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ULTIMINIO RAMOS : CONFESÓ ANTES DE MORIR POR QUE MATÒ A 2 BOXEADORES EN 5 AÑOS

Le dijo, “En esta familia nadie llega lejos. Ninguno de mis hermanos llegó a nada. Tu abuelo se murió de hambre. Yo me romperé el lomo lavando los pisos del muelle [música] hasta que se me acabe el resuello. Y ahora veo a los primos de Florida que van a ganar más en [música] una semana de lo que yo gano en un mes. Y soltó otra lágrima.

Encima del papel, [música] el niño limpiabotas de 8 años recién cumplidos le tomó la mano a su padre y le hizo una [música] promesa. Una promesa que le iba a costar. 40 años después [música] pedirle perdón a Dios, le dijo, “Papá, yo voy a llegar a ser el mejor del mundo en algo, [música] no sé en qué, pero tú vas a estar orgulloso de llamarte [música] como yo me llamo.

” Domingo Ramos miró a su hijo y le sonrió sin [música] creerle, pero le sonrió. Número cumputo. Número cumpo. Esa noche [música] el niño guardó el cajón de limpiabotas debajo de su cama y nunca más lo volvió a sacar. Al día [música] siguiente caminó 3 km hasta un gimnasio de boxeo [música] que quedaba en la calle Independencia.

Un gimnasio modesto con un solo ring de madera y olor a sudor viejo. [música] El dueño del gimnasio era un hombre negro con una cicatriz en la ceja izquierda. le decían [música] el mulato Sandoval. Era el entrenador más respetado de la provincia de Matanzas. [música] El niño llegó, se paró enfrente del mulato y le dijo que quería ser boxeador.

El mulato lo miró de arriba a abajo, [música] le calculó los huesos, le tocó los brazos y le contestó, “Estás muy [música] chiquito, estás muy flaco. Aquí no aceptamos niños limpiabotas.” [música] El chamaco no se movió. El mulato le repitió que se fuera. El chamaco siguió ahí parado. Al cuarto día consecutivo, de ver al niño parado en la puerta del gimnasio, el mulato Sandoval soltó la [música] toalla, le dio un par de guantes viejos y le dijo, “Sube al ring traes adentro.

Lo que el niño limpiabotas traía adentro. [música] Cambió la historia del boxeo cubano para siempre. Número. El primer [música] rival del chamaco fue un muchacho de 15 años, hijo de un panadero, el mulato [música] Sandoval. Pensó que sería un calentamiento, una manera de medir las ganas del chico de Matanzas. [música] El chamaco de 8 años recién cumplidos le metió tres [música] golpes seguidos al panadero, le rompió el labio y abrió la ceja [música] del muchacho con el último. El mulato Sandoval.

se paró en el centro del [música] ring, levantó al panadero y miró al chamaco con otros ojos y le dijo, “Mañana vuelve a las 5 de la mañana.” Esa fue la primera [música] frase que recibió el chamaco. Como hombre, no [música] como niño limpia botas. El mulato Sandoval lo empezó a entrenar 5 horas todos los días desde las 5 de la mañana [música] hasta las 10.

Después lo mandaba a la escuela y por la tarde, otra vez al gimnasio hasta las 8 de la noche le enseñó a saltar la cuerda, a moverse [música] de lado, a esquivar con la cintura, pero sobre todo le enseñó a soltar el golpe en un solo [música] movimiento, sin avisar. Domingo Ramos, el padre [música] iba a verlo entrenar.

Los sábados se sentaba en una banca de madera sin decir nada. Solamente lo observaba durante 3 horas seguidas. Una tarde le preguntó al mulato Sandoval si su hijo iba a llegar [música] a algo. El mulato Sandoval lo miró fijo y le contestó. [música] Le dijo, “Domingo, tu hijo va a llegar a ser lo que ningún cubano [música] ha podido llegar a hacer, pero también va a cargar.

[música] lo que ningún cubano ha podido cargar. Domingo Ramos asintió sin entender bien [música] y se fue caminando hasta su casa. Número fue Domingo Ramos. [música] A los 11 años, Ultimio ya tenía 30 peleasur a los 12, 70, a los 13, más de 100. Su récord era casi perfecto, solo había [música] perdido dos veces y siempre por decisión, nunca por knockout.

[música] Pero había algo extraño, algo que el mulato Sandoval notó desde la [música] primera semana de entrenamiento. El chamaco tenía las manos más duras que cualquier boxeador [música] que el mulato había visto en su vida. algo extraño en los nudillos, algo en la densidad del hueso que volvía a cada uno de sus [música] golpes.

En una pequeña explosión, a los 14 años, el chamaco rompió la mandíbula de un boxeador adulto en un combate a Mateur en 100 fuegos. [música] Al joven adulto se lo llevaron al hospital y le tuvieron que poner alambres en la cara. En [música] en en el mulato Sandoval se asustó, lo llevó a un médico, le pidió [música] que le revisara las manos al chamaco.

El médico le dijo que las manos del muchacho eran un fenómeno raro que tenía los [música] huesos del puño más densos que el promedio, como si tuviera pequeños bloques [música] de piedra bajo la piel. El médico le advirtió al mulato que con ese tipo de pegada, el chamaco iba a lastimar gravemente a más de un rival. El mulato Sandoval guardó esa advertencia para él solo.

No se la [música] contó al chamaco, no se la contó al padre y empezó a pensar cómo podía aprovechar comercialmente esa pegada para el público [música] de la época. Un noqueador, era una mina de oro. Las arenas se llenaban. [música] Los apostadores ponían dinero. Los promotores hacían carteles enormes con el nombre del noqueador [música] en letras rojas.

El mulato Sandoval le dijo a sus contactos en la [música] Habana que tenía una joya en su gimnasio de Matanzas y empezó a moverlo [música] hacia la capital. El chamaco viajó por primera vez a La Habana a los 15 [música] años en un autobús viejo, sin asientos, lleno de campesinos que iban [música] a vender frutas. Llegó cargando una mochila de tela donde había guardado tres camisas, [música] un pantalón y los guantes que le había regalado el mulato.

La habana lo deslumbró. Los edificios altos, las luces, [música] los coches americanos, los hoteles de la playa. Esa misma noche lo llevaron a su primer combate profesional el 5 de octubre de 1957. Estaba a punto de cumplir 16 años. El rival se llamaba Charles Pringle, un cubano de 21 años con buen récord amateur.

Lo subieron al ring de la arena Trejo, una arena modesta con olor a humo de tabaco y bombillas amarillas colgando del techo. El chamaco se puso los guantes, tembló un segundo y entró. [música] Cuatro asaltos después, Charles Springle estaba acostado en la lona, inconsciente. El público se levantó de los asientos. Los apostadores se acercaron al rincón del chamaco.

Los managers cubanos que estaban viendo el combate se voltearon a mirarse entre ellos y empezaron a hablar. Los primeros combates profesionales del chamaco fueron una serie de demoliciones brutales, ocho knockouts seguidos, [música] todos antes del cuarto asalto. Los apostadores cubanos empezaron a buscarlo.

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