Él era abogado, exitoso, con una reputación [música] que en los círculos empresariales y políticos de México pesaba mucho. Un hombre de mundo, diría la gente, el tipo de hombre [música] que en ciertos ambientes genera respeto casi automático. Pero Juan Collado no llegó [música] a la vida de Yadira en un momento cualquiera.
llegó cuando ella estaba en el punto más alto de su carrera y lo que pasó después es algo que la [música] propia actriz describió años más tarde con una lucidez que [música] duele escuchar. Ella dejó de trabajar. Así de sencillo y [música] así de brutal, no fue una pausa, fue una retirada. Yadira Carrillo, [música] que podría haber competido con las actrices más grandes de su generación, [música] que tenía el talento y tenía el momento, eligió quedarse en casa.
Eligió ser la mujer de Juan Collado antes que seguir siendo Yadira Carrillo, [música] actriz. ¿Y por qué eso importa tanto? Porque en el mundo del espectáculo [música] mexicano de los 90 y principios de los 2000, desaparecer era morir. Las carreras [música] en las telenovelas no te esperan.
Los productores no guardan el lugar. [música] El público pasa a la siguiente cara con una velocidad que a [música] veces resulta cruel. Mientras Yadira se retiraba, otras actrices de su generación seguían trabajando, acumulando papeles, ganando terreno, y entre todas ellas había una que terminó convirtiéndose con los años en el nombre que más gente pronunciaba cuando pensaba en la rival de Yadira, Leticia Calderón.
Pero aquí hay que pausar un momento porque la palabra arribal no es precisa y no fue [música] nunca oficial. Lo que existió entre ellas fue algo más complicado, más lleno [música] de capas y más interesante que una simple rivalidad de telenovela. Leticia Calderón y Yadira [música] Carrillo compartieron algo más que la pantalla.
compartieron [música] el mismo círculo y en algún punto de ese círculo compartieron [música] también la presencia de Juan Collado, porque Collado no llegó a la vida de Yadira sin historia previa y esa [música] historia tenía nombre. Se sabe, aunque nunca quedó completamente documentado de forma oficial, que Juan Collado [música] y Leticia Calderón tuvieron una relación, una relación que, dependiendo de a quién le preguntes, fue más o menos seria, más o menos larga, más o menos determinante.
Lo que sí [música] quedó claro con el tiempo es que de esa relación nacieron dos hijos, Carlo [música] y Luciano Collado Calderón. dos niños que crecieron con el apellido de [música] su padre, pero en la casa de su madre. Y aquí empieza la parte que casi nadie cuenta bien. Cuando Yadira [música] y Juan Collado formalizaron su relación y después su matrimonio, el panorama familiar se volvió complejo de una forma que a [música] veces en los medios se simplifica demasiado.
Había dos mujeres [música] que habían estado en momentos distintos en la vida del mismo hombre. Había niños [música] de por medio, había dinero, había abogados y había una tensión que ninguna de las dos, ni Leticia [música] ni Yadira, eligió en ningún momento hacer pública de forma directa. Leticia habló poco, Yadira habló menos.
Y eso [música] en un país donde los medios de espectáculo funcionan como máquinas de presión constante fue casi un milagro. Pero el silencio [música] tiene un precio. Yadira lo pagó durante años de una manera muy [música] específica, cargando con una imagen pública que no terminaba de corresponder [música] con quien ella decía ser en privado.
La imagen de la mujer que había quitado acollado. La tercera en [música] discordia. la que había roto un hogar. ¿Era eso verdad? ¿Fue así como ocurrió [música] realmente? La respuesta, como casi siempre en estas historias, es más complicada que cualquier titular. Lo que Yadira dijo en esa entrevista que mencionamos al inicio no fue una acusación contra nadie.
No señaló [música] a Leticia, no culpó a Juan. Lo que hizo fue algo más difícil. se miró a sí misma [música] y dijo, “Con esa calma que ya dijimos que duele, que el mayor error de su vida había sido dejar de trabajar, dejar de ser actriz, dejar de ser en cierta medida ella misma.” Hubo un momento específico en que eso quedó en evidencia de forma pública.
[música] Años después de haberse retirado, Yadira intentó volver y la industria [música] no la recibió con los brazos abiertos porque así funciona. Porque los años que ella estuvo fuera los aprovecharon otras, porque el lugar que pudo haber ocupado estaba ocupado ya. [música] Eso duele de una manera que es difícil de explicar si no lo has vivido.
