPS son un desastre. Los hospitales no tienen recursos. La gente se muere esperando citas o esperando cirugías.
Los médicos están mal pagados. Las medicinas son carísimas y todo eso a pesar de que Colombia gasta un montón de plata en salud. Entonces, el problema no es falta de recursos, el problema es corrupción, es ineficiencia, es burocracia, es un sistema que se diseñó para robar y no para curar. Abelardo propone acabar con ese sistema corrupto.
Propone darles más libertad a los pacientes para escoger donde atenderse. Propone que la plata siga al paciente y no que se quede en la CPS. Propone abrir el mercado para que haya más competencia y con eso bajen los precios. propone combatir sin piedad la corrupción en las licitaciones de medicamentos y de insumos médicos y propone mejorarles las condiciones a los médicos y enfermeras, que son los que realmente cuidan a la gente.
Pero Iván, Cepeda quiere estatizar todo, quiere un sistema único de salud manejado por el gobierno, quiere eliminar la CPS y que todo lo maneje el Estado. Y cualquiera que conozca cómo funcionan las instituciones públicas en Colombia sabe que eso sería un desastre. Sería volver a las épocas del ISS, donde uno tenía que esperar meses para una cita y donde había que llevar hasta el papel higiénico porque no había nada.
El campo colombiano es otra víctima de las malas políticas. Nuestros campesinos están abandonados. No tienen vías, no tienen acceso a crédito, no tienen tecnología, no tienen seguridad. Están acosados por los grupos armados que los extorsionan, por los compradores que les pagan una miseria por sus productos, por el Estado que los ahoga con regulaciones absurdas.
Y por si fuera poco, tienen que competir con productos importados que entran más baratos porque otros países. Subsidian a sus agricultores mientras aquí no hacemos nada. El resultado es que cada vez hay menos gente en el campo. Los jóvenes se van para las ciudades. La Tierra se abandona o se la toman los grupos ilegales para sembrar coca.
Y Colombia, que es un país con una tierra maravillosa, con todos los climas, con agua abundante, con una ubicación privilegiada, tiene que importar comida, tiene que importar arroz, tiene que importar maíz, tiene que importar hasta papa. Y eso es una vergüenza. Eso es el resultado de décadas de abandono y de malas políticas. Abelardo quiere cambiar eso.
Abelardo cree en el campo. Cree que el futuro de Colombia está en convertirse en una despensa agrícola para el mundo y para eso propone varias cosas. Infraestructura para que los productos puedan salir rápido y barato. Seguridad para que los campesinos puedan trabajar tranquilos. Acceso a crédito barato para que puedan invertir en tecnología y acabar con las trabas burocráticas que impiden que la agroindustria se desarrolle.
Iván Cepeda tiene otra visión. Él quiere una reforma agraria al estilo venezolano. Quiere expropiar las tierras productivas para repartirlas entre sus aliados políticos. Quiere acabar con la agroindustria porque según él explota a los campesinos. Y quiere una economía campesina de subsistencia donde cada uno siembra su parcela para comer, pero nadie prospera, nadie genera riqueza, nadie exporta.
Y eso nos condenaría al hambre tal como pasó en Venezuela, donde destruyeron el campo y ahora tienen que importar todo. Y la gente se muere de hambre mientras los chavistas se roban lo poco que entra. Hay un tema que no se puede evitar y que es central en esta campaña, el tema de la corrupción, porque todos los problemas que tiene Colombia tienen en el fondo un componente de corrupción.
La inseguridad tiene corrupción porque hay policías y militares comprados por el narcotráfico. La salud tiene corrupción porque las EPS se roban la plata y los hospitales compran medicamentos sobrevalorados. La educación tiene corrupción porque hay contratos amañados para las construcciones y para los refrigerios. La infraestructura tiene corrupción porque las obras valen el triple de lo que deberían valer y se demoran el triple del tiempo y así en todo.
Colombia pierde cada año miles de millones de pesos por corrupción, plata que se podría usar para hacer carreteras, para mejorar hospitales, para pagarles mejor a los maestros, para darles subsidios reales a los más pobres, pero que se va en los bolsillos de políticos corruptos, de contratistas corruptos, de funcionarios corruptos.
