De los bailes [música] en el salón del pueblo un sábado por la noche. el acordeón de un vecino sonando [música] por la ventana mientras planchabas la camisa de tu marido. En ese mundo, un día de 1979, [música] cuatro muchachos de Apodaca se juntaron para formar un grupo. El mayor se llamaba José Guadalupe Esparza. Todos le decían Lupe.
Había nacido en Hermenildo Galeana, Durango, el 12 de octubre de 1954. Era el mayor de 12 hermanos. De niño lo habían llevado a Apodaca para que trabajara. De joven limpiaba pisos de obrero. Lo único que quería desde que tenía memoria era cantar. [música] A su lado estaba Javier Villarreal en la guitarra y el hermano de Javier, José Luis Villarreal, al que todos en el barrio le decían Choche.
Choche era el baterista. Había aprendido [música] música a los 11 años tocando el clarín en la banda de guerra de su escuela. Era autodidacta, [música] agarraba cualquier instrumento y le sacaba melodía. Lo que tenía [música] choche era el alma. El tipo podía hacer reír a una piedra. El cuarto [música] era Eric Carsa, tecladista, hijo de una de las familias más acomodadas de Apodaca.
La familia Garza tenía un negocio de autopartes en la avenida Ruiz Cortinés que daba muy buen dinero. El papá esperaba que Eric se dedicara al negocio, pero Eric lo que quería era música. Entró a Bronco sabiendo que tarde o temprano iba a tener que elegir entre sus sueños y la obligación con su familia. Recuerda ese nombre, Eric [música] Garza.
vas a volver a escucharlo y cuando vuelva a aparecer la historia va a dar un giro que no te imaginas. Los cuatro eran amigos de la secundaria, se conocían [música] de toda la vida, jugaban fútbol juntos en los Llanos de Apodaca, iban juntos a las fiestas del pueblo y ahora empezaban a tocar juntos. Al principio practicaban con cajas de cartón en lugar de tambores.
Lo ha contado Lupe varias veces. No tenían dinero para comprar instrumentos de verdad, pero tenían ganas. Le pusieron al grupo los Broncos de Apodaca porque en esa época se acostumbraba a incluir el nombre del pueblo. Con el tiempo se quedaron solo con Bronco, un caballo salvaje, indomable. sin dueño. Recuerda [música] ese nombre también.
Te va a hacer falta cuando lleguemos al año 2003. [música] Las primeras tocadas las hicieron en Agua Fría, un poblado chico cerca de la cabecera municipal de Apodaca. Bailes de pueblo, [música] bodas, fiestas de 15 años donde les pagaban con una cena [música] y el gasto del autobús para regresar a su casa. Pasaron [música] meses así, después años.
Algunos ya se estaban desanimando, pero Lupe no. En algún momento de 1980, Lupe escribió su primera canción. Se llamaba Quiero decirte. agarraron los pesos [música] que tenían y fueron a grabarla en la ciudad de Monterrey. Después fueron de [música] estación en estación rogándole a los locutores de radio que les pusieran el sencillo al aire. Solo [música] les dijo que sí, una estación de amplitud modulada, la exequ [música] estación chica, una estación que en Monterrey se escuchaba mal, pero que en pueblos chicos del norte [música] se escuchaba perfecto.
Y en esos pueblos chicos, la canción [música] empezó a pegar. Tú acuérdate de una cosa. El norte [música] de México en los años 80 no se parecía en nada al norte de México de hoy. Era un norte sin narco, dominando todo, sin violencia en las calles como [música] la que después llegó, con pueblos tranquilos donde la gente se sentaba afuera de su casa en mecedoras a tomar el fresco de la tarde.
Y en esos pueblos, la canción de Bronco empezó a sonar todas las noches en la radio. [música] El grupo grabó su primer disco completo con una disquera chica [música] que se llamaba Fama. En ese disco venía una canción de Lupe que se llamaba Sergio el bailador. Esa canción sí reventó. Empezó a pegar fuerte en Monterrey, [música] en Saltillo, en Chihuahua y después se metió en Los Ángeles y en Chicago, donde los migrantes mexicanos lo pusieron a sonar en todas las fiestas.
En Chicago les dieron un disco de oro por las ventas. Era el primer disco de oro en la vida de Lupe Esparza. [música] Tenía 28 años. Había dejado de limpiar pisos. Los cuatro muchachos de Apodaca ya no eran de Apodaca. Estaban empezando a ser de todo el norte de México y de toda la frontera. Pero ellos todavía no lo sabían.
Ellos seguían creyendo que Bronco era una historia chiquita que les iba a durar un rato y [música] después se iba a acabar. Lo que no sabían era que alguien ya los había estado viendo. Un hombre de Monterrey, un hombre que trabajaba para una disquera mucho más grande, un hombre que iba a cambiarles la [música] vida a los cuatro y que 4 años después de entrar a la historia de Bronco iba a salir de ella en un féretro.
Se llamaba Homero Hernández Reina y esta es la primera víctima [música] de la que te tengo que hablar. Homero era casa talentos de la disquera Ariola. En 1982 entró a un salón de baile en Apodaca a buscar una banda nueva que hubiera oído mencionar. En el escenario [música] estaba tocando Bronco. Se quedó toda la noche viéndolos.
se fue [música] convencido. Al otro día en la oficina de Ariola en la ciudad de México, [música] fue con los ejecutivos y les dijo que quería firmar a ese grupo. Los ejecutivos le dijeron que no. Dijeron que el tipo de música [música] que hacía Bronco no iba a vender, que era muy pueblerino, que en la capital nadie iba a [música] comprar eso.