Construyes algo durante años con trabajo, [música] con sacrificio, con el tipo de esfuerzo que no sale en los créditos y después por una decisión que en el momento te parece correcta lo dejas ir. Y cuando quieres volver, descubres [música] que la puerta ya no es la misma. Y Adira volvió a la pantalla así, pero nunca con la misma fuerza que habría tenido si no hubiera parado.
Y ella lo sabe [música] y lo dijo. Ahora bien, hay algo que en los medios se perdió entre el escándalo y el morvo, algo que la gente pasó por alto porque la frase el mayor error de mi vida se prestaba demasiado bien para construir un titular sobre Leticia Calderón, sobre Juan Collado, sobre la vida personal. Y eso fue un error colectivo porque Yadira no estaba hablando de amor, estaba hablando de identidad, estaba hablando de lo que pasa cuando una mujer en un momento de su vida decide que alguien más importa más que ella misma y de las
consecuencias que eso tiene. No solo en la carrera, en la manera en que te ves a ti misma cada mañana cuando te despiertas. ¿Cuántas mujeres reconocen eso? Cuántas lo viven y nunca encuentran las palabras para nombrarlo. Y Adira las encontró. Tarde sí, con décadas de por medio sí, pero las encontró.
Y eso tiene un valor que va más allá del chisme y más allá de cualquier escándalo. Pero sigamos, porque la historia de Yadira Carrillo no termina ni de lejos en ese reconocimiento. La [música] detención de Juan Collado en julio de 2019 fue uno de esos momentos que en México la gente recuerda exactamente [música] dónde estaba cuando lo supo.
Collado fue detenido por las autoridades acusado de delincuencia organizada. lavado de dinero y otros cargos relacionados con su actividad como abogado en casos de alto perfil. El nombre de los clientes que había representado a lo largo de su carrera daba una idea del nivel [música] en que se movía. Exgobernadores, empresarios, figuras del poder político.
Fue un golpe brutal y no solo para él. Y Adira estaba en casa cuando ocurrió, o al menos eso fue lo que se supo después. Y lo que hizo en las horas, días y semanas siguientes [música] fue algo que sorprendió a mucha gente que tenía una imagen muy específica de quién era ella. Se quedó, no corrió, no tomó [música] distancia, no salió con alguna declaración cuidadosamente redactada por un equipo de comunicación.
Se quedó al lado de su marido con una lealtad que, dependiendo de quién lo mirara, resultó admirable o [música] incomprensible. Los medios la fotografiaron llegando al penal, la grabaron saliendo, la entrevistaron en la calle con esa [música] crueldad amable que tienen algunos programas de espectáculos cuando saben que la persona está en [música] el peor momento de su vida y aún así mete rating.
Y Yadira habló, habló con la compostura de alguien que lleva años practicando no derrumbarse en público. habló de amor, habló de lealtad, habló de su convicción de que su marido era inocente y lo dijo con una firmeza que descolocó a más de uno. Pero, ¿qué estaba pasando [música] dentro? ¿Qué piensa una persona que tiene que visitar a su pareja en la cárcel cada semana? ¿Qué siente cuando sale del penal, [música] se sube al coche y ya no hay cámaras? Eso nadie lo sabe. Nadie, salvo ella.
Lo que sí quedó claro es que la detención de Collado obligó a Yadira a reinventarse de una manera que no tenía nada que ver con ningún proyecto [música] artístico. Tuvo que aprender a gestionar la exposición pública de una historia [música] que estaba en todos los noticieros. Tuvo que aprender a responder preguntas que no tienen respuesta buena.
Tuvo [música] que aprender, en definitiva, a ser la cara visible de algo sobre lo que no tenía control. Y en ese contexto [música] fue donde Leticia Calderón volvió a aparecer en la conversación pública porque la gente recuerda, la gente conecta [música] puntos. Y cuando vieron a Yadira defendiendo a Collado frente a las cámaras, muchos pensaron en los hijos que Collado tiene con Leticia, en lo que esa situación significaba para ellos, en cómo una familia que ya era complicada se volvía [música] todavía más complicada. Carlo y Luciano Collado
Calderón eran en ese momento jóvenes. Habían crecido viendo a su padre en los medios, en los ámbitos del poder, con esa imagen de hombre importante que en México determinados apellidos construyen de una manera muy específica y de un día para otro ese apellido se convirtió en noticia de primera plana por razones muy distintas.
