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La India María y El Magnate: La Hija Que REGALARON a la Sirvienta Acaba de Hablar

 Y esa risa contagiosa que te hacía reír antes de que ella dijera nada. La india María llegaba al foro de siempre en domingo y todo se detenía. Raúl Velasco la recibía como si fuera de la realeza. Le tendía la mano, la presentaba con cariño. A veces hacían sketches juntos. Ella lo correteaba, él se hacía el ofendido. El público se moría de risa.

“Miguerito”, le decía ella en cámara. “Mi india”, le respondía él. La gente que estaba en casa pensaba que era una relación profesional bonita, una amistad de televisión, pero los maquillistas en los camerinos lo comentaban. Los reporteros de espectáculos lo sabían y no escribían. Los productores cerraban filas cuando alguien preguntaba de más.

Porque dentro de los pasillos de Televisa Chapultepec y de Televisa San Ángel después había un secreto que todos manejaban con cuidado. Un secreto que tenía nombre y apellido y que vivía a varios miles de kilómetros en una casa modesta del este de Los Ángeles. Una niña a la que sus padres habían regalado de bebé.

Esa niña no podía existir. Para entender por qué esa niña no podía existir, hay que entender quiénes eran esas dos personas que cada domingo aparecían en tu pantalla. Y hay que entender, sobre todo, la maquinaria que los puso a trabajar juntos. Esa maquinaria es la verdadera protagonista oculta de toda esta historia, más que cualquiera de los dos.

María Elena Velasco Fragoso nació en Puebla el 17 de diciembre de 1940. Su padre, Tomás Velasco Saavedra, era mecánico ferroviario. Murió cuando ella era todavía una niña. Su madre, María Elena Fragosopeón, se quedó sola con cuatro hijos, sin estudios, sin marido, con la cocina como única herramienta para mantenerlos.

María Elena, la segunda, soñaba con ser actriz desde niña. Estudió teatro con Carlos Ancira, con Dimitrio Sarras, con Ludwig Margules, con Xavier Robles. Profesores serios, escuela seria, ambiciones serias. Quería ser una gran actriz dramática, quería hacer Shakespeare. Quería hacer Lorca y nadie. la contrataba.

A finales de los años 60 sobrevivía como vedet en teatros de revista de la ciudad de México. Carpas, cabarets, espacios donde se cantaba albures y se enseñaba pierna. Era guapa, era flexible, era graciosa cuando se le permitía hablar, pero no era estrella. En esos teatros conocí a un hombre 30 años mayor que ella.

Vladimir Lipkis, Chazán, ruso, actor, coreógrafo, llegado a México en los años 40 huyendo de Europa. Su nombre artístico era Julián de Meriche. Se enamoraron, se casaron, tuvieron tres hijos, Iván y Bet Eugenia y Goretti. Y María Elena se inventó un personaje que acabaría convirtiéndose en su prisión y en su salvación al mismo tiempo.

El personaje de la India María nació por accidente en un sketch en la televisión a finales de los 60. Una indígena recién llegada del campo a la ciudad, que se confundía con todo, que hablaba mucho, que se reía de los poderosos sin que ellos se dieran cuenta. Funcionó. Funcionó tanto que se le pegó, se le pegó tanto que ya no se la pudo quitar.

María Elena Velasco, la mujer real, dejó de existir para el público. Solo quedó la India María con su trenza, su rebozo, su burro y su acento, una cárcel hecha de aplausos. A finales de los 70 y principios de los 80, María Elena ya era una de las actrices más taquilleras del cine mexicano.

 Producía sus propias películas, las dirigía, las protagonizaba, las distribuía. Una mujer empresaria en una industria de hombres. Lo que pocos sabían es que María Elena Velasco hablaba inglés perfecto. Tenía una biblioteca enorme en su casa. era cultísima, no se parecía en nada al personaje, pero el personaje era el que pagaba la renta.

Y mientras ella construía ese imperio modesto desde la marginalidad del cine de comedia, en otro despacho de la ciudad, en otro foro, en otro horario, había un hombre que estaba construyendo algo mucho más grande, un imperio hecho con la carrera de otras personas, decidir quién cantaba, quién aparecía. ¿Quién subía? ¿Quién se quedaba? Raúl Velasco Ramírez nació en Celaya, Guanajuato, el 24 de abril de 1933.

Familia humilde, tienda de abarrotes. Su padre se llamaba Raúl. Su madre se llamaba Soledad. trabajó de niño como mensajero, de joven como chóer, como operador de tractor, como periodista en revistas de cine. Hasta que un día de 1969, Emilio Azcárraga Milmo, el hombre más poderoso de la televisión latinoamericana, lo llamó a su oficina.

 Necesito a alguien que conduzca un programa los domingos. Tienes voz horrible, eres feo, eres un gerito de lentes, pero los números no mienten. Vente. El 14 de diciembre de 1969, Raúl Velasco salió al aire con un programa que se llamaba Siempre en domingo. Empezó durando una hora, después dos, después cinco.

 llegó a durar 5 horas y 45 minutos un solo domingo. Nadie en la historia de la televisión había sostenido un programa así de largo en vivo con esa audiencia. A los pocos años, en los pasillos de Televisa, Raúl Velasco había dejado de ser solo un conductor. Se había convertido en una institución entera, en una sola persona. Tú no lo sabías porque nadie te lo decía, pero lo que estabas viendo los domingos funcionaba por dentro como un mercado.

un mercado donde Raúl Velasco decidía quién entraba y quién no, a quién se le ponía el micrófono, a quién se le daba la patadita de la suerte, a quién se le humillaba en vivo y a quién se le encumbraba. Si Raúl Velasco te quería, eras estrella. Si Raúl Velasco te vetaba, te morías de hambre. Hubo cantantes a los que humilló en vivo y nunca volvieron a aparecer.

 Hubo grupos a los que prohibió por capricho. Hubo carreras que arruinó con un solo comentario. Y todo eso pasaba en la sala de tu casa los domingos por la noche sin que tú te dieras cuenta. Sus colaboradores lo describían en privado con palabras que jamás dirían en público. Déspota, petulante, prepotente. Su poder competía con el de su propio jefe, el dueño de Televisa.

Y eso en el México de los años 70, 80 y 90 era poder absoluto. Estaba casado con Hortensia Ruiz, tres hijos Raúl, Claudia y Arturo. Después se divorció. En 1974 se volvió a casar con una alemana llamada Dorle Clockow. Tres hijos más, Dorle, Karina y Diego. Una vida pública impecable, una imagen de hombre de familia, un cristiano practicante.

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