Y lo peor es que casi nunca pasa nada, casi nunca los capturan. Y cuando los capturan, casi nunca van a la cárcel. Y cuando van a la cárcel, salen a los pocos años y se quedan con toda la plata que se robaron. Abelardo ha hecho de la lucha contra la corrupción una de sus banderas principales.
Él conoce el tema porque ha defendido casos de corrupción, ha denunciado a políticos corruptos y sabe cómo funciona el sistema. Entonces, sus propuestas son concretas, cadena perpetua para corruptos. Extinción de dominio automática para todo lo que se robaron. Reforma al sistema judicial para que los procesos sean más rápidos. Prohibición de que los condenados por corrupción vuelvan a ocupar cargos públicos y transparencia total en la contratación pública usando tecnología para que cualquier ciudadano pueda ver en tiempo real cómo se gasta cada peso
del presupuesto. Iván Cepeda habla también de combatir la corrupción, pero su definición de corrupción es otra. Para el corrupto es cualquiera que no piense como él. Cualquier empresario que haya hecho negocios con el Estado es corrupto, aunque todo haya sido legal. Cualquier político de derecha es corrupto por el solo hecho de ser de derecha, pero los de su lado, los de la izquierda, esos nunca son corruptos, aunque se roben todo.
Esos son luchadores sociales que a veces cometen errorcitos, pero con buenas intenciones. Y esa doble moral es insoportable, es inaceptable. Es la prueba de que para ellos la lucha contra la corrupción es solo una herramienta política para destruir a sus enemigos, no un compromiso real con la transparencia. Si uno mira la trayectoria de Cepeda, va a encontrar que él nunca ha denunciado la corrupción de sus aliados.
Nunca ha dicho nada sobre los escándalos del gobierno actual. Nunca ha dicho nada sobre el despilfarro, sobre los contratos sospechosos, sobre los viajes innecesarios, sobre los nombramientos politiqueros. Nada, porque para él no es corrupción. para el corrupción es lo que hace el otro lado. Y con esa mentalidad no se puede combatir nada.
Con esa mentalidad lo único que se hace es perpetuar el problema. Estamos en el momento más crítico de la historia reciente de Colombia, en ese punto donde las decisiones que tomemos hoy van a determinar el futuro de las próximas generaciones. Y no es una exageración, no es un discurso alarmista, es la pura realidad que nos muestran los números, que nos muestra la situación del país, que nos muestra lo que está pasando en el mundo.
Porque esto que vivimos en Colombia no es un caso aislado, es parte de una batalla global entre dos visiones. la visión de la libertad, del progreso, del trabajo, de la familia, de la fe, contra la visión del colectivismo, del estatismo, de la dependencia, de la destrucción de todo lo tradicional. La encuesta de Atlas Intel que reveló ese empate técnico entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda no es solo un dato estadístico, es un grito de alerta, es una llamada urgente a todos los colombianos que amamos este país, que
queremos que nuestros hijos tengan futuro aquí, que no queremos convertirnos en otra Venezuela, en otra Cuba, en otra Nicaragua, porque esos países también tuvieron sus momentos de decisión, también tuvieron la oportunidad de escoger entre la libertad y el socialismo y escogieron mal y hoy están pagando las consecuencias.
Millones de personas huyendo, economías destruidas, libertades aniquiladas, familias destrozadas. Abelardo de la Esprilla representa en este momento la última línea de defensa de la Colombia que conocemos, de la Colombia que trabajó duro para salir adelante. De la Colombia que superó décadas de violencia, de la Colombia que construyó una clase media.
de la Colombia, que tiene empresas exitosas, universidades respetadas, artistas reconocidos en el mundo, deportistas que nos llenan de orgullo. Y todo eso está en riesgo si permitimos que Iván Cepeda y su proyecto lleguen al poder, porque su proyecto no es mejorar lo que tenemos. Su proyecto es destruir todo y empezar de cero con un modelo que ha fracasado en todas partes donde se ha intentado.