[música] Leticia Calderón no habló mucho, habló lo justo. Dijo que sus hijos estaban bien, que ella estaba concentrada en ellos, que el resto era la vida privada de otras personas. Una respuesta [música] medida, calculada, que revelaba exactamente lo que quería revelar y nada más. [música] Pero el contraste con la postura de Yadira era inevitable.
Dos mujeres, [música] el mismo hombre en el centro, dos maneras. completamente distintas de gestionar una situación que ninguna de las dos había elegido tener que gestionar. ¿Cuál de [música] las dos tomó la decisión correcta? ¿Existe algo así como una [música] decisión correcta en una situación de ese tipo? La respuesta más honesta [música] es que probablemente las dos hicieron lo que podían con lo que tenían y que juzgar desde afuera lo que hace una persona [música] cuando su vida se rompe en público es uno de esos deportes [música]
que resultan cómodos precisamente porque no cuestan nada. Años de carrera en televisión [música] le habían enseñado a Yadira Carrillo algo que pocos aprenden a tiempo, que la cámara no miente, pero sí distorsiona, que lo [música] que el público ve es siempre una versión editada de algo mucho más complejo y que la imagen [música] que construyes con los años puede derrumbarse en cuestión de horas [música] si las circunstancias lo deciden.
Yadira lo vivió dos veces, una cuando dejó de trabajar [música] y su presencia en la cultura popular fue definiéndola por lo personal más que por lo profesional. Otra cuando la detención de Collado la convirtió en protagonista de [música] una historia en la que preferiría no haber estado. Y sin embargo, sin embargo, hay algo en la manera en que Yadira Carrillo ha navegado todo esto que merece ser mirado con más [música] atención de la que habitualmente recibe.
Cuando dijo que el mayor error de su vida había sido dejar de trabajar, no lo dijo con amargura, lo dijo [música] con la claridad de alguien que ha tenido el tiempo y la distancia suficientes para entender lo que ocurrió. Y esa claridad [música] en alguien que ha vivido lo que ella ha vivido no llega sola. llega después de muchas conversaciones que no salen en ninguna entrevista, después de [música] noches que nadie fotografió, después de momentos donde la pregunta más difícil no es la que te hace el periodista, [música] sino la que te haces tú misma a
las 3 de la madrugada. ¿Quién soy yo fuera de esta relación? ¿Qué quedó de lo que [música] era antes? ¿Valió la pena? Esas preguntas no tienen respuesta sencilla. [música] Y Yadira, a diferencia de lo que mucha gente esperaba, no intentó dar una sencilla. Hay una entrevista de 2021 en plena voráine del proceso legal de Collado, donde [música] un periodista le preguntó directamente si se arrepentía de algo y Yadira tardó unos segundos antes de responder.
Muchos segundos dijeron más que la respuesta, porque en esos segundos [música] se podía ver a alguien que realmente estaba pensando la pregunta, no buscando la frase que quedaría bien en el clip. Lo que dijo después fue lo que mencionamos al principio, que el mayor error había sido dejar de trabajar, que había sacrificado su carrera por una relación, que eso era algo con lo que tenía que vivir.
Y el mundo inmediatamente pensó en Leticia Calderón, porque la estructura mental del público necesita esa conexión. Necesita que el arrepentimiento de Yadira sea sobre la relación con Collado y que la relación con Collado sea inseparable del nombre de Leticia. Es más fácil así, [música] más limpio, más narrativo, pero la realidad es más turbia y más interesante.
Adira no estaba hablando de Leticia Calderón, estaba hablando de sí misma, de la versión de sí misma que dejó ir cuando tenía 30 años [música] y un futuro enorme por delante de esa Yadira que podría haber sido y que quedó en algún lugar entre lo que eligió y lo que el tiempo se llevó. Eso no quita nada de la historia con Collado, ni de las complejidades con Leticia, ni de todo lo que vino después, pero le da a la declaración una profundidad que los titulares no supieron capturar.
