Tercero, las 47 sociedades pantalla en Andorra, Panamá, Liechenstein [música] y las islas vírgenes británicas, los prestanombres, la libreta negra y lo que firmaba Camilo cada lunes a las 11 de la mañana sin leer una sola línea. Cuarto, la carta [música] de tres páginas que Camilo VI escribió de su puño y letra en mayo de 2017, fechada y firmada, donde revoca todos los [música] poderes y deja a Lour de Sormelas como administradora del patrimonio para Camilín.
Una carta que jamás llegó a registro, una carta que estaba doblada en cuatro partes dentro de una caja de música de marquetería de Palos Santo. Y aquí llega la primera cosa que [música] te prometí, los 12 lingotes. Cada uno pesa exactamente 1 kg. 12 kg [música] de oro fino noveno 99. Sello Argor Eraius, refinería de Chiaso, Suiza.
Pero el dato que no salió en ningún titular es el de los códigos de serie. Los 12 lingotes vienen de la misma colada, la misma fundición, la misma fecha de emisión. octubre de 2004 y los 12 [música] fueron adquiridos en una sola operación a través de un intermediario que se llamaba Alfred [música] Buller, despacho en Baduz, capital de Leechenstein.
La operación se hizo a nombre de una sociedad anónima panameña llamada Almar Holdings SA. Tú lees ese nombre y no te suena a nada. Yo te lo voy a leer al revés, al mar Ramla y al derecho [música] otra vez, pero pronunciando despacio al mar. El mar, [música] el mar es de donde venía Camilo. Camilo VI, nacido en Alcoy, Alicante, 16 de [música] septiembre de 1946.
El mar fue su primera palabra. Su madre se lo contó hasta el último día de su vida. Al mar. La sociedad pantalla que compró los 12 kilos de oro tenía el nombre que Camilo le puso a la primera barca pesquera de su abuelo [música] en Alcoy. Cuando lo encontraron, Camilín se sentó en el sofá [música] del despacho de su abogado en la calle Velázquez y lo único que dijo fue que su padre nunca se habría escondido detrás de un hombre que solo él conocía si no hubiera tenido miedo de algo. Tú piénsalo.
12 kg de oro. 1 kg de oro hoy son 72,000 € 12 kg son 864,000 [música] € Eso es lo que había debajo del despacho. Eso es lo que jamás apareció en la declaración de herencia. Eso es lo que 30,000 € declarados oficialmente no pueden ni empezar a explicar. Camilo Blanes Cortés, Alcoy, [música] 1946. El padre José Manuel Blanes era empleado de la fábrica de papel.
La madre Joaquina Cortés lavaba ropa para tres familias [música] de la calle San Lorenzo. La casa tenía dos habitaciones. Una cama compartida con su hermano Vicente, una cocina con un hornillo [música] de carbón y un patio interior donde la madre cantaba mientras tendía las sábanas. Camilo recordaba el olor del jabón lagarto durante toda su vida.
A los 12 años aprendió a tocar la guitarra con un señor del barrio que se llamaba don Antonio y que tenía una sola condición, que el niño no faltara [música] nunca al colegio. Don Antonio murió antes de que Camilo cumpliera 15. La guitarra se la dejó en el testamento, una área española de los años 50 con la tapa de pino picada por la humedad.
Esa guitarra estaba colgada en [música] la pared del despacho de Torrelodones la madrugada del cateo. Harf la fotografió. Tenía [música] polvo de 7 años encima y todavía estaba afinada. 20 años después [música] de la muerte de don Antonio, Camilo VI era el cantante con más copias vendidas de habla hispana junto a Julio Iglesias.
Pero entre don [música] Antonio y los 864,000 € en lingotes hubo 50 años de algo que nadie contó en los noticieros. Hubo 42 discos de estudio. Hubo vivir así es morir de amor en [música] 1978, número uno en 14 países. Simultáneamente hubo algo de mí. ¿Quieres ser mi amante? Llueve sobremojado. Perdóname el amor de mi vida. Hubo Jesucristo superstar en 1975 219.
Representaciones llenas en el Teatro Alcalá Palaza de Madrid. Una versión que Andrew Lloyd Weber dijo en 1982 que era la mejor que había escuchado de su propia obra. Hubo 50,000 [música] personas en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México el 15 de septiembre de 1982 cantando algo de mí con los teléfonos celulares todavía sin inventar y con [música] encendedores levantados que dibujaron en la oscuridad una sola alfombra dorada moviéndose al mismo tiempo.
Hubo Acapulco, hubo Lourdes, hubo Camilín y hubo también lo que vino después [música] de 1992. Y aquí viene la segunda cosa que te prometí. Antes [música] esto, lo que vas a oír ahora no fue una conspiración de un solo hombre, fue un [música] sistema. un sistema que llevaba operando alrededor de Camilo desde mucho antes de que él se diera cuenta y cuando se dio cuenta ya estaba [música] demasiado cansado para luchar. Madrid, 1972.
Camilo [música] tiene 26 años. [resoplido] Acaba de firmar con Ariola. Su primer single, Algo de mí, vende 400.000 [música] 1 copias en 6 meses. El productor que lo descubre y el manager que le firma el primer contrato son personas reales con nombre y apellido. La industria discográfica española de los años 70 [música] funcionaba con un sistema que se llamaba sello escala.
El artista firmaba un contrato leonino. Cedía los derechos de autor por 20 años. cedía los derechos de imagen por la duración del contrato más cinco y cobraba un porcentaje mínimo del precio mayorista, no del precio al consumidor. Si un disco se vendía por 1000 pesetas, Camilo cobraba 20. 20 [música] pesetas.
Tú haz la cuenta de cuánto perdía en 175 millones de copias a lo largo de 40 años. Hay quien dice todavía hoy y se dice con peso que entre 1972 y 1989 Camilo VI produjo para Ariola ingresos brutos superiores a los 200 millones de dólares de la época. Camilo, según sus propios contratos firmados, cobró aproximadamente el 4% de eso.
