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Columba Domínguez: 36 años sabiendo lo que estaba pasando… y calló

Columba volvió a su libro, pero no entendía las letras. Las miraba. pero no las entendía. Se quedó así con los ojos sobre la página mucho rato, hasta que Adela, sin levantar la cabeza, dijo, “¿Les caliento el agua para el baño?” Columba no supo que contestar. Adela, al ver que no decía nada, se bajó del banco y se fue a la cocina.

Puso una olla grande en el fogón, la llenó de agua, encendió la lumbre. Tenía 7 años. 7 años después, Adela contó ella misma con rabia. dijo que su padre llevaba mujeres a la casa todo el tiempo y que le pedía a ella, a la niña, que les preparara el baño, porque a él no le gustaba estar con ellas si antes no se aseaban y se ponían los perfumes que él compraba.

7 años tenía Adela preparándoles el baño a las amantes de su padre. Y en ese momento, aunque no lo dijo en voz alta, Columba ya sabía más de lo que estaba dispuesta a admitir y ella, en el comedor, con el libro en la mano escuchando como Adela ponía la olla, sabiendo, sin decir nada, sin hacer nada.

Porque cuando tienes 15 años y vives en una casa que no es tuya, con un hombre que te descubrió y te metió en su vida, aprendes una cosa rápido. Aprendes a no preguntar, porque preguntar es empezar a contestarse y contestarse es empezar a irse. Y Columba, a los 15 todavía no quería irse. Emilio estaba preparando una película nueva, Maclovia, protagonizada por María Félix, la diva [música] de las divas, y decidió que el papel antagónico, el de la rival, se lo iba a dar a Columba, a la chica de 19 años que vivía en su casa. Columba, cuando se lo dijo, no lo

podía creer. Se tiró a sus brazos, lo abrazó, lloró y él la apartó suavemente. Pórtate bien con María, no le lleves la contraria en el set. Columba asintió. Y no te pongas más guapa que ella. Columba se ríó. No habló en broma. Columba dejó de reírse. El rodaje fue durísimo. Mlovia [música] era una historia de celos con una escena clave donde las dos mujeres, los dos personajes, se pelean en pantalla.

Se supone que es una escena coreografiada, actuada, fingida. No lo fue. Columba lo contó muchos años después [música] en una entrevista. Dijo que María la agarró del brazo con tanta fuerza que le hizo sangre. Le hizo sangre de verdad. La sangre chorreándole por el brazo delante de las cámaras. Y Columba, que para entonces ya llevaba 5 años aguantando de todo, decidió que no iba a aguantar una más.

le devolvió el agarrón con todas sus fuerzas”, dijo ella misma literal. Como ella tenía unos brazos gordos, con mis manos le agarré nada más un pedazo. No me alcanzaba mi mano para más y casi le arranco yo también un pedazo. Dije, “Si se trata de divorcio, me divorcio, pero ahorita el cacho se lo quito a la vieja.

” Esas son sus palabras textuales de una mujer a la que si la mirabas en pantalla parecía una muñeca frágil, pero que por dentro ya estaba rota de tanto tragar y tenía 19 años. La escena quedó. Ese es el jaloneo que todavía hoy se ve cuando ponen maclovia, dos mujeres sacándose sangre y todo México creyendo que eran actrices, pero no estaban actuando.

Estaban pegándose de verdad y cuanto mejor le iba fuera, peor empezaban a ponerse las cosas dentro de esa casa. Y luego vino Pueblerina ese mismo año, la película que iba a convertir a Columba en una estrella internacional. Una historia durísima. Una mujer de pueblo a la que un hombre le hizo daño y que vuelve al pueblo señalada, expulsada.

Una mujer que carga con una vergüenza que no es suya. Emilio le dio el guion y le dijo, “Tú eres ella.” Columba leyó el guion en una noche. Cuando terminó, a las 4 de la mañana estaba sentada en la cama con las manos temblando. Subió al estudio. Emilio estaba ahí bebiendo. No sé si puedo hacer este papel. Emilio la miró. Claro que puedes.

Tú ya lo has hecho en la vida. Y volvió a sus papeles. Columba se quedó con el guion en la mano. No le preguntó qué quería decir con eso. Bajó al cuarto, cerró la puerta y no lloró, porque a los 19 ya había aprendido a no llorar. Rodaron en Michoacán. En pueblos de tierra, con calor, con polvo, Columba desaparecía en el personaje.

Había una escena clave, sin palabras, donde la protagonista vuelve al pueblo después de todo. Solo camina, la cámara la sigue. La primera toma no le gustó a Emilio, la segunda tampoco, la tercera tampoco, a la cuarta se acercó delante del equipo entero. No estás sintiendo nada, Columba no respondió.

Se supone que eres una mujer a la que le pasó algo horrible y caminas como si fueras a la panadería. Le puso la mano en la mandíbula, levantó la cara. Acuérdate de algo feo. Columba lo miró y algo se le movió por dentro muy rápido. Un pensamiento que no quería tener. Una imagen. Un momento. Emilio lo vio. Eso, eso. Y la soltó.

Se dio la vuelta y gritó a la cámara otra vez. Y Columba caminó. Y esa toma fue la que quedó, la que todavía hoy cuando se proyecta Pueblerina en festivales hace que la gente se quede callada. Nadie ha sabido nunca qué pensó Columba ese día para conseguir esa cara. Ella no [música] lo contó ni entonces ni después, porque hay algo que Columba nunca explicó y que empieza exactamente aquí.

Pero mientras Pueblerina ganaba premios en Europa, en México estaba pasando otra cosa, porque Emilio tenía una obsesión, una obsesión que Columba no podía tocar. Dolores del Río. Dolores era la actriz más grande del cine mexicano. Una mujer elegante, fina, educada en Estados Unidos, amiga de Orson Wells, [música] amiga de todo el Hollywood dorado.

Y Emilio estaba enamorado de ella desde hacía años. antes de conocer a Columba, antes de la fortaleza, antes de todo. Y Emilio en 1949 dirigió la malquerida con Dolores como protagonista y puso a Columba como coprotagonista. Adela, [música] la hijastra contó años después que Columba siempre odió a Dolores. Odio esa palabra, un odio silencioso, elegante, de los que no se dicen, pero se notan.

Y hubo una escena violenta en esa película. Una escena donde Dolores tenía que abofetear a Columba. No fue una bofetada de cine. Le dio de verdad. Tan fuerte le cayó que Columba tuvo la cara hinchada durante dos días. Tuvieron que parar el rodaje, no pudo trabajar. Dos días con la cara partida, dos días en casa con hielo, sola, [música] sabiendo que esa mujer que le había pegado era la mujer que su marido quería de verdad.

Y ahora imagina, tienes 20 años, vives con un hombre que te descubrió a los 14. Ese hombre lleva años enamorado de otra [música] que no le hace caso. Esa otra aparece un día en el set, te da una cachetada real, te parte la cara y tu marido no te defiende porque tu marido, en el fondo, sigue enamorado de ella. Esa es la casa en la que vivía Columba, esa es la vida que tenía.

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