Ahora hablemos de algo que casi nadie menciona cuando se habla de Yadira Carrillo, su trabajo real como actriz. Porque en el espacio que ocupó entre el principio de su carrera y el momento en que empezó a ser conocida más por su vida personal que por sus papeles, Yadira hizo cosas que valían la pena.
estuvo [música] en producciones que en su momento tuvieron audiencias importantes. Tuvo una presencia en pantalla que sus compañeras de generación reconocían, aunque el público general hoy no siempre lo recuerde. Y [música] eso es parte de lo que se perdió. Cuando alguien deja de trabajar en el punto exacto en que su carrera empieza a tener el suficiente peso para sostenerse sola, lo que se pierde no es solo el trabajo, se pierde la memoria colectiva, se pierde la posibilidad de que el público te asocie con algo más que con tu vida privada. Y
recuperar eso una [resoplido] vez perdido es una de las tareas [música] más difíciles que existe en el mundo del espectáculo. Y Aadira lo intentó cuando regresó a las telenovelas. Después de años de ausencia, los proyectos llegaron, pero no con la misma velocidad ni con la misma fuerza. Los productores tienen memoria larga para ciertas cosas y muy corta para otras.
Y la gente que estuvo fuera mucho tiempo tiene que empezar casi de cero, aunque tenga [música] el talento intacto. ¿Es justo eso? Probablemente no. ¿Es así como funciona [música] la industria? Absolutamente sí. Y mientras Yadiraba con eso, Leticia Calderón seguía trabajando. Siguió en [música] Televisa, siguió en proyectos, siguió construyendo una carrera que hoy, si uno la mira con frialdad es más sólida que la de Yadira en términos de continuidad y de presencia en la memoria del [música] público. ¿Hay algo de ironía en eso? Sí,
mucha. Pero la ironía más grande no está ahí. está en que Yadira lo [música] sabe y que fue capaz de decirlo en voz alta, que el mayor error de su vida fue dejar de trabajar, que entregó su carrera por una relación y que eso, aunque no se puede deshacer, al menos se puede nombrar.
Nombrar lo que te duele es en muchos casos lo más parecido a sanar que existe. Pero hay otro capítulo en esta historia que no podemos dejar fuera porque la detención de Juan Collado no fue solo [música] un evento mediático, fue el inicio de un proceso legal que se extendió durante años y que todavía en el momento en que grabamos esto sigue sin tener un punto final completamente claro.
Collado fue detenido en julio de 2019. Las acusaciones en su contra eran graves. Lavado de dinero, delincuencia [música] organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita. El perfil de clientes que había manejado a lo largo de su carrera lo conectaba [música] con algunas de las figuras más controvertidas de la política y los negocios en México.
El proceso se fue extendiendo, las audiencias [música] se acumularon y Yadira mes tras mes siguió llegando al penal. siguió dando la cara en los medios cuando le preguntaban. Siguió repitiendo [música] que confiaba en la inocencia de su marido. ¿Qué tan difícil es mantener [música] esa postura? ¿Qué pasa en la cabeza de alguien que tiene que defender públicamente a una persona que el sistema judicial tiene detenida por cargos de ese calibre? Nadie lo sabe desde afuera.
Y esa [música] es la trampa de este tipo de historias, que los medios construyen una narrativa, el público la consume y la persona real queda atrapada entre lo que realmente está [música] viviendo y lo que se supone que debería estar viviendo según el guion que otros escribieron para ella. Yadira rompió ese guion varias veces y cada vez que lo hizo generó más confusión que claridad, como cuando [música] en una de esas entrevistas, que parecen acorralamientos más que conversaciones, dijo que no tenía miedo, que el miedo era un lujo que no podía
[música] permitirse y que si tenía que seguir llegando al penal cada semana el resto de su vida, [música] lo haría. Hubo gente que escuchó eso y vio a una mujer enamorada. [música] Hubo gente que escuchó lo mismo y vio a una mujer atrapada. Y hubo gente que simplemente siguió mirando porque era mejor que cualquier telenovela.
[música] Pero Yadira no estaba en una telenovela, estaba en su vida real. Y en su vida real [música] había decisiones que tomar que no tenían nada de dramático y todo de cotidiano. Cómo pagar lo que hay que pagar, [música] cómo gestionar la atención mediática. ¿Cómo mantener una rutina cuando todo alrededor es caos? Hay un detalle de esa época que quedó registrado en algunas [música] entrevistas y que dice mucho sobre cómo Yadira procesó todo aquello.