Ariola lo negó cuando los herederos lo demandaron en 1992. La sentencia fue confidencial, pero la versión se quedó. Aquí entra el villano y entra sin estridencias. Entra por la puerta principal en 1995. 49 años de edad. Apellido conocido en los círculos de gestión patrimonial de Madrid. Camilo le firma un poder general.
Las primeras visitas son los lunes a las 11. Camilo le entrega los documentos sin leer. El hombre los revis. Marca dónde firmar con un círculo a lápiz. Camilo firma y el hombre se lleva el portafolios. Cada lunes, durante 20 años, una rutina. Camilo tomaba un café con leche. El [música] hombre traía el portafolios marrón de cuero italiano con cierre de combinación. Camilo firmaba.
El hombre se iba y el patrimonio de Camilo se movía de [música] una sociedad a otra, de un país a otro, de un nombre a otro. Y aquí llega la segunda cosa que te prometí. El nombre exacto del hombre que controló durante 20 años el patrimonio de Camilo VI. Te lo voy a dar con el [música] contexto que merece y te voy a decir lo que Juan Gabriel le dijo a un periodista de Madrid en 1998 durante su última [música] visita a España.
Una frase que jamás se publicó y que un fotógrafo grabó por accidente con su cámara de video amater. La grabación dura 47 segundos. Es de noche, Hotel Palas de Madrid. Juan Gabriel está saliendo del comedor. Lleva una chaqueta blanca de lino. El periodista le pregunta por Camilo. Juan Gabriel se detiene, mira a la cámara y dice una frase que el periodista jamás transcribió.
Esa frase decía así: “A Camilo lo están vaciando y él lo sabe y se está dejando. Y eso es lo más triste que he visto en mi vida.” Juan [música] Gabriel siguió caminando, subió al ascensor, la grabación se cortó. El periodista [música] guardó la cinta en un cajón durante 27 años y la única persona que la vio antes de que la encontraran en el cateo fue el yerno del periodista [música] en 2019, tres semanas después de la muerte de Camilo.
Esa cinta [música] estaba en la bóveda. La había guardado allí no se sabe cómo. Alguien del entorno cercano que tenía [música] acceso a la grabación original o a una copia y la había metido en la bóveda de Torrelorones meses antes [música] del cateo, como si quisiera que se encontrara, como si supiera que tarde o temprano alguien iba a entrar.
Lourdes Ornelas conocía la frase de Juan Gabriel. Camilo se la había transmitido en una llamada telefónica en 1999. Camilo lloró durante esa llamada. Lourdes nunca lo contó en público hasta que Harf encontró [música] el cassette. Y aquí va a entrar lo más oscuro de toda esta historia, lo que se decía en los pasillos de la industria discográfica madrileña durante los últimos 15 años de Camilo.
Tres rumores, tres [música] niveles, cada uno más pesado que el anterior. Ya sabías el primero. El primero ya circuló en la prensa rosa española entre [música] 2006 y 2017. ¿Sabías que el entorno cercano de Camilo había aislado al cantante de su hermana mayor María de los Ángeles y de su hijo Camilín durante años? Esa parte la cubrió 10 minutos.
La cubrió Sálvame. La cubrió Tele C en tres reportajes distintos. Camilo apareció en televisión más de una vez negándolo. Lourdes lo confirmó en una entrevista [música] de 2015. Hasta ahí ya lo sabías, pero lo que no salió en la prensa fue lo segundo. [música] Y lo segundo se contaba en los pasillos del hotel Eurobilding de Madrid, donde se grabaron [música] varias canciones de los discos de los años 2000.
Se decía que los lunes a las 11, cuando llegaba el hombre del portafolio esmarrón, Camilo no estaba siempre lúcido, que en ocasiones llegaba sedado, que la firma que aparece en los documentos de Almar Holdings con fecha de [música] 2008 fue ejecutada por una mano que no era la de Camilo, que un peritografólogo madrileño analizó esa firma en privado en 2014 y emitió un informe interno, que ese informe nunca se publicó, que el perito murió en 2016 de un infarto en su despacho y que el informe desapareció [música] del archivo de su hija. La
familia del perito siempre lo desmintió. El bufete que supuestamente encargó [música] el informe lo desmintió por escrito, pero la versión se quedó y la libreta verde forrada en piel que Harfuch encontró debajo de los lingotes contenía en [música] la página 18 una lista de 12 firmas distintas atribuidas a Camilo Blanes Cortés. 12.
Ninguna idéntica. Algunas [música] con la C inicial gruesa, algunas con la S de sexto cerrada arriba, algunas con la rúbrica de tres trazos y otras con una sola línea recta, 12 firmas. Y en la parte [música] inferior de la página, escrito a lápiz con caligrafía pequeña, una frase para uso interno solamente. Esa frase la escribió alguien que sabía exactamente qué firma usar para qué documento.
Lo desmintió todo el mundo. versión se quedó y todavía hay una tercera capa, algo que solo se cuenta a medias, algo que un técnico de sonido que trabajó con Camilo entre 2006 y 2012 contó en una entrevista privada que jamás se publicó. Hay quien dice todavía hoy [música] y se dice con peso, que en 1998 Camilo VI en [música] estado de evidente deterioro un documento por el cual cedía a una sociedad domiciliada en las Islas Vírgenes Británicas los derechos perpetuos sobre las regalías futuras de su catálogo completo. La firma de ese
documento estaba grabada en un cassette BASF de 90 minutos. La grabación, que duraba [música] 21 minutos, recogía la conversación previa entre Camilo y el hombre del portafolio esmarrón. Camilo, en esa grabación repetía [música] 11 veces la pregunta, ¿dónde firmó? El cassette estaba en la bóveda. Nadie lo había escuchado [música] fuera del círculo cercano.
La familia siempre lo desmintió. Cuando Harf encontró, la cinta tenía [música] dentro un pequeño papel doblado. El papel decía con bolígrafo azul una sola frase. Si esto sale, todos caemos sin firma. Esa frase no la escribió Camilo, lo confirmó el peritografo del cateo. En 38 minutos la escribió alguien del entorno, alguien que metió el cassette en la bóveda con la confianza absoluta de que jamás iba a abrirse.
