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ROSALÍA MERA: La mujer que creó ZARA con Amancio Ortega y que la historia BORRÓ

Y Amancio pensaba, observaba el mercado, buscaba la ventaja que nadie más había encontrado todavía. Los dos se casaron en 1966 y el matrimonio fue desde el primer momento también una sociedad empresarial real, no de esas sociedades donde uno manda y el otro ejecuta, sino de las que funcionan porque los dos aportan cosas que el otro no tiene y que juntas crean algo que ninguno de los dos podría haber creado solo.

Hay un detalle que me parece importante mencionar aquí y que muy pocos análisis de la historia de Inditex incluyen. El mercado objetivo inicial de Zara no era la clase alta española, no era la moda de lujo, era exactamente el mercado del que venían Amancio y Rosalía, la clase trabajadora, la gente que quería vestir bien sin poder gastar mucho, gente como sus propias familias.

Esa conexión emocional y social con el cliente objetivo no era una estrategia de marketing elaborada en una sala de reuniones. Era genuina. Venía de haber vivido esa realidad desde dentro durante toda la infancia y la juventud. Y Rosalía, que tenía esa capacidad natural de entender a las personas, era una parte fundamental de esa conexión.

Cuando en 1975 abrieron la primera tienda Zara en la calle Juan Flores de Aoruña, Rosalía, estaba ahí no como espectadora, ni como acompañante del fundador, como protagonista, como alguien que había ayudado a construir cada paso del camino que había llevado hasta ese momento. Su nombre aparece en los documentos fundacionales de Inditex como cofundadora.

A finales de los años 80, Zara ya no era la pequeña tienda de la calle Juan Flores de Aoruña. Era una cadena en plena expansión. Había tiendas en las principales ciudades españolas. La internacionalización había empezado. El negocio crecía a un ritmo que pocas empresas españolas habían visto nunca. Y dentro de ese crecimiento, dentro de esa empresa que Rosalía había ayudado a construir desde aquella habitación sin ventanas en 1963, algo se estaba rompiendo.

Amancio Ortega había tenido una relación con otra mujer, con Flora Pérez Marcote, que trabajaba en Inditex. De esa relación había nacido una hija. Se llamaba Sandra Ortega Mera y llevaba el apellido de Rosalía como segundo apellido, aunque no era hija de ella. Piensa en lo que eso significa un momento. Una mujer que durante más de 20 años ha construido algo con su marido, descubre que ese marido ha tenido a Mike temido una hija con otra persona.

Una hija que lleva su propio apellido, que es, en cierto modo, parte de la familia que ella había construido, pero que al mismo tiempo es la prueba más concreta de una traición. ¿Cómo reaccionas a algo así? Rosalía Mera reaccionó de la única manera que era coherente con el tipo de persona que era, sin escándalos públicos, sin declaraciones a la prensa, sin buscar la compasión de nadie, en silencio, con dignidad y con la claridad suficiente para saber exactamente lo que quería y lo que se le debía.

El divorcio llegó y el proceso que siguió fue uno de los más silenciosos y más complejos de la historia empresarial española. Los detalles exactos de lo que se negoció nunca han sido completamente públicos, pero el resultado sí se sabe. Rosalía Mera se quedó con el 7% de las acciones de Inditex. Ahora bien, hay algo importante que entender sobre ese 7%.

En el momento del acuerdo, a finales de los años 80, Inditex no cotizaba en bolsa. Era una empresa privada, nadie sabía con certeza cuánto valía. Ese 7% podía ser mucho o podía ser poco dependiendo de hacia dónde fuera el negocio en los años siguientes. Lo que Rosalía sabía, lo que tenía que saber después de más de 20 años construyendo ese negocio desde dentro, es que ese 7% era valioso, que la empresa iba a seguir creciendo, que lo que tenía en las manos no era solo un porcentaje de una empresa, era el reconocimiento legal y económico de

décadas de trabajo. Y en el año 2001 el mundo descubrió exactamente cuánto valía ese reconocimiento. Cuando Inditex salió a bolsa en la mayor oferta pública de venta de la historia de España, los analistas financieros de todo el mundo se pusieron a analizar el accionariado de la empresa y encontraron algo que nadie esperaba.

Había una mujer con el 7% de las acciones, una mujer cuyo nombre muy poca gente conocía, una multimillonaria que de la noche a la mañana tenía una fortuna de más de 1000 millones de euros. Esa mujer era Rosalía Mera. Suscríbete si no lo has hecho ya, porque lo que viene a continuación es lo más importante de toda esta historia, lo que hizo Rosalía Mera con ese dinero y por qué esa decisión dice más sobre ella que cualquier otra cosa que puedas saber de su vida.

El mundo quería entrevistar a Rosalía Mera. Los periodistas económicos llamaban a su puerta. Las revistas de sociedad querían saber quién era esa mujer misteriosa que de repente aparecía entre las personas más ricas de España. Los programas de televisión querían su historia. Rosalía dijo que no a prácticamente todo.

No le interesaba la fama, no le interesaba el reconocimiento público y, desde luego, no le interesaba convertirse en un personaje mediático cuya historia principal fuera haber sido la exmujer. Porque para entonces Rosalía Mera tenía ya un proyecto completamente propio, algo que no tenía nada que ver con Inditex, ni con la moda, ni con los negocios en el sentido convencional de esa palabra.

Tenía que ver con su hijo Marcos. Marcos Ortega Mera había nacido con daño cerebral grave a consecuencia de complicaciones durante el parto. Y Rosalía había vivido durante décadas la realidad de criar a un hijo con ese tipo de discapacidad en una España que no estaba preparada para ello. Las instituciones eran escasas, los tratamientos eran limitados, los profesionales especializados eran pocos y estaban concentrados en las grandes ciudades.

Las familias que tenían un hijo con daño cerebral adquirido se encontraban solas ante una situación para la que nadie les había dado herramientas ni apoyo real. Rosalía lo sabía porque lo había vivido, no en abstracto, no desde la distancia de alguien que lee sobre el tema en un informe. Lo había vivido en el día a día durante años.

Había buscado ayuda y en muchos casos no la había encontrado. Había visto de cerca como el sistema dejaba atrás a las familias más vulnerables simplemente porque nadie había construido todavía la infraestructura necesaria para ayudarlas. Y cuando llegó el dinero, cuando de repente tuvo más recursos de los que podía gastar en varias vidas, tomó una decisión que sorprendió a quienes esperaban que hiciera lo que hacen la mayoría de las personas cuando obtienen una fortuna inesperada.

Fundó la Fundación Paideya en A Coruña institución pionera en España dedicada a la rehabilitación y la integración social de personas con daño cerebral adquirido. Un centro con los mejores equipos disponibles, con los mejores profesionales que el dinero podía contratar, con un enfoque integral que no solo trataba la lesión neurológica, sino que acompañaba a toda la familia en el proceso de adaptación y recuperación.

Paideya fue durante años la referencia en España para este tipo de atención. Marcó un estándar que obligó a otras instituciones a mejorar. Formó a profesionales que después trabajaron en otros centros de todo el país. Ayudó a miles de familias que sin esa fundación habrían tenido que enfrentarse solas a una situación devastadora.

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