Homero les dijo una frase que después se volvió leyenda [música] dentro de la propia Ariola. les dijo, “Si no vende, yo renuncio.” Apostó su puesto, apostó su carrera, apostó todo lo que había construido [música] en años por un grupo de cuatro muchachos que tocaban con cajas de cartón hacía no mucho. la aceptó.
firmaron a Bronco y [música] Homero, además de Casa Talentos, se volvió el director artístico [música] del grupo, su productor, su manager y con el tiempo su amigo más cercano. Entre 1982 y 1989, Homero les produjo las canciones que tú probablemente todavía cantas sin darte cuenta. Sergio el bailador. Amigo Bronco, un golpe más.
Que no quede huella. Esa última canción vendió más de 2 millones de discos. 2 millones. En una época en la que vender 200,000 ya era un éxito histórico. [música] En los premios Lo nuestro de 1990, celebrados el 24 de mayo en [música] el Centro de Convenciones James Enight de Miami, Bronco se llevó la noche.

Ganaron mejor álbum de música regional mexicana por un golpe más. [música] Homero Hernández ganó mejor productor del año. Esa noche en Miami, Lupe Esparza dijo en el escenario [música] que el premio era para su amigo, para su compadre, para el hombre sin el cual Bronco no existiría. Un año y unos meses después, en algún lugar de la carretera entre Apodaca y Coatzacalcos, [música] Veracruz, Homero iba a estar tirado debajo de las llantas del [música] autobús del grupo con un brazo amputado, desangrándose, y nadie, ni siquiera [música] Lupe Esparza, lo iba a saber hasta que fuera
demasiado tarde. [música] Pero para llegar a la noche en que Homero cayó de ese autobús, tenemos que regresar primero a la noche que empezó todo. 4 [música] años antes, un domingo de noviembre, el domingo en que siete muchachos se fueron a bailar con Bronco [música] y no volvieron a su casa. Para entender lo que pasó esa noche en el salón La Fama, tienes que entender cómo funcionaban los bailes populares [música] en el norte de México en los años 80.
Porque lo que ocurrió ahí no fue un accidente imprevisible. Ocurrió porque [música] el sistema estaba diseñado para que pudiera ocurrir. Tú probablemente te acuerdas de cómo eran esos bailes. [música] Un salón grande en la orilla del pueblo o en la orilla de la ciudad. Mesas [música] de fierro con mantel plástico, cervezas en hieleras, un escenario de tarima de madera y una marea [música] de gente apretada hombro con hombro, sudada, feliz, bailando hasta que amaneciera.
Esos bailes los organizaban unos señores [música] que se conocían como empresarios del baile. Casi nadie sabe sus nombres. Casi nadie los conocía de cara. Eran hombres con plata, hombres con contactos, hombres que rentaban un salón, contrataban a tres o cuatro grupos, imprimían carteles, ponían a un sobrino o a un amigo en la puerta vendiendo boletos y se llevaban la ganancia a la casa en una maleta.
El negocio funcionaba así. Mientras más gente entrara, más dinero había. Y como nadie vigilaba cuánta gente estaban dejando entrar, el sobrecupo [música] se volvió la regla, no la excepción. Un salón que cabían 4000 personas recibía 5000, 6000, 7000, hasta que alguien se desmayaba por la falta de aire o se metía un pleito entre borrachos.
Y entonces llamaban a la policía para que viniera a poner orden. La policía que venía a poner orden en los 80 era la policía judicial del estado, una corporación que después se desapareció por los escándalos de corrupción, pero que en esos años era la que mandaba en las calles del norte. Los agentes [música] llegaban con pistola en la mano, no con megáfono, no con linterna, con pistola.
Y su manera [música] de dispersar a una multitud era tirar dos o tres balazos al aire. Eso era normal. Eso se [música] hacía todas las noches en todos los salones del norte y casi siempre funcionaba. La gente se asustaba y salía corriendo casi siempre. El 8 de noviembre de 1987 [música] fue el día en que no funcionó.
Aquí viene lo primero que te prometí. Quizá tú también te acuerdas de una noche en tu propia vida en que estabas feliz, bailando, riéndote con tus amigas o con tu novio de aquella época. Y de repente [música] todo cambió en un segundo. Un ruido, un [música] grito, una sirena. Lo que les pasó a siete muchachos y muchachas en el salón, la fama esa noche fue exactamente eso.
Pero ellos ya no alcanzaron a ver el siguiente amanecer. El centro social La Fama estaba en el municipio de Santa Catarina, Nuevo León. Era un [música] salón conocido, llevaba años funcionando. Ahí habían tocado los tigres del norte, los varón [música] de Apodaca, Ramón Ayala y sus bravos del norte. En ese noviembre de 87, la oportunidad le tocó a Bronco.
Era [música] el acto estelar. Con ellos iban a tocar Tropical Florida, los seis del trópico [música] e impacto de Montemorelos. Los días previos al evento, toda la zona metropolitana de Monterrey se llenó de carteles. En cada esquina, en cada poste, en cada tienda de abarrotes. Bronco, el 8 de noviembre, [música] en la fama.
