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¿Censura o libertad? Jorge Ramos desafió a Bukele y la respuesta lo cambió todo

 Cuando tres periodistas citan [música] explícitamente presiones gubernamentales en sus declaraciones públicas, el contexto no cambia la dirección de la flecha, presidente. Apunta hacia su gobierno. Señor Ramos, dijo Bukele levemente, como corrigiendo una cifra menor. Llevan 40 años apuntando flechas. Algunas dan en el blanco, otras golpean el muro y rebotan.

 [música] ¿Usted leyó las declaraciones completas o solo los titulares? Un técnico en la sala de control exhaló [música] audiblemente. La productora le lanzó una mirada. Silencio. [música] Articuló con los labios. Ramos colocó la tableta sobre la mesa con suavidad calculada. [música] Las leí completas, presidente, por eso estoy aquí.

 y empezó a leer, no con [música] dramatismo, con precisión, nombres, fechas, citas textuales [música] de periodistas que describían llamadas anónimas, advertencias veladas, fuentes que de repente [música] dejaban de responder. Ramos no alzó la voz, no golpeó la mesa, construyó el caso ladrillo a ladrillo con la metodología de quien lleva décadas haciéndolo.

 Era la diferencia [música] con Camila Herrera. Herrera había llegado con furia. Ramos llegó con hechos. Bukele escuchó todo, sin interrumpir, sin moverse. Cuando Ramos terminó, el presidente [música] inclinó levemente la cabeza como considerando algo que acababa de ver por primera vez, [música] aunque en realidad llevaba tiempo pensándolo.

 “¿Puedo preguntar algo?”, dijo Bukele. “Por supuesto, ¿cuántas de esas fuentes [música] aceptaron hablar con nombre y apellido?” Ramos sostuvo la mirada. Algunas pidieron anonimato por razones [música] de seguridad. Eso lo entiendo perfectamente, respondió Bukele y su voz tenía algo casi amable, lo cual resultaba más desconcertante [música] que la hostilidad.

 También lo entiendo desde el otro lado. Cuando alguien hace una acusación [música] grave, sin firma, sin cara, sin responsabilidad, ¿a quién responde mi gobierno? A una sombra. No estoy diciendo que mienten, estoy diciendo que sin nombre no hay proceso y sin proceso no hay justicia, solo hay historia. Ramos dejó un [música] segundo de silencio.

Presidente, eso suena razonable hasta que uno recuerda que en [música] países donde las fuentes sí dan la cara, a veces terminan en prisión o peor. El anonimato no es cobardía, es supervivencia. Tiene [música] razón”, dijo, dijo Bukele. Y lo dijo con tal naturalidad que Ramos tardó un instante en procesar que el presidente acababa de concederle un punto.

 [música] Tiene razón en que el anonimato puede ser necesario. Lo que no puede ser [música] es la base exclusiva de una condena pública. Usted lo sabe mejor que yo. 40 años de periodismo le han enseñado a distinguir entre [música] fuente y prueba. Hoy me está trayendo fuentes. Yo le pido pruebas. El set vibró con esa frase, no con aplausos ni murmullos, con algo más denso, el reconocimiento [música] colectivo de que acababa de ocurrir algo. Ramos cambió de página.

 “Hablemos de X”, dijo. Su gobierno ha sido explícito en defender la plataforma como espacio de [música] libertad, pero en X circulan diariamente teorías que acusan a periodistas salvadoreños de ser agentes extranjeros. Esas cuentas tienen decenas [música] de miles de seguidores. Algunas tienen vínculos documentados con funcionarios cercanos a su administración.

Eso también es libertad de expresión. Bukele bebió [música] un sorbo de agua. Lo dejó en la mesa con cuidado. Señor Ramos, usted tiene una cuenta [música] en X con millones de seguidores. Yo tengo la mía. Cualquier ciudadano salvadoreño tiene la suya. ¿Quién decide cuál de las tres tiene vínculos [música] documentados con el poder? Usted, una ONG financiada desde el exterior, un algoritmo.

Los vínculos que mencioné están en registros públicos. Que alguien haya trabajado alguna vez cerca del gobierno y tenga una cuenta en X no es un crimen. Señor Ramos, si aplicamos ese estándar, [música] la mitad de los periodistas de este continente tienen vínculos con algún partido, algún candidato, algún empresario. Los silenciamos a todos.

Ramos apretó ligeramente [música] la mandíbula solo un instante, pero las cámaras lo captaron. No estoy hablando de silenciar a nadie”, dijo su voz más baja, más controlada. Estoy hablando [música] de responsabilidad de que cuando el poder amplifica ciertos [música] mensajes, eso tiene consecuencias reales en personas reales.

“Cletamente de acuerdo,”, respondió Bukele. Y de nuevo esa concesión inesperada, ese movimiento [música] que dejaba a Ramos sin el impacto que esperaba. El poder tiene responsabilidad. Usted también tiene responsabilidad. Yo también. Todos los que tenemos [música] un micrófono, una cámara, una pantalla. La diferencia es que yo no le voy a pedir a nadie que se calle para que el debate [música] sea más limpio.

 La libertad siempre es desordenada, señor Ramos. Usted lo [música] sabe, por eso la defiende. Fue la primera vez que Ramos vaciló. Solo una fracción de segundo, pero perceptible. ¿Y los que no [música] pueden defenderse?, preguntó. Los periodistas locales sin plataforma, sin abogado, sin [música] recursos.

 Cuando una cuenta con 100,000 seguidores los llama traidores, ¿dónde está [música] su libertad? Bukele no desvió la mirada. en la misma Constitución que me permite a mí [música] estar aquí frente a usted respondiendo preguntas difíciles en el mismo sistema que le permite a usted publicar esto en 16 países. La libertad no se divide por número de seguidores, señor Ramos.

 Si empieza [música] a hacer eso, ya no es libertad, es jerarquía. Y la jerarquía siempre la deciden los que ya tienen poder. Usted, yo, no ellos. El silencio que siguió fue de [música] una textura diferente. Ramos lo dejó extenderse. Era su técnica, no llenar el vacío, dejar [música] que el entrevistado sienta la presión. Pero Bukele tampoco llenó el vacío.

 Se quedó [música] quieto, las manos entrelazadas, los ojos fijos en ramos con una expresión que no era desafío, sino algo más cercano a la espera serena. Fue Ramos quien [música] habló primero. Presidente, voy a ser muy directo. Muchos en [música] este continente lo admiran. Lo ven como una figura nueva, disruptiva, que rompió [música] con los moldes del político tradicional.

 Pero hay otra lectura que su estilo [música] de comunicación, su uso de las redes sociales, su relación con ciertos medios construye un muro entre su gobierno y la crítica legítima y que [música] detrás de ese muro pueden ocurrir cosas que el público no ve. ¿Qué le responde a eso? Bukele le inclinó [música] la cabeza.

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