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CARLOS VELA : LA VERDAD Salió a la LUZ

Carlos no dice nada. ¿Quieres ir a Europa? le pregunta  a su padre por teléfono. Si tú quieres, papá, no es lo que yo quiera, es lo que tú quieras. Silencio. 5 segundos, 10 segundos. Está bien.  Voy. Lo que no dijo. No quiero ir. No  es mi sueño. Solo está bien. Enrique cuelga. Se queda mirando la pared por primera vez.

Entiende algo que no quiere aceptar. Su hijo no quiere esto, nunca lo quiso, pero ya es demasiado tarde para detenerse. Primera revelación, la conversación con el entrenador Londres. 2009. Carlos tiene 20 años. Por fin tiene los permisos para jugar en Inglaterra. El entrenador lo llama a su oficina, uno de los más importantes  de la historia del fútbol europeo.

Un hombre que ha transformado talentos en leyendas. Carlos Entra. El técnico está detrás de su escritorio.  Hay una carpeta abierta con estadísticas, videos, reportes. Siéntate, Carlos. A vela se sienta. Mira por la  ventana. El campo de entrenamiento. Verde. Perfecto. He estado viendo tus partidos.

Eres bueno, muy bueno, pero no estás dando todo.  Carlos no dice nada. Quiero que seas el próximo gran delantero de este club. Quiero que en 5 años seas el mejor delantero del  mundo. Silencio. Tú quieres eso, Carlos. Y aquí es donde todo cambia. Carlos pudo mentir, pudo sonreír, pudo fingir.

No lo  hizo. No lo sé, mis como que no lo sabes. No sé si quiero eso. ¿Qué es lo que quieres entonces? Carlos lo mira directo a los ojos por primera vez en la  conversación. Quiero jugar fútbol, quiero ganar dinero, quiero vivir tranquilo,  pero no sé si quiero ser el mejor del mundo. El entrenador se queda en silencio.

10 segundos. 20. ¿Por qué no? Porque he visto lo que eso significa. Los entrenamientos dobles, la dieta perfecta. No tomar, no salir, no tener vida fuera del fútbol.  Y yo no quiero vivir así. Carlos, tienes 20 años. Tienes un  talento que yo veo una vez cada 10 años. Sí, no lo aprovechas ahora. Nunca lo harás. Lo sé.

Y no te importa, Carlos respira hondo. Mira otra  vez por la ventana. Sí, me importa, pero me importa más ser feliz. Esa frase quedó flotando en esa oficina. El entrenador la recordaría años después.  Carlos fue el único jugador que me dijo en la cara que no quería ser el mejor. No por miedo, no por falta de talento, porque no quería pagar el precio.

La reunión terminó. Dos semanas después. Carlos fue prestado a un equipo menor. Lejos de los focos  jugó seis meses allí. Tres goles, cuatro asistencias. Nada extraordinario. Fue el periodo más feliz de su carrera hasta ese momento. Nadie me conocía ahí. Podía caminar por la calle sin que nadie me parara. Podía ser normal.

Ah, pero el club lo quería de vuelta. El entrenador no se rendía.  Dame una temporada más. Si no funciona, te dejo ir. Una temporada después,  el club decidió venderlo. No porque fuera malo, porque finalmente entendió que no se puede obligar a alguien a ser grande. Carlos eligió un club mediano en el norte de España, lejos de Madrid, lejos de Barcelona, lejos de Los Focos.

¿Por qué ese equipo? Preguntaron los periodistas. Porque me gusta la  ciudad. Porque puedo ser feliz ahí. No dijo porque puedo ganar títulos, dijo  porque puedo ser feliz. Los años tranquilos 2011 a 2017. 6 años en el norte de España. Los mejores años de su carrera. No porque ganó títulos,  no ganó ninguno, sino porque por primera vez jugaba sin presión, sin el peso de ser el próximo  grande.

Más de 70 goles en 250 partidos. Magia, momentos de genialidad, pura, pero siempre controlado, siempre medido. Vela podría jugar en el Barcelona, dijo su entrenador en aquel equipo, pero no creo  que quiera. Es tenía razón. En 2013, el Barcelona preguntó por él. Ofertas,  conversaciones, números.

Vela dijo, “No, ¿por qué?” Le preguntó su representante incrédulo. Porque en el Barcelona tendría que ser el mejor y yo no quiero esa presión. Nadie entendió.  ¿Cómo puedes decirle no al club más famoso del mundo? Porque para Carlos la tranquilidad valía más que cualquier estadio. Mientras  tanto, la selección lo llamaba una y otra vez.

Carlos iba, pero siempre con la misma actitud. Como obligación,  no como pasión. Uno. Copa Continental, México en la final. Carlos jugó 60 minutos y pidió salir. ¿Por qué pediste el cambio? Porque estaba cansado. Los periodistas se volcaron contra él. No tiene corazón, no ama la camiseta. Carlos no respondió. Nunca respondió. Uno.

Copa Oro, México campeón. Carlos figura del torneo y al día siguiente le pregunta al coordinador de selecciones cuándo es el próximo llamado en septiembre, eliminatorias para el mundial.  ¿Puedon oír? Silencio. Carlos. Son las eliminatorias para el mundial. Está bien, voy. Fue jugó México clasificó y entonces llegó 2014.

Segunda revelación, la verdad sobre el mundial. Enero de 2014, 5 meses antes del Mundial de Brasil, un nuevo técnico llega a la selección. Apasionado, intenso, todo lo opuesto a Carlos ven el talento, pero también ven la apatía. Necesito que des más. Necesito que seas líder. No soy líder, mister, pero puedes serlo. No quiero serlo. Marzo.

Carlos llama a su representante. No voy al mundial. Carlos es el mundial. Es lo más grande que existe. Lo sé, pero no quiero ir. ¿Por qué? Y aquí está la verdad, la que Carlos nunca dijo públicamente, la que solo le confesó a tres personas, porque si voy al mundial voy a jugar bien y si juego bien me van a exigir más.

Me van a pedir que sea el líder, la estrella y yo no quiero eso. Pero México te necesita. México tiene buenos jugadores. Van a estar bien sin mí. La gente no te va a perdonar esto, lo sé. Abril de 2014, Carlos llama directamente al técnico de la selección. Mí, no voy al mundial.  ¿Estás lesionado? No. Problemas familiares.  No.

Entonces, ¿por qué? Porque no quiero, Mí. Porque no estoy mentalmente listo para eso. El técnico explota. Es el mundial. Millones de niños sueñan con esto, lo sé, pero yo no soy esos niños. Esto es una falta de respeto a tus compañeros, a México. Lo siento, Mí, pero es mi decisión. Dos horas después, la noticia explota en todos los medios.

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