Los boletos se vendieron en dos días y cuando los organizadores vieron que se habían vendido todos, imprimieron más y los vendieron. [música] Y cuando esos se acabaron en la puerta del salón, los amigos y sobrinos del organizador cobraban entrada a [música] mano, sin boleto, a quien llegara con el billete en la mano.
El manager de Bronco en esa época era Óscar Flores. Él lo confirmó años después en [música] una entrevista para el programa Historias Engarzadas de TV Azteca. Sus palabras fueron exactas. El aforo de la fama era de 4000 personas máximo [música] y quedaron otras cuatro o 5,000 afuera que querían entrar. Haz la cuenta, adentro 4000 personas más el sobrecupo que ya les habían dejado meter.
Calculan que llegaron a tener 9000 personas [música] adentro y afuera juntas. Algunas versiones hablan de 7000 totales, pero el dato consistente [música] en todas las entrevistas es que había más del doble de gente de la que el salón podía aguantar. Aurelio Esparza, que era hermano de Lupe y también tocaba con Bronco en esa época, lo [música] describió así en la misma serie de entrevistas.
El lugar se llenó a reventar. No cabía un alma. [música] Se sentía sofocado porque no tenía ventanas. Era un salón alto y largo. Era la costumbre que ibas a un baño sauna. Ya sabías a lo que ibas. Un baño sauna. [música] Así le decían al ambiente de la fama esa noche, porque el salón no tenía ventanas, no tenía ventilación, tenía una sola entrada al frente y una sola salida de emergencia atrás que estaba cerrada con candado.
Piensa por un momento en [música] ese lugar. 9,000 personas apretadas, sudando, respirando el mismo aire caliente [música] que los otros 9000 ya habían respirado. El olor a cerveza y a sudor, la música rebotando contra las paredes de [música] ladrillo y una sola puerta. Si tú has [música] estado en uno de esos bailes, tú sabes a qué me refiero.
Llega un momento en que ya no puedes levantar los brazos, en que la persona de adelante te tiene pegada la espalda en la cara, en que si alguien se cae, nadie lo puede levantar porque no hay espacio [música] para agacharse. Bronco salió al escenario pasadas las 10 de la noche. Tocaron primero una cumbia para calentar al público, después Sergio el bailador, después [música] amigo Bronco.
Lupe Esparza le contó a historias engarzadas lo que hicieron después. Sus palabras. Estábamos cantando No nos vamos a olvidar. No nos vamos a olvidar. Una canción del álbum Bronco Super Bronco, una de las primeras donde ya estaba participando Ramiro Delgado con el teclado, porque Eric [música] Garza se había salido del grupo un año antes, presionado por su familia para hacerse cargo del negocio de autopartes.
Ramiro [música] era el nuevo, era el quinto Bronco en escena y [música] esa canción fue la banda sonora de los últimos minutos de vida de siete personas. Mientras el grupo cantaba arriba, abajo, la presión de la multitud [música] ya era imposible. La gente que estaba afuera quería entrar.
La gente que estaba adentro quería salir un rato a respirar. Las dos [música] olas chocaban en la puerta. Ramiro Delgado lo recordó en la misma entrevista. Empezamos a [música] tocar y la gente que quedó afuera quería entrar y a la gente de adentro le faltaba aire. Los organizadores del baile, [música] viendo que aquello se estaba saliendo de control, llamaron a la policía judicial del estado.
Los agentes llegaron con pistola en la mano. Intentaron gritarle a la gente que se calmara, pero con el volumen del grupo, con los gritos de 9000 personas, con la música y la trompeta del Tropical Florida afinando para el siguiente [música] turno. Nadie los escuchaba. Entonces uno de los agentes [música] hizo lo que siempre hacían, levantó la pistola y disparó dos veces al aire.
La gente [música] que estaba adentro, que no podía ver a la gente, escuchó los dos balazos y creyó que había un tiroteo adentro del salón. Los que estaban cerca de la puerta corrieron para salir, pero los que [música] estaban afuera, que vieron a la gente disparar, empujaron para meterse por la curiosidad de ver qué había [música] pasado.
Las dos olas chocaron exactamente en el marco de la puerta y en ese choque siete muchachos [música] y muchachas se fueron al suelo aplastados por los que venían [música] atrás, pisoteados por los que querían salir, asfixiados por el peso de los cuerpos arriba. Algunas versiones de la prensa de Nuevo León de ese noviembre hablan [música] de siete muertos.
Otras hablan de ocho, otras de nueve. La cifra oficial que manejaron las autoridades fue de siete. Siete fans de Bronco, entre ellos había menores de edad. Piensa por un minuto quiénes eran esas [música] personas. Muchachas de 15 años que habían convencido a sus mamás de dejarlas ir al baile porque les gustaba Bronco.
Muchachos de 20 años que trabajaban en los talleres de Apodaca toda la semana para ahorrar y pagarse esa entrada. [música] parejas que llevaban meses planeando esa noche como una fiesta especial y que no volvieron a su casa. Arriba del escenario, [música] Bronco se dio cuenta de que algo estaba mal. Lupe Esparsa lo contó con estas palabras.
