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JORGE “MAROMERO” PAEZ: TURNED 60 AND HOW HE LIVES IS VERY SAD

El primer mexicano con ese contrato, antes que Chávez, [música] antes que Barrera, antes que Morales, el maromero Páez. Las televisoras se peleaban por él, arrastraba multitudes y luego lo hicieron a un lado. Otra vez las palabras del entrenador Losada. dichas con la tranquilidad incómoda de quien describe una injusticia que ya prescribió.

El problema fue uno solo y fue un problema que Páez no eligió, pero que lo aplastó [música] de todas formas. Se llamaba Julio César Chávez. El mismo año que Paaba [música] su reinado, Chávez estaba en el punto más alto de su carrera, peleando en los grandes escenarios, ganando, siendo la cara del boxeo mexicano [música] para el mundo entero.

Dos campeones al mismo tiempo en el mismo país y la atención alcanzaba para uno solo. Jorge era talentoso como el que más, pero la falta de difusión [música] mediática, a más la cercanía de su carrera a la de Julio César Chávez terminaron eclipsándolo. [música] Lo dijo el historiador del boxeo, Víctor Cota León, sin rodeos.

¿Qué le pasa a un campeón que hace todo bien y aún así queda en segundo plano? que gana, que defiende, que llena arenas, que firma con HBO y que el país donde nació nunca termina de verlo del todo [música] porque hay otro más brillante en el mismo momento. La respuesta de Jorge Páez a esa pregunta la vamos a ver ahora y no es la que uno esperaría porque Jorge Páez [música] respondió al olvido de la única manera que sabía.

haciendo más espectáculo. Si el barrio no lo veía con el corte de [música] cabello normal, lo iba a ver con el más extravagante que encontrara. Si el país no lo miraba cuando subía al ring como boxeador, lo iba a mirar cuando subía [música] vestido de novia. Si México prefería a Chávez, Estados Unidos iba a querer al mar Homero.

Y así fue. Las arenas de Las Vegas lo recibían con entusiasmo. La afición norteamericana amaba el espectáculo. Un mexicano que boxeaba y bailaba y hacía maromas y ganaba. Eso no existía en ningún otro lugar del boxeo mundial. Y por un tiempo eso fue suficiente. [música] Cuatro campeonatos mundiales, contrato con HBO, arenas llenas en Estados Unidos y México mirando para otro lado.

Lo que vino después [música] tiene fecha exacta, 29 de julio de 1994 y duró 39 segundos. [música] Esta es la primera revelación. En los 39 segundos que partieron la vida del maromero en dos. 29 de julio de 1994, MGM Grand, Las Vegas. Jorge Páez enfrenta a Óscar de la Ol. El Golden Boy, 21 años, campeón olímpico en Barcelona.

1992, la estrella más brillante del boxeo norteamericano en ese momento. 39 segundos. Segundo round. De la olla noqueó al maromero Páez en 39 segundos del segundo round. No fue una derrota, fue una demolición. El tipo de knockout que no solo termina una pelea, que cambia como el mundo del boxeo ve a un hombre para siempre.

Antes de esa noche, Paes era el campeón excéntrico del circo que hacía cosas imposibles en el ring. Después de esa noche, algo en la narrativa cambió. Ya no era solo el excéntrico, era el que de la olla había noqueado en menos de 2 minutos. Eso es lo que te prometí desde el principio, 39 segundos. Y las consecuencias de esos 39 segundos se extendieron mucho más allá de esa noche en Las Vegas.

Óscar de la Ol tenía 21 años esa noche. Jorge Páez tenía 28. Su mejor época como boxeador en teoría. 39 segundos del segundo round. Un hombre que había defendido su título nueve veces, que había firmado con HBO, que había ganado cuatro campeonatos mundiales, 39 segundos. Después del knockout ante de la olla, Pae siguió peleando 9 años más, pero ya no era lo mismo.

Las peleas grandes dejaron de llegar. Los promotores que antes peleaban por él empezaron a mirar hacia otros lados. El contrato con HB o terminó sin renovarse. Siguió ganando peleas. Su récord final fue de 79 victorias, 14 derrotas y cinco empates, 52 knockouts. Números que en cualquier otro contexto serían los de una carrera extraordinaria.

Pero el contexto ya había cambiado. El 5 de diciembre de 2003, en Phoenix, a Arizona, Jorge Páez peleó por última vez como profesional. ganó por decisión unánime a Scott Mcraaken. Una victoria sin fanfarria, sin televisión grande, sin arenas llenas y después de ese día el silencio. Pero hay algo más, algo que los números del récord no dicen.

El boxeo le cobró algo a Jorge Páez que el dinero no puede devolver, algo que los médicos tienen nombre para describir y que Jorge carga hoy sin decirlo demasiado alto. Ya llegamos. 19 años de carrera profesional habían terminado. Lo que nadie calculó bien fue cuánto costaban esos 19 años y a dónde iban a llevar a Jorge Páez cuando las luces del ring se apagaran.

Las Vegas, la ciudad que le dio los mejores momentos de su carrera. El MM Grand, las arenas llenas, el contrato con HBO, la misma ciudad donde terminó viviendo en una camper. Un equipo de Univision lo fue a buscar hace unos años. Lo encontraron en una tienda de [música] donas, no como cliente, noo voluntario de limpieza.

La historia que Jorge contó fue esta. Un día pasó por la tienda, vio que [música] había desorden afuera y llegó a un acuerdo con el dueño. Él limpiaba todos los días. A cambio, le dejaban predicar adentro, el campeón mundial que había firmado con HBO, limpiando el piso de una tienda de donas en Las Vegas a cambio de que le dejaran hablar de Dios.

¿Cómo llegó ahí? La respuesta tiene dos partes. La primera es la que todos conocen. El dinero se fue y como siempre se va cuando llega de golpe a quien no aprendió a administrarlo. Las fiestas, los [música] gastos, los años sin ingresos después del retiro. Una [música] historia que el deporte mexicano repite demasiadas veces.

La segunda parte es la que nadie habla suficiente. Esta es la revelación que [música] te prometí desde el principio, lo que el boxeo le cobró a Jorge Páez, [música] que el dinero no puede devolver. Los medios que lo cubrieron después del retiro usaron una frase, señales de demencia boxística. No es un diagnóstico literario, es un término médico real.

El daño acumulado que producen años de golpes en la cabeza, la inflamación que no sana entre pelea [música] y pelea, el precio neurológico que el boxeo cobra a los hombres que se dedican a él con la intensidad con la que Pae se dedicó. 19 años, 98 peleas profesionales, cada una con golpes que el cuerpo absorbe y que el cerebro registra de maneras que no siempre son visibles al momento, pero que el tiempo hace evidentes.

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