Empezó a hablar más de [música] su fe, de su religiosidad, de cómo la espiritualidad le había dado un lugar donde pararse cuando el suelo [música] de todo lo demás se movía. Eso tampoco generó [música] unanimidad en el público. Hay quienes lo vieron como algo genuino. Hay quienes [música] lo interpretaron como una estrategia de imagen y hay quienes simplemente [música] se encogieron de hombros porque en el fondo les importaba más el escándalo que la persona.
Pero lo interesante de ese giro hacia la fe es lo que revela sobre [música] cómo alguien busca un punto fijo en medio de un terremoto. Y en [música] el caso de Yadira, ese terremoto llevaba años. Llevaba desde antes de [música] la detención de Collado. Llevaba desde el momento en que eligió dejar su carrera y [música] construir su identidad alrededor de una relación y de un hombre.
Cuando ese hombre desaparece de tu [música] vida cotidiana, aunque sea temporalmente, aunque sea físicamente, el vacío que deja no es solo emocional, es [música] identitario. ¿Quién eres cuando la persona alrededor de la que organizaste tu mundo [música] ya no está presente de la manera en que lo estaba? Esa [música] es la pregunta más profunda que la historia de Yadira Carrillo plantea y es [música] la que los medios nunca terminaron de hacer bien.
Hablemos ahora de Leticia [música] Calderón con más detalle, porque ella es parte de esta historia, [música] aunque no haya elegido serlo y merece ser tratada con la misma complejidad que Yadira. Leticia Calderón nació en Nabojoa, Sonora, [música] en 1966. 5 años mayor que Yadira, otra mujer del norte.
[música] Otro comienzo en Televisa que la convirtió en estrella en los años 80 y 90. Una carrera que incluye algunas de las telenovelas [música] más vistas de la historia de México. Leticia es uno de esos casos donde la trayectoria profesional y la vida personal [música] se entrecruzaron de una manera que el público nunca terminó de separar.
Su relación con Juan Collado, el nacimiento de sus hijos, el diagnóstico de síndrome de Down de Carlo, el nacimiento de Luciano con el mismo diagnóstico. Todo eso ocurrió en la vida de Leticia Calderón mientras ella seguía trabajando, seguía dando entrevistas, [música] seguía siendo una de las figuras más reconocibles del espectáculo mexicano.
¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se mantiene una carrera y una presencia pública, mientras al mismo tiempo tu vida personal está atravesando cosas que a cualquier persona le quitarían el suelo. La respuesta, al menos en el caso de Leticia, parece [música] ser trabajando, siempre trabajando. Y ahí está el contraste con Yadira, que la gente no siempre ve claramente.
Leticia también vivió la presencia de Juan Collado como padre de sus hijos. También vivió las complejidades de una situación familiar que no tenía nada de sencillo. También estuvo en el ojo público durante la detención de Collado, aunque de una manera menos expuesta y más periférica. Pero Leticia no dejó de trabajar.
Eso no la convierte en mejor ni en peor persona que Yadira, pero sí la convierte en un espejo interesante. [música] Dos mujeres, el mismo hombre en el centro de ambas historias, dos estrategias de vida completamente distintas, dos resultados completamente distintos en términos de trayectoria profesional y Yadira lo sabe.
Ese saber es parte de lo que la llevó a decir lo que dijo. Porque cuando reconoces que el mayor error de tu vida fue dejar de trabajar, no puedes evitar mirar al costado y ver a alguien que no [música] cometió ese mismo error, aunque las circunstancias fueran distintas, aunque las presiones fueran distintas, [música] aunque los contextos fueran completamente diferentes, el hecho está ahí y es incómodo.
Y Yadira lo [música] miró de frente. Hay en eso una forma de admiración no declarada hacia Leticia Calderón. Hay un reconocimiento implícito de que la otra mujer tomó una decisión que ella no tomó y que en retrospectiva le habría servido mejor. Nunca lo sabremos con certeza, porque Yadira no lo dijo con esas palabras y probablemente no lo dirá nunca.
Pero la pregunta flota y seguirá flotando. ¿Hay algo más en esta historia? [música] que quiero abordar antes de llegar al cierre y tiene que ver con los hijos. Yadira Carrillo y Juan Collado no tienen hijos juntos. Eso es algo que no siempre queda claro en la cobertura mediática de su historia, donde a veces los hijos de Collado con Leticia aparecen en el contexto de la familia de Yadira de una manera que no corresponde exactamente a la realidad.
