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Carmen Salinas: El ASQUEROSO Negocio Que la Obligó a Hacer Reír aMéxico Mientras Enterraba Su Hijos

Vio a esa [música] muchacha que traía dentro las voces de las grandes cantantes del momento y se la llevó a la capital, al entonces Distrito Federal. El 28 de octubre de ese año, Carmen hizo su debut como artista en el cine ópera de la Ciudad de México. Tenía 14 años y desde ahí ya no paró nunca más. Te voy a pedir que te imagines ese México por un momento, porque es el escenario de toda esta historia.

Era principios de los años 50. México vivía la época dorada de su cine, la época de las grandes estrellas. Los teatros llenos, las marquesinas encendidas en cada [música] esquina del centro y en el corazón de todo eso estaba el teatro Blanquita ahí en pleno centro de la Ciudad de México, lleno todas las noches.

Las variedades, los cómicos, las vedets, la música en vivo, era el lugar donde un artista se hacía o se rompía según cómo la recibiera ese público que pagaba su boleto y no perdonaba a nadie. Ahí empezó Carmen. Subía al escenario del Blanquita, una muchacha flaca de provincia abría la boca y de su garganta salía la voz de las más grandes.

Imitaba a Celia Cruz y el público juraba que estaba oyendo a Celia Cruz. Imitaba a [música] Lola Beltrán, a María Félix, a Lupitacio, a Amalia Mendoza, a Irma [música] Dorantes, una tras otra, sin equivocarse, como si esas mujeres famosas vivieran adentro de ella [música] y solo tuviera que dejarla salir. La gente se volvía loca.

Tú a lo mejor la viste en esa época o te lo contó tu mamá. Esa muchacha [música] era pura alegría arriba de un escenario. Y aquí necesito que te quedes con una frase porque la vas a oír varias veces esta noche y cada vez va a pesar más. Muchos años después, ya [música] famosa, ya con todo el dolor encima, Carmen Salinas iba a decir algo en una entrevista hablando de cómo le hacía para seguir adelante.

Lo dijo con esa naturalidad suya. Como quien dice la cosa más obvia del mundo, se acostumbra uno a vivir con el dolor. Apenas la conoces. Suena casi como una frase de señora resignada de esas que uno oye y deja pasar. Guárdala. Al final de esta historia esa frase va a significar algo que ahora todavía no puedes ver.

Antes de que el cine la volviera un rostro de todas las casas, Carmen se fue abriendo paso poco a poco, de teatro en teatro, de lugar en lugar, presentándose donde la dejaran subir a un escenario. Y en 1964 llegó su primera oportunidad de verdad en la televisión. Fue en una telenovela llamada La vecindad del productor Ernesto Alonso, [música] uno de los hombres más poderosos de la televisión mexicana de aquellos años.

Carmen interpretó a una mujer del pueblo llamada Cuca, un papel pequeño, pero una puerta. Y detrás de esa puerta venían cientos de personajes más en una carrera que iba a durar casi 70 años. Porque eso es algo que tienes que entender de Carmen Salinas. Esta mujer empezó a trabajar a los 10 años [música] y no paró jamás.

Telenovela tras telenovela en los años 60, películas en los 70, teatro, televisión, conducción, todo al mismo tiempo, década tras década. Cuando otras de su generación ya se habían retirado o ya se habían apagado, Carmen seguía ahí frente a una cámara como si el [música] descanso no fuera una opción para ella.

Y a lo mejor no lo era. [música] A lo mejor para una mujer que cargaba lo que ella cargaba, parar de trabajar era lo más peligroso que podía hacer. El cine la atrapó pronto. A lo largo de su vida, [música] Carmen Salinas hizo más de 100 películas, 115 para ser exactos. Su primer papel grande en una de ellas llegó en 1970 con la vida inútil de Pérez, dirigida por uno de los grandes del cine mexicano, [música] Roberto Gabaldón.

Pero lo que de verdad la metió en el corazón del pueblo llegó en 1975. Una película llamada Bellas de noche, el inicio de lo que en México se conoció como el cine de ficheras. Quiero que entiendas [música] qué era ese cine, porque ahí empieza a verse la maquinaria de la que te hablé. Eran películas de cabaret, de centros nocturnos, de vedetes que bailaban y hombres que las miraban, albures, picardía, mujeres ligeras de ropa, todo lo que llenaba las salas en esos años.

Carmen apareció en muchísimas bellas de noche, noche de [música] carnaval, fin de semana en Garibaldi. Entre ficheras anda el Danzón, una tras otra durante los [música] 70 y los 80. Y en ese mundo se ganó un apodo que se le pegó al nombre para siempre, La corcholata. Ese cine fue un fenómeno enorme en México. Durante los 70 y los 80, [música] las salas se llenaban con esas películas de cabaret de centros nocturnos de doble sentido.

Eran películas baratas de hacer y muy taquilleras y se filmaban a velocidad de fábrica [música] una tras otra. Carmen estuvo en muchísimas de ellas. Tíboli, Noches de Cabaret, Muñecas de Medianoche, El sexo sentido, La Pulquería, El Rey de las Ficheras. Para una generación entera de mexicanos, su cara, su voz y sus groserías eran sinónimo de esas noches de cine.

Y mientras las vedets guapas iban y venían, mientras unas brillaban un par de años y desaparecían sin dejar rastro, Carmen se quedaba película tras película, año tras año, porque ella se había vuelto algo que el público no se cansaba de ver. No la belleza de un momento, sino la risa de siempre. Y aquí hay algo que Carmen entendió desde [música] muy temprano viéndolo de cerca.

En ese cine, las mujeres guapas eran la mercancía, los cuerpos que se ponían en la pantalla para llenar las salas. A ella la salvó ser la cómica, [música] la del barrio, la de la lengua suelta. Pero desde su lugar lo vio todo. Vio cómo funcionaba el negocio por dentro. sin maquillaje. Vio que la fama en ese mundo era un [música] préstamo.

Te la daban un rato y tarde o temprano alguien venía a cobrártela con [música] intereses. Esa era Carmen Salinas en los años [música] 70. una mujer que ya hacía reír a México, que ya empezaba a ser conocida en cada casa, que de afuera parecía tenerlo todo. Pero detrás de la mujer que el público veía en la pantalla había otra historia que casi nadie conocía.

Una historia de embarazos perdidos, de partos que terminaron en velorio, de una mujer que quería ser mamá más que ninguna otra cosa en el mundo [música] y a la que la vida le fue quitando hijos uno por uno. Esa es la primera cosa que te prometí y la vas a escuchar completa en un momento. Porque antes de que México la llamara Carmelita, antes de las películas y las telenovelas y los aplausos, hubo una muchacha de 16 años que se casó enamorada con un pianista y que en los primeros años de ese matrimonio no sabía que estaba a punto

de empezar el capítulo más doloroso de [música] su vida. El nombre de ese pianista era Pedro Placencia. Recuerda ese nombre. De él va a nacer el muchacho del sillón con el que abría esta historia. El 5 de enero de [música] 1956, Carmen Salinas se casó. Tenía 16 años. Él se llamaba Pedro Placencia Ramírez y era músico, pianista, [música] un hombre del mundo de la radio y de los foros de grabación, un hombre de talento de verdad.

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