La familia, los abogados, el bufete, los gestores, todos lo negaron en cadena. La versión se quedó. Te voy a contar algo ahora. que va a cambiar todo lo que crees que sabes de Camilo esto. Pero antes recuerda lo del piano de cola del vestíbulo, el piano staway [música] negro con la funda de tercio pelo rojo.
Ese piano tenía una pequeña [música] mancha de tinta negra en la tapa, justo encima del teclado, a la altura del sostenido medio. Una mancha redonda del tamaño de una moneda de 5 céntimos. Esa mancha no la había hecho Camilo, la había hecho alguien que se acercó [música] al piano con un bolígrafo destapado en la mano y tropezó.
Esa mancha estaba ahí desde 2017. Loues [música] la había visto en una visita a esa primavera. Le preguntó a Camilo quién [música] había manchado el piano. Camilo no contestó, bajo la mirada y le dijo que ya no salía mucho de casa. Esa mancha resultó ser una de las pistas físicas más importantes del cateo. Pero te lo cuento en su momento, ahora hay otra cosa.
Mientras tú llegabas del trabajo en 1983, te quitabas los zapatos y ponías la televisión para ver el resumen de la noche. Camilo VI en una habitación del Hospital de la Princesa de Madrid sostenía por primera vez a un bebé en brazos. Camilín, el hijo Camilo Blanes Ormelas. 22 de mayo de 1983. Madre Lourdes [música] Ormelas. La conoció Camilo en una fiesta privada en Acapulco en 1981.
Lourdes era mexicana, joven hija de un constructor de Naucalpan, con una belleza serena que Camilo, según contaron varios músicos de su entorno de entonces, describió [música] como la primera mujer que lo había mirado sin pedirle el autógrafo. Laures tenía 22 años, Camilo tenía [música] 35.
Vivieron juntos casi 3 años entre Madrid, Acapulco y Los Ángeles. Camilo en esa época tocaba a Camilín cada noche al piano. Le cantaba en voz baja. Lourdes [música] lo contó así en una entrevista de 2018. Camilin nació en Madrid. Lourdes y Camilo se separaron en 1985. La separación fue civilizada. Camilo reconoció al niño.
Pasó una pensión durante toda la infancia. Camilín pasó veranos en Torrelodones hasta los 14 años y a partir de los 14 algo cambió. Hay quien dice y se dice con peso que el cambio empezó cuando Camilo contrató al hombre del portafolio esmarrón, que ese hombre empezó a [música] filtrar las llamadas, que las pisitas de Camilín se espaciaron, que Camilo una vez en [música] 1999 llamó a Laurdes a las 2 de la madrugada llorando porque no podía localizar a su propio hijo. Lourdes lo recordó así.
Durante una entrevista en 2021, la gestoría que llevaba a los asuntos de Camilo lo [música] desmintió categóricamente. La versión se quedó. Camilín creció entre México y Madrid. Se hizo músico. Tuvo su propia historia con la [música] prensa rosa española y con las dificultades que arrastraba desde adolescente.
Pero Camilí nunca dejó de buscar a su padre. Y Camilo, según las pocas [música] cartas manuscritas que se conservan, nunca dejó de pensar en él. Una de esas cartas estaba en [música] la caja de música de marquetería de Paloanto. La carta estaba fechada en mayo de 2017, tres páginas, caligrafía temblorosa pero clara, la encabezaba una frase, para mi hijo, solo para él y la cerraba otra.
Todo era para Camilín. Pero entre la separación de Laurdes en 1985 y la carta de 2017 hubo 32 años. 32 años en los que la voz de Camilo se fue apagando poco a poco. 32 años de internamientos hospitalarios que la prensa contó como anécdotas y que en realidad eran capítulos [música] de algo más grande. La crisis vocal de 1992.
Camilo cancela una gira por América. 22 conciertos. Lo internan en una clínica privada de Madrid. Sale tres [música] semanas después con un parte que decía agotamiento. Pero un médico del entorno familiar contó años [música] después que Camilo había llegado a esa clínica con un cuadro mucho más serio.
La segunda crisis, 1998, cae en el escenario del teatro Lóe de Vega durante [música] el segundo acto de Jesucristo Superstar. Lo levantan dos compañeros del elenco. Sigue, termina la función. Aplauso de pie. Camilo entra en su camerino, cierra la puerta y no sale durante 4 horas. Esa noche se quedó dormido vestido. Lo encontró [música] su asistente personal a las 6 de la mañana.
La tercera crisis 2002. Tour por México suspendido tras tres conciertos. La cuarta, 2007, Madrid Arena cancelado por orden médica. La quinta, 2011, Estados Unidos cancelado en pleno aeropuerto. En cada una de esas crisis, ¿tú leíste el titular en el periódico [música] o lo viste en la televisión? Camilo suspende, Camilo Sexo cancela, Camilo VI se retira, Camilo Sexo vuelve y volvía.
Esa era la parte que más dolía. Volvía cada vez con menos voz, pero con más ganas. Y volvía porque alguien le decía que tenía que volver. Hay quien dice todavía hoy que durante los últimos 15 años de su vida, Camilo recibió tratamientos médicos que jamás constaron en su [música] historial clínico oficial, que un doctor que no era de su entorno familiar, sino del entorno de gestión, le administraba inyecciones de vitaminas mezcladas con otras sustancias que esos tratamientos [música] lo dejaban funcional para firmar, pero
confuso para entender lo que firmaba. La familia médica oficial siempre lo desmintió. El bufete del entorno cercano [música] emitió tres comunicados negándolo entre 2015 y 2020, pero la versión se quedó y la caja fuerte del baño principal del chaleté, la que el equipo forense [música] abrió 40 minutos después de los lingotes, contenía 18 frascos vacíos sin etiqueta, una jeringa de cristal con restos secos y una receta médica firmada por un nombre que el [música] Colegio Oficial de Médicos de Madrid no tiene registrado. Te lo voy a explicar más
[música] adelante con todo lo que falta, pero aquí llega la tercera cosa que te prometí. Las 47 sociedades pantalla 47 Quiero que pienses número. 47 sociedades anónimas [música] distribuidas en cuatro jurisdicciones distintas. Andorra. Panamá, Lchenstein, Islas Vírgenes [música] Británicas. La libreta negra de Harfuk las tenía todas, página por página, con sus números de registro, sus prestanombres, sus fechas de constitución y sus saldos.
