En aquel alcoy industrial y conservador, soñar con ser cantante no era exactamente un plan de futuro tranquilizador para una familia humilde. A mediados de los años 60 formó un primer grupo, los Dason, con el que cantaba en bodas y bautizos por la comarca, mezclando versiones de los grupos que admiraba con composiciones propias muy tempranas.
Eran los años del aprendizaje, del oficio, del escenario pequeño y en 1965 dio el primer gran paso. Viajó a Madrid con sus compañeros para participar en un concurso de televisión, Salto a la fama, el paso al gran público. Después de aquella aparición, el resto del grupo decidió volverse al pueblo, pero Camilo no.
Camilo, con apenas 18 o 19 años tomó la decisión que lo cambiaría todo. Quedarse en Madrid [música] solo, sin red, dispuesto a buscarse la vida. Cantó donde lo dejaron, se unió a otra banda, los botines, participó en alguna película, fue probando, fue equivocándose. [música] Aprendió las dos cosas que aprende un joven solo en una gran ciudad, que la perseverancia apaga y que la soledad de las habitaciones pequeñas duele mucho.
Y entonces, a comienzos de los años 70, llegó el momento. Antes de lanzar su primer álbum como solista, decidió cambiarse el nombre. Lo construyó casi como un guiño íntimo. Tomó su propio nombre, Camilo, y le añadió el sexto por aquella tradición familiar, Camilo Sexto. Con el tiempo lo modificaría ligeramente para hacerlo más fácil al oído y más vistoso en los carteles.
Camilo Sexo. Y así, en 1971, vio la luz algo de mí. su primer álbum con la canción que le daba título, Una balada que en cuestión de meses sonaba en toda España y empezaba a conquistar América Latina y Argentina, donde fue disco de oro casi de inmediato. El joven de Alcoy, el que había viajado en a Madrid con un sueño en la cabeza, acababa de poner el primer pie en una alfombra que lo llevaría hasta lo más alto.
Y lo más alto en su caso iba a ser sencillamente un lugar al que pocos artistas en español han llegado jamás. Los años 70 fueron un huracán y Camilo fue justamente el ojo de ese huracán. Tras algo de mí, lanzó disco tras disco con un nivel de éxito casi insultante, algo más en 1973 con el que representó a España en el festival de la OTI.
¿Quiere ser mi amante, Melina? Jamás. Perdóname. Vivir así es morir de amor. El amor de mi vida, solo un hombre. La lista de canciones que terminaron metidas en la cabeza de toda una generación es larguísima. Era una máquina de hacer himnos. Pero el momento que lo elevó del éxito al mito ocurrió en 1975. Camilo había viajado a Londres y había visto fascinado una obra que estaba revolucionando el teatro musical Jesus Christ Superstar, la ópera rock de Andrew Lloy Weever y Tim Rise.
Y cuando volvió tomó una decisión que muchos a su alrededor consideraron una locura. Convencido de que ese musical podía funcionar en España, no esperó a que ningún productor se atreviera. Lo apostó todo el mismo. Compró financió la adaptación al español, eligió personalmente el reparto, produjo el álbum y encima se metió en la piel del personaje principal, Jesús de Nazaret.
lo puso todo, su dinero y su voz sobre la mesa. El estreno el 6 de noviembre de 1975 en el Teatro Alcalá Palas de Madrid fue un acontecimiento y el disco lanzado en diciembre de ese mismo año se convirtió en uno de los más vendidos de la historia de la música española. La interpretación de Camilo fue tan elogiada que se dice que el propio Andrew Loy Weber afirmó ante toda aquella obra y aquel reparto en general que era una de las mejores producciones del mundo.

El joven cantante había logrado lo que parecía imposible, convertir un musical anglosajón en un fenómeno español y latinoamericano. Y a partir de entonces ya no fue solo Camilo Vo, para mucha gente fue Camilo Superstar. Lo que vino después es de no creer. Discos número uno año tras año, giras maratónicas, presentaciones en Estados Unidos, en Japón, en toda América Latina.
Se han manejado a lo largo de los años cifras de ventas que oscilan, según las fuentes, entre los 70 y los más de 100 millones de discos. E incluso él mismo llegó a hablar de cifras superiores. Lo cierto, más allá del número exacto, es que estamos hablando de uno de los artistas latinos más exitosos de todos los tiempos. Se cuenta que llegó a hacer dos funciones diarias durante 20 días seguidos en el mítico Madison Square Garden de Nueva York. Una hazaña reservada a muy pocos.
