Con respeto, señor presidente, el sufrimiento del pueblo salvadoreño no justifica la erosión de las libertades civiles. Buque le asintió lentamente. Tiene razón. El sufrimiento no justifica nada por sí solo. Pero permítame preguntarle algo. Usted cita a Reporters Without Borders, organización Con París, financiada en parte por fundaciones europeas.
¿Sabe cuántos de sus reporteros han caminado por las calles de Ciudad Delgado en los últimos 5 años? El pueblo salvadoreño no necesita que París le diga si está libre. Necesita que sus hijos lleguen vivos a casa. El público se removió. Algo había cambiado en el aire. Ampur respondió con frialdad clínica.
Las métricas internacionales existen precisamente para proteger a los ciudadanos de los abusos que los gobiernos locales no reconocen. Eso no es imperialismo, señor presidente, es rendición de cuentas. Bukele la miró directamente. Rendición de cuentas. En 2022, cuando implementamos el régimen de excepción, las madres salvadoreñas salían por primera vez en años a caminar de noche por sus barrios.
¿Sabe cuántos reportajes hizo CNN sobre eso? Ninguno, porque la paz no genera los titulares que venden publicidad. El caos, sí, el miedo, sí, la narrativa del dictador latinoamericano, sí, pero una madre que llora de alivio porque su hijo llegó a casa, eso no cabe en su formato. Amampur apretó levemente la mandíbula.
Señor presidente, hay una diferencia fundamental entre seguridad y libertad. Se pueden lograr ambas. No tiene que ser una elección. Bukele inclinó la cabeza. Completamente de acuerdo. Y por eso hemos invertido más en educación pública en los últimos 3 años que los dos gobiernos anteriores combinados. Hemos construido hospitales en zonas que no los tenían desde los años 80.
El turismo en El Salvador creció 400%. Pero ninguna de esas cifras apareció en su programa, señora Amampur, porque el éxito de un país pequeño que no pidió permiso para prosperar no encaja en el guion. Una mujer en el público se limpió los ojos discretamente. Ampur tomó aire. Voy a ser directa. Usted disolvió la Asamblea Legislativa, removió a los magistrados de la Corte Suprema, concentró poderes de forma que viola los principios básicos de separación de poderes.
Esos no son indicadores de una democracia funcional. Bukele asintió sin perder la calma. Y yo voy a ser igual de directo. Los magistrados que removimos habían liberado a capos del narcotráfico. La la asamblea que reformamos estaba comprada por los mismos partidos que durante 30 años gobernaron el país en la miseria. Eso es lo que usted quiere proteger.
El sistema que producía el caos que usted nunca cubrió. cubrió a El Salvador exactamente cuando convenía, cuando había crisis, cuando había violencia, cuando la narrativa era la de un país fallido que necesitaba tutores internacionales. Pero cuando el país empieza a ponerse de pie solo, de repente somos una amenaza. Marcus Web se movía incómodo en su asiento.
Los productores en la sala de control intercambiaban miradas. Los teléfonos no paraban. Imampur respondió con voz más tensa, “No estoy defendiendo la corrupción pasada. Estoy señalando que la solución no puede ser reemplazar una forma de autoritarismo con otra.” Bukele respiró hondo. Lo entiendo. Porque desde Atlanta, desde los sets climatizados de CNN, toda concentración de poder parece igual.
Pero hay una diferencia enorme entre un gobierno que concentra poder para proteger a su pueblo y uno que lo hace para robarlo. Nosotros llegamos con las manos vacías y hemos rendido cuentas de cada dólar gastado. Publiqué en Twitter cada reunión importante que tuve durante el primer año de gobierno. ¿Qué otro presidente del mundo hizo eso? Una mujer en la segunda fila asentía con los ojos brillosos. Bukele continuó.
Usted tiene un don genuino, señora Ampur. La he visto entrevistar a Blair, a Putin. Tiene un talento excepcional para extraer la verdad de quienes la ocultan. Pero en algún punto ese talento se convirtió en certeza y la certeza es el enemigo del periodismo. Usted llegó a esta entrevista sabiendo lo que iba a decir con sus carpetas preparadas, su narrativa construida.
No llegó a escuchar, llegó a confirmar. Ampur frunció el ce seño. Eso es una acusación sin fundamento. Bukele abrió las manos. Entonces, dígame, ¿habló con algún ciudadano salvadoreño común antes de venir esta noche? ¿Con algún comerciante de Santa Ana? ¿Con algún maestro de Morazán? ¿Con alguna madre de Soyapango que antes no podía dormir y ahora sí puede? Una pausa larga.
El silencio respondió por ella. En una sala modesta en San Salvador, un hombre llamado Ernesto miraba la pantalla con una mano sobre el pecho. Había perdido a su hermano en 2019, asesinado por una pandilla. Nadie de CNN había cubierto eso, pero Bukele acababa de pronunciar el dolor de todos los como él ante la periodista más famosa del mundo.
Ernesto no lloró, solo susurró, “Yo lo sé, hermano, yo lo sé.” Bukele le miró directamente a la cámara. El pueblo salvadoreño no es un experimento, no es un caso de estudio, no es una nota al pie de un informe de una ONG en Ginebra. Son personas reales que vivieron durante décadas con un miedo real que los medios internacionales cubrieron solo cuando les convenía.
Y cuando decidimos que ya bastaba, de repente somos el problema. Amampur respondió con firmeza, “Nadie niega el sufrimiento del pueblo salvadoreño. Lo que se cuestiona es el método. La democracia no se salva destruyendo sus instituciones.” Bukele la miró con serenidad. Las instituciones que usted quiere proteger no existían para proteger al pueblo salvadoreño.
Existían para administrar su miseria. Reformar un sistema corrupto no es destruir la democracia, es construirla por primera vez de verdad. Y sé que eso es difícil de entender desde afuera porque requiere haber estado adentro, requiere haber visto las caras de los niños que crecieron sin luz, sin agua, sin seguridad en un país que supuestamente tenía instituciones democráticas funcionando.
Un joven en el fondo del estudio levantó un cartel hecho a mano. El Salvador no pide permiso. Marcus Web negó con la cabeza al guardia. Déjalo. Bukele continuó con voz más suave. El periodismo internacional perdió a América Latina hace mucho tiempo, no porque dejara de venir, sino porque dejó de escuchar. Vienen con el titular escrito y buscan las imágenes que lo confirmen.

Construimos hospitales, propaganda, reducimos el homicidio en 92%. Represión, el pueblo nos reelige con mayoría histórica. Manipulación. El guion ya estaba escrito antes de que llegáramos. Ampur abrió la boca, pero Buqué levantó suavemente una mano. Déjeme terminar. Quiero decirle algo que no le digo como presidente.