Carlo y Luciano son hijos de Leticia Calderón y Juan Collado. Crecieron con su madre y la relación de Yadira con ellos, si es que existe de alguna forma significativa, nunca ha [música] sido objeto de declaraciones públicas claras por ninguna de las partes. Pero lo que si se sabe es que la ausencia de hijos propios en la vida de Yadira es un tema que [música] ella misma ha mencionado en algunas ocasiones con una brevedad que habla de un [música] dolor que no quiere ser desarrollado en público.
Eligió una relación, eligió quedarse y esa relación no le dio hijos. Pensó en eso cuando dijo que había [música] cometido el mayor error de su vida o estaba hablando únicamente de la carrera. Probablemente las dos cosas estaban [música] mezcladas. Probablemente el error que nombró públicamente tenía capas que no quiso abrir frente a la cámara.
Y eso es completamente comprensible. Hay cosas que se dicen y hay cosas que se guardan. Y distinguir entre unas y otras es uno de los pocos actos de control que te quedan [música] cuando tu vida privada es consumida como entretenimiento. Volvamos a la entrevista al momento exacto [música] en que Yadira dice lo que dice. El contexto importa.
Importa mucho. Porque esa declaración no cayó del cielo. Vino después de años de proceso legal, de visitas [música] al penal, de entrevistas donde le preguntaban cosas. que nadie debería [música] tener que responder en cámara de un desgaste que no se ve pero que se acumula. Y en ese contexto, Yadira Carrillo elige hacer algo que muy pocas figuras públicas hacen.
Decir la verdad sobre sí misma, no sobre los otros, sobre sí misma, sobre lo que hizo y lo que dejó de hacer, sobre la decisión que tomó y que con el paso del tiempo aprendió a llamar por su nombre real. un error, no un sacrificio [música] noble, no una elección de amor que siempre llevaría con dignidad. Un error así de [música] sencillo, así de inusual, en un mundo donde la imagen pública se construye sobre una serie de decisiones narrativas [música] que siempre tienden hacia la autojustificación.
Yadira no se justificó y [música] eso en el ecosistema mediático mexicano fue casi revolucionario. Cambió algo eso en cómo el público la percibía en parte sí. Hubo gente que empezó a ver a Yadir a Carrillo de otra manera a partir de ese momento. Gente que durante años la había ubicado [música] únicamente como la esposa de Collado o como la que le quitó [música] a Juan a Leticia y que de repente tuvo que encontrar dónde poner esa declaración dentro de la imagen que ya tenían formada.
No es fácil cambiar la imagen que [música] el público tiene de una persona pública. Requiere tiempo, requiere consistencia, [música] requiere que los medios estén dispuestos a actualizar la narrativa y los medios rara vez están dispuestos a hacer eso porque la narrativa vieja vende mejor que la nueva.

Pero [música] Yadira puso la primera piedra de ese cambio con una frase, con esa [música] honestidad, que llegó demasiado tarde en términos de carrera, pero que quizás llegó en el momento exacto en términos [música] de vida. Y Leticia, ¿cómo quedó Leticia Calderón en todo esto? Leticia quedó [música] donde siempre ha estado trabajando con sus hijos con una carrera que, a diferencia de la de Yadira, tiene una continuidad [música] que el público puede seguir y con una dignidad que, aunque nunca la haya verbalizado de la misma manera, también habla de alguien
que tomó [música] decisiones difíciles y las sostuvo. Dos mujeres, dos historias, el mismo hombre, dos maneras completamente [música] distintas de llegar al mismo lugar, la madurez, la claridad sobre lo que pasó y la convicción de que hay que [música] seguir. Yadira lo dijo en voz alta, Leticia [música] lo vive en silencio.
Y ninguna de las dos tiene razón ni error sobre la otra, simplemente [música] son distintas. Lo que queda de todo esto, lo que persiste cuando bajan las pantallas y se apagan las cámaras, [música] es algo mucho más simple y mucho más pesado que cualquier escándalo. Una mujer que a los [música] 50 y tantos años, después de décadas de vida pública, encontró el valor para mirar su propia historia y decir, “Me equivoqué aquí, en [música] esto, lo hice mal y lo sé. Eso no cierra nada.