Camilo Sexo compuso además canciones para otros grandes artistas. Miguel Bosé, Ángela Carrasco, Lucía Méndez, José José. El hombre que de niño había crecido en una casa humilde de Alcoy, era ahora uno de los compositores y productores más influyentes del idioma. tenía dinero, tenía fama, tenía aviones, tenía propiedades, tenía a millones de personas adorándolo, lo tenía en apariencia absolutamente todo.
Y sin embargo, según se ha contado en numerosas ocasiones, justo por aquella época, en plena explosión de su carrera, se gestaba dentro de él una sombra muy grande, porque por fuera Camilo era el ídolo luminoso, el príncipe rubio de la canción. Pero por dentro, según el mismo terminaría confesando años más tarde en su propia biografía, las cosas no iban tan bien.
Y a sus 26 años, en pleno pico de fama, ocurrió algo que jamás imaginaríamos al verlo aplaudido por estadios. Acorralado por una depresión profunda, según relató, intentó quitarse la vida. lo sobrevivió, lo contó con el tiempo y se convirtió ya entonces en la primera gran señal de que detrás del superstar había un hombre tremendamente frágil, una grieta que con los años no se cerraría.
A finales de los años 70 y durante toda la década de los 80, Camilo V siguió siendo una figura colosal, pero a su alrededor, sin que el gran público lo supiera del todo, empezaba a tejerse el aislamiento. Camilo era extremadamente celoso de su intimidad, daba pocas entrevistas, hablaba poco de su vida privada y se rodeaba de un círculo muy pequeño de personas de confianza.
Su música, eso sí, seguía llegándole a millones, pero el hombre, el Camilo, de carne y hueso, se iba escondiendo cada vez más. detrás del personaje. En 1983 ocurrió uno de los acontecimientos más importantes de su vida privada y también uno de los más dolorosos. Conoció a una joven mexicana, Lourdes Ornelas, con quien mantuvo una relación discreta.
Lourdes se quedó embarazada y aquí entra uno de los episodios más espinos de toda esta historia, contado años después por la propia Lourdes en numerosas entrevistas y que aquí relatamos con el cuidado que merece, dejando claro que se trata de su versión. Según ella, la respuesta inicial de Camilo a la noticia del embarazo fue muy difícil de aceptar y le pidió que abortara.
Lourdes también según su relato, se sometió a la intervención en una clínica de Los Ángeles, algo de lo que se ha arrepentido toda la vida según ha declarado. Lo cierto, lo documentado, es que poco después, contra todo pronóstico y tras una distancia muy dolorosa, ella volvió a quedar embarazada. Y esta vez sí, el 24 de noviembre de 1983, nació en Los Ángeles Camilo Blanes Ornelas, conocido cariñosamente como Camilín, el único hijo del cantante, un niño que sin saberlo todavía cargaría con un apellido demasiado grande y con una historia
Read More
familiar enormemente complicada. Para Camilo VI, ese hijo se convertiría, según él mismo declaró en repetidas ocasiones, en la luz más grande de su vida. Y entonces, en 1987, ocurrió algo que sorprendió al [música] mundo del espectáculo. Estando en lo más alto con su disco recién lanzado, con su carrera disparada, con Estados Unidos a sus pies tras una exitosa gira y participaciones en Disneylandia que parecían sacadas de un cuento, Camilo VI anunció su retido voluntario de los escenarios. Se ha relatado que aquel año
había llegado a acumular más de 6,000 conciertos en menos de dos décadas. Un ritmo demoledor. En una entrevista de la época declaró, según se citó en su momento, que se iba porque quería hacerse mayor viendo crecer a su hijo. Quería ser por fin padre. Quería parar. Pocas figuras del tamaño de Camilo se atreven a hacer algo así en su mejor momento.
Él lo hizo y con el tiempo ese gesto se interpretaría de muchas formas, como cansancio acumulado, como deseo de proteger su salud, como necesidad de huir de una vida que ya lo estaba sobrepasando. Probablemente en algún grado todo a la vez. Pero el retiro nunca fue tan absoluto como pareció. Camilo seguiría sacando discos, seguiría componiendo y a lo largo de los años siguientes volvería esporádicamente a los escenarios, sobre todo en América Latina, donde su adoración no había bajado ni 1 mil.
