Posted in

Wallis Simpson: Ni Bella, Ni Rica — Pero un Rey Abandonó Su Trono por Ella

Pero debajo de esa determinación de acero, hay una herida que sangra en silencio. Wallis observa como su madre pasa de la viudez a un segundo matrimonio con John Freeman Rassen, que muere también dejándola una vez más a la deriva. Alice termina dando alojamiento a huéspedes para sobrevivir, dependiendo de la amabilidad intermitente de amigos que hoy la invitan a cenar y mañana fingen no verla por la calle.

 Wallis ve cada humillación. Cada sonrisa forzada, cada noche en que su madre se sienta sola en la cocina cuando cree que nadie la mira y hace una promesa que graba a fuego en lo más profundo de su corazón, ella nunca será vulnerable, nunca dependerá de la caridad de nadie, nunca será la mujer que espera sentada a que un hombre la salve o la destruya.

irónicamente, trágicamente pasará toda su vida buscando exactamente eso. Pero eso lo descubriremos más adelante, porque ahora en 1914 una joven Walles de 18 años está a punto de ser presentada en sociedad en Baltimore. No tiene vestido nuevo, el que lleva es prestado. No tiene joyas propias.

 Las que adornan su cuello son de su tía Besie, pero entra en ese salón con una seguridad que hace girar cabezas y que provoca que los jóvenes oficiales de la Marina se tropiecen con sus propias palabras al intentar invitarla a bailar. No es belleza, es algo más peligroso, es presencia. Y esa noche, Wallis comprende algo fundamental. El mundo no te pregunta quién eres realmente, el mundo te pregunta quién pareces ser.

 y ella aprenderá a parecer exactamente lo que necesite ser en cada momento. Hay una imagen de esos años que persigue a Walles durante toda su vida. Es la imagen de su madre, Alice volviendo a casa después de haber cenado en casa de una amiga rica quitándose los zapatos en la puerta porque le dolían los pies de caminar.

 no tenía dinero para un carruaje y sentándose en la cocina a oscuras con un vaso de agua porque no podía permitirse ni un té antes de acostarse. Walles, que tenía siete u 8 años, la observaba desde la escalera sin hacer ruido. Y en ese momento, con una lucidez impropia de una niña, comprendió algo que definiría su existencia entera.

 La pobreza no es solo no tener dinero. La pobreza es la humillación de fingir que no te importa. Y ella juró con la furia silenciosa de quien ha visto demasiado, demasiado pronto que haría lo que fuera necesario para no terminar como su madre, lo que fuera. Años más tarde, ya adulta, cuando le preguntaron cuál había sido el momento más importante de su infancia, Wallis no mencionó ningún cumpleaños, ninguna navidad, ningún viaje.

 Mencionó el día en que comprendió que en América, la tierra de las oportunidades, las oportunidades solo se abren para quienes tienen la llave correcta y que esa llave para una mujer sin dinero y sin belleza extraordinaria solo podía ser una. La capacidad de hacerse imprescindible para alguien que sí la tuviera.

 Pero, ¿a qué precio se mantiene una máscara durante toda una vida? Lo que Walless no sabe todavía es que esa máscara la llevará hasta el salón más poderoso del mundo y que el precio será mucho más alto de lo que jamás imaginó. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen.

 En noviembre de 1916, Wallace Warfield se casa con Earl Winfield Spencer Jr. Un piloto de la Marina de los Estados Unidos. Win, como todos lo llaman, es exactamente lo que una joven de 20 años sin recursos y con hambre de mundo necesita creer que es guapo, apasionado, aventurero, envuelto en el romance del uniforme militar.

 Para Walles, que lleva toda la vida dependiendo de la generosidad de otros, casarse con un oficial de la Marina significa libertad, viajes, aventura, una vida propia, por fin. La boda es elegante, los invitados sonríen, las flores son blancas y abundantes, todo parece perfecto, pero la perfección en la vida de Wall Simpson siempre es la antesala del desastre.

 Win Spencer tiene un demonio. Es alcohólico y no del tipo silencioso. Win bebe con furia, con violencia. Las noches en las residencias militares se convierten en un infierno, puertas cerradas con llave, gritos que atraviesan paredes, botellas que se estrellan contra el suelo. Según relatos posteriores, hubo noches en que Wallis se quedaba encerrada en el baño durante horas, sentada en el suelo frío, con la espalda contra la puerta, esperando a que el silencio le dijera que Win se había quedado dormido.

 Contaba las baldosas para no pensar. Una, 2, 3, 47. Siempre 47. Y cada mañana se levantaba, se maquillaba, se vestía impecablemente y salía a enfrentar al mundo como si nada hubiera pasado. Esa capacidad de fingir que todo está bien cuando todo se derrumba no se aprende en la escuela, se aprende en la infancia, en casas prestadas, mirando a tu madre sentarse sola en cocinas oscuras.

 Wallis ya era experta, pero lo más sorprendente no es lo que Win le hizo, es lo que Wallis hizo después. ¿Por qué no se fue? Porque en 1916 una mujer divorciada es una paria social porque no tiene dinero propio ni familia que la acoja sin condiciones. Porque la vergüenza del divorcio en la América puritana de principios de siglo es peor que la vergüenza de los golpes.

 Y porque Walles, que aprendió de niña a mantener la dignidad cuando todo se derrumba, todavía cree que la resistencia es una virtud y no una trampa. El matrimonio los lleva finalmente a China y aquí es donde todo cambia. Shangai en los años 20 es una ciudad que no duerme. Millonarios y espías, generales y cortesanas, opulencia y miseria separadas por la anchura de una calle.

Las leyes occidentales no se aplican y las chinas tampoco. En esa tierra de nadie todo es posible. Y Wallis, que lleva años encerrada en un matrimonio que la asfixia, respira por primera vez. Se separa temporalmente de Win y por primera vez en su vida adulta sola, sola y libre.

 Frecuenta salones diplomáticos donde se deciden destinos de naciones entre una copa de champán y un cigarrillo. Baila en clubes internacionales hasta el amanecer. Aprende a moverse entre hombres poderosos con una soltura que no enseñan en ninguna escuela de señoritas de Maryland. Descubre que tiene un talento natural para la conversación que deja a diplomáticos experimentados sin palabras.

 Se dice que tuvo romances con un diplomático italiano, con un oficial británico. Nada confirmado, todo posible. I f. Lo que sí es seguro es que la Walles, que llegó a China siendo la esposa asustada de un alcohólico, se fue de allí siendo una mujer completamente diferente, más dura, más sofisticada, note más peligrosamente consciente de su propio poder.

Read More