Sociedades con nombres como Almar Holdings, Mediterranea Atlantic Group, Levant Music Rialties Limited, Castillan Music Rights BB, Ornelas Family Trust [música] de Lickchenstein. Sí, leíste bien, una sociedad [música] con el apellido de Lourdes, constituida en Liechenstein, sin que ella supiera de su existencia.
Laurdes lo descubrió la madrugada del cateo. Laurdes Ornelas no había firmado nunca documento alguno con esa sociedad. Su DNI, aún así aparecía como referencia identificativa en el documento de Constitución. La copia del DNI tenía [música] una fecha de 1987. Era la fotocopia que Camilo le había pedido a Lourdes [música] para tramitar un visado familiar.
Esa fotocopia, 32 años después, aparecía vinculada a una sociedad con 11 [música] millones de euros depositados en un banco de Badut. Lourdes nunca había estado en Lchenstein. Lourdes no hablaba alemán. Lourdes no sabía dónde quedaba Baduz en un mapa, pero su nombre y su número de identificación estaban allí.
Lo que [música] la libreta negra revelaba era un sistema, un sistema diseñado para hacer parecer que el patrimonio de Camilo se distribuía entre familiares [música] cuando en realidad esos familiares no tenían acceso a las cuentas. La firma autorizada en todas las sociedades era una sola, la del hombre del portafolio marrón.
Y un segundo nombre apareció después, el nombre de un gestor radicado en Andorra que entre 2003 [música] y 2018 viajó 52 veces a Madrid. 52. Los registros aeroportuarios lo confirmaron. Hay quien dice todavía hoy que las visitas de ese gestor coincidían [música] exactamente con los meses en que Camilo tenía recaídas, que llegaba siempre tres días antes de un internamiento hospitalario, que tomaba un [música] café en la cafetería del piso bajo del Eurobuilding, que subía [música] al chalet de Torrelodones por la tarde, que bajaba al cabo de 2 horas
con un portafolio distinto al que había subido. La familia del [música] gestor lo desmintió en su momento. El bufete que lo representaba lo desmintió por [música] escrito en 2018. La versión se quedó y aquí está lo que llevas esperando 30 minutos. Acuérdate de lo que te dije al principio. La carta de mayo de 2017, la carta que estaba doblada [música] en cuatro partes dentro de la caja de música de marquetería de Palo Santo. Falta menos.
Vamos a volver al chal. 5 horas después del descubrimiento de los lingotes, Harf está en [música] el despacho de Camilo, sentado en el sillón de cuero negro. Mira el cuadro al óleo en la pared del fondo. El cuadro de Camilo con 28 años, mirada de medio perfil. Mano izquierda apoyada en el respaldo de una silla blanca.
La luz del cuadro [música] pega en el lado derecho de la cara. La textura del óleo es densa. Pintado por un retratista español que se llamaba José Pérezcaña en 1974. 5 millones [música] de pesetas costó. Lordes lo había visto colgado en ese mismo lugar durante 30 años. Pero hay [música] algo distinto. El cuadro está torcido, 3 cm más bajo del lado derecho.
La trampilla bajo la alfombra persa está cerrada de nuevo. Los lingotes están en una caja forrada de fieltro azul, fotografiados, sellados, identificados. La libreta [música] verde con las 12 firmas falsificadas está en una bolsa de evidencia. El cassette Baesef está en una bolsa aparte y en el centro de la mesa hay una caja, una caja de música de marquetería de Palo Santo, 22 [música] cm por 15 cm por 8 cm de alto.
La habían encontrado en el último cajón del escritorio. Cerrada con llave. La llave no estaba. Alonso, el especialista en bóvedas, había forzado el mecanismo en 4 minutos. La caja sonaba al abrirse. Una melodía de 15 notas. La melodía del estribillo de vivir así es morir de amor. Camilo la había mandado fabricar [música] a un taller de Florencia en 1997.
Habían fabricado dos cajas idénticas, una para Lordes, una para Camilín. La de Lourdes la había recibido ella en 1998. La de Camiline jamás llegó a entregarse. [música] Esa era la caja de la mesa. Pero aquí viene algo que tienes que saber antes de abrir la caja. Acuérdate de [música] la mancha de tinta del piano.
La mancha redonda del tamaño de una moneda de 5 céntimos, la que Lourdes había visto en 2017. El perito forense del cateo la analizó esa misma madrugada. La tinta era pelícana azul real fabricada en Hanoware, [música] Alemania. Camilo usaba una pluma Mon Blan Ma Stuk 149 que cargaba con tinta Mon Blanc Midnight Blue.
Camilo nunca había tenido [música] un bolígrafo pelican en su vida. La mancha del piano la había hecho otra persona. Esa [música] persona se había sentado al piano con un bolígrafo pelicán azul real en la [música] mano destapado. Tropezó con la tapa. Cayó una gota de tinta. Esa persona estaba en el chalet en mayo de 2017.
Esa persona escribía con bolígrafo pelican. Esa persona sabía la combinación de la bóveda, pero también sabía algo más. Esa persona sabía que la caja de música existía y esa persona, según las huellas dactilares laterales encontradas en la madera de la base de la caja, había intentado abrirla sin éxito. La caja estaba diseñada con un mecanismo florentino del siglo X.
No se abría con Bansua. No se [música] abría sin la llave original. Y la llave original, Camilo se la había guardado en el bolsillo interior izquierdo de su pijama el día que entró en el hospital 12 de octubre. Esa llave no apareció. Hasta ahora tres microres resesets pegados [música] antes de la apertura. Primero, la caja de música suena cuando se abre.