Nos dijeron, “Paren, paren, dejen de tocar. Estábamos cantando, no nos vamos a olvidar.” Nosotros simplemente dijimos, [música] “Bueno, ¿habrá alguna bronca por ahí?” Cancelaron el baile, vino la policía, hubo pleitos duros que a veces se dan y nosotros nos fuimos. No vieron los cuerpos, no los dejaron ver.
Los sacaron por la puerta de atrás, los [música] metieron a un carro y los mandaron a Apodaca. Las otras tres agrupaciones que iban a tocar esa noche tampoco [música] pudieron tocar. El salón se desalojó con la policía adentro. Las ambulancias llegaron tarde. Al día siguiente, Lupe Esparza se levantó a desayunar. Compró un periódico en un puesto de su [música] colonia en Apodaca.
Y ahí estaba la foto. En la primera plana, los cuerpos de los siete muchachos tapados con [música] sábanas blancas en el patio del salón La fama y el nombre de Bronco en el encabezado. Lupe dijo en la misma entrevista. Al siguiente [música] día fue ver un periódico con los cadáveres. Nos sentíamos culpables psicológicamente por la situación.
fue una irresponsabilidad de la gente [música] que organizaba el evento. Culpables. Esa es la [música] palabra que usó. Durante años, Lupe y los demás integrantes de Bronco cargaron con el peso [música] de esas siete muertes. Les decían en la calle, “Ustedes son [música] los de la fama.” Les decían, “Allá murió mi sobrino, allá murió mi hija.
Ellos no dispararon las pistolas. Ellos [música] no sobrevendieron los boletos. Ellos no cerraron la salida de emergencia con candado, pero su nombre estaba en [música] los carteles. Su música sonaba cuando la gente murió y en la memoria de mucha gente del norte. El apellido Bronco quedó pegado para siempre a esa tragedia.
En 1988, [música] cuando grabaron el álbum Un golpe más, Lupe Esparza compuso una canción, la llamó Cumbia triste, la dedicó a las siete víctimas. Las regalías de esa canción [música] las mandaron a las familias de los muertos. Eso es verdad documentada. La banda nunca cobró un peso de esa canción. La letra de cumbia [música] triste dice así: “Donde estés, escucha mi triste canción, es para ti.
Era un domingo de baile que [música] muy contenta llegaste. Cantando y bailando, cumbia Diosito quiso llevarte. Era un domingo de baile. Muy contenta llegaste. Siete personas llegaron [música] contentas esa noche a la fama. Siete personas esperaron dos horas afuera para entrar a ver a Bronco. Siete personas se acomodaron en algún rincón del salón pensando que iban a tener la mejor noche de sus vidas.
Y sus mamás [música] al día siguiente abrieron el periódico y vieron la foto que Lupe Esparsa vio con la diferencia de que ellas sabían [música] que ahí abajo de una de esas sábanas blancas estaba su hijo o su hija y Lupe [música] no. Nunca se investigó a fondo. [música] Los organizadores del evento nunca fueron procesados penalmente por el sobrecupo criminal.
Los agentes de la policía judicial, que dispararon [música] las dos veces al aire nunca rindieron cuentas públicamente. Las familias de las siete víctimas nunca recibieron una disculpa oficial del gobierno de Nuevo León. Solo recibieron lo que Bronco les mandaba de las regalías de cumbia triste. [música] Ese es el primer detalle que te prometí.
No hubo culpables oficiales. Los organizadores [música] del baile siguieron organizando bailes. Los agentes que dispararon siguieron portando su placa. El salón La Fama siguió abierto muchos años más. Los únicos que cargaron con la culpa [música] de la manera más injusta posible. Fueron los cuatro muchachos que esa noche ni siquiera supieron lo que estaba pasando abajo del escenario.
Después de esa noche, algo cambió [música] en bronco. Lupe dejó de cantar No nos vamos a olvidar con la misma alegría. La canción era alegre, era romántica, pero para él ya tenía otro peso. Cada vez que la tocaba se acordaba de la foto del periódico. [música] Durante años la evitaron en los conciertos. Después, con el tiempo, [música] la volvieron a poner en el repertorio, pero siempre le costaba empezarla.
Y algo más importante cambió. Los cuatro muchachos de Apodaca ya no eran los mismos. [música] Algo se había roto. Nunca hablaron abiertamente de esa herida. Pero Lupe después dijo en varias entrevistas que a partir de la fama entendió [música] que la fama tenía un precio que nadie les había explicado. Lo que Lupe Esparza todavía no sabía ese noviembre de 1987 era que lo que había pasado en la fama era apenas el principio, que la maldición, como [música] después la iban a llamar los fans, apenas estaba empezando
y que el siguiente en caer iba a ser el hombre que había apostado su carrera en Ariola por Bronco, el hombre que los había sacado del pueblo para ponerlos en los premios. es lo nuestro, el hombre que era en ese momento su mejor [música] amigo. Cuatro años después de la fama, en una carretera del sur de Veracruz, una puerta de autobús mal cerrada [música] iba a decidir el siguiente capítulo.
En 1990, Bronco estaba [música] en la cima. Tenían contratos con Ariola. Tenían giras por México, Estados Unidos y Sudamérica. Tenían hits [música] que sonaban desde la frontera con Guatemala hasta Chicago. Que no de Huella había vendido [música] 2 millones de copias. Cualquier lugar donde se presentaran [música] se llenaba.