La vida de Yadira Carrillo sigue siendo [música] complicada. Juan Collado sigue en proceso legal. La industria del espectáculo sigue siendo lo que es [música] y el nombre de Leticia Calderón seguirá apareciendo cada vez que alguien mencione el de Yadira, porque así funciona la memoria colectiva [música] cuando dos historias se entrecruzan en un punto tan visible.
Pero ese reconocimiento público [música] de Yadira, esa frase sobre el mayor error de su vida, es un punto de inflexión real en cómo ella se ve a sí misma. Y eso, aunque no cure nada ni devuelva nada, tiene un peso que va más allá del chisme. Tiene el peso [música] de la verdad dicha en voz alta. Y la verdad dicha en voz alta, aunque llegue tarde, siempre cambia algo, aunque sea [música] dentro, aunque nadie más lo vea.
Yadira Carrillo rompió el silencio, habló del mayor error de su vida y el mundo previsiblemente pensó en Leticia Calderón, pero la historia real estaba en otro lugar. siempre estuvo en otro lugar, dentro de ella. Y para llegar a eso, para poder decirlo en una entrevista sin que la voz se quiebre demasiado, Yadira tuvo que recorrer un camino que la gente que la mira desde afuera no siempre alcanza a calcular.
Pensemos en los años que van de 2000 a 2019, casi dos décadas. Dos décadas donde Yadira Carrillo existió en el radar mediático de una manera muy particular. [música] presente, pero difusa, conocida, pero sin el tipo de perfil que da el trabajo constante, reconocible, [música] pero por razones que tenían cada vez menos que ver con lo que ella hacía frente a una cámara y cada vez más con quien estaba a su lado.
En ese periodo, la industria del espectáculo en México siguió girando. Siguieron haciéndose telenovelas, siguieron naciéndose estrellas nuevas y apagándose estrellas viejas. Y Yadira estuvo ahí en ese borde extraño entre quien ya fue y quien podría haber sido sin terminar de encajar del todo en ninguno de los dos lados.
Es una posición incómoda, muy incómoda. [música] Y lo que hace esa incomodidad a alguien cuando se sostiene durante años es algo que no se nota de golpe. Se acumula de manera silenciosa, como el óxido sobre el metal, lentamente, sin anuncio, hasta que un día lo que era una superficie brillante está llena de manchas que ya no se van tan fácil.
Yadira lo describió en algunas entrevistas de esa época de una manera que pasó casi desapercibida. Decía que estaba bien, que era feliz, que su vida tenía sentido y plenitud. [música] Lo decía con una convicción que era difícil de cuestionar directamente, pero que al mismo tiempo generaba una ligera inquietud en quien [música] escuchaba con atención.
Porque hay una diferencia entre la persona que dice estar bien porque realmente está bien, y la persona que dice estar bien porque decirlo es la única forma de seguir adelante. Y esa diferencia no siempre es visible en las palabras, [música] está en la pausa antes de la respuesta. En la sonrisa que llega un segundo, demasiado tarde, en la manera en que los ojos van hacia otro lado justo antes de responder, [música] Yadira Carrillo es actriz, sabe controlarse frente a una cámara mejor que la mayoría, pero hay momentos en ciertas entrevistas donde se
ve algo que ningún entrenamiento actoral puede ocultar del todo, el peso de cargar una historia que es más grande que lo que se puede contar en 3 minutos de televisión. Hubo un periodo específico alrededor de 2015 y 2016 [música] donde Yadira empezó a aparecer con más frecuencia en medios, no en proyectos actorales, sino en entrevistas, en programas de espectáculos, en ese tipo de apariciones que en la industria se llaman mantenimiento de imagen, como si mantener visible tu nombre fuera en sí [música] mismo un trabajo. Y lo es. De
hecho, para muchas figuras públicas que no están trabajando activamente, mantener [música] la presencia mediática es el único trabajo que tienen. Dar entrevistas, aparecer en eventos, dejarse fotografiar, generar contenido que los medios puedan consumir y que mantenga [música] el nombre circulando. Es un trabajo agotador y para alguien que fue actriz de verdad, profundamente insatisfactorio.
Adira lo sabe y parte de lo que comunicó en esa declaración sobre el mayor error de su vida tenía que ver con eso, con haber pasado años siendo consumida como figura pública, [música] sin estar produciendo nada que valiera la pena en términos artísticos, sin estar creando, sin estar interpretando, [música] sin estar haciendo lo que en algún momento había sido el centro de su identidad.