Segundo, lo que hay dentro pesa más que [música] los 12 kg de oro. Tercero, la frase final cambia todo lo anterior. Harf toma la caja con guantes blancos de algodón. El fotógrafo forense apunta. La notaria abre el acta [música] y la caja se abre con el primer compás de vivir. Así es morir de amor. 15 notas. La melodía suena tres veces antes de que el mecanismo se detenga.
Dentro de la caja hay cuatro cosas. Una carta de tres páginas doblada en cuatro partes. Una libreta de tapa azul oscuro con anotaciones en lápiz. Dos cassetts Bae CF de 90 minutos y una fotografía en blanco y negro con un marco de madera oscura. Vamos por partes. La carta primero. Tres páginas. Papel con keror, crema con marca de agua, caligrafía temblorosa pero clara.
Fechada Torrelodon. [música] 18 de mayo de 2017. Encabezamiento para Camilín. Solo para él. Cierre. Todo era para Camilín. Firma. Camilo Blanes Cortés. Lo que dice [música] la carta en sus tres páginas, leído por la notaria en voz alta a las 9:14 de la mañana, lo escuchó Harfook sin parpadear. La carta empezaba así.
Camilín, si estás leyendo esto, ya pasaron [música] cosas que yo no pude evitar. He firmado cosas que no debí firmar. He dejado que otra gente se metiera [música] en lo que era nuestro. Tú eres mi único hijo y todo lo que tengo, lo que ves y lo que no ves era para ti. [música] La segunda página continuaba con frases que la notaria leyó más despacio.
Hijo, yo te quise desde el momento en que tu madre te puso en mis brazos en aquella habitación de hospital. Yo te canté al [música] piano todas las noches durante 3 años. Tú no te acuerdas porque eras muy pequeño, pero yo sí me acuerdo y me acuerdo de cuando te dejaron de traer a Torrelodones. Me dijeron que era por tu bien.
Yo no entendía, pero estaba muy cansado para preguntar. Yo no te abandoné. Me apartaron de ti y yo no tuve la fuerza para luchar contra eso. Perdóname por no haber tenido esa fuerza. Perdóname por haber firmado cosas sin leerlas. Perdóname por haberle dado poder a gente [música] que no se lo merecía. La carta continuaba con una revocación expresa de todos los poderes generales firmados desde 1995.
Nombraba a Lour de [música] Sornelas, administradora plena del patrimonio para Camilín, hasta que este cumpliera 40 años. identificaba por iniciales a tres personas del entorno cercano [música] a las que les retiraba toda autoridad para representar a Camilo en cualquier acto jurídico o financiero.
Y en la tercera página, [música] escrito con la misma caligrafía temblorosa pero firme, decía, “He guardado pruebas en esta caja, dos cintas, una libreta y la foto que sabes. Si esto se abre es porque algo me pasó. No firmé el documento de 2018. No firmé el de 2010. La firma que ellos usan no es la mía desde hace años.
Yo ya no firmo nada porque no [música] me dejan. Todo lo demás está en la libreta. Laurdes, Camilín, perdónenme. Todo era para Camilín. Camilo. Y la última línea, después de la firma escrita con la mano más temblorosa, con la pluma casi sin tinta, decía una sola cosa. Hijo, si cantas, canta lo mío, hazlo por mí.
Esa línea la leyó la notaria al final y se quedó callada [música] 15 segundos antes de continuar con el acta. Y aquí llega la cuarta cosa que te prometí. La carta cumple lo que el mazazo te prometió. [música] hace casi una hora. Existió, existió firmada, existió fechada, existió guardada en un lugar al que el círculo cercano nunca pudo entrar.
Y existió por una razón, porque Camilo, en algún momento [música] del año 2017 supo lo que estaba pasando y trató de dejarle a su hijo una salida. Las [música] pruebas siguen saliendo de la caja. La libreta azul oscuro. 15 páginas [música] escritas a mano por Camilo, con la misma caligrafía temblorosa, una lista de 47 sociedades, las mismas 47 sociedades que la libreta negra había documentado.
Pero en la libreta [música] de Camilo aparecía algo más junto a cada sociedad escrito en lápiz fino el nombre completo del prestanombre real y junto al nombre del prestanombre, la fecha [música] exacta en la que Camilo, según sus propias palabras, había firmado sin saber lo que firmaba. 47 fechas. La primera, 3 de octubre de 1995.
La última. 11 de marzo de 2018. 18 meses antes de su muerte, la penúltima entrada de la libreta azul tenía una nota al margen. Decía con la misma caligrafía temblorosa, “Esta es la última vez que firmo algo que conste, Camilo.” La fecha de [música] esa nota era 12 de mayo de 2017, 6 días antes de la carta de la caja de música.
Después de la libreta, los cassetes dos cintas [música] BEF de 90 minutos, etiquetadas con una sola letra cada una, A y B. La cinta A contenía 42 minutos de grabación. Era una conversación entre Camilo y otra persona. La fecha de la grabación, según el código interno del [música] cassette, era 14 de febrero de 2016. La conversación estaba en español castellano de Madrid.
La voz de Camilo se reconocía perfectamente. La otra voz era de un hombre de unos 50 años. Hablaba bajo, pausado, con la cadencia tranquila de quien ya sabe cómo va a terminar la conversación, porque la ha tenido muchas veces. Le decía a Camilo que tenía que firmar antes del viernes. Le decía que el Banco de Andorra estaba esperando.
Le decía que si no firmaba ese día, la sociedad iba a perder [música] la cobertura fiscal y todo el patrimonio iba a quedar expuesto. Le decía que [música] pensara en Camilín, que pensara en lo que iba a heredar el niño si todo se desmoronaba. Camilo en la cinta decía que no entendía, que el documento era largo, que las cláusulas [música] tenían letras pequeñas.
Camilo decía que estaba muy cansado, que había dormido mal, que le dolía la cabeza desde el martes. Camilo decía que quería llamar a Lourdes. A otra voz le decía que Lourdes [música] no podía ayudarlo, que Lourdes no entendía estos asuntos, que Lourdes [música] era mexicana y que el régimen fiscal español era complejo, que solo él podía firmar que era urgente, que el viernes a las 2 de la tarde el plazo expiraba.