Cualquier baile que anunciaran se agotaba en minutos. [música] En los premios Lo nuestro Nuestro de Miami de ese 24 de mayo, cuando Homero Hernández subió al escenario a recibir su premio como mejor productor del año, Lupe [música] Esparza lo abrazó. Después le dijo al público en Miami que el premio le pertenecía a Homero, que él apenas era el vocalista que lo recibía en nombre del productor, que Homero había apostado su carrera por Bronco cuando nadie creía en ellos, que Homero [música] los había sacado de Apodaca, que sin Homero ellos todavía
estarían tocando en las fiestas [música] de 15 años de pueblo. Esta noche en Miami, los cinco integrantes del grupo festejaron con Homero hasta la madrugada. Alguien sacó [música] una foto. Todavía circula. Se ve a Lupe con saco y corbata, a Choche con una sonrisa de oreja a oreja, a Javier medio borracho brindando con una copa alta, a Ramiro con su teclado al lado y a Homero con el premio entre las manos, mirando a la cámara como quien mira el final feliz de una [música] historia que empezó 10 años antes en un salón de baile de Apodaca.
Si tú has vivido el momento más alto de tu vida, [música] el momento en que sientes que todo por lo que trabajaste valió la pena, [música] tú sabes cómo se siente ese brindis. Homero Hernández [música] llevaba toda su vida profesional trabajando para un momento así. Y lo que él no sabía esa madrugada en Miami era que le quedaban apenas 15 meses de vida.
El año siguiente, 1991, la gira de Bronco fue la más fuerte que habían tenido nunca. 90 conciertos en 10 meses. México entero, Estados Unidos, [música] Centroamérica. Se movían en un autobús grande que les había comprado Ariola, un camión azul de dos [música] pisos con líteras adentro para que pudieran dormir entre un concierto y el siguiente.
Ese autobús se volvió la [música] casa del grupo. Ahí comían, ahí dormían, ahí [música] discutían los ensayos. Ahí en los días libres jugaban dominó o cartas. Y Homero siempre iba con ellos, siempre no se bajaba nunca. En un día cualquiera de finales de octubre de 1991, el grupo salió de Apodaca, Nuevo León, [música] rumbo a Cuatzacalcos, Veracruz.
Tenían un concierto esa noche. La ruta era larga, más de 1000 km. pararon a comer en algún punto del [música] camino después de cruzar la Sierra Madre Oriental. Lo que pasó en ese restaurante de carretera nadie lo ha contado con detalle exacto. Lo que sí se [música] sabe, porque lo confirmaron los propios integrantes de Bronco años después, es que [música] después de comer todos subieron al autobús.
El chóer arrancó [música] y una de las puertas laterales del camión no quedó bien cerrada con candado. [música] Javier Villarreal lo recordó en una entrevista para un programa de televisión. Sus palabras, [música] la puerta no la cerraron. Bajamos a comer y nos subimos y no cerraron bien la puerta.
Veníamos platicando, se abrió la puerta y a [música] mí se me fue de las manos, se me resbaló. A mí se me fue de las manos, se me resbaló. Esas [música] son las palabras que usó Javier para describir el momento. Homero estaba parado cerca de la puerta. [música] iba platicando con los demás. Quizá se recargó, quizá estaba apoyando la mano en el borde.
En el [música] autobús en movimiento con la puerta sin candado, una sacudida cualquiera de la carretera fue suficiente. La puerta se abrió. Homero cayó. Lo que vino después fue todavía peor, porque el autobús no se detuvo de inmediato y las llantas traseras, las que vienen atrás en un camión grande, le pasaron por encima del cuerpo.
Aquí viene lo segundo que te prometí. Quizá tú conoces a alguien que trabajó 10, 15, 20 años para una empresa. Alguien que [música] le dio su vida a un proyecto, que aguantó noches sin dormir, jornadas imposibles, viajes que le quitaron tiempo con sus hijos y que un día, cuando se enfermó o cuando tuvo un accidente, lo que hizo la empresa no fue protegerlo, fue taparlo.
Lo que le pasó a Homero Hernández esa tarde de octubre de 1991 fue [música] exactamente eso. Y vas a entender en un minuto por qué duele tanto. El autobús se detuvo. Los integrantes [música] del grupo bajaron corriendo. Javier y Choche llegaron primero al cuerpo de Homero. estaba consciente, estaba hablando, pero tenía un brazo completamente destrozado por el [música] paso de la llanta y heridas internas graves.
Había un hospital relativamente cerca. Una ambulancia rural llegó. [música] Se lo llevaron en urgencia. Lo que pasó [música] después es lo que más duele de esta historia, porque Bronco tenía concierto esa noche en Coatzacalcos, un concierto vendido, [música] lleno con 5000 personas esperándolos. Y el manager del grupo, Óscar Flores, tomó una decisión.
Óscar Flores había sido uno de los primeros promotores de Bronco. Los había acompañado desde el principio. Era el administrador del grupo, el que cobraba [música] las entradas, el que organizaba las giras, el que pagaba las cuentas. Ese hombre decidió [música] que Bronco tenía que llegar a Cuatzacalcos a tocar y para que pudieran concentrarse en el concierto, le pidió [música] al personal del hospital que no le contaran a los músicos lo grave que estaba.
