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Carlos Salinas y Adela Noriega: Por ESTO Ella se Esfumó del Mapa

Porque él no llegó al poder por casualidad, nació rodeado de poder. Lo respiró desde la cuna y aprendió [música] desde muy chico cómo se mueve y cómo se protege. Porque los Salinas eran una [música] dinastía, no una familia común. El padre Raúl Salinas Lozano había sido un hombre fuerte del gobierno, senador, secretario de Estado, alguien que se movía en los círculos donde se decidía el destino del país.

En esa familia, el poder no era una aspiración, era el aire que se respiraba en [música] la mesa, en las conversaciones de sobremesa, en las relaciones que se cultivaban. Los hijos de esa casa crecieron sabiendo que estaban [música] destinados a mandar, no a obedecer. Y de todos ellos, Carlos fue el que llegó más lejos hasta lo más alto.

 Pero su hermano Raúl también hizo carrera en el gobierno. Los dos hermanos moviéndose juntos por los pasillos del poder durante décadas. [música] Recuerda ese apellido Salinas y recuérdalo en plural, porque cuando llegue la caída no caerá solo un hombre, caerá una dinastía entera. Subió rápido, muy rápido. Antes de cumplir los 40, ya era secretario de programación y presupuesto, uno de los cargos más fuertes del gobierno, y desde ahí dio el salto que lo cambiaría todo.

En octubre de 1987, el partido que gobernaba México desde hacía casi 60 años, [música] el PRI lo eligió como su candidato a la presidencia. En aquel México ser el candidato de ese partido era casi lo mismo que ser ya el presidente, porque ese partido no perdía nunca. Y quiero que entiendas cómo funcionaba eso, porque para las generaciones de hoy suena casi a cuento.

Durante más de 70 años, México tuvo elecciones, sí, pero el resultado se conocía de antemano. Siempre ganaba el mismo partido. Y al siguiente presidente no lo elegía el pueblo de verdad, lo elegía en la práctica el presidente que estaba por irse señalando con el dedo a su sucesor. A esa costumbre, la [música] gente le puso un nombre que lo dice todo, el dedazo.

El presidente saliente [música] apuntaba con el dedo y ese al que señalaba, se convertía, casi por arte [música] de magia en el próximo dueño del país. Así de concentrado [música] estaba el poder, así de pocos decidían el destino de millones. A Salinas lo señaló ese dedo en 1987 y a partir de ese momento su llegada a la presidencia parecía cosa hecha.

Por eso lo de la caída del sistema [música] dolió tanto, porque por primera vez en mucho tiempo la gente [música] había sentido que de verdad podía cambiar las cosas con su voto y esa esperanza se apagó junto con las pantallas del conteo aquella noche de julio. Un hombre así que llega al poder de esa manera, aprende una lección para toda la vida, que casi todo se puede controlar, que casi todo se puede arreglar desde arriba, incluso la verdad.

Y aquí viene lo primero que te prometí. El 6 de julio de 1988 fue el día de la elección y pasó algo que México no ha olvidado [música] nunca. Los primeros conteos de votos daban como ganador al candidato de la oposición, Cuautemo Cárdenas. Y entonces, de repente, el sistema de cómputo que contaba los votos, según las autoridades, se cayó, se descompuso, dejó de dar resultados.

Cuando el sistema volvió, horas después, el ganador era otro, Carlos Salinas de Gortari. Imagínate esa noche, el país entero pegado al radio y a la televisión, esperando saber quién iba a gobernarlos los próximos 6 años. Los primeros números, los que sí se alcanzaron a conocer, apuntaban hacia la oposición. La gente en las calles empezaba a sentir algo nuevo, algo que en México casi no se conocía, la posibilidad de un cambio.

Y justo en ese momento, en el instante exacto en que la oposición se veía arriba, las pantallas se apagaron. El conteo se detuvo. Silencio oficial. Las autoridades dijeron que el sistema de cómputo había fallado, que había que esperar. Y cuando por fin dieron los resultados, el cambio se había esfumado.

 El de siempre había ganado otra vez. Hasta el día de hoy, nadie ha podido probar al 100% qué pasó esa noche. Pero tampoco nadie ha podido convencer a los millones de mexicanos que sintieron en carne propia que les habían robado algo. Con los años, hasta figuras del propio partido en el poder reconocieron que aquella elección tuvo irregularidades.

Carlos Salinas de Gortari - Biography - IMDb

Y las [música] boletas, la única prueba que habría aclarado todo de una vez por todas, terminaron quemadas por orden del Congreso en 1992. Así llegó al poder este hombre con una pregunta encima que ya nunca se le iba a quitar. A eso en México le pusieron un nombre que se quedó para siempre, la caída del sistema.

Hasta el día de hoy, millones de mexicanos están convencidos de que esa elección fue un fraude, que a Salinas lo metieron a la presidencia por la puerta de atrás. ¿Sabes qué pasó con las boletas, con los votos de verdad, los que habrían aclarado todo? En 1992, por decisión del propio Congreso, las quemaron, las [música] destruyeron.

la prueba que habría dicho la verdad de aquella noche convertida en cenizas. Y aquí es donde quiero que te detengas [música] un segundo, porque tú viviste esos años. Tú te acuerdas de esa sensación, la de saber que las cosas importantes se decidían en lugares a los que la gente común nunca tenía acceso.

 La de intuir que te estaban mintiendo sin poder probarlo. Así empezó el poder de este hombre con una sombra encima desde el primer día y un poder que nace en la sombra casi siempre en la sombra se mueve. Durante 6 años, Salinas gobernó México con mano firme. Privatizó empresas del Estado, [música] vendió lo que era de todos a manos de unos pocos.

 Firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados [música] Unidos y Canadá. Se paseó por el mundo como el hombre que estaba modernizando México. Los medios lo aplaudían, [música] las portadas lo adoraban. Parecía intocable. Y aquí hay algo que pocos te explican. Durante esos años de gloria, Salinas no [música] solo tenía el poder político, tenía el relato.

Controlaba en buena medida la historia que el país contaba sobre sí mismo. Las grandes empresas que vendió pasaron a manos de un puñado de hombres que de la noche a la mañana se volvieron de los más ricos del planeta. Mientras tanto, [música] al pueblo le vendían la idea de que México por fin se iba a parecer a los países ricos, que el progreso ya venía en camino.

Muchos lo creyeron. Tú quizá lo creíste en su momento porque la televisión te lo repetía todas las noches. Y ese es el poder más grande de todos, no el de mandar al ejército, el de decidir lo que millones de personas creen que es verdad. Salinas tuvo ese poder y un hombre que tiene ese poder también tiene cómo borrar de la historia oficial lo que no le conviene que se cuente.

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