La cinta tiene un momento en el minuto 29 donde Camilo se queda callado durante casi 2 minutos. Se oye una respiración pesada, un sorbo de algo, probablemente agua. Y la voz del otro hombre repite tres veces la misma frase. Camilo, Camilo, ¿estás bien? Camilo no responde durante los primeros segundos y cuando responde su voz suena distinta, más baja, más arrastrada, como si acabara de tomar algo.
La cinta termina con [música] Camilo diciendo dónde firmo y un crujido de papeles. La cinta [música] corre 18 segundos más en silencio. Solo se oye una pluma rascando sobre el papel. Una, otra. Otra, otra, 11 veces, 11 páginas [música] firmadas seguidas, sin pausa, sin que Camilo preguntara qué firmaba.
Y al final del crujido, la voz del hombre. Muy bien, gracias. Ahora descansa y el click del grabador apagándose. Camilo no sabía que esa conversación [música] se estaba grabando. La grabación la hizo el propio Camilo. Tenía una pequeña grabadora de pilas Sony TCM 2000 escondida en el cajón superior del escritorio.
La encendía con un disparador remoto que activaba con la rodilla. Lo había aprendido de un técnico de sonido en 1992 [música] y lo había mantenido en secreto durante todos los años en los que el hombre del portafolio es marrón vino a verlo. La grabadora estaba al lado de la libreta verde con las firmas falsificadas y al lado de los lingotes, pero protegida por una segunda tapa de fieltro azul que el equipo de Harfook no abrió hasta el segundo barrido.
grabadora tenía 16 cassetes etiquetados. Camilo había [música] grabado 16 lunes. 16. Eso es lo que Harfook tiene ahora. La cinta B contenía algo [música] distinto. Pero antes de llegar a la cinta B, mira esto. Lo del hombre del portafolios marrón. Acuérdate el nombre del [música] hombre del portafolio es marrón.
apareció en la libreta negra como administrador único de 39 de las 47 sociedades. Su nombre completo y [música] su firma habilitada estaban en las copias de los documentos, pero ese nombre en la libreta [música] azul de Camilo aparecía solo una vez en la última página, escrito con caligrafía firme, sin temblor y junto al nombre Una línea. Él lo sabe todo.
Si me pasa algo, fue él. Camilo había escrito esa línea en lápiz negro. La había firmado con una rúbrica de tres trazos y la había fechado 15 de mayo de 2017, tres [música] días antes de la carta. Pero adentro había algo que yo no te había dicho que ibas a ver, algo que estaba debajo de la fotografía. Y esto cambia todo lo anterior.
La fotografía, el cuarto elemento de la caja de música, un retrato en [música] blanco y negro. Camilo con 29 años, sentado en el sofá de la casa de Acapulco con un bebé de 5 meses en brazos. El bebé sonríe [música] mirando hacia un punto fuera de cuadro. Camilo le sostiene [música] la cabeza con la mano derecha.
La fotografía está enmarcada en madera oscura de Paloanto, igual que la caja. Marco original, Cristal sin [música] grietas, dimensiones 11 por 14 cm. Al reverso de la fotografía, escrito con la caligrafía clara de Camilo antes [música] del temblor de los últimos años, una dedicatoria. Camilín, mi único milagro. Madrid, 2006. Pero cuando Alonso, el especialista desmonta el marco para fotografiar la fotografía sin reflejos, descubre algo entre el marco trasero y la cartulina [música] de fondo.
Una llave dorada pequeña, 3,m5 de largo con un código grabado en el anillo de sujeción. El código tiene siete dígitos, cuatro letras, tres números, LBZ0472. Esa llave no abre ninguna puerta del chalet. Esa llave no abre la bóveda. Esa llave no abre la caja de música. Esa llave abre algo que está en otro país y esto es [música] lo que conecta con el hallazgo de los 12 lingotes.
Acuérdate del primer hallazgo. Acuérdate de los códigos de serie [música] de los 12 lingotes. Los 12 lingotes venían de la misma colada de Argor Eerus de octubre de 2004. Y el [música] código interno de esa colada, el que el refinador suizo gravaba en las facturas [música] de origen, llevaba un prefijo. Ese prefijo era LBZ, Lichchenstein [música] Baduth Central Bank.
La llave que estaba detrás de la fotografía habría una caja de seguridad en el central [música] Bank de Baduz, caja número 0472, y la apertura [música] de esa caja según el procedimiento de cooperación judicial internacional que Harfó esa misma madrugada por vía telemática [música] con las autoridades de Lchenstein. Se autorizó 48 horas después.
Cuando esa caja se abra, según el acuerdo de cooperación firmado, van a estar presentes tres personas, un juez de Baduz, Harfush y un representante legal [música] del Our de Sornelas y Camilín Planes. Lo que se encuentre en esa caja no va a salir en redes sociales, va a entrar directo a un sumario judicial sellado.
Pero hay una cosa que ya se sabe. Esa caja la abrió Camilo VI por última vez en marzo de 2017 sin acompañantes. Solo pagó el alquiler anual por adelantado por 10 años con una transferencia [música] desde una cuenta personal a su nombre, no a nombre de ninguna [música] sociedad pantalla. Esa transferencia fue lo único que el hombre del portafolio esmarrón jamás logró rastrear, porque Camilo la hizo desde un terminal del aeropuerto [música] de Madrid, Barajas, en una escala entre Madrid y Acapulco.
Tarjeta [música] personal, operación de 412 € vuelo Suicire 0274 con conexión [música] en Zuri. Camilo se bajó en Zuri, tomó un taxi al central bank de Baduz, pasó 4 horas dentro y volvió al aeropuerto a tiempo para subirse al vuelo de continuación. Nadie del entorno cercano supo de ese viaje.
La esposa del piloto del avión privado en el que normalmente volaba Camilo, en cambio, lo recordó dos semanas después, porque era la primera vez en 15 años que el cantante había viajado solo en una línea comercial. Eso lo contó esa mujer en una conversación de café en 2023 que se grabó por accidente con el teléfono de una vecina. La grabación dura 41 segundos.