Hay que entender algo fundamental. El socialismo no es una teoría económica más. No es simplemente una forma diferente de organizar la producción y la distribución de la riqueza. El socialismo es una religión secular, es una ideología totalitaria que quiere controlar todos los aspectos de la vida humana, que no tolera la disidencia, que no acepta el debate, que considera que cualquiera que piense diferente es un enemigo que hay que eliminar.
Y por eso todos los regímenes socialistas terminan en dictadura, terminan persiguiendo a sus opositores, terminan censurando a los medios, terminan controlando la educación para doctrinar a los niños, terminan destruyendo la economía porque su objetivo no es la prosperidad, sino el control. Iván Cepeda es un creyente de esa religión.
Él no es un socialdemócrata moderado como los que hay en Europa. Él es un socialista radical que admira a Hugo Chávez, que defiende al régimen cubano, que justifica las dictaduras de izquierda diciendo que son producto del bloqueo o de la intervención imperialista, cuando la realidad es que esas dictaduras son el resultado natural de aplicar esas ideas, de creer que el Estado puede planificar mejor que millones de personas actuando libremente, de creer que se puede eliminar la desigualdad quitándole a unos para darle a otros. cuando lo único
que se logra es empobrecer a todos, excepto a la élite gobernante que siempre termina viviendo como reyes mientras el pueblo pasa hambre. La diferencia de menos de un punto porcentual en las encuestas nos dice que Colombia está dividida, que hay una mitad del país que todavía cree en ese cuento, que todavía piensa que esta vez va a ser diferente, que todavía confía en que Cepeda va a traer justicia social y no miseria.
Y eso es preocupante, eso es aterrador, porque significa que no hemos aprendido las lecciones de la historia, que no hemos entendido lo que está pasando en los países vecinos, que seguimos cayendo en las mismas trampas de siempre. Pero también hay esperanza porque hay otra mitad del país que si entiende lo que está en juego, que si ve el peligro, que si está dispuesta a defender la libertad.
Y esa mitad está representada por Abelardo de la Espriella, un hombre que no es perfecto, que tiene sus defectos como todos, que a veces habla más de la cuenta o que dice cosas polémicas, pero que tiene algo que es más importante que la perfección, tiene convicciones, tiene valores, tiene amor por Colombia y tiene la valentía de enfrentarse a todo el establishment que lo odia, todos los medios de comunicación que lo atacan, todos los intelectuales progresistas que lo desprecian, todos los políticos tradicionales que lo ven como una amenaza, porque Abelardo representa algo
nuevo. Representa una derecha que no pide perdón, que no se avergüenza de defender la propiedad privada, la familia tradicional, la seguridad, el orden, la autoridad. Durante décadas, la derecha colombiana fue tímida, fue acomplejada, siempre pidiendo disculpas, siempre tratando de no ofender a la izquierda, siempre buscando el centro, siempre claudicando en lo importante con tal de mantener la paz social.
Y el resultado de esa tibieza fue que la izquierda avanzó y avanzó. Se tomó las universidades, se tomó los medios, se tomó las ONG, se tomó las cortes, se tomó los organismos internacionales y desde ahí empezó a imponer su agenda sin que nadie le hiciera contrapeso. Pero Abelardo no es de esos. Abelardo pelea, Abelardo confronta, Abelardo no tiene miedo y por eso la gente lo sigue, porque la gente está cansada de políticos cobardes que no defienden nada.
La campaña que viene va a ser la más sucia de la historia porque la izquierda sabe que si pierde ahora va a perder por muchos años. Sabe que si Abelardo llega al poder y hace las reformas que promete, si logra bajar la criminalidad, si logra reactivar la economía, si logra mejorar la educación, si logra combatir la corrupción, entonces su discurso victimista se va a caer.
Su relato de que Colombia es un país opresor se va a derrumbar y la gente no va a volver a creerles nunca. Entonces van a usar todas sus armas, van a inventar escándalos, van a sacar acusaciones falsas, van a usar las redes sociales para difundir mentiras. Van a movilizar a todos sus activistas para crear la sensación de que Abelardo es un peligro.
Van a presionar a los empresarios para que no lo apoyen. Van a amenazar a los periodistas que lo defiendan. Van a usar todos los recursos del Estado para hacerle campaña a Cepeda y van a recurrir incluso al fraude si es necesario, porque para ellos el fin justifícalos. medios, para ellos no hay ética, no hay moral, solo hay poder y harán lo que sea para conseguirlo.