Era una relación curiosa, unido lo que decía me voy que volvía cada cierto tiempo a recordarle al mundo y a recordarse a sí mismo que seguía siendo Camilo VI, como si ese personaje, aquel superstar, fuera al mismo tiempo su mayor refugio y su jaula de oro. Los años 90 con todo marcaron un cambio profundo.
Como suele ocurrir con casi todos los grandes ídolos, los gustos del público comenzaron a moverse. Las chicas que en los 70 deliraban por él eran ahora mujeres adultas y sus hijas escuchaban otras cosas. La música roca alternativa, el pop más moderno, nuevos nombres iban ocupando las portadas. Camilo seguía siendo enorme, sus canciones seguían sonando, pero su época de dominio absoluto sobre las listas había pasado.
Eso para alguien acostumbrado a ser número uno durante 15 años seguidos, no debió de ser fácil de digerir. Cuentan quienes lo conocieron de cerca, que profundizó entonces su reclusión. Se compró una gran casa a las afueras de Madrid, una mansión que iba a convertirse en el escenario principal de su vida fuera del escenario y allí, según se ha contado, pasaba largas temporadas sin salir, dedicado a la composición, a sus aficiones, a su hijo y a un círculo muy reducido.
Las apariciones públicas espaciaban, las entrevistas casi desaparecieron y los rumores, claro, comenzaron a crecer en proporción inversa a su exposición. Cuanto menos hablaba Camilo, más hablaban de Camilo. A su soledad y a su melancolía se le sumó de más, según se ha relatado en distintas biografías y declaraciones, una larga batalla con el alcohol, el refugio que muchos buscan cuando ya no saben qué hacer con tanto silencio.
Y ese desgaste fue cobrándose un precio físico. En el año 2000, según se informó, [música] Camilo tuvo que someterse a un trasplante de hígado, una operación de enorme calado que muchos artistas no superan y que dejó marcado para siempre el resto de su vida con problemas renales y nuevas [música] fragilidades. A esa cirugía se sumaron con los años accidentes y otras intervenciones que fueron mermando su movilidad.
Y en paralelo ocurría otro fenómeno que terminaría siendo muy comentado. El rostro de Camilo Sexo, ese rostro de ángel Rubio que había hipnotizado a los 70 había ido cambiando con el paso del tiempo. Según fue confesando el mismo en algunas declaraciones, no aceptaba bien el paso de los años. Quería seguir siendo ante el público aquel joven luminoso de los carteles.
Se ha hablado mucho de intervenciones estéticas y tratamientos que, vistos en perspectiva, habrían modificado bastante su fisonomía. Y aquí conviene ser cuidadosos. La mayor parte de esos comentarios pertenecen al terreno del rumor periodístico, no a confirmaciones oficiales del artista, pero las fotografías hablaban por sí solas y el público que lo amaba sufría al verlo.
Sentía que aquel Camilo idealizado del recuerdo y aquel Camilo del presente eran casi dos personas distintas. Las redes y los programas de espectáculos no fueron clementes con esa transformación. Hubo burlas, comentarios crueles, montajes y para un hombre tan sensible y tan inseguro como según todos los relatos era él en su intimidad, aquello tuvo que ser un nuevo golpe.
El precio oculto que pagó por no rendirse al paso del tiempo fue posiblemente sentirse cada vez más extraño en su propio reflejo. Y mientras todo eso ocurría, en su mansión iba creciendo además la mayor preocupación de su vida. su hijo Camil, en quien él había puesto la ilusión de continuar su legado y al que veía empezar a luchar también con sus propios fantasmas.
A finales de la década de 2010, la salud de Camilo Vo era ya muy frágil. Pese a eso, en 2018 publicó un proyecto sinfónico junto a la Orquesta de Televisión Española, una especie de recapitulación elegante de sus grandes éxitos. Era su forma de despedirse, aunque entonces nadie quisiera leerlo así. Para mucha gente, ese disco fue como un último regalo.
Para él, según se relató en su entorno, era un trabajo cargado de orgullo y también de cansancio acumulado. A comienzo de 2019, su nombre volvió a las noticias por motivos preocupantes. Se informó que había sido ingresado en un hospital de Madrid por problemas renales graves, secuelas, según se ha contado, de aquel trasplante hepático del año 2000 y de los años duros que vinieron después.