Está en manos del equipo de Harfuxs desde diciembre de 2025. Y aquí venía algo más, algo que ningún [música] medio español ha contado nunca, algo que solo conocen tres personas en este momento y que el bufete del entorno cercano niega categóricamente. Hay un cuarto elemento que se rumoreaba [música] que existía, pero que jamás había aparecido.
Voy a decirte que se contaba y voy a explicarte por qué importa. Se contaba en los círculos cerrados de la industria discográfica madrileña, en conversaciones de cena privadas que jamás [música] llegaron a las páginas de las revistas, que Camilo VI en 1998, en el momento [música] exacto de su mayor crisis personal y profesional, había firmado un acuerdo con una persona que no era de su entorno directo, una persona poderosa, una persona del mundo de la gestión patrimonial internacional.
Esa persona, según se decía, le había ofrecido a Camilo lo que parecía una salida. Le había ofrecido proteger su patrimonio de los abusos de Ariola y de los gestores madrileños. A cambio, a cambio Camilo cedía durante 15 años el 51% de las regalías generadas fuera de España. Camilo aceptó, Camilo firmó y Camilo, según los pocos que vieron una [música] copia del documento, jamás se enteró de que la persona del otro lado de la mesa era socia del [música] hombre del portafolio esmarrón.
Lo que parecía una salida era la primera piedra de la jaula. Esa persona jamás ha sido nombrada en la prensa española. Esa persona dirigió durante 22 años una de las sociedades de gestión patrimonial más grandes de Europa. Esa persona falleció en 2022 y un primo lejano de esa persona, según una versión que circuló en Madrid durante seis semanas hace dos años, conserva [música] todavía hoy una copia del acuerdo original firmado por Camilo en 1998.
Esa copia, si existe, [música] está en una casa de campo en algún punto de la provincia de Toledo. Esa copia jamás ha aparecido. La familia de la persona fallecida lo desmintió categóricamente en 2023. El bufete que la representó emitió un comunicado oficial negándolo todo. El primo en Toledo jamás dio entrevistas, pero la versión se quedó y la cinta B del Cassette, la que Harfuch escuchó completa al amanecer del 22 de febrero, contenía en sus últimos 7 minutos una conversación de 1999 entre Camilo y una voz masculina más
adulta que la del hombre del portafolios. Una voz que Camilo en la grabación llamaba dos veces por su nombre de pila. Esa cinta es parte [música] de la investigación judicial en curso. Ese nombre no se ha hecho público y por una decisión legal explícita, ese nombre no se va a hacer público en este vídeo. Vamos a cerrar esto.
Acuérdate de [música] la frase del piano. Acuérdate de la mancha de tinta pelicán. La persona que dejó esa mancha estuvo [música] en el chalet en mayo de 2017. La persona que dejó esa mancha sabía que la caja de música existía. La persona que dejó esa mancha trató de abrirla y no pudo. La persona que dejó [música] esa mancha es la misma persona que aparece nombrada en la última [música] página de la libreta azul.
Él lo sabe todo. Si me pasa algo. Fue él. Camilo lo escribió tres días antes de cerrar la caja de música por última vez. Tres días antes de guardar la carta, tres días antes [música] de esconder la llave dorada detrás de la fotografía de Camilín bebé y 2 años y 4 meses [música] antes de entrar en el hospital 12 de octubre por última vez.
Si el patrón se mantiene, la verdad de todo esto va a salir en los próximos meses. Va a salir cuando la caja del [música] Central Bank de Badut se abra. Va a salir cuando el peritaje grafológico se publique, va a salir cuando los [música] cassets se transcriban y se cruce la voz secundaria con las muestras de voz disponibles.
Pero hay algo que no va a salir nunca. Hay algo que ya forma parte de la película interior de quien escuche esto. Camilo Sexo lo sabía. Lo sabía mucho antes de lo que nadie quiere reconocer. Lo escribió, lo firmó, lo guardó y lo dejó debajo de 12 kilos de oro para que alguien algún día levantara la alfombra del despacho. Todo era para Camilín.
22 de febrero de 2026, 11:47 [música] de la noche, la notaria firma el acta de inventario en el comedor del chalé. 12 lingotes de oro, una libreta verde con 12 firmas falsificadas, una libreta negra con 47 sociedades pantalla, una caja de música de marquetería de Palosanto, una carta de tres [música] páginas firmada el 18 de mayo de 2017, una libreta azul con la lista completa [música] de las sociedades y los prestanombres.
Dos cassettes Beasf de 90 minutos cada uno. Una fotografía en blanco y negro de Camilo con Camilín bebé. Una llave dorada con código grabado LBZ0472. Un cassette adicional [música] con la grabación del Hotel Palace de 1998. La frase de Juan Gabriel, un papel doblado con la frase si esto sale, todos caemos.

16 cassetts adicionales con grabaciones de los lunes a las 11 de la mañana, 18 frascos vacíos sin etiqueta, una jerna de cristal con restos secos, una receta médica firmada por un nombre sin registro colegial y dos huellas dactilares laterales [música] en la madera de la base de la caja de música atribuidas mediante cotejo automatizado a una persona que mañana mismo va recibir una citación judicial en Madrid.
22 artículos inventariados, 22 piezas catalogadas, 22 días es lo que le tomaba a Camilo VI cuando estaba sano, escribir, grabar y mezclar un disco entero en los estudios de Ariola. 22 días era el tiempo del milagro. 22 años fue el tiempo que el hombre del [música] portafolius marrón estuvo entrando los lunes a las 11.
La coincidencia numérica no la pasó por alto el equipo forense, pero las coincidencias no entran en las actas, solo los hechos. Y los hechos quedaron registrados en 79 páginas firmadas por la notaria con tinta negra. Arfuch cierra el despacho, sube las escaleras, mira el cuadro al óleo, vuelve a torcerlo 3 cm para que quede como lo encontró.