Y en ese vacío creativo, en esos años donde lo único que tenía para ofrecer mediáticamente [música] era su vida personal, la relación con Collado se volvió de alguna manera su proyecto principal, su presencia pública más significativa. Eso [música] es un callejón sin salida, disfrazado de estabilidad. Porque cuando tu vida [música] personal es tu único producto mediático y tu vida personal se vuelve complicada, no tienes donde refugiarte.
Los actores y actrices que trabajan continuamente tienen [música] esa válvula, el personaje, el set, el proceso creativo, algo que les pertenece más allá de lo que está pasando [música] en su vida privada, algo que es suyo independientemente de a quién amen o de qué esté [música] ocurriendo en su casa. Y Adira no tenía eso o no lo tenía de la misma manera.
Y cuando llegó julio de 2019 y todo explotó, lo que explotó no fue solo la situación con Collado, [música] explotó también esa estructura frágil que se había ido construyendo durante años sobre la base de una identidad que dependía demasiado de una sola relación, de un solo eje. La resiliencia que Yadira mostró frente a las cámaras durante ese periodo no fue, creo, el resultado de no sentir nada.
fue el resultado de llevar mucho tiempo practicando cómo sostener el peso sin que se note. Eso también es un tipo de fortaleza, un tipo [música] que tiene un costo muy alto. Hay algo que quiero mencionar antes de cerrar [música] esta historia, porque creo que se habla demasiado poco de ello.
La manera en que los medios mexicanos trataron air a Carrillo [música] durante los meses posteriores a la detención de Collado, fue en muchos momentos profundamente injusta, [música] no porque publicaran mentiras, sino porque la pregunta que más se le hizo en distintas versiones y con distintos envoltorios [música] era siempre una variación de lo mismo.
¿Cuándo vas a dejarlo? como si quedarse al lado de su marido fuera una señal de debilidad, como si la decisión de una mujer adulta de sostener [música] a su pareja en el peor momento de su vida requiriera una justificación pública [música] constante, como si el público tuviera derecho a una respuesta que lo satisficiera.
[música] Y Adira nunca dio esa respuesta, porque esa respuesta [música] no existe o existe únicamente para ella en un lugar que no le pertenece a ningún micrófono. Y en eso también hay algo que admira, aunque la historia [música] completa sea tan complicada como lo es, en este negocio, en esta industria, hay una tendencia muy marcada a medir a las personas [música] por lo que producen visiblemente, por los proyectos, por los contratos, por los ratings.
[música] Y esa tendencia aplica con una dureza particular a las mujeres que en algún momento estuvieron en el pico y que después, por la razón que sea, se alejaron. [música] Yadira Carrillo fue víctima de esa medición durante años. Medida [música] contra lo que pudo haber sido, medida contra lo que Leticia Calderón siguió siendo, medida contra la versión joven y brillante de sí misma que había dejado atrás.
[música] Y lo que ella hizo en un momento de claridad que tardó mucho en llegar fue rechazar esa [música] medición. Al decir, “Cometí un error”, dejó de hablar desde el lugar de la víctima de las circunstancias [música] y empezó a hablar desde el lugar de alguien que se hace responsable de [música] sus propias decisiones.
Eso cambia todo, porque la víctima de las circunstancias no tiene agencia. La persona que reconoce su propio error sí la tiene. Y tener agencia, aunque sea retrospectivamente, [música] aunque sea sobre algo que ya pasó y que ya no se puede cambiar, es infinitamente más poderoso que no tenerla. Yadira Carrillo, al decir lo que dijo, recuperó algo.
No su carrera, no los años que no trabajó, no los papeles que no interpretó, recuperó la narrativa de su propia vida. Y eso, en un mundo donde las mujeres [música] públicas raramente consiguen contar su propia historia desde sus propios términos, tiene un valor que va más allá de cualquier telenovela que pudo haber [música] protagonizado.
La historia de Yadira Carrillo no termina aquí. El proceso de Collado sigue, su vida sigue y ella sigue dentro de todo eso, encontrando la manera de ser quien es en circunstancias que nadie eligió. Pero hay un antes y un después de esa declaración, un momento donde algo se asentó, donde la verdad que llevaba años circulando por dentro, finalmente encontró la salida.
Todos pensaron [música] en Leticia Calderón cuando la escucharon. Yadira estaba pensando en sí misma y esa diferencia lo dice todo.