Por eso es tan importante que cada colombiano que cree en la libertad se movilice, que no se quede esperando que otros hagan el trabajo, que salga a votar, que convenza a su familia, a sus amigos, a sus vecinos, que done lo que pueda para la campaña de Abelardo, que comparta los mensajes en redes sociales, que vaya a los mítines, que ponga afiches, que haga lo que sea necesario para asegurar la victoria, porque esta es una guerra y en la guerra no se puede ser tibio, no se puede estar en él.
medio o se está con Colombia o se está contra Colombia. Y estar con Colombia en este momento significa estar con Abelardo de la Espriella. Uno de los grandes problemas que enfrenta Abelardo es la concentración de los medios de comunicación, porque la mayoría de los grandes medios en Colombia son de izquierda o por lo menos son hostiles a las ideas de derecha.
Y eso se nota en la forma como cubren la campaña. Cuando Abelardo dice algo polémico, lo amplifican y lo sacan de contexto para hacerlo ver mal. Pero cuando Cepeda dice barbaridades no dicen nada. Cuando hay un escándalo del gobierno actual lo minimizan o lo ignoran. Pero cuando hay cualquier acusación contra Abelardo, la ponen en primera página.
Y eso es una manipulación descarada. Eso es activismo disfrazado de periodismo. Eso es usar el poder mediático para influir en las elecciones. Pero hay una buena noticia. La gente ya no le cree tanto a los medios tradicionales. La gente se informa cada vez más por redes sociales, por canales independientes como este, por medios alternativos que sí dicen la verdad sin filtros ni agendas políticas.
Y eso es una gran ventaja para Abelardo, porque en las redes el mensaje puede llegar directo sin que lo distorsionen. Porque en las redes la gente puede compartir su propia experiencia, puede contar lo que está viviendo, puede decir lo que piensa sin miedo a que un editor progresista lo censure.
Y por eso la izquierda está tan preocupada por las redes, por eso quieren regularlas. Por eso hablan de combatir las fake news, cuando lo que realmente quieren es combatir las opiniones que no les gustan, cuando lo que realmente quieren es volver a tener el monopolio de la información como lo tenían antes. El factor internacional también va a jugar un papel importante en esta elección porque hay gobiernos extranjeros que tienen mucho interés en que gane Cepeda.
Específicamente el gobierno de Venezuela, que sabe que con Abelardo en el poder, Colombia va a romper relaciones, va a cerrar la frontera, va a apoyar a la oposición venezolana, va a perseguir a los testaferros del régimen que tienen propiedades y negocios en Colombia y va a trabajar con la comunidad internacional para aumentar la presión.
sobre la dictadura de Maduro. Entonces, desde Venezuela van a hacer lo posible para ayudar a Cepeda. Plata, bodegas digitales, infiltración de las marchas, apoyo logístico, todo lo que puedan. También hay sectores en Estados Unidos y Europa que prefieren a Cepeda. No los gobiernos oficiales necesariamente, pero si ciertas ONG, ciertos medios, ciertos políticos progresistas que ven en Cepeda un aliado de su agenda globalista, de su agenda WK, de su agenda de destrucción de los valores tradicionales y van a tratar de influir enviando observadores
que después van a decir que si gana Abelardo fue fraude, van a presionar a los organismos internacionales para que cuestionen el resultado. Si no les gusta, van a amenazar con sanciones o con aislar a Colombia si elegimos a quien ellos no quieren. Porque esa es la hipocresía de esos que hablan tanto de democracia.
La democracia les parece bien solo cuando gana su candidato, pero si gana el otro, entonces dicen que hubo fraude, que hubo manipulación, que hay que desconocer el resultado. Frente a todo eso, Abelardo tiene que construir su propia coalición internacional, tiene que buscar el apoyo de los gobiernos de derecha de la región, tiene que trabajar con empresarios internacionales que vean en Colombia una oportunidad de inversión si él gana.