Homero les dijo a los integrantes [música] del grupo que Homero estaba estable, que tenía un golpe feo, pero que [música] iba a salir, que no se preocuparan, que él se quedaba ahí con él y que ellos siguieran [música] al concierto. Bronco se subió de nuevo al autobús con el susto todavía en el cuerpo, con [música] las manos sucias de la carretera y rodaron las siguientes horas hasta Cuatzacalcos.
Mientras ellos manejaban hacia Cuatzacalcos, en el hospital los médicos estaban tomando una decisión de [música] vida o muerte. El brazo de Homero estaba tan destruido que no había manera de salvarlo. Tenían que amputarlo y la hemorragia interna era grave. Empezaron a operarlo. Bronco llegó a Cuatzacalcos ya entrada la noche. Tocaron el concierto.
5000 personas aplaudiendo. 5000 personas coreando que no quede huella. Sergio el bailador. Un golpe más. Y en algún momento de esa noche tocaron amigo Bronco. Esa canción la había escrito un compositor chiapaneco que se llama Hill Rivera. Hill la había compuesto antes, [música] inspirado en una anécdota personal que no tenía nada que ver con la banda.
Pero Homero [música] Hernández la había producido. Homero había dirigido esa grabación. Homero había decidido ponerle esos arreglos de acordeón. La letra de amigo Bronco empieza [música] así. Se murió mi amigo Bronco. Se fue a ver qué hay más allá. Siempre fue el caballo más atrevido, [música] Bronco a más. Y sigue diciendo.
Se rompieron sus tobillos. Yo lo tuve que acabar mientras le decía, “Despacito [música] nos vamos a encontrar.” Se murió mi amigo Bronco. Se fue a ver qué hay más allá. Esa noche en Cuatzacalcos, los cuatro muchachos de Apodaca cantaron esas palabras sin saber que en ese mismo momento, cientos de kilómetros al norte, su amigo Homero estaba muriendo en una mesa de operaciones.
Ramiro Delgado, años [música] después contó lo que pasó esa noche con la canción, sus palabras. Cuando tocamos esa canción ese día [música] se vino un aguacero. Haz de cuenta que nos estaba diciendo adiós. Fue impresionante. Llovió mientras cantaban Amigo [música] Bronco, un aguacero de esos que caen de repente en la costa del Golfo.
El agua empapó el escenario, empapó [música] al público, los obligó a terminar la canción en medio del chubasco y cuando salieron del escenario, [música] empapados, todavía riéndose de la lluvia, Óscar Flores [música] los estaba esperando con la cara descompuesta. Les dijo que Homero había muerto, que había [música] muerto hacía varias horas, que le habían amputado el brazo, pero no habían logrado salvarlo.
Lupe Esparza preguntó que a qué hora había muerto. Óscar le dijo una hora, una hora que coincidía más o menos con el momento en que ellos estaban cantando amigo bronco bajo el aguacero. Imagínate a los cuatro muchachos en ese [música] momento empapados, sudados, con el ruido del público todavía en los oídos, con la letra de una canción que decía: “Se murió mi amigo Bronco, todavía vibrando en la garganta.
” Y con la noticia acabada de llegar de que sí, su amigo se había muerto de verdad mientras ellos tocaban. Choche se sentó en el piso del camerino y lloró. Javier se recargó en una pared y no habló por dos horas. [música] Ramiro salió a fumar afuera del recinto, solo bajo la lluvia que ya empezaba a ceder.
Lupe no pudo llorar en ese momento. Lupe se puso a repasar la letra de amigo Bronco en su cabeza y entendió que la canción se había vuelto de un segundo a otro. el himno funerario del hombre que más le había dado en su carrera. Desde ese día, cada vez que Bronco toca amigo Bronco en un concierto, es para Homero Hernández, aunque la canción no haya sido escrita para él, aunque Gil Rivera la hubiera compuesto pensando [música] en otra cosa.
Desde esa noche de Cuatzacalcos en 1991, esa canción le pertenece a Homero. [música] Blanca Martínez, la publirelacionista del grupo en esa época, a la [música] que todos llamaban la chicuela, confirmó en una entrevista posterior que la canción se volvió un homenaje desde ese día, que el grupo no la grabó para Homero, pero que Homero se quedó con ella, que cuando [música] Lupe la canta, canta pensando en él.
Tú has perdido a alguien que te importaba y tú sabes que hay una canción [música] que cuando la escuchas te trae esa persona de vuelta por un minuto, aunque sea por un minuto. Para Bronco [música] esa canción es Amigo Bronco. Óscar [música] Flores, el manager que tomó la decisión de no contarles la gravedad del accidente a los músicos [música] para que llegaran a tocar a Kozakalcos.
Se defendió años después. dijo que él había hecho lo que creía mejor, que si les contaba la verdad [música] no iban a poder tocar, que 5,000 personas los estaban esperando, que era mucho dinero [música] el que se perdía si cancelaban, que Homero mismo, si hubiera podido hablar habría querido que [música] el concierto siguiera.
Ese último argumento es el que más duele. Quizá es cierto, Homero Hernández había [música] apostado toda su vida por Bronco. Había puesto su carrera en juego en Ariola y probablemente si le hubieran preguntado, habría dicho que el show tenía que seguir, pero eso no lo sabremos nunca porque a Homero no le preguntaron.
