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JHONNY GONZÁLEZ: The Dirty PACT… how the boxing MAFIA HIJACKED his career

En el boxeo mexicano, debutar a esa edad no es inusual. El sistema de formación del boxeo nacional, que funciona con una informalidad que produce campeones, pero también produce vulnerabilidades estructurales en la carrera de los atletas. Mete a los muchachos al ring desde que el talento es detectable y la edad es legalmente permisible.

Y Joni González tenía talento, no el talento ordinario de alguien que golpea bien, el talento específico del que golpea con una fuerza que supera lo que su peso sugiere, con una precisión que se nota desde las primeras peleas y con un instinto para encontrar el punto exacto donde el rival es vulnerable, que en el boxeo tiene un nombre, knockout.

56 knockouts a lo largo de su carrera de 69 victorias, 56 terminaron antes de que el árbitro contara los rounds. Eso es un porcentaje de knockout de más del 80%. En el peso pluma, donde los golpeadores de ese nivel son excepcionales. Esa estadística pone a González en una categoría que el boxeo de alta competencia reconoce de inmediato como peligrosa para cualquier rival que se lo ponga enfrente.

El camino hacia el primer campeonato mundial pasó por los años de aprendizaje que todo boxeador necesita. No fue ascenso inmediato, fue el trabajo de acumular peleas, de ir subiendo el nivel de los rivales, de aprender en el ring las cosas que ningún entrenamiento en el gimnasio puede enseñarte completamente. Y también pasó por las derrotas.

González no tiene un récord impecable, tiene 12 derrotas en su carrera y esas derrotas leídas correctamente son parte de lo que lo convirtió en el boxeador que fue en su mejor momento. El 29 de octubre de 2005 fue el primer gran momento. En Las Vegas, Nevada González se enfrentó al tailandés Ratanacha Sor Borapín por el campeonato de peso gallo de la Organización Mundial de Boxeo.

Knockout técnico en el séptimo round, primer campeonato mundial para Jon González. Con 24 años, el capitalino tenía en su cintura el título que 5 años de trabajo profesional habían construido. Escucha esto. El 27 de mayo de 2006, González defendió ese campeonato ante Fernando Montiel. Una decisión dividida que fue la primera confirmación de que podía sostener el título ante un rival de nivel.

Y entonces el sistema del boxeo le ofreció la siguiente escalera: la pelea por el campeonato supergallo del CMB el 16 de septiembre de 2006 contra Israel Vázquez. Subir de categoría para buscar un segundo título. González fue y Vázquez lo noqueó. Esa derrota fue la primera señal de que el salto de división no había sido el momento correcto, de que el peso y el rival no correspondían exactamente a lo que González podía manejar en ese punto de su carrera.

Volvió al peso gallo siguió defendiendo su título. El 30 de marzo de 2007, otra defensa exitosa esta vez ante el colombiano Irene Pacheco, exgampeón moscas de la IBF. Piensa en la dinámica de esos años. Un boxeador que tiene el campeonato de peso gallo de la WO, que está en el nivel donde las empresas promotoras pueden construir peleas interesantes y generar ingresos razonables, que tiene una pegada que el público aprecia porque produce knockouts y que al mismo tiempo no es todavía la figura que los grandes eventos construyen como atracción

principal. González era lo que el boxeo necesita en el nivel intermedio. Suficientemente bueno para llenar un lugar en la cartelera, suficientemente peligroso para que el rival que lo enfrente tenga algo real que resolver, pero todavía sin el perfil que produce las bolsas millonarias y los eventos de pay-perview.

Esa posición, el nivel intermedio del boxeo de alto rendimiento, es donde la mayoría de los boxeadores viven durante la mayor parte de sus carreras y es también donde las condiciones contractuales son más desfavorables para el atleta, porque en el nivel intermedio, el promotor tiene más opciones que en el nivel de las superestrellas.

Puede construir al boxeador hacia arriba o puede dejarlo donde está. Puede ofrecerle la pelea que le da visibilidad o puede ofrecerle la que llena el calendario de la empresa. Y el boxeador que necesita pelear para cobrar y para mantenerse en forma y en ritmo, raramente tiene el poder de negociación que le permita rechazar lo que le ponen en frente.

González lo dijo así en su entrevista con la jornada. La gente suele pensar eso porque no sabe que abajo del cuadrilátero hay otra pelea más salvaje en las negociaciones, donde los boxeadores son vistos solo como mercancías que generan ganancias. Mercancías que generan ganancias. Eso es lo que Jonnie González dijo sobre cómo el sistema del boxeo profesional ve a sus atletas y lo dijo siendo campeón del mundo.

No un boxeador amargado que nunca llegó a ningún lado. El campeón del mundo, grábate eso. Y entonces llegó el 24 de agosto de 2013, el momento que cambió todo y que al mismo tiempo empezó a destruir todo. Aquí viene la primera revelación que te prometí. El Stop Hoop Center de Carson, California. Goni González como retador. Abner Mares como campeón del mundo de peso pluma del CMB.

Mares era el proyecto estrella de Golden Boy Promotions, la empresa promotora más poderosa de ese momento en el boxeo latinoamericano. Cofundada por el exboxeador Óscar de la Ol. Mares llegaba invicto con un récord que lo posicionaba como el futuro del peso pluma, con el respaldo económico y mediático de una empresa que sabía exactamente cómo construir figuras y cómo protegerlas.

González llegaba como el retador, que el papel de la pelea indicaba que perdería. Así funciona el boxeo cuando un campeón de perfil de mares pelea contra alguien del perfil de González. El mercado asume la victoria del campeón, la cobertura mediática previa refuerza esa narrativa y las apuestas reflejan esa expectativa.

Y entonces González puso el puño en el lugar correcto en el momento correcto del primer round. Abner Mares fue al piso. El árbitro contó, no llegó a 10. El combate terminó en el primer asalto. Goni González era el nuevo campeón mundial de peso pluma del CMB. Uno de los knockouts más sorprendentes en la historia reciente del boxeo mundial.

Sin exageración. El retador que nadie esperaba que ganara. Ganando. El campeón invicto que todos esperaban que ganara en el piso. Eso es lo que el boxeo produce en sus mejores momentos. La imposibilidad convertida en resultado documentado. Y ese resultado que debería haber sido el inicio de la mejor etapa de la carrera de González fue al mismo tiempo, el inicio de sus problemas más serios con el sistema de promotores que administraba su carrera.

Aquí viene la segunda revelación que te prometí. González lo dijo con la claridad de quien no tiene interés en adornar la verdad. El golpe que dejó fuera de combate a Mares también las cabezas de los promotores contrarios. Simbró las cabezas, no las celebró, la simbró. Porque el boxeador que noqueó al campeón invicto de Golden Boy en el primer round no era el boxeador que el sistema del boxeo había planificado que ganara esa noche.

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