Usted no aparece en ningún lado. Mantequilla se levantó de la mesa, salió a la azotea, se quedó ahí dos horas solo parado mirando la ciudad. Silvia lo encontró después sentado en el piso con la espalda apoyada en la pared. ¿Qué hacemos?, le preguntó. Mantequilla. Tardó mucho en responder. No sé la confrontación en la oficina.
Esta es la tercera cosa que nadie te contó. Al día siguiente, Mantequilla fue a la oficina de Abundio. Entró sin tocar. Abundio estaba contando billetes de 100 pesos apilados sobre el escritorio. ¿Qué haces aquí? Vine por mi dinero. ¿Cuál dinero? El 122 que gané en 13 años de carrera. Abundio dejó de contar.
¿Quién te dijo ese número? Un abogado. Ah, ahora le haces caso a abogados. Mantequilla sacó el contrato de su bolsillo y lo puso sobre los billetes. Esto dice que te quedas con el 80% de todo. Sí, y lo firmaste tú. Lo firmé sin saber lo que decía. Pero lo firmaste. Silencio. Me engañaste. Yo te hice campeón del mundo.
[música] Sin mí seguirías cortando caña en Cuba. Esas palabras cayeron como un [música] upercut al hígado. Dame lo que es mío. No hay [música] nada. Lo invertí todo en peleas, en viajes, [música] en comisiones, en los sobornos que pagué para que los promotores te dieran oportunidades. ¿Crees que las peleas llegaban solas? Yo las compré con tu [música] dinero, que era mi dinero, que decía el contrato que firmaste.
Mantequilla agarró el contrato, lo rompió. Abundio ni parpadeó. Tengo 10 copias y aunque no las tuviera, el dinero ya no existe. Se acabó. Está invertido. Todo está a mi nombre y todo es legal. Mantequilla levantó el puño. Abundio no se movió. lo miró directo a los ojos. “Pégame, hazlo y mañana te meto a la cárcel y pierdes lo poco que te [música] queda.
” El puño de mantequilla quedó suspendido en el aire, luego lo bajó, salió de esa oficina sin decir nada más. Caminó por las calles de la ciudad de México durante horas. La gente lo reconocía, lo saludaban, le pedían fotos, él caminaba sin responder. Un hombre de 35 años, campeón del mundo 15 veces, llorando en plena calle como si tuviera otra vez 9 años y hambre y ningún lugar a donde ir.

Antes de continuar con lo que pasó después de esa tarde, hay que regresar a esa fotografía. Los Ángeles, 1969. La noche que todo comenzó. Mantequilla con los brazos abiertos y los ojos cerrados y la boca gritando hacia el techo de la arena. Esa imagen recorrió el mundo. Salió en periódicos de México, Cuba, Estados Unidos.
Los aficionados la colgaban en sus casas, pero nadie sabía. mientras esa foto circulaba, que el hombre en la imagen estaba recibiendo [música] solo $3,000 de los 50,000 que le correspondían, que esa noche, [música] después de la victoria más grande de su carrera, regresó al mismo cuarto de azotea de siempre. Que la gloria que veían en esa fotografía y la vida real que vivía ese hombre eran dos [música] mundos completamente distintos.
Durante 6 años fue literalmente el mejor welter del planeta. Nadie lo pudo derribar. México entero lo celebraba. Y él sonreía para las fotos y volvía al cuarto y seguía confiando, porque eso era lo que sabía hacer, confiar y pelear. Lo que no sabía era que las dos cosas a veces se contradicen. Esta es la cuarta cosa y es la más importante.
El abogado le presentó las opciones. Podemos demandar [música] a Abundio López. No vamos a recuperar todo, pero sí una parte importante. ¿Cuánto tiempo tomaría? Entre 5 y 10 años, [música] dependiendo del proceso. ¿Y cuánto cuesta iniciar? Honorarios y costos legales, alrededor de 200,000 pesos. Mantequilla no tenía 200,000 pesos, no tenía ni 20.000.
Podemos vender la historia a [música] los periódicos sugirió el abogado. La gente tiene derecho a saber. Mantequilla lo pensó un momento. ¿Para qué? Para que todo el mundo sepa que fui un idiota [música] que firmó sin leer. Usted no fue un idiota. fue víctima de un sistema diseñado para engañar a personas en su situación.
Para mí es lo mismo. Silvia [música] intentó convencerlo durante semanas. Tienes que pelear por lo que es tuyo. Un día Mantequilla le respondió algo que ella nunca olvidó. Abundio. Ya se quedó con mi dinero. No voy a dejar que también se quede con los próximos 10 años de mi vida. Esa frase explica todo.
No fue resignación, no fue cobardía, fue la decisión más difícil que puede tomar un ser humano. Elegir el presente sobre el pasado. Pelear esa batalla legal significaba mantener viva la rabia todos los días durante una década. Significaba que Abundio López seguiría siendo el centro de su existencia, incluso [música] después de haberse ido.
Mantequilla decidió que no y siguió adelante. Diciembre de 1975, Mantequilla necesitaba dinero. Aceptó una pelea [música] más. Su rival, John Stracy, un inglés de 24 años con una velocidad brutal y un hambre que Mantequilla reconocía porque era la misma que él había tenido 15 años atrás. La bolsa era de $6,000.
Mantequilla recibiría 12000 después de comisiones. Era el dinero que necesitaba [música] para empezar de cero. La preparación fue en soledad total, sin equipo, sin recursos. Silvia le vendaba las manos antes de cada [música] sesión. Un amigo del gimnasio hacía de sparring sin cobrar. La noche de la pelea, la Arena México estaba llena. 20,000 personas.
Los primeros rounds fueron parejos. Mantequilla [música] usaba su experiencia, su lectura del ring, todo lo que sabía, pero le faltaba algo que no se [música] puede recuperar con técnica, la fuerza de los 29 años. En el sexto round, Stracy [música] conectó una combinación limpia izquierda al hígado, derecha a la mandíbula.
Mantequilla [música] cayó. se levantó a la cuenta de ocho. En la esquina no había nadie diciéndole qué hacer, solo Silvia en las gradas con los ojos cerrados. Round [música] siguiente. Un uppercut que no vio venir. El piso llegó antes de que su mente procesara el golpe. Un, dos, tres. Las piernas no respondieron.
- Knockout. José Ángel Nápoles perdió el título esa noche después de 15 defensas exitosas. [música] Después de 6 años siendo invencible, en el vestidor, Silvia [música] entró y lo abrazó sin decir nada. “Lo siento”, dijo él. Ella lo besó [música] en la frente. “No tienes nada que disculpar. Perdí. Perdiste [música] una pelea.
No perdiste tu vida.” Pero en ese momento mantequilla sentía exactamente eso. Los 12,000 de esa noche duraron 3 meses. En 1976 aceptó trabajar como sparring de boxeadores jóvenes 500 pesos por sesión. El hombre que había ganado $,200,000 recibía golpes de principiantes por 500 pesos. En 1977 aceptó una última pelea.