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Flor Silvestre: Lo Que Pasó Ese Día Lo Cambió Todo

En esa familia la música era el aire, el idioma que usaban cuando las palabras no alcanzaban y Guillermina cantaba diferente a los demás. A los 8 años ya se sabía las canciones enteras, no los estribillos. Las canciones completas, con todos los versos, con todas las variaciones de tono, se subía a un limonero en el patio y desde ahí cantaba para nadie o para todos, para el cielo del vajío, que a esa hora tenía esa luz dorada que tiene el cielo de Guanajuato al atardecer.

Su padre la escuchaba desde abajo, no interrumpía, esperaba a que terminara. Luego le pedía otra. Mi papá me hacía cantar porque oía mis canciones diría Flor [música] décadas después. Las canciones viejas me las aprendía completitas. Me subía al árbol y cantaba en el limón. Ya tenía mis pasos marcados en el limón para subirme. Esa imagen, la niña con los pasos marcados en la corteza del árbol de tanto subir cantando canciones de adultos con voz de niña, es la imagen más honesta de lo que fue Flor Silvestre desde el principio. Lo que nadie supo en

Salamanca es lo que esa voz iba a costarle. La familia se mudó a la Ciudad de México cuando Guillermina tenía 13 años. La madre quería vivir en la capital. El padre vendió lo que tenía en Salamanca y se fueron al barrio de Tepito. Guillermina llegó después de terminar la primaria. Sus padres la inscribieron en la Escuela Bancaria Comercial Milton para estudiar secretariado. Secretariado.

La voz que luego haría llorar a generaciones enteras de mexicanos aprendiendo a teclear cartas. La futura reina de la canción mexicana archivando documentos. Porque eso era lo que se hacía con las muchachas con talento en el México de 1943. Duró poco en esa escuela. Cuando Guillermina tenía 13 años, su padre la llevó a ver una actuación del mariachi Pulido en el teatro del pueblo en el mercado Abelardo Rodríguez.

El teatro estaba en el último piso del mercado con murales de temas socialistas pintados por estudiantes de Diego Rivera. Guillermina vio a los mariachis, subió al escenario sin que nadie la invitara. Le dijo al director del mariachi que quería cantar. El director la miró, le dijo que no. El dueño del teatro estaba ahí, la escuchó, le dijo que volviera la semana siguiente volvió y cantó.

Y el teatro del pueblo se detuvo de la manera en que se detiene un lugar cuando ocurre algo que nadie esperaba. Lo que siguió fue rápido. La radio exfo. El locutor Arturo Blancas que ese año recordaba una película reciente protagonizada por Dolores del Río llamada Flor Silvestre y pensó que ese nombre le quedaba bien a aquella muchacha de Salamanca.

El concurso de la XU, las giras por México y Sudamérica, el club El patio de la Ciudad de México, donde la vio el productor Gregorio Wallerstein y la contrató para cinco películas. La primera fue Primero Soy mexicano, en 1950, tenía 20 años. En esa película compartió créditos por primera vez con Antonio Aguilar, [música] pero los dos eran entonces demasiado jóvenes en sus carreras y demasiado ocupados construyendo lo suyo para que ese encuentro fuera algo más que un encuentro profesional.

La chispa, que lo cambiaría todo, tardaría 7 años más en encenderse. Lo que sí empezó en 1950 [música] fue algo que definiría la carrera de flor durante las siguientes décadas. El productor Wallerstein entendió algo que pocos habían entendido todavía, que Flor Silvestre no era simplemente una cantante que también podía actuar.

Era una actriz con una presencia que la cámara no podía ignorar, una mujer cuyo peso en el [música] encuadre no dependía de lo que hacía, sino de lo que era. El tipo de presencia que no se puede fabricar ni enseñar ni comprar con el presupuesto más grande del mundo. Se tiene o no se tiene. Flor la tenía y la industria mexicana del cine de los años 50, que estaba construyendo lo que luego llamaríamos la época de oro, sabía aprovecharla cuando la encontraba.

En esa película compartió créditos con un actor al que entonces llamaban Tony Aguilar. Pero esa historia viene después. Primero viene la que cambió todo. Antes de Paco Malgesto hubo otro hombre, Andrés Nieto, del que se sabe poco porque Flor nunca habló de él con detalle y porque ese matrimonio terminó rápido y sin el escándalo que vendría después.

Guillermina tenía apenas 16 años cuando nació su primera hija, Dalia Inés. El matrimonio con Andrés no duró. Carácter irracible y afición al juego. Las dos cosas juntas son una combinación que tiene un solo final. Flor se fue, se llevó a Dalia y siguió cantando. Lo que no sabía es que el segundo matrimonio iba a costarle mucho más, mucho más.

Y aquí es donde la historia de verdad empieza. Francisco Rubiales Calvo nació el 22 de febrero de 1914 en el barrio de la Merced, Ciudad de México. Quedó huérfano a los 9 años. Se formó solo trabajando. Estudió la primaria mientras era mozo en una tlapalería. Aprendió taquigrafía. Encontró en la radio un lugar donde su voz y su facilidad de palabra valían.

En una publicación llamada Multitudes usó por primera vez el nombre Paco Malgesto, tomado de un gitano aficionado a los toros que había conocido. Con ese nombre construyó una carrera. Cronista taurino, conductor de televisión, pionero del medio en México, el hombre del oiga usted, que entrevistaba a todas las estrellas con un toque entre cómplice e incisivo que el público adoraba.

Era un hombre que sabía exactamente la imagen que proyectaba. Antes de Flor había estado casado con Guillermina Peñalosa, bailarina y coreógrafa. Con ella tuvo a su primogénita Cristina. Ese matrimonio había terminado. Las razones exactas no son públicas, pero las personas del entorno artístico sabían que Malgesto no tenía la mejor reputación con las mujeres.

Flor lo sabía o tenía que saberlo. Las advertencias existían. Estaba enamorada. hizo caso omiso. Se casaron en 1953. Flor tenía 22 años, él 39. Durante 5 años tuvieron dos hijos, Francisco Io, luego Marcela, en 1954. Y durante esos 5 años, Malgesto fue construyendo en privado algo que el público no vería hasta que Flor decidió divorciarse.

Lo que construyó no era un hogar, era una jaula. El control empezó despacio, como siempre empieza una sugerencia aquí, una opinión allá, qué contratos firmar, qué contratos rechazar, con quién trabajar, con quién no. Flor era ya una figura importante en la música ranchera y en el cine. Malgesto era su marido.

Y en el México de los años 50 eso significaba que también era de alguna manera su dueño, pero el control sobre la carrera [música] era solo la capa visible. En 1957, Flor estaba rodando una película. En el set estaba también Antonio Aguilar. Los dos trabajaron juntos durante semanas y lo que empezó como trabajo se convirtió en otra cosa.

La película se llamaba La rebelión de la sierra. Era el tipo de producción que el cine ranchero mexicano [música] hacía en serie en esos años. historia de charros, caballos, canciones y un conflicto que se resolvía con honor. El tipo de película donde los papeles estaban distribuidos de antemano. El hombre al centro, la mujer al lado, el protagonista con carácter y presencia, la mujer con voz y belleza.

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