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RUBEN “PUAS” OLIVARES : Cumple 80 AÑOS y Como VIVE Es Muy TRISTE

Porque mientras México celebraba, alguien ya estaba haciendo cálculos, alguien que no tenía guantes, pero que sí tenía contratos. alguien que sabía exactamente cuánto valía el púas olivares y que tenía sus propias ideas [música] sobre cómo cobrar eso. Estamos llegando a esa parte. El niño de abondojito acababa de ganar el campeonato del mundo.

Lo que nadie le había explicado [música] es que ganar el campeonato del mundo en el México de 1969 [música] era entrar a un sistema donde el talento pertenecía a uno, pero el dinero de ese talento podía pertenecer a cualquiera. Lo que pasó [música] después es lo que esta historia tiene que contar. La gloria, la pelea que no debió aceptar.

Esta es la primera revelación. No es la pelea más famosa del Púas. No es la que más gente vio, pero es la que más dice sobre lo que le hicieron. 1973, el Púas en la cima, campeón reinante, ídolo nacional, el nombre más grande del boxeo mexicano, con su representante tomando decisiones sobre su agenda, sus contratos e sus peleas.

El manager de un boxeador, para quien no lo sabe, no solo decide cuándo pelea su hombre, decide contra quién, decide en qué condiciones, decide qué dinero acepta y qué dinero rechaza. Y a veces, cuando el sistema no tiene mecanismos de control, decide cosas que su boxeador nunca autorizó. Arturo el cuyo en Hernández era el hombre que tomaba esas decisiones por el PUAS.

En el mundo del boxeo mexicano de los años 70, los contratos entre boxeador y manager no tenían el escrutinio legal que hoy existe. Un hombre podía firmar su carrera entera a otra persona con un documento que nadie revisó dos veces. Y hay algo que los cercanos al campamento del Púas empezaron a notar en ese periodo. Peleas que se negociaban con rivales que en papel eran manejables, pero que llegaban preparadas de formas que el campamento del Púas no entendía completamente.

Condiciones que favorecían al otro lado de formas que en el papel no se veían, pero en el ring sí. Carlos Rosales, que fue durante años la persona más cercana a Olivares después de su familia, habló de este periodo en entrevistas posteriores con una economía de palabras que dice más que un monólogo. Había cosas que el Púas no sabía que se decidían con su nombre.

No acusó directamente, no puso nombre a transacciones específicas, pero la frase sola ya dice suficiente. Rubén Olivares, es el mejor boxeador de su generación en México, peleaba en un sistema donde las decisiones sobre su carrera se tomaban en cuartos donde él no estaba. ¿Qué hace un hombre cuando descubre que la persona en quien más confió no le era fiel completamente? El Púas no hizo lo que la mayoría esperaría.

No hubo escándalo público, no hubo denuncia en periódicos. Lo que hizo revela algo sobre su carácter que ningún campeonato puede medir. Ya llegamos a eso, el reinado completo. Antes de hablar de lo que se perdió, hay que entender bien lo que se tuvo, porque no fue poca cosa. Campeón mundial de peso gallo AMB en 1969, noqueando a Lionel Rose.

La trilogía histórica contra Chucho Castillo. Tres peleas, tres guerras, duelos que los hombres de 60 años en México recuerdan round por round, golpe por golpe. Recuperó el título, lo perdió, lo reconquistó. Campeón mundial de peso pluma AMB en 1974. [música] Campeón mundial de peso pluma CMB en 1975. Edo venciendo a Bobby Chacón.

Cuatro cinturones mundiales, dos divisiones. El primero en México en lograr campeonatos en dos divisiones principales. 13 peleas de título mundial, ocho victorias, cinco derrotas, pero hay algo que los números no capturan. El Puas en esa época no era solo un boxeador, era el representante de algo que México necesitaba en ese momento.

Un hombre que salía de la pobreza exacta que millones de mexicanos conocían. Eddie que llegaba a pararse en el mejor escenario del mundo a ganar. Cuando el Púas ganaba en los barrios del Distrito Federal, la gente gritaba desde las ventanas. No porque les importara el boxeo técnicamente, sino porque él era de ahí, era de ellos y cuando él ganaba, algo de esa victoria era de todos.

Eso tiene un precio, no en dinero, en responsabilidad, porque el hombre que representa a todos no puede fallar en público, no puede mostrar debilidad, no puede decir que las cosas en su casa no están bien, aunque no lo estén. Tiene que sonreír y ganar y ser el campeón que el barrio necesita. Aunque en el cuarto de hotel solo las cosas sean diferentes.

Años después, cuando alguien le preguntó cómo explicaba lo que había pasado con su carrera, el Púas respondió con [música] siete palabras que ningún periódico puso en primera plana. Yo no caí, me tiraron. Lo que quiso decir con eso es exactamente lo que sigue. Ser [música] ídolo sin manual.

Ser el campeón del mundo en México en los años 70 significaba cosas muy específicas. Significaba que cuando llegabas al barrio todos querían estar cerca, que la cantina donde antes eras uno más, ahora eras el anfitrión permanente. Que el hombre que antes te pedía prestado, ahora te ofrecía un negocio. Que la gente que nunca te había dado nada de repente tenía mucho para darte, siempre y cuando tú les dieras primero.

Noel PAS ganó más de 2 millones de dólares a lo largo de su carrera. En los años 70, una fortuna con la que bien administrada no habría necesitado trabajar en el resto de su vida y la perdió. Pero antes de decir simplemente la perdió, [música] hay que ser exactos sobre cómo y a manos de quién, porque una parte se fue en fiestas.

Eso es real y él lo admitió. Una parte se fue en el alcohol. Eso también es real y él también lo admitió. Pero hay una parte de la que se habla menos, en la que se fue en manos de gente que le ayudaba a administrar. Los negocios que firmó sin leer los contratos, los préstamos que dio sin papeles, porque en la bondojito los papeles eran insulto entre hombres de palabra.

Los asesores que les recomendaban inversiones y que se quedaban con la comisión antes [música] de que la inversión existiera. Me han robado mucho dinero. Lo dijo él con esas palabras exactas. No fue solo el alcohol, no fue solo el barrio, lo fue también un sistema que rodea a los campeones pobres y que sabe exactamente [música] cómo aprovechar que un hombre extraordinario en el ring puede ser completamente ordinario cuando se trata de contratos y letras pequeñas.

Mientras el Púas llenaba estadios, en la Bondojito había semanas difíciles. Su familia, sus hijos, las personas que él más quería proteger. Esa parte la contó él mismo con detalles que en su momento nadie quiso [música] publicar completos. Llegamos a esa parte ahora, lo que pasaba en Lavondojito. Esta es la segunda revelación.

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