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Libertad Lamarque: Se atrevió con Evita… y esa noche la destruyeron

No había [música] plan B. No había vuelta a casa con la cabeza baja, imagínatela por un segundo. Pisando corrientes por primera vez, mirando las marquesinas encendidas, escuchando a los cantantes en los cafés, viendo pasar los taxis, los trambías, la gente elegante entrando a los teatros y sabiendo en el fondo del pecho que ahí tenía que hacerse un lugar, que esa ciudad tan grande, tan fría, con los que no tenían recomendaciones, [música] iba a tener que escucharla tarde o temprano.

por suerte, por trabajo. Se metió. Vaya si se metió. Aprendió cosas que no enseñan ningún libro. Aprendió a fraseo, [música] a medir la respiración, a esperar el aplauso sin mendigarlo. Aprendió a manejar empresarios que en aquella época se creían con derecho sobre las cantantes jóvenes. Libertad puso límites desde el primer día y esa fama de estricta, de difícil, de imposible de manejar, empezó a acompañarla muy pronto, porque a las mujeres que no aflojan, [música] siempre se les dice difíciles. Llegó la radio y

la voz de libertad se metió en todas las casas del país. Llegaron los discos y su nombre empezó a sonar en ciudades donde ella [música] ni siquiera había estado. Llegó el tango, un género dominado por hombres, [música] y ella se hizo un lugar arriba, no al lado, arriba. Piensa en eso un segundo.

En los [música] años 30 en Argentina, las mujeres que cantaban tango eran pocas. Las que cantaban tango y tenían nombre propio, menos. Las que cantaban tango tenían nombre propio y además dirigían sus carreras decidiendo con quién grabar y con quién no. Casi ninguna libertad era de esas, de las que no se dejaban poner. Llegaba temprano a los estudios, [música] se sabía las letras, no toleraba la falta de profesionalismo, cuidaba cada detalle del vestuario, cuidaba la voz como si fuera un instrumento prestado que había que devolver intacto. Cuando

entraba a un estudio, todo se ponía serio. Los músicos se acomodaban el traje. Los técnicos dejaban de bromear. No porque ella gritara, nunca gritaba, pero tenía una mirada, una presencia, una manera de estar parada que hacía que el ambiente cambiara. Y esa autoridad en una mujer joven en esa Argentina era rarísima, era casi peligrosa.

Y después llegó el cine. Antes de seguir con lo más importante de esta historia, me permito interrumpir un momento con mi propia voz. [música] Quería darte las gracias por estar ahí al otro lado de la pantalla. Como ves, en este canal [música] nos tomamos muy en serio estas investigaciones porque creemos que estos grandes artistas merecen ser recordados con respeto.

Si tú también lo crees, me ayudaría muchísimo que te suscribieras ahora mismo. Es un gesto pequeño para ti, pero es lo que permite que yo pueda eh seguir dedicando [música] días enteros a rescatar estos recuerdos. Es y ahora sí volvamos a [música] lo que estábamos contando. El cine sonoro argentino vivía su época de oro.

Había estudios, había dinero, había público y libertad, que ya era un nombre enorme en la radio, dio el salto a la pantalla con una naturalidad que asustaba porque la cámara también la quería. No era la belleza de Hollywood, era otra cosa. Era una mujer con dignidad en la cara, una mujer a la que creías cuando lloraba. Una mujer a la que creías cuando sonreía con amargura.

Una mujer a la que incluso cuando hacía de víctima nunca le quitabas la fuerza. [música] Protagonizó películas que se vieron en toda América Latina. Sus melodramas cantados viajaban. Se veían en México, en Chile, en Colombia, en [música] Venezuela, en Cuba, en También. La gente se aprendía sus canciones. Las mujeres lloraban en los cines con sus películas.

Su nombre, Arriba de la marquesina ya era garantía de sala llena. Los taxistas la saludaban desde la ventana. Las costureras en los talleres [música] se sabían sus canciones de memoria. Las abuelas en los pueblos pedían que les pusieran sus [música] discos. Libertad la Marque en ese momento no era solo un artista, era parte del paisaje afectivo de un país entero.

Y eso cuando una se lo gana se convierte en algo raro, en un capital invisible que no se cuenta con dinero, pero que pesa más que el dinero. Un capital que nadie en teoría [música] debería poder quitarte. En teoría, en Argentina era una institución y justo cuando todo parecía colocarse en su sitio, empezó a pasar algo en el país que iba a cambiar todo, pero todo, todo, no solo para ella.

Años [música] 40, hay militares en el gobierno. Hay un coronel que empieza a sonar fuerte que se llama Juan Domingo Perón. Y hay una mujer joven, actriz de reparto, locutora de radio, con una ambición tan grande como su inteligencia, [música] que se llama Eva Duarte. Todavía no es Evita. Todavía no es la señora Perón, todavía no es el mito, pero ya está en la misma habitación que libertad.

Y esa es la parte que importa, porque cuando una mujer muy poderosa todavía no sabe que va a ser poderosa, se acuerda de cada desplante con una claridad terrible. Se acuerda de quién la miró por encima del hombro. Se acuerda de quién no le dio la hora, se acuerda [música] de quién la trató como a cualquier advenediza más.

La memoria de los que todavía no son nada es más larga que la memoria de los que ya lo son todo, porque no tienen tanto alrededor que la tape. Y Libertad, sin saberlo del todo, estaba cruzándose con una memoria así, lo que muchas veces se cuenta como un choque de dos mundos opuestos.

[música] en realidad no lo era. Las dos habían sido chicas pobres con hambre de otra cosa. Las dos habían mirado el cielo de su pueblo pensando que no podía ser todo eso. Las dos se habían subido a un tren hacia Buenos Aires sin dinero. Lo que pasa es que en un punto del camino cada [música] una eligió un modo distinto de salir del pozo.

Libertad eligió talento y disciplina. Eva eligió talento, disciplina y después poder. Sus caminos se cruzan en un set de cine. La película se llama La cabalgata del circo, año 1945. Libertad [música] es la primera figura, la estrella por la que la gente compra la entrada. Eva tiene un papel mucho más chico.

No son rivales de categoría, no están en la misma liga. [música] Libertad tiene nombre de marquesina internacional. Eva todavía está peleando por armarse un nombre dentro del cine argentino, [música] pero hay algo que nadie en ese set sabe del todo y es que Eva ya tiene una relación con Juan Domingo Perón y que ese hombre está a punto de convertirse en la figura política más grande del siglo XX en Argentina.

Imagínate el set, [música] las luces calientes colgando del techo, los focos chirriando cuando los mueven, los asistentes corriendo con tazas de café, un director nervioso con el guion arrugado entre las manos y en medio de todo eso, dos mujeres, una que ya es una institución, otra que todavía no es nada, pero que tiene una mirada de fuego, una seguridad en sí misma que inquieta, una manera de pisar el set que no se parece a la de una actriz de reparto cualquiera.

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