Tiene que conectar con medios conservadores de otros países que puedan dar a conocer su mensaje. Tiene que mostrarle al mundo que Colombia no va a ser una Venezuela más, que Colombia va a ser un ejemplo de que sí se puede revertir el socialismo, de que sí se puede recuperar la libertad, de que sí se puede construir prosperidad con las políticas correctas.
La juventud es otro campo de batalla crucial porque hay toda una generación de jóvenes que ha sido adoctrinada en las universidades, que ha sido bombardeada con propaganda progresista en las redes sociales, que ha crecido creyendo que el capitalismo es malo, que el emprendimiento es explotación, que tener plata es inmoral y esos jóvenes son el blanco principal de Cepeda.
les habla de cancelar las deudas estudiantiles de educación gratis, de trabajo garantizado por el Estado, de renta básica universal, de todas esas fantasías que suenan muy bonitas, pero que son completamente irrealizables, porque alguien tiene que pagar todo eso y ese alguien son los contribuyentes, es decir, los pocos que todavía trabajan y producen.
Abelardo tiene que llegar a esos jóvenes con un mensaje diferente. tiene que decirles que el camino a la prosperidad no es esperar que el gobierno les dé todo, es trabajar. es estudiar algo útil, es emprender, es esforzarse, es ser disciplinado y que el Estado lo único que tiene que hacer es no estorbar, es no quitarles la mitad de lo que ganan en impuestos, es no ponerles 1000 trabas burocráticas, es no llenarlos de regulaciones absurdas y dejarlos construir su futuro, porque los jóvenes tienen una energía increíble, tienen
creatividad, tienen ganas de comerse el mundo y lo único que necesitan es libertad, necesitan que les quiten las cadenas y Abelardo ofrece eso. Ofrece un país donde ser joven no sea sinónimo de frustración, sino de oportunidad. Hay un sector de la población que también es decisivo y que muchas veces se ignora en los análisis políticos.
Los cristianos, los evangélicos, los católicos practicantes, toda esa gente que tiene fe, que cree en Dios, que va a la Iglesia, que lee la Biblia, que trata de vivir según los mandamientos y que está aterrada viendo como la sociedad se está alejando de Dios, como se está promoviendo la inmoralidad, como se está atacando a la familia, como se están enseñando cosas perversas a los niños en los colegios.
Y esa gente es una fuerza política enorme si se logra movilizar. Abelardo ha entendido eso. Abelardo no tiene miedo de hablar de Dios. No tiene miedo de decir que Colombia es un país cristiano. No tiene miedo de defender la vida desde la concepción. No tiene miedo de decir que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.
Y por eso los cristianos lo ven como su candidato, como el hombre que va a defender sus valores, que no va a permitir que sigan destruyendo la familia, que no va a permitir que sigan lavándoles el cerebro a los niños, que no va a permitir que sigan atacando a la iglesia. Iván Cepeda, por el contrario, es parte de esa izquierda atea que desprecia la religión, que la ve como el opio del pueblo, que la considera un obstáculo para su revolución.
Y aunque él no lo dice abiertamente, porque sabe que en Colombia la gente es religiosa, sus acciones hablan por sí solas. Él apoya el aborto libre, apoya la ideología de género, apoya todas las causas LGBT, apoya la eutanasia y todo lo que va en contra de los valores cristianos. Entonces, los cristianos tienen que entender que con cepeda en el poder van a ser perseguidos, van a ser marginados, van a ser tratados como ciudadanos de segunda clase, como fanáticos, como retrógrados que se oponen al progreso.
La economía va a ser probablemente el tema que más va a pesar en la decisión de los indecisos, porque a la gente le importa lo concreto, le importa si va a tener trabajo, si va a poder pagar sus cuentas, si va a poder sacar adelante a su familia, si va a poder ahorrar, si va a poder darse algunos gustos de vez en cuando.
Y en estos últimos 4 años la situación económica se ha deteriorado muchísimo. La inflación se ha disparado, el desempleo ha subido, los negocios han quebrado, la moneda se ha devaluado, el poder adquisitivo ha caído y la gente está desesperada. La gente siente que cada vez le alcanza menos, que cada vez tiene que recortar más gastos, que cada vez la vida es más difícil.