Homero murió solo en una mesa de operaciones de un hospital del sur de Veracruz, lejos de su familia. Lejos de su equipo, mientras su mejor amigo cantaba una canción [música] que sin saberlo le estaba diciendo adiós. Homero dejó a su esposa viuda, [música] dejó hijos jóvenes, dejó una casa en Monterrey que acababa de terminar de pagar y dejó, [música] sobre todo, una carrera que lo había consagrado como uno de los productores más importantes [música] del regional mexicano de su década.
El entierro fue en Monterrey. Lupe, [música] Choche, Javier y Ramiro estuvieron ahí. Estaba toda la familia de Homero, [música] estaba su esposa, estaban sus hijos que miraron a los cuatro broncos con [música] un respeto extraño, como quien mira a los últimos testigos de lo que su padre había construido. Lupe tomó el micrófono en la ceremonia [música] y quiso decir algo.
No le salieron las palabras. Según los testigos [música] presentes, lo único que alcanzó a decir fue, “Homero, tú nos hiciste.” Y después [música] se sentó con la cara en las manos. Si [música] hasta aquí te has quedado conmigo. Si sientes que estás escuchando por primera vez lo que realmente pasó detrás [música] de unas canciones que sonaron en tu propia casa, hazme un favor.
Antes de que se te olvide, [música] dale ahí al botón rojo que dice suscribirse. No por mí, hazlo por la memoria de Homero Hernández, que no aparece en ninguna biografía oficial del grupo que él mismo hizo famoso. Hazlo por las siete muchachas y muchachos que se quedaron en el piso del salón La Fama aquella noche de domingo.
Hazlo porque todavía nos faltan dos muertes más por contar y una traición que ninguna revista se atrevió a contar [música] cómo fue. Porque esta historia es tuya también. La bailaste [música] en una fiesta, la cantaste en tu cocina. Mereces saber [música] cómo terminó de verdad. Después del [música] entierro de Homero, el grupo se metió a grabar un disco.
Lo llamaron A todo [música] galope. Salió en 1992. Es un [música] disco que si lo escuchas con atención tiene un peso distinto a los anteriores, como [música] si alguien hubiera apagado una luz en el estudio y nadie se atreviera a aprenderla de nuevo. Bronco siguió girando, llenaron palenques, llenaron [música] plazas de toros.
Salieron en la telenovela Dos Mujeres Un camino con Eric [música] Estrada, Laura León y Selena Quintanilla. En 1995, [música] cuando asesinaron a Selena, Lupe le dedicó una canción. La llamó Morena. Era su [música] forma de honrar a la amiga que se había quedado en el camino. Pero entre bambalinas, el [música] grupo estaba cansado.
Las giras ya no se disfrutaban igual. Los ensayos se volvieron más tensos. Lupe empezó a tener diferencias con Óscar Flores por el manejo económico del grupo, por decisiones de contratación, por cómo se estaban administrando las giras. En 1997, después de 18 años cantando juntos, Bronco anunció su separación.
Lo hicieron en el programa Siempre en domingo de Raúl Velasco, un programa de despedida. Lupe lloró en el escenario. Choche lo abrazó. [música] Javier y Ramiro se dieron las manos. Oficialmente dijeron que era un descanso, que cada uno [música] quería hacer sus proyectos, que la amistad seguía intacta. La verdad detrás de esa despedida era [música] más dura.
Había cansancio, había discusiones no resueltas con el manager, había un peso emocional acumulado desde la fama y desde la muerte de Homero, que nadie había tenido tiempo de procesar en tantos años de gira. Lupe se lanzó como solista. Javier se dedicó a su familia. Ramiro entró en otros proyectos. Choche grabó un disco infantil muy exitoso y se inventó un personaje llamado Pony Choche, [música] que se volvió conocido en todo el norte.
Cada uno por su lado, cada uno con su herida. Durante 6 años Bronco [música] no existió y cuando decidieron volver en 2003 se encontraron con algo que nadie [música] esperaba. Alguien más se había quedado con el nombre. En el año 2003, [música] cuando los cuatro decidieron reunirse y volver a los escenarios, descubrieron [música] que el nombre Bronco ya no les pertenecía.
Alguien lo había registrado como marca comercial mientras ellos estaban separados. Y para volver a usar ese nombre oficialmente iban [música] a tener que pagar o pelear. Los detalles de esa disputa legal son complicados. Óscar [música] Flores, el manager, aseguró en más de una entrevista que el nombre del grupo le pertenecía, que él había sido quien registró la marca, que los muchachos de Apodaca le debían eso a él.
Lupe, Choche, Javier y Ramiro nunca aceptaron esa versión, pero mientras se peleaban en los juzgados, la realidad era que no podían salir a trabajar con el nombre Bronco. Hicieron algo que ninguna banda famosa [música] quiere hacer nunca. Se cambiaron el nombre desde 2003 [música] y hasta 2017. Durante 14 años, Bronco tuvo que presentarse con otro nombre.
Se llamaron Bronco, [música] el gigante de América. Y después, más adelante, simplemente el gigante [música] de América. Piensa un minuto lo que eso significa. 14 años saliendo al escenario con un nombre que no era el tuyo. 14 años viendo los carteles del concierto y leyendo [música] ahí otra palabra arriba de tu cara.
14 años firmando autógrafos con un apellido prestado y sabiendo [música] cada noche que el nombre que de verdad te pertenecía estaba registrado a nombre de alguien que te lo quitó. Si tú has sentido alguna vez que alguien [música] se llevó lo que era tuyo por derecho, tú sabes lo que es esa rabia. Bronco [música] vivió esa rabia 14 años seguidos.