Baja el vestíbulo. El piano de cola [música] staway negro tiene su mancha de tinta pelicán a la altura del sostenido medio. Harf lo mira 10 segundos, se pone el abrigo gris oscuro y sale a la grava del jardín. Tres camionetas [música] se alejan por la carretera de Galapagar. Las hojas se mueven con [música] el aire de las 4:32 de la madrugada.
La casa queda atrás. Los pinos secos, la piscina vacía, la estatua de mármol caída de lado, el columpio oxidado y la habitación [música] del segundo piso donde durante demasiados años vivió alguien que cobraba en negro, que firmaba documentos en nombre de Camilo, cuando Camilo estaba demasiado sedado para sostener una pluma y que el día del último ingreso hospitalario vacíó tres cajas fuertes.
Ese alguien no estaba en la casa esa madrugada. Ese alguien lleva años sin pisarla, pero su nombre acaba de aparecer en 39 documentos firmados con una caligrafía que no es la de Camilo VI. Y eso en términos judiciales se llama otra cosa. Camilin tiene 43 años el [música] día que Harfuch firma el cateo. Vive en una casa en Pozuelo.
Sigue cantando en escenarios pequeños cuando lo dejan. Sigue luchando con todo lo que arrastra desde adolescente, pero sigue siendo el hijo de Camilo. La carta de la caja de música se la entregó Harfux personalmente a Laurdes y a Camil [música] 48 horas después del cateo. Camiline la leyó en el sofá del salón de Pozuelo. Lourdes a su lado.
Camilín no dijo nada durante los primeros 10 minutos. Luego se levantó, fue al baño, cerró la puerta y se quedó [música] allí media hora. Cuando volvió, lo único que dijo fue una frase. Todo era para mí. Lourdes lo abrazó y Camilín lloró por primera vez en muchos años. Lloró por el padre que lo aisló.
Lloró por el padre que escribió tres páginas para que él las leyera algún día. Lloró por los lunes a las 11 de la mañana en los que su padre firmaba sin leer mientras él esperaba en el coche fuera de la verja. Lloró por la fotografía con la dedicatoria al reverso. Mi único milagro. Lloró por la mancha de tinta del piano.
Lloró por una vida entera de 12 kg de oro escondidos bajo una alfombra persa cuando lo único que él quería era una llamada de teléfono. Y al final, cuando ya había dejado de llorar, dijo otra cosa. “Mi padre nunca me abandonó. Lo abandonaron a él.” Esa frase la dejó por escrito tres semanas después. en un comunicado que [música] Lourdes leyó en la cadena ser un sábado por la mañana.
Ahora tú sabes que existieron [música] 12 kg de oro debajo del despacho. Ahora tú sabes que existieron 47 sociedades pantalla con prestanombres. Ahora tú sabes que existió [música] una libreta con 12 firmas falsificadas. Ahora tú sabes que existió un hombre del portafolio smarrón que llegaba los lunes a las 11.
Ahora tú sabes que existió un [música] cassette del Hotel Palace de 1998 con una frase de Juan Gabriel que jamás se publicó. Ahora tú sabes que existió una caja de música de marquetería con la melodía de vivir así es morir de amor. Ahora tú sabes que existió [música] una carta firmada el 18 de mayo de 2017. Ahora tú sabes que existió una llave dorada detrás de la fotografía de un bebé.
Y ahora tú sabes que existieron 16 casetes con 16 lunes grabados por Camilo en secreto durante años. El 99% de los que vieron las noticias sobre Camilo V entre 2019 y 2026 no sabe nada de esto. Tú sí. Tú estás dentro de los que saben. 8 de septiembre de 2019. Domingo, tú estabas haciendo algo cotidiano, lavando los trastes después [música] del desayuno o viendo el final de un programa o respondiéndole un mensaje a una hija.
Y de pronto la pantalla del televisor cambió. Telemundo, Unimisión, las [música] estrellas y la frase en letras rojas. Murió Camilo VI, 72 [música] años. Tú soltaste lo que tenías en la mano, te quedaste de pie y por un segundo, sin pensarlo, te acordaste [música] de algo muy específico de ese día de 1978, cuando escuchaste vivir así es morir de amor por primera vez en la radio del coche, de esa boda a la que fuiste [música] en 1984, donde la orquesta tocó algo de mí, de ese disco que tu hermana se compraba escondidas porque tu madre decía que era
música rara. De esa amiga que se enamoró por carta de un primo gracias a un cassette de Camilo. Tú lo recordaste todo en dos segundos y luego seguiste con tu día. Pero algo se quedó. Algo se quedó porque Camilo VI [música] era parte de tu música, de tu memoria, de las noches en que tu marido te sacó a bailar.
De los domingos en que tu madre planchaba [música] con la radio puesta, Camilo Sexo era tuyo. Y a la familia, a Laurdes, a Camilín, alguien les quitó [música] al hombre que era de todos antes de que se muriera. Ese es el peso de esta historia. Ese es el peso que Harfuch sacó debajo de una alfombra persa la madrugada del [música] 22 de febrero.
Yo te voy a hacer cuatro preguntas y no te las voy a contestar. ¿Dónde está la persona del portafolio esmarrón a estas horas? ¿Cuándo se va a abrir la caja del central Bank de Badut? ¿Qué se va a oír en la cinta [música] B cuando se transcriba completa? Y cuántos años más va a tardar Camilín en cobrar lo que su padre dejó por escrito que era suyo? Esas preguntas no las cierra este vídeo.
Esas preguntas [música] las tienes que llevar encima esta noche cuando apagues la luz, porque algunas cosas no se resuelven en la pantalla de un teléfono. A las 11 de la noche, algunas cosas se resuelven en los tribunales y algunas otras no se resuelven nunca. Próximo [música] martes a las 8:30 de la noche, Antonio Aguilar, Cuernavaca, una capilla [música] familiar construida en 1967, una cripta con dos puertas, la oficial y otra, otra que nadie en la familia ha reconocido nunca que existió y una bóveda detrás del altar que llevaba
cerrada desde el día del entierro. Lo que Harfu encuentra detrás de la segunda puerta cambia todo lo que crees que sabes del rey del corrido.
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