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MARIANA LEVY: 20 YEARS LATER, THEY REVEAL what really happened that afternoon

Mariana, con 18 años ya tenía un club de fans. Una de esas fans, años después en redes sociales, contó algo que le pasó. Yo tenía 14 años. Ahorré para comprarme el cassete de fresas con crema. Lo escuchaba todas las noches antes de dormir. Y un día en un programa de televisión vi a Mariana cantar cosas del amor y pensé, “Yo de mayor quiero ser como ella, que se la viera bonita, pero no presumida, bonita, pero buena, que se podía hacer eso, que las dos cosas no eran incompatibles.

Eso me lo enseñó Mariana antes de saberlo yo. Bonita pero buena. Eso fue Mariana en los 80 para miles de niñas mexicanas de fresas con crema. Mariana saltó al cine, hizo películas chicas y en 1989 llegó la oportunidad que cambiaría su vida. Una telenovela, La pícara soñadora. Si naciste antes de 1980, esa telenovela la viste, aunque sea en reposiciones, aunque sea de chiquito en la cocina mientras tu mamá cocinaba, aunque sea 5 minutos por la noche cuando llegabas de la escuela.

La pícara soñadora se transmitió por las estrellas. Canal 2. Era la historia de una muchacha pobre, soñadora, que se enamora de un hombre rico. Lo de siempre. Pero Mariana le dio algo distinto al personaje, una ternura que no se podía actuar, una vulnerabilidad que el público sintió como propia. Quien trabajó con ella en aquellas grabaciones cuenta que Mariana llegaba siempre antes que nadie al set, que estudiaba sus textos toda la noche, que entre escena y escena se sentaba en una silla y leía libros. Mariana leía mucho, le gustaba

la poesía, le gustaban Octavio Paz y Pablo Neruda. Una vez, según contó un compañero del rodaje, una hora antes de grabar una escena de llanto, alguien la encontró en su camerino llorando de verdad. Le preguntaron qué le pasaba. Mariana contestó, “Nada, estoy entrando en la escena. Es la única forma, la única forma.

” Mariana, para llorar en cámara necesitaba llorar antes en su camerino. No le bastaba con actuar, tenía que sentirlo. Y a lo mejor por eso el público mexicano se la creyó tanto, porque Mariana, cuando lloraba en una telenovela, no estaba fingiendo, estaba acordándose de algo. La pícara soñadora fue un éxito gigante. La vio toda Latinoamérica en Argentina, en Colombia, en Bolivia, en Cuba, en Venezuela, en Centroamérica, en España.

Mariana Levi ya no era la hija de Talina, era Mariana Levi y por primera vez en su vida era ella sola. Talina, su mamá, lo dijo años después en una entrevista. La periodista le preguntó cuándo se había dado cuenta de que su hija era una estrella. Italina contestó, “El día que un señor en el supermercado se me acercó y me dijo, usted es la mamá de Mariana Levi, ¿verdad? Esa fue la primera vez que dejé de ser yo y empecé a ser la mamá de mi hija. ¿Y sabes qué? Me gustó.

Me gustó muchísimo. Pensé, “Por fin mi hija va a ser ella. Por fin mi hija va a ser ella.” Pero Mariana, esa felicidad de ser ella sola le iba a durar lo mismo que le dura a casi todas las mujeres del mundo del espectáculo, hasta que se enamoró del hombre equivocado. El primer hombre fue Ariel López Padilla.

Y aquí, presta atención al dato, porque luego cuando hablen de los tres hijos de Mariana, vamos a saber de quién es cada uno. Y porque la familia se enoja mucho hasta hoy, cuando alguien dice mal estas cosas, Mariana Levi se casó dos veces. La primera con Ariel López Padilla, actor mexicano. Hijo, dato curioso del legendario Hugo Stiglitz, aquel actor de cine de los 80.

Ariel y Mariana se conocieron grabando una telenovela. Era el año 1992. Mariana tenía 26 años. Se enamoraron rápido. Se casaron casi al año de conocerse. Mariana llevó vestido blanco. Talina lloró en la primera fila. Su hermano Coco la entregó al altar y muy poco después llegó la noticia. Mariana estaba embarazada.

La niña nació en 1994. Le pusieron María, una niña preciosa. Ojos grandes, mirada de mamá. Talina, la abuela, no salió de aquella habitación de hospital. Cuentan los que estuvieron ahí que Talina, esa mujer educada en el alemán, esa periodista experta que entrevistaba a Miss Universar, se puso a llorar como una niña cuando le pusieron a María en los brazos por primera vez.

“Por fin”, dijo Talina, según contó después una enfermera. “Por fin tengo a alguien chiquito otra vez.” Mariana, recién parida, vio a su madre llorando con la nieta en brazos y según contó después una de las enfermeras de aquella habitación, Mariana le dijo a Talina algo que se quedó. Mami, ahora te toca a ti, que esta niña no tenga que preguntarte si la quieres.

Y Talina lo entendió. Talina lo entendió perfectamente y por eso durante los siguientes 11 años Talina fue para María lo que no había podido ser para Mariana, una abuela presente, una abuela que la recogía de la escuela, una abuela que le hacía la merienda, una abuela que se quedaba a dormir en su casa cuando Mariana grababa por las noches, una abuela que la metía en la cama y le contaba cuentos en alemán hasta que la niña se dormía.

Talina hizo con su nieta lo que no había podido hacer con su hija y por eso, después de aquel 29 de abril, cuando Mariana ya no estaba, Talina supo lo que tenía que hacer, sostener a María como fuera, como pudiera, aunque tuviera que tragarse el dolor por los siglos de los siglos. Pero ese matrimonio no duró. Ariel y Mariana se separaron a los 2 años del nacimiento de María.

Hubo problemas, hubo distancia, hubo cosas que Mariana hasta su último día no quiso contar a nadie. Ariel siguió con su carrera. Mariana se quedó con la niña y empezó una nueva fase de la vida de Mariana Levi, madre soltera, 30 años, una niña pequeña, una carrera que no daba para tanto y una mamá famosa cuyo apellido pesaba como una losa.

Si has sido madre soltera, sabes lo que es eso. Si te tocó vivir aquellos años cuando una mujer divorciada en México todavía cargaba con ese estigma callado en las casas, ¿sabes lo que pasó por la cabeza de Mariana? Mariana con 33 años, una niña de cinco y una carrera que empezaba a apagarse, quería a alguien, quería que alguien la cuidara también.

Y entonces apareció el segundo y desde el primer día las amigas se mosquearon. José María Fernández, apodo. El Pirru le ofreció a Mariana algo que ella necesitaba o eso parecía. Si me preguntas a qué se dedica el Pirru, te tengo que decir la verdad. ni la familia entera lo tiene del todo claro. Oficialmente es arquitecto.

Hay quien dice que también productor, hay quien dice empresario. Lo que sí está claro es que cuando Mariana lo conoció, el Pirru tenía dinero, mucho dinero, y casa en las lomas y coche grande, y los amigos de la mejor zona. Pero ese dinero, decían algunos en el medio, no se sabía muy bien de dónde venía. Algunos decían que era de familia, otros decían que de negocios que no se contaban y otros más callados decían algo peor.

Pero eso en el medio no se decía en alto. Mariana se enamoró igual. O quizás se enamoró por eso mismo, porque Mariana, esa niña que a los 5 años preguntaba si su mamá la quería, esa mujer que ya había aguantado un divorcio sola con una hija, esa cantante de fresas con crema que estaba viendo como su carrera empezaba a pagarse, necesitaba un sostén.

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