El público una vez más se preocupó, pero como tantas otras veces, Camilo se recuperó, volvió a su mansión y siguió dentro de lo posible con su rutina silenciosa. Y entonces llegó el día que nadie quería que llegara. La madrugada del 8 de septiembre de 2019 en Madrid, Camilo Vo falleció a los 72 años, según se informó a causa de un fallo renal.
Apenas unos días antes habría cumplido los 73. La noticia se dio a conocer a través de un comunicado en sus redes oficiales, breve, sobrio, como había sido siempre su manera de comunicarse. Un mensaje que sencillamente anunciaba que el gran y querido artista acababa de dejarlos. España y América Latina se paralizaron, las cadenas de televisión modificaron su programación.
Los homenajes se sucedieron uno tras otro. En su alcoy natal, donde había sido nombrado hijo predilecto pocos años antes, en 2016, la gente se volcó a despedirlo. Su restos serían enterrados finalmente en el cementerio de la propia Alcoy junto a sus padres, cerrando un círculo que había empezado en aquel pueblo humilde más de siete décadas atrás.
Camilo, después de toda la fama del mundo, volvía a casa. A título póstumo, recibió además el premio Ondas de la música a toda su trayectoria en 2019, un reconocimiento oficial al peso que había tenido en la historia musical de España y de toda Iberoamérica. era el tipo de despedida que correspondía a un artista de su tamaño, con honores, con multitud escoreando sus canciones, con una nación entera reconociendo que se iba uno de sus grandes.
Pero el fin de Camilo Sexo, igual que ocurrió con otros ídolos que hemos contado en este canal, no fue un cierre limpio. Su muerte abrió en realidad un capítulo nuevo, complicado y muy doloroso, que todavía hoy sigue dando que hablar, porque casi de inmediato comenzaron las disputas en torno a su enorme herencia y sobre todo comenzó a quedar visible algo que él había intentado proteger mientras vivía, la difícil situación personal de Camil, aquel hijo que era sin duda su gran amor.
Aquí toca pisar con mucho cuidado porque lo que sigue es delicado y al hablar de una persona viva conviene hacerlo con respeto absoluto. Pero forma parte ineludible de la historia porque ningún relato sobre Camilo VI está completo sin contar lo que ocurrió con la persona que él más quiso en este mundo, su hijo Camilo Blanes Ornelas. Camilin había heredado el talento de su padre, una voz parecida y una pasión evidente por la música.
De hecho, había debutado a su lado en escenarios compartidos con el propio Camilo apadrinándolo y soñando, como se ha relatado en numerosas entrevistas, con verlo continuar el camino. La idea de un linaje musical, padre e hijo, era una de las grandes ilusiones de los últimos años del cantante. Pero la muerte de su padre en 2019 fue para Camilín un golpe del que, según se ha relatado, no consiguió levantarse.
Cayó en una depresión profunda, [música] lejos de los escenarios. Y según información publicada por distintos medios y por su propia madre, Lourdes [música] Ornelas, en numerosas declaraciones públicas comenzó a luchar contra serios problemas de adicciones. La mansión que su padre le dejó en herencia aquel refugio amplio en las afueras de Madrid, se convirtió, [música] según se ha contado, en el escenario de una vida marcada por las dificultades.
Su propia madre ha pedido públicamente ayuda en innumerables ocasiones, denunciando que su hijo está rodeado de personas que según ella no le hacen bien. Camilina, además ha hecho público con el tiempo un cambio personal importante. Se identifica como mujer y ha pedido ser llamada Sheila Devil. Ese es su nombre y su identidad actuales y como tal merece todo el respeto.
Lo doloroso no es ese paso que pertenece a su libertad personal, sino la situación de fragilidad y sufrimiento por la que, según se ha relatado, está atravesando y que conmueve profundamente a quienes en su día amaron y respetaron a su padre. A todo eso se sumaron casi inevitablemente las polémicas en torno a la herencia.

