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Marilyn Monroe: Iba a Casarse… 3 Días Antes de Morir

En una de esas casas de acogida, cuando ella tiene apenas 8 o 9 años, un inquilino mayor la lleva a su cuarto y abusa de ella. Cuando se lo cuenta a la mujer que la cuida, esa mujer la abofetea y le dice que es una mentirosa, que no diga nunca más cosas tan horribles. Marilyn aprende ese día que decir la verdad puede ser más peligroso que callarla.

Aprende a no confiar en nadie. Aprende a esconderse detrás de una sonrisa. esa sonrisa, esa que el mundo entero conocería años después, esa sonrisa enorme y luminosa que parecía iluminar las pantallas. Esa sonrisa nació en una casa de acogida como una máscara para sobrevivir y nunca se quitó.

A los 16 años las autoridades le comunican que ya no pueden mantenerla en el sistema de acogida. Tendría que volver al orfanato hasta los 18. Pero hay otra opción. Un vecino joven, James Dowy, 20 años, hijo de una familia obrera del barrio, está dispuesto a casarse con ella, no por amor, por arreglo. Es una manera de mantenerla fuera de las instituciones.

La tía Ana le da su bendición. Norma Jean no tiene madre que la acompañe al altar, no tiene padre que la entregue. El día de la boda, el 19 de junio de 1942, lleva un vestido prestado de una vecina, unos zapatos demasiado grandes que rellena con papel y un ramo de flores cortadas de los jardines del barrio. La fotografía oficial muestra a una chica casi niña con los ojos enormes, sosteniendo la mano de un muchacho que no la mira.

Tiene 16 años, no ha terminado el bachillerato, no conoce a su padre, su madre está encerrada en un manicomio. Su tía acaba de morir y ahora se llama Norma Jean Dharty. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. La guerra estalla en el Pacífico.

James se enrola en la Marina Mercante. Norma Jean se queda sola en California intentando aprender a ser un ama de casa adolescente. Aprende a cocinar, lava la ropa, riega las plantas, escribe cartas larguísimas a su marido, cartas que su marido casi nunca le contesta, porque escribir no era lo suyo y se aburre soberanamente. Tiene 17 años, 18, y siente que su vida ya ha terminado antes de empezar.

Entonces, en abril de 1944 encuentra trabajo en una fábrica de aviones, la Radio Plany en Vanis. Sopla pegamento sobre fuselajes de aviones teledirigidos. Inspecciona paracaídas. Una tarde de junio, un fotógrafo del ejército llega a la fábrica para hacer un reportaje sobre las mujeres que sostienen el esfuerzo de guerra.

Se llama David Conover. Y cuando levanta la cámara hacia esa chica de pelo rizado castaño con las mejillas manchadas de aceite, algo en su visor le hace bajar el aparato, mirarla otra vez y volver a levantar la cámara. Conover diría años después. Era una persona normal hasta que la miraba la cámara y entonces se transformaba, la cámara la encontraba.

Esas fotos circularán por agencias de modelos. En agosto de 1945, una agencia llamada Bluebook contrata a Norma Jean. Le pagan 5 por hora. Le tiñen el pelo de rubio platino porque el rubio vende más, le explican, le enseñan a posar, a sonreír de cierta manera, a inclinar la cabeza, a entreabrir los labios.

En menos de un año, Norma Jean Dowgardy aparece en 33 portadas de revistas y en algún lugar de su mente una idea empieza a tomar forma, una idea peligrosa, una idea que destruirá su matrimonio. Hollywood y si pudiera estar en las películas. Y si pudiera ser alguien que nadie pueda abandonar nunca más. En septiembre de 1946 firma el divorcio.

James llora, le dice que la quiere. Ella le contesta, según un testigo, una sola frase, lo siento, pero tengo otra vida que vivir. Tiene 20 años. Acaba de cortar el último lazo con la persona que conocía. Una semana después entra por primera vez en los estudios de la 20ed Century Fox. Hace una prueba de cámara muda sin diálogo, solo caminando, sentándose, encendiendo un cigarrillo.

El jefe del estudio, Daryl Sanuk, mira la prueba dos veces. le firma un contrato de 6 meses, 5 a la semana y le pide que cambie de nombre. Norma Jean Dowarty. No suena a estrella le dice, necesita algo más corto, más musical. I one más fácil de recordar. Esa noche, en una oficina de la Fox, un ejecutivo llamado Ben Lion le propone tres nombres.

Norma Jean elige uno, lo combina con el apellido de soltera de su madre Monroe y nace oficialmente Marilyn Monro. Lo que ella todavía no sabe es que Norma Jean no va a desaparecer. va a seguir viva, escondida dentro de Marilyn y va a ser ella, Norma Jean, la que años después llore en silencio en los baños de los estudios, la que tome pastillas para dormir, la que llame a su padre desde un teléfono público.

Marilyn será el escudo. Norma Jean será la herida abierta detrás del escudo. Los primeros años en la Fox son una decepción. Le dan papeles minúsculos. Tres frases en una película. una aparición de pie en otra. Le piden que pose para fotos publicitarias en traje de baño sobre la nieve con un sombrero ridículo. La utilizan como decoración.

Le dicen que sonría, que enseñe los dientes, que enseñe las piernas, que no piense demasiado. En 1947, después de 6 meses, no le renuevan el contrato. La despiden. Tiene 21 años. Ningún ahorro. Una habitación de hotel a de ver y un carro que pierde aceite. Vive en El Studio Club, una residencia para chicas pobres que querían entrar en el cine.

Por semana, tres comidas al día, una cama por habitación compartida, decenas de chicas como ella llegadas de Iowa, de Texas, de Oklahoma. Con un sueño y un dolor de estómago. Casi todas volverán a casa. Solo una de cada 100 se quedará. Marilyn está decidida a hacer esa una para sobrevivir. Posa desnuda. Es 1949.

Un fotógrafo llamado Tom Kelly le ofrece $50 por una sesión sobre una sábana de terciopelo rojo. Necesita esos $50 para pagar el alquiler. Acepta. Firma con un nombre falso. Mona Monro. Esas fotos 4 años después casi destruirán su carrera, pero por ahora son $50 y una noche más con un techo sobre la cabeza.

Vive en un apartamento minúsculo. Come pasta sin salsa, toma clases de interpretación con un profesor ruso, Michael Chehov, sobrino del gran dramaturgo. Lee a Stanislavski, lee a Freud, le a Lincoln. Aprende sola, en silencio en una habitación con una sola lámpara, lo que las niñas privilegiadas de Beverly Hills aprenden en universidades.

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