Abelardo tiene que mostrarle a esa gente que hay una salida, que con las políticas correctas Colombia puede volver a crecer, puede volver a generar empleo, puede volver a ser un país donde trabajar valga la pena y sus propuestas son claras. Bajar los impuestos para que la gente tenga más plata en el bolsillo y para que las empresas puedan contratar más.
Simplificar la burocracia para que sea más fácil montar un negocio. Atraer inversión extranjera ofreciendo seguridad jurídica. Explotar. responsablemente los recursos naturales, porque Colombia tiene petróleo, tiene carbón, tiene oro, tiene todo lo necesario para ser ricos y lo sabemos aprovechar y conectar al país con infraestructura moderna para que los productos puedan llegar rápido y barato a los puertos y de ahí al mundo.
Todo eso es posible. Todo eso se ha hecho en otros países. Chile lo hizo, Perú lo hizo, incluso Brasil en sus buenos años lo hizo. Y todos esos países mejoraron la vida de su gente. Sacaron a millones de la pobreza, crearon una clase media, pero después muchos de ellos cometieron el error de dejarse seducir por el populismo, por las promesas fáciles y volvieron a caer.
Entonces, Colombia no puede cometer ese error. Colombia tiene que aprender de los aciertos y de los errores ajenos. tiene que seguir el camino que funciona y no dejarse engañar por los cantos de sirena de gente como Cepeda que promete el paraíso, pero lo único que entrega es miseria. El tema de la corrupción va a resonar mucho en esta campaña porque la gente está harta.
La gente siente que los políticos se roban todo, que nunca pasa nada, que los corruptos siempre quedan impunes. Y tiene razón, porque el sistema está diseñado para proteger a los corruptos. Las investigaciones se demoran años. Los juicios son eternos, las condenas son mínimas y al final nadie va preso o si va preso sale a los meses y se queda con toda la plata que se robó. Entonces la impunidad es total.
Abelardo ha prometido cambiar eso radicalmente. Ha prometido cadena perpetua para corruptos. Extinción de dominio inmediata, reformar la justicia para que sea más rápida y transparencia absoluta en todo lo que hace el gobierno, usando tecnología de punta para que cualquier ciudadano pueda ver en tiempo real cómo se gasta cada peso, a quién se le adjudica cada contrato, cuánto le cuesta cada obra al Estado y con eso acabar con esa caja negra que ha sido el presupuesto público donde nadie sabe qué pasa con la plata. Y esas
propuestas son revolucionarias, son exactamente lo que Colombia necesita. Porque la corrupción no es solo un problema moral, es un problema económico enorme. Porque cada peso que se roban es un peso que no se invierte en algo útil. Y por eso Colombia, siendo un país tan rico, tiene tanta pobreza, porque la plata no llega a donde tiene que llegar, se queda en el camino en los bolsillos de los ladrones.
Cepeda habla también de combatir la corrupción, pero su historial no lo respalda. Él ha sido cómplice silencioso de todos los escándalos del gobierno actual. Nunca ha dicho nada, nunca ha criticado nada. Y eso es porque para la corrupción solo es problema cuando la comete el otro lado, cuando la cometen sus enemigos políticos.
Pero cuando la cometen sus amigos, entonces no pasa nada. Entonces es comprensible, entonces son errores menores y con esa doble moral no se combate nada. Las encuestas también muestran algo interesante. Hay un porcentaje importante de gente que dice que no va a votar, que está desencantada con la política, que cree que todos son iguales, que da lo mismo quien gane.
Y esa gente es un peligro porque su abstención puede definir la elección. Porque si todos los que apoyan a Abelardo salen a votar, pero muchos indecisos se quedan en casa, entonces Cepeda puede ganar porque su votación es una votación dura. Es gente fanática que va a salir a votar. Así esté lloviendo o haya tormenta.
Mientras que la votación de Abelardo incluye mucha gente que sí está convencida, pero que a veces se confía, que piensa que con los votos de los demás alcanza, que no quiere hacer fila, que no quiere sacrificar su domingo y eso puede ser fatal. Por eso es tan importante el mensaje de movilización.
