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0,7% DE DIFERENCIA — ABELARDO DE LA ESPRIELLA y IVÁN CEPEDA EN EMPATE TÉCNICO SEGÚN ATLAS INTEL

 Hay que entender qué significan realmente esas cifras que publicó la revista Semana hace pocos días basándose en una encuesta de Atlas Intel, una de las firmas más serias que mide la opinión política en América Latina. Abelardo de la Espriella aparece con 32,1% de intención de voto, Iván Cepeda con 31,4% y el resto de candidatos, esos que se hacen llamar del centro o de la tercera vía, están tan abajo en las preferencias que ni siquiera vale la pena mencionarlos porque la gente ya entendió que en este momento no hay espacio para tibios, no hay espacio para los que

quieren quedar bien con todo el mundo, no hay espacio para los que creen que se puede negociar con quienes quieren acabar con todo lo que hemos construido. La diferencia entre Abelardo e Iván es de apenas 0,7 puntos, menos de un punto porcentual. Y eso en términos electorales se llama empate técnico, lo que quiere decir que cualquiera de los dos puede ganar, que todo está abierto, que nada está decidido y que su voto, el voto de usted que está viendo esto en su casa o en su celular mientras espera el bus o mientras toma su tintico en la

tienda de la esquina, ese voto puede ser el que defina todo. Piense en eso un momento. Piense en el poder que tiene en sus manos. Porque durante años nos han hecho creer que los ciudadanos comunes no importamos, que las elecciones las deciden los políticos en sus oficinas con aire acondicionado o los empresarios con sus platas o los medios de comunicación con sus campañas.

 Pero esta vez no. Esta vez la decisión está tan pareja que cada persona cuenta, cada familia cuenta, cada barrio cuenta. Y eso es algo que nos debe llenar de responsabilidad, pero también de esperanza. Abelardo de la Espriella no es un político común, no es uno de esos que llevan toda la vida viviendo del Estado.

 No es uno de esos que prometen una cosa en campaña y hacen otra cuando llegan al poder. Abelardo es un abogado que se hizo un nombre defendiendo causas difíciles, enfrentándose a los poderosos, diciendo las cosas como son, sin importarle si los periodistas lo atacaban o si los políticos de siempre lo señalaban. Y por eso la gente lo respeta, por eso la gente confía en él, porque saben que es un hombre de palabra, un hombre que no se vende, un hombre que entiende lo que significa trabajar duro para salir adelante.

Cuando Abelardo habla de seguridad, no está repitiendo un discurso aprendido. Está hablando desde la convicción de alguien que ha visto como el crimen se ha tomado las calles. Como los comerciantes tienen que pagar vacunas para poder trabajar en paz. Como las familias tienen miedo de sacar a sus hijos a jugar al parque, como los campesinos están abandonando sus tierras porque los grupos armados los amenazan y el gobierno no hace nada para protegerlos.

 Y por eso su propuesta es clara y contundente, devolverle la autoridad a la fuerza pública, dejar que los soldados y policías hagan su trabajo sin tanto protocolo ni tanto miedo a que después los investiguen por hacer lo correcto y acabar de una vez por todas con esa paz falsa, que lo único que ha logrado es que los bandidos se fortalezcan.

 La propuesta de Abelardo de bajarle los impuestos a la gente es música para los oídos de millones de colombianos que sienten que están trabajando para el gobierno y no para ellos mismos. Porque es verdad, uno se levanta todos los días a trabajar, se mata el lomo 8, 10, 12 horas y cuando llega el momento de recibir el pago, resulta que la mitad se fue en impuestos, en retenciones, en contribuciones que uno ni siquiera sabe para qué sirven.

 Y lo peor es que cuando uno necesita algo del estado, cuando uno va a un hospital público o cuando necesita que la policía llegue rápido o cuando quiere que le arreglen, la calle, no hay plata, no hay recursos, todo es lento, todo es malo. Y uno se pregunta entonces, ¿para dónde se fue toda esa plata que nos quitaron? Abelardo entiende eso, entiende la frustración de la gente y por eso propone un estado más pequeño, más eficiente, un estado que no se meta en todo, que deje trabajar a la gente en paz, que no esté inventando regulaciones absurdas para justificar la

existencia de 1000 burócratas que no hacen nada productivo y que en vez de estar quitándole plata a los que trabajan, se dedique a cuidar lo básico, seguridad, justicia, infraestructura, salud y educación de verdad, no esas porquerías que tenemos hoy, donde Todo es un negocio para los contratistas amigos del gobierno de turno.

 Del otro lado está Iván Cepeda y con todo respeto, hay que decir las cosas como son. Iván Cepeda representa todo lo que está mal en la política colombiana. Representa esa izquierda que nunca ha producido nada, pero que siempre está criticando a los que sí producen. Esa izquierda que defiende a los terroristas, pero ataca a los soldados.

Esa izquierda que habla de justicia social único que hace es repartir miseria. Porque eso es lo que hace el socialismo, reparte pobreza, reparte mediocridad, reparte resentimiento. Iván Cepeda lleva décadas en la política y uno se pregunta, ¿qué ha hecho en todo ese tiempo? ¿Cuál es su legado? Y la respuesta es simple.

 Su legado es haber perseguido militares, haber defendido a las FARC, haber promovido leyes que le quitan plata a los que trabajan para dársela a los que no hacen nada, haber sido siempre el primero en atacar cualquier intento de meter orden en este país y ahora quiere ser presidente, quiere llegar a la casa de Nariño con esa misma agenda destructiva, con esa misma visión de un estado todopoderoso que controla todo, que decide que se puede decir y que no, que decide quién prospera y quién no, que decide incluso como uno debe debe criar a sus hijos.

La ideología que defiende Cepeda no es ningún secreto. Él mismo lo ha dicho mil veces. Él cree en el socialismo, cree en el modelo que aplicó Hugo Chávez en Venezuela, cree en eso de que el Estado debe controlarlo todo para que haya igualdad. Pero resulta que esa igualdad es solo en la pobreza.

 Porque cuando el Estado controla todo, lo único que genera es escasez, corrupción y autoritarismo. Eso lo hemos visto en Cuba, donde la gente lleva 60 años esperando que el sistema funcione. Y lo único que ha funcionado es la represión. Lo hemos visto en Venezuela, donde un país que era el más rico de Sudamérica hoy tiene a su gente huyendo por millones porque no hay comida, no hay medicinas, no hay libertad.

 Y lo hemos visto en Nicaragua, donde un dictador se eternizó en el poder usando exactamente el mismo discurso que usa Cepeda, el discurso del pueblo, el discurso de la justicia social, el discurso de los pobres contra los ricos. Pero la realidad es que cuando gente como Cepeda llega al poder, los únicos que terminan ricos son ellos y sus amigos, mientras el resto del país se hunde.

 Y eso no es una exageración, eso es lo que muestran los hechos, eso es lo que muestra la historia y por eso es tan grave que esté empatado en las encuestas con Abelardo, porque significa que hay una gran parte de la población que todavía cree en ese cuento, que todavía piensa que el gobierno puede resolver todos sus problemas si le da más poder, más plata. más control.

Lo que está en juego en esta elección no es solo quien va a ser presidente los próximos 4 años. Lo que está en juego es el modelo de país que vamos a tener. Y ese modelo tiene dos caminos completamente opuestos. El camino de Abelardo es el camino de la libertad, de la responsabilidad individual, de entender que cada persona es dueña de su destino y que el papel del Estado es ayudar a que la gente pueda desarrollar su potencial, no ponerle trabas, no robarle su plata, no decidir por ellos.

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