Posted in

HARFUCH DESVELA el OSCURO Secreto tras la Muerte de SERGIO GÓMEZ de K-PAZ (La Llamada Oculta).

Cinco promesas en realidad, porque esta [música] historia tiene cinco cosas que casi nadie ha juntado nunca en un mismo relato. Y te voy a avisar cuando llegue cada una para que las cuentes tú con los dedos. La primera es, ¿quién pudo hacer esa llamada de las 4:10? ¿Y por qué duró exactamente 14 segundos? La segunda es por qué lo [música] que le pasó a Sergio ya le había pasado un año antes a otro cantante que tú conoces de sobra, al que le [música] metieron 70 balazos en su camioneta a la salida de un palenque.

La tercera [música] es lo que de verdad encontraron en aquel paraje a 10 km de Morelia y que la autoridad de la época describió con unas palabras que cuesta repetir en voz alta. La cuarta es a donde se fue el dinero de una [música] marca que valía millones de pesos y de la que Sergio era el único dueño en todo el mundo.

Y la quinta es lo que decía una carta que Sergio empezó a escribir la última semana de su vida y que la muerte no lo dejó terminar. Quédate conmigo porque la primera vez [música] que pongas las cinco juntas vas a entender por qué hay gente a la que le conviene que esta historia siga dormida en una bodega juntando polvo sin que nadie pregunte.

Y hay algo más en [música] esa habitación. Antes de que salgamos de ella, sobre el escritorio, debajo del cenicero de vidrio, los peritos levantan [música] una hoja de papel doblada en cuatro. Es el itinerario de la gira, la lista de fechas y ciudades impresa en [música] computadora con los horarios de cada show, los nombres de los estadios, las distancias entre una plaza y otra, un papel de oficina de los que se [música] traspapelan y se tiran sin pensar.

Pero al lado de una de esas ciudades, alguien escribió [música] tres palabras a mano con tinta azul. Y según el peritaje caligráfico que Harfux mandó [música] hacer después, esa letra no era la de Sergio Gómez. La ciudad al lado de la cual estaban [música] escritas esas tres palabras era Morelia.

Guárdate esa hoja en la cabeza. Vamos a volver a ella, te lo prometo. Pero para que entiendas el peso enorme [música] que tiene ese pedazo de papel, primero tengo que llevarte muy lejos de esta habitación, hasta una bodega en [música] Chicago, en pleno invierno, donde un muchacho michoacano de veintitantos años se congelaba las manos cargando cajas en el turno de la madrugada, soñando con algo que en ese [música] momento parecía completamente imposible.

Paulo Sergio Gómez Sánchez [música] nació en Ciudad Hidalgo, Michoacán, el 2 de junio de 1973. [música] Un pueblo de tierra caliente, de gente trabajadora, de esos lugares de Michoacán, de donde la juventud se va porque no queda de otra. La economía no daba, el campo no alcanzaba y al norte había dólares para quien [música] aguantara.

Así que Sergio, como cientos de miles de michoacanos de su generación, agarró camino, cruzó, llegó a Chicago, esa ciudad de inviernos brutales, donde se ha juntado con los años una de las [música] comunidades mexicanas más grandes de todo Estados Unidos. Y ahí empezó desde el [música] último escalón. Trabajos de los que nadie presume.

Turnos de noche en fábricas [música] y bodegas. Frío que parte la cara, manos agrietadas, el español apretado entre dientes [música] en una ciudad que funcionaba en inglés y que no perdona al que no lo habla. Vivía del otro lado de la línea estatal en Indiana, en un pueblito llamado Avon, cerquita de Indianápolis. Una casa modesta, un coche de segunda mano que arrancaba a la primera con suerte, la vida de un migrante más, de esos millones que mandan su dinero a la familia [música] en el pueblo y se guardan el sueño para cuando nadie los

está viendo. Pero ese muchacho cargaba dos cosas que casi [música] nunca van juntas. una voz que paraba el tráfico y una [música] terquedad de hierro forjado. Por las noches, después de los turnos, se juntaba con [música] otros paisanos que andaban en lo mismo trabajando de día y muriéndose por la música de noche y ensayaban en garajes prestados con el equipo de segunda, sin que nadie les hiciera caso.

De esos garajes de Chicago, de ese frío, de esa nostalgia de migrante [música] que extraña su tierra, nació un sonido nuevo. Lo llamaron duranguense, teclado, tambor a una velocidad y una alegría que no se parecían a nada de lo que sonaba en la radio. En [música] 2003, Sergio juntó a esos paisanos y formó un grupo de verdad.

Lo bautizó que paz [música] de la sierra. Y la industria de la música a los señores de traje en las disqueras lo vieron por [música] encima del hombro. Música de migrantes, decían con desprecio. Música de bailes [música] de salón para gente que extraña su rancho. Eso no vende. Sentenciaban los que se creían dueños [música] del buen gusto.

Pero algo estaba pasando en esos garajes de Chicago que los señores de las disqueras [música] no alcanzaban a ver desde sus oficinas. La ciudad se había vuelto un semillero. Cientos de miles de mexicanos, muchos de ellos de Durango y de Michoacán y de Zacatecas, llenaban los bailes los fines de semana buscando un pedazo de su tierra en una pista [música] de baile.

Y ese sonido nuevo, el duranguense les daba justo eso. Otra banda montez de [música] Durango había abierto la brecha. Qué paz venía detrás pisando [música] fuerte con Sergio al frente. Tocaban donde fuera, quinceañeras, bodas, salones de barrio con las luces feas [música] y el sonido peor. Cobraban poco, viajaban apretados, dormían donde caía.

La paga de [música] una noche se iba en la gasolina de la siguiente. Así, baile por baile, fueron construyendo un nombre que la radio terminó por no poder ignorar. Esa música de migrantes que supuestamente [música] no vendía hizo 32,000 copias en la primera semana, cuando salió su primer disco.

Arrasando con [música] fuego se llamaba y el nombre resultó una profecía. llegó a disco de oro en un suspiro. Firmaron con Umivisión el gigante de la música latina que olió el negocio que los otros no supieron ver. Y de ahí en [música] adelante una locomotora que ya nadie pudo parar. Seis discos más, uno tras otro, sin [música] descanso, número uno en las listas regionales de Billboard, una y otra y otra vez.

su álbum más capaces que [música] nunca se metió hasta el lugar 72 del Billboard 200, la lista general de Estados Unidos, ese territorio donde [música] casi nunca aparece un grupo de este género. Doble disco de platino, 200,000 [música] copias certificadas solo de ese álbum para que lo veas con números de los de adeveras de los que se entienden.

Un muchacho que 4 años antes [música] cargaba cajas en una bodega congelada de Chicago. Ahora llenaba estadios a los dos lados de la frontera y vendía discos por cientos de miles. Lo que cobraba por una sola tocada [música] era más de lo que su padre había juntado en un año entero de trabajo en el campo.

Read More