Por eso hay que decirle a la gente que cada voto cuenta, que esta no es una elección más, que esto es histórico, que nos estamos jugando el futuro del país y que no votar es como votar por cepeda, es como entregarle el país en bandeja de plata, es traicionarse a uno mismo, es traicionar a los hijos, es traicionar a Colombia. Entonces, no hay excusa.
El que no vaya a votar que no se queje cuando vea las consecuencias. La campaña de Abelardo tiene que ser muy inteligente en la recta final. Tiene que saber dónde concentrar los recursos, cuáles son las regiones clave, cuáles son los sectores que puede conquistar. Y tiene que tener un mensaje claro, contundente, fácil de entender, que resuma todo en una frase con Abelardo seguridad y prosperidad, con cepeda inseguridad y miseria.
Así de simple, así de directo, porque en política el mensaje tiene que ser claro, no puede ser complicado, no puede tener muchos matices. La gente tiene que entender en 5 segundos de qué lado le conviene estar. También tiene que tener una estrategia para el día de las elecciones. Tiene que tener testigos en todas las mesas.
Tiene que tener abogados listos para actuar si hay irregularidades. Tiene que tener tecnología para denunciar en tiempo real cualquier fraude, porque el otro lado va a intentar todo. Va a intentar comprar votos, va a intentar intimidar votantes, va a intentar alterar resultados, va a intentar cualquier cosa y hay que estar preparados.
Hay que ser más vivos que ellos. Hay que ganar. Limpio, pero hay que ganar. Si Abelardo gana, el día después va a ser de esperanza, pero también de mucho trabajo, porque las expectativas van a ser altísimas. La gente va a querer ver resultados inmediatos y él va a tener que actuar rápido, nombrar un equipo de gobierno competente y honesto.
No políticos tradicionales, sino gente preparada. Enviar al Congreso las reformas que prometió. Dar la orden a las fuerzas militares de recuperar el territorio, iniciar las investigaciones de corrupción contra los funcionarios del gobierno anterior y sobre todo comunicar bien lo que está haciendo. Explicarle a la gente por qué algunas cosas toman tiempo, por qué hay resistencia, por qué no todo se puede hacer de la noche a la mañana, porque gobernar es más difícil que hacer campaña. Pero con voluntad política, con
un equipo bueno y con el apoyo de la gente se puede lograr. Si Cepeda gana yos no lo quiera, el país va a entrar en una espiral muy peligrosa porque él va a intentar cambiar todo. Va a intentar cambiar la Constitución para quedarse más tiempo. Va a intentar controlar las instituciones. Va a intentar perseguir a la oposición.
Va a intentar controlar los medios y todo eso lo va a hacer gradualmente, no de golpe, porque sabe que si lo hace muy rápido, la gente se va a revelar. Entonces lo va a hacer paso a paso. Primero una reforma aquí, luego una ley allá, luego un nombramiento acá. Y cuando la gente se dé cuenta, ya va a ser muy tarde, ya va a estar todo controlado, ya no va a haber forma de sacarlo del poder y Colombia se va a convertir en otra Venezuela y millones de colombianos van a tener que huir como están huyendo los venezolanos y los que se queden van a
vivir en la miseria, en la inseguridad, en la desesperanza. Por eso esta elección es tan importante, por eso no podemos fallar. Por eso cada uno de nosotros tiene una responsabilidad histórica, porque nuestros nietos algún día nos van a preguntar qué hicimos en este momento crucial.
Si fuimos valientes o si fuimos cobardes, si defendimos la libertad o si la dejamos morir sin hacer nada. Y queremos poder mirarlos a los ojos y decirles que si luchamos, que si votamos, que si hicimos todo lo que estaba en nuestras manos para salvar a Colombia. Abelardo de la Espriella no es un superhéroe, no es un Mesías, es simplemente un hombre que ama a su país, que tiene las ideas correctas, que tiene la valentía de enfrentarse al establishment y que necesita el apoyo de todos nosotros para poder hacer lo que tiene que hacer. Porque un presidente
solo no puede cambiar un país. Necesita que el pueblo lo respalde, necesita que el pueblo le exija, necesita que el pueblo lo defienda cuando lo ataquen. Y si nosotros cumplimos nuestra parte, si salimos todos a votar, si convencemos a los indecisos, si cuidamos el voto, entonces vamos a ganar. Entonces Colombia va a tener una nueva oportunidad.
