Posted in

El silencio de la prisión: Un anciano, una esperanza y la decisión de Bukele

Bukele siguió a don Ernesto hasta su choza semiderruida en las afueras. Al abrir la puerta salió olor a humedad y pobreza. En la cama yacía su esposa enferma. En un rincón, su nieto escribía bajo la luz de una vela. Ernesto acarició al niño y le sirvió una sopa de arroz y sal. No había más, pero había amor en su gesto.

Buque le sintió un nudo en la garganta. Aquel hombre no era solo un conserje, era el sostén de una familia. La pobreza lo encadenaba, pero seguía en pie por ellos. Al día siguiente, Bukele entró solo al pasillo de la prisión. Vio a don Ernesto con su cubo oxidado y le preguntó, “¿Por qué sigue trabajando aquí?” El anciano, sorprendido, respondió, “Porque no tengo otra salida, señor presidente”, explicó que nunca tuvo pensión, que siempre trabajó en oficios sin registro.

Se aferraba

Read More