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LUPE PINTOR: su NOCHE más OSCURA… La MUERTE en el ring que DESTRUYÓ al campeón

Botos, el que hacía que el barrio fuera tolerable cuando todo lo demás no lo era. [música] El ruso era el mejor amigo de Lupe en Cuajimalpa y el ruso fue asesinado cuando todavía era un niño. Nunca se supo quién ni por qué. Eso pasa en ciertos barrios de cierta ciudad de México. En ciertos años la gente desaparece de golpe, sin explicación, sin justicia, y los que quedan aprenden a cargar con esa ausencia sin que nadie les enseñe cómo hacerlo.

Fue la primera vez que Lupe Pintor perdió a alguien de golpe, sin aviso, sin despedida, sin la oportunidad de decir ninguna de las cosas que se quedan sin decir. No sería la última. Escucha esto. [música] Hay un momento en la vida de ciertos hombres donde el dolor acumulado deja de ser solo peso y se convierte en decisión.

Para Lupe Pintor, ese momento llegó cuando tenía alrededor de 12 años, una noche en la que su padre lo golpeó una vez más y él por primera vez en su vida, levantó la mano y lo detuvo. No para pegar, para parar. le habló de usted porque eso era el respeto que el barrio había enseñado, pero le dijo con una claridad que él mismo recuerda décadas después.

“La próxima [música] vez que me toques te pongo en la madre.” Su padre lo corrió de casa esa misma noche. Era de madrugada y Lupe se fue. Vivió un tiempo en las calles [música] del centro del Distrito Federal. No mucho tiempo, el mismo aclara que duró poco como indigente, pero el suficiente para entender que el mundo de afuera no era más amable que el de adentro.

Aprendió a cuidarse a sí mismo de la única [música] forma posible en ese contexto, siendo el más duro de la cuadra, el que repartía antes de recibir, el que hacía que atacarlo costara más de lo que valía. Siret, un vecino de Cuajimalpa, lo reconoció en el centro y reveló su paradero a la familia. [música] tuvo que regresar a casa, pero algo había cambiado en esa dinámica para siempre.

Su padre lo miraba diferente ahora con respeto. Y Lupe entendió una lección que el ring confirmaría miles de veces después. El mundo solo te trata bien cuando le demuestras que no le tienes miedo, que tienes nada que perder, que las consecuencias te importan menos que mantener la dignidad. no fue en la calle, sino en las instalaciones del Comité Olímpico Mexicano, donde encontró finalmente la estructura que necesitaba.

Durante dos o tres años, mientras aprendía a boxear en serio con entrenadores, de verdad vivió ahí. se convirtió en boxeador de 10 rounds, mientras en Cuajimalpa nadie sabía todavía lo que estaba pasando con el indio del barrio. Lol, la melena Sabache, que le ganó ese apodo, enmarcaba una cara donde la intensidad era lo primero que notabas cuando lo mirabas de frente.

No el tamaño, no la musculatura, la intensidad, la mirada de quien tiene algo que demostrar y no piensa irse de ningún lugar hasta demostrarlo. A los 19 años, en 1974, José Guadalupe Pintor Guzmán firmó su primera pelea como boxeador profesional. La ganó por knockout ante Manuel Vázquez. No fue una coincidencia que ese fuera el resultado de su debut ni que terminara de esa forma.

Fue el inicio de un patrón que se repetiría 41 veces más a lo largo de su carrera. Lupe Pintor no era el tipo de boxeador que ganaba por puntos cuando podía ganar por knockout. tenía las manos para terminar peleas antes del límite y le gustaba usarlas. [música] Eso, grábate este detalle. Pintor no tenía el físico imponente que uno imagina cuando piensa en un campeón del mundo de las 118 libras.

Era compacto, no alto, de piel oscura y una complexión que no intimidaba desde fuera del ring. Lo que tenía era algo que los entrenadores describen como corazón, pero que en realidad es otra cosa más específica y más difícil de fabricar. [música] La capacidad de absorber el castigo sin retroceder, de recibir un golpe que te sacude, perder un momento la claridad y encontrar en ese momento de oscuridad breve la fuerza [música] exacta para contraatacar.

Eso no se entrena en un gimnasio con ninguna técnica. Eso se construye en una infancia donde no tienes otra opción que aguantar o desaparecer y decides aguantar. Su primera derrota seria llegó en 1976 ante Alberto Dávila, un futuro campeón mundial por decisión en 10 [música] asaltos. Podría haber sido el inicio del fin para un boxeador con menos determinación.

Para Lupe Pintor fue otra cosa. La respuesta a esa derrota fue una racha de 22 victorias consecutivas, 22 peleas ganadas en fila sin perder una sola. Entre los vencidos durante ese periodo estaban Gerald Hees, que después derrotaría a Juan Laport y Antonio Becerra, el único boxeador que en toda su carrera había podido vencer a Salvador Sánchez.

No eran rivales de relleno, [música] eran peleadores de nivel y Pintor los fue superando uno por uno con una consistencia que no dejaba espacio para dudar de lo que se estaba construyendo. Para 1979, ya nadie en el boxeo mexicano podía ignorarlo ni minimizarlo. Y el boxeo mexicano tenía entonces un rey indiscutido en las 118 libras.

Carlos [música] Árate, el Cañas al uno de los mejores boxeadores que ha dado México en cualquier época y uno de los mejores de su categoría en la historia del deporte mundial. [música] Sarate tenía un récord de knockouts que aún hoy produce vértigo cuando lo lees. Cuando Pintor se le cruzó en el camino, la pregunta que todos hacían no era si Sara te ganaría, era cuánto iba a durar el grillo de Cuajimalpa antes de caer.

El 3 de junio de 1979, Lupe Pintor y Carlos Sarate se subieron al ring para disputar el título mundial de peso gallo del [música] Consejo Mundial de Boxeo. La pelea fue pareja, muy pareja. Y en el cuarto asalto hubo una polémica que dura hasta hoy sin resolución definitiva. Pintor cayó tras un golpe que algunos sostienen que iba dirigido [música] al cinturón y era ilegal.

Los jueces lo procesaron de formas distintas. [música] Al final de los 15 asaltos. Según la decisión dividida fue a favor de Lupe Pintor, nuevo campeón mundial del CMB en peso gallo. Sarate, que consideró que le habían robado el título, se retiró del boxeo furioso con el mundo. La controversia sobre esa pelea no ha cerrado en décadas, pero el cinturón quedó en manos de Lupe y eso es lo que cuenta en el deporte.

Grábate este momento porque es importante entender que estaba en juego. Carlos Sarate no era cualquier rival. Hasta el día de esa pelea en 1979, Sarate tenía un récord que producía respeto genuino en cualquier rincón del boxeo mundial. Noqueaba prácticamente todo el que se le ponía enfrente. Era el tipo de boxeador que hace que los rivales busquen excusas antes de firmar el contrato y Lupe Pintor firmó sin dudar.

Pero porque eso era lo que había aprendido en Cuajimalpa, que esquivar los golpes difíciles no te lleva unucos a ningún lado, que la única forma de saber si eres suficientemente bueno es enfrentarte al mejor disponible y descubrirlo en el ring. La victoria contra Sarate no fue solo un título, fue la validación de todo el recorrido. Fue el momento en que el niño de la colonia Jesús [música] del Monte, el que había dormido en las calles del Distrito Federal unos años antes, el que había entrenado en el Comité Olímpico Mexicano mientras nadie en Cuajimalpa sabía lo

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