Entonces nuestros hijos van a poder soñar con un futuro mejor. Los próximos meses van a ser decisivos. Cada día cuenta, cada conversación cuenta, cada acción cuenta. No podemos bajar la guardia ni un segundo. No podemos confiarnos. No podemos pensar que ya ganamos porque el otro lado está trabajando día y noche, el otro lado está gastando millones en propaganda.
El otro lado tiene toda la maquinaria del Estado a su favor. Y nosotros solo tenemos la verdad, solo tenemos la razón, solo tenemos el amor por Colombia. Pero eso es suficiente, eso es más poderoso que toda su plata y toda su maquinaria, porque cuando un pueblo se decide a cambiar las cosas, nadie lo puede parar.
Esta es nuestra lucha, este es nuestro momento, esta es nuestra oportunidad de escribir un capítulo glorioso en la historia de Colombia. Un capítulo donde el pueblo dijo no al socialismo, no a la dictadura, no a la miseria y si a la libertad, si a la prosperidad, si al futuro. Y todo eso empieza con una decisión personal.
con la decisión de cada uno de nosotros de no quedarnos callados, de no quedarnos quietos, de salir y hacer lo que hay que hacer. Abelardo de la espriella está listo para gobernar. Colombia está lista para cambiar. Solo falta que nosotros estemos listos para dar ese paso, para tomar esa decisión, para marcar ese voto que va a cambiar la historia.
Y el momento es ahora. No hay más tiempo, no hay más espera. Ahora es cuando se decine todo. Ahora es cuando cada uno de nosotros tiene que decidir qué tipo de colombiano quiere ser, qué tipo de legado quiere dejarles a sus hijos, qué tipo de país quiere vivir. La respuesta está clara. El camino está marcado.
El líder está identificado. Solo falta que nosotros actuemos, que nos movamos, que hagamos historia, porque esta no es solo una elección, es una batalla por la supervivencia de Colombia como la conocemos. Es una batalla entre la luz y la oscuridad, entre la vida y la muerte, entre el futuro y el abismo. Y nosotros vamos a ganar esa batalla.
Vamos a sacar adelante a Abelardo. Vamos a salvar a Colombia. Porque somos más, porque tenemos la razón, porque tenemos a Dios de nuestro lado y porque amamos este país más que nada en el mundo. Colombia nos está llamando. La patría nos está pidiendo que la defendamos. Nuestros hijos nos están mirando esperando que hagamos lo correcto y nosotros no los vamos a defraudar.
Nosotros vamos a responder. Nosotros vamos a estar a la altura del momento. Nosotros vamos a hacer lo que hay que hacer. Y cuando todo esto termine, cuando Abelardo esté en la casa de Nariño, cuando Colombia esté de nuevo en el camino correcto, vamos a poder decir con orgullo, yo estuve ahí, yo luché, yo voté, yo hice mi parte y gracias a eso Colombia se salvó.
Este es el momento, esta es la hora, esta es nuestra oportunidad. No la dejemos pasar. No permitamos que el miedo nos paralice. No permitamos que la duda nos debilite. Salgamos con la frente en alto, con el corazón lleno de esperanza, con la determinación de los que saben que están del lado correcto de la historia.
Y vamos a ganar, vamos a triunfar, vamos a salvar a Colombia. Si esta historia te movió el corazón, si entiendes lo que está en juego, dale like a este vídeo ahora mismo. Suscríbete a nuestro canal para más historias como esta que te muestran la verdad que otros medios no te cuentan. Comparte este vídeo con tu familia, con tus amigos, con tus vecinos, porque todos los colombianos necesitan entender lo que está pasando.
Y ahora una pregunta para ti, querido colombiano. ¿Estás dispuesto a salir a votar para defender el futuro de Colombia o vas a dejar que otros decidan por ti? Déjanos tu respuesta en los comentarios. Queremos saber qué piensas. Queremos saber si estás listo para esta batalla. Hasta la próxima. M.
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