Como con todas las grandes fortunas tras la muerte de Camilo V, se desataron tensiones entre las personas que lo habían rodeado en sus últimos años, su representante, su administrador y por encima de todo su hijo y su madre. procesos legales, declaraciones cruzadas, acusaciones que pueblan los programas de televisión desde hace años y por si fuera poco, según se ha denunciado públicamente, robos importantes en la propia mansión del cantante, algunos atribuidos a supuestos amigos cercanos, detalles que recordarían a cualquiera dolorosamente
una verdad incómoda. El dinero y la fama suelen atraer también a personas que no son lo que aparentan. Y aquí está quizá el verdadero drama final de Camilo VI. No murió arruinado, ni olvidado, ni sin voz. Murió siendo amado por millones, con homenajes oficiales y con su música más viva que nunca.
Pero dejó tras de sí algo que ningún ídolo querría dejar. el sentimiento de que con todo su éxito y con toda su fortuna no había logrado proteger a la única persona del mundo a la que de verdad quería proteger, su hijo. Esa es posiblemente la herida más profunda que su historia nos deja y por la que tantos seguidores sigue rezando hoy por la recuperación de aquel niño al que Camilo en su día abrazaba en el escenario.
Visto en conjunto, ¿cuál es la verdadera historia de Camilo Sexo? Es la historia de un joven humilde de Alcoy que llegó a los escenarios más grandes del mundo y se atrevió [música] en una España todavía gris a romper todos los moldes. Es la historia de una voz inmensa que regaló a varias generaciones algunas de las canciones de amor más perfectas que se hayan escrito en español. Es la historia de algo de mí.
¿Quieres ser mi amante? Vivir así es morir de amor, el amor de mi vida, perdóname. Canciones que siguen sonando hoy mismo en alguna boda, en alguna [música] cena, en algún programa de radio nocturno. Pero es también la historia de un hombre que no fue completamente feliz casi nunca, de un artista que en plena fama a los 26 años, según relató el mismo, tocó fondo y rozó la tragedia de un padre soltero que se retiró de los escenarios [música] en su mejor momento para intentar ser por una vez simplemente un papá de un hombre que
se encerró durante décadas en una mansión, que vivió en silencio sus combates personales con la salud y con las sustancias y que vio su rostro transformarse al ritmo de unas inseguridades que ningún aplauso conseguía sanar. Y es sobre todo la historia de cómo el éxito, por inmenso que sea, no garantiza una vida plena.
Camilo lo tuvo todo a los ojos del mundo. Discos, premios, mansiones, ídolos a sus pies, escenarios míticos como el Madison Square Garden. Y sin embargo, según todo lo que se ha contado, lo que más necesitaba era algo muy sencillo, tranquilidad, intimidad, alguien que lo quisiera por él, no por la imagen que proyectaba.
Algo que paradójicamente le costó toda la vida tener. Quizá por eso su música conmovió y conmueve tanto, porque detrás de cada balada perfecta había alguien que sabía de verdad lo que era estar solo. Cuando cantaba Vivir así es morir de amor no era una pose. Cuando interpretaba algo de mí no era una metáfora.
Era un hombre poniéndose en pie sobre las heridas para devolverlas convertidas en algo bello. Esa fue su gran alquimia, igual que la de tantos grandes artistas, tomar el propio dolor y transformarlo en consuelo para los demás. La lección que nos deja Camilo VI es incómoda, pero importante, es que se puede ser idolatrado por millones y al mismo tiempo sentirse profundamente solo.
que la fortuna no compra la paz, que la fama, mal administrada o vivida con tanta intensidad puede convertirse en una jaula tan dorada como cualquier otra y que al final lo que de verdad pesa en la balanza no son los premios ni los discos vendidos, sino las personas que uno consigue cuidar y los vínculos que uno consigue sostener.
Camilo Sexo se fue físicamente aquella madrugada de septiembre de 2019. Pero mientras en algún lugar del mundo suene algo de mí o quiere ser mi amante, aquel joven luminoso de Alcoy, el que se atrevió a apostarlo todo por un musical en el Madrid de los 70, seguirá de algún modo sobre el escenario, cantando, vaciándose por los demás, porque hay voces y hay melancolías que no se apagan jamás.
Gracias por habernos acompañado hasta el final de esta historia. Si te emocionó, déjanos un like, suscríbete para no perderte la próxima leyenda y cuéntanos en los comentarios cuál es la canción de Camilo Sexo que más te marca. Nos vemos muy pronto en la próxima historia. Yeah.