Y en esos 14 años la confianza que había sobrevivido a la fama y a la muerte de Homero empezó [música] a resquebrajarse por adentro. Porque una cosa es lidiar con la tragedia cuando sabes que viene de afuera. La estampida en la fama vino de una irresponsabilidad ajena. La muerte de Homero vino de un accidente.
Pero el robo del nombre Bronco [música] vino de alguien que había estado adentro del grupo muchos años, de alguien que Lupe había considerado como parte del equipo. Y eso fue la primera vez que los cuatro muchachos de Apodaca sintieron que el peligro podía estar dentro de la casa, no afuera. El cambio [música] en la dinámica del grupo fue visible.
Los ensayos ya no eran iguales. Las reuniones de negocios se volvieron [música] más frías. Empezaron a firmar todo por escrito, todo. Antes una palabra bastaba, ahora necesitaban abogado. Ramiro Delgado empezó a preguntar con más detalle cómo [música] se estaban distribuyendo los ingresos. Lupe empezó a sentir que Ramiro no confiaba.
La amistad [música] seguía, pero algo había cambiado. Y en ese clima [música] de desconfianza, en ese año en que ya todos en el grupo se miraban con un poquito más de cuidado, en ese año en que todavía se estaban peleando por el nombre en los juzgados, llegó 2012. Aquí viene [música] lo tercero que te prometí.
2012 fue el año más oscuro de la historia de Bronco, porque en 8 meses el grupo perdió a dos fundadores. No fueron muertes naturales de gente mayor [música] que se va en paz con sus familias alrededor. Fueron muertes tan distintas la una de la otra, tan cargadas de dolor cada una, que parecía imposible que hubieran caído en el mismo calendario.
Y tú [música] que viviste esos años en México, ¿tú te acuerdas de cómo estaba el país en 2012? El norte estaba en guerra. Monterrey, la ciudad que toda la vida había sido tranquila y [música] limpia. La orgullosa sultana del norte estaba ensangrentada. Los setas y el cartel del Golfo [música] se disputaban la plaza.
Todas las semanas aparecían cuerpos en las carreteras y en los valdíos de la periferia. [música] La gente empezó a cambiar sus rutinas, a no salir de noche, a cerrar los negocios más temprano, a vigilar a los hijos de otra manera. [música] Acuérdate del nombre que te pedí recordaras al principio. [música] Eric Garza, el tecladista original de Bronco, el que se había salido del grupo en [música] 1986 para hacerse cargo del negocio de autopartes de su familia.
[música] En 2012, Eric tenía 56 años. era dueño del negocio de autopartes que su padre había fundado. Un negocio ubicado en la avenida Ruiz Cortinés en Monterrey, en el cruce con [música] la calle Félix Gómez. Llevaba 26 años fuera de Bronco. Había cambiado la música por los filtros de aceite, los embragues, las refacciones para carros.
Tenía familia, tenía una rutina. abría el negocio a las 8 de la mañana [música] y lo cerraba a las 7 de la noche todos los días durante 26 años. La violencia del narco en Monterrey cambió esa rutina. Los setas, el cartel que en esa época controlaba buena parte del noreste, empezaron [música] a extorsionar sistemáticamente a los comerciantes de la zona.
Era un cobro de piso, una [música] cuota mensual para proteger el negocio, una forma de decir, “Pagas o te matamos.” Eric Garsa empezó a recibir amenazas. Su familia lo confirmó [música] después a las autoridades. Le pedían sumas de dinero que él no tenía o no quería entregar. Eric se negó a pagar. Hay versiones que dicen que intentó negociar.
Otras dicen que simplemente les dijo que no. Otras dicen que les dio una parte y les pidió que lo dejaran en paz. Lo que quede de la verdad de esa negociación está sepultado con él. El 4 de febrero de 2012, un sábado, Eric cerró el negocio a las 7 de la noche como todos los días. Se subió a su camioneta, arrancó para su casa, nunca llegó.
Un grupo de hombres armados lo interceptó en el camino. [música] Se lo llevaron. La familia que lo estaba esperando, empezó [música] a preocuparse después de las 9. Llamaron a su teléfono. Sonaba, pero nadie [música] contestaba. Llamaron al negocio. Nadie. Llamaron a los conocidos que lo pudieran haber visto. Nadie lo había visto.
A las 10:30 de la noche, el teléfono de la casa sonó. Era uno de los secuestradores. Le pidieron dinero, una cantidad [música] específica. Nadie de la familia ha revelado públicamente cuánto fue. Lo que sí se sabe es que la familia Garza, con el negocio que tenían, pudo juntarlo rápido. Lo entregaron esa misma noche [música] a las 10 de la noche del día siguiente.
Según informes de prensa, los secuestradores dijeron que iban a soltarlo en una hora o dos, que ya habían recibido el pago, que lo iban a dejar en un lugar tranquilo [música] y que la familia lo podía ir a recoger. La hora pasó, las dos horas pasaron, amaneció, Eric no regresaba. Pasaron días, la familia esperaba.
Oraban, las autoridades [música] buscaron en los alrededores. Nada. Los días se volvieron una semana. 7 días [música] después del secuestro. El 11 de febrero de 2012, un viernes por la [música] tarde, un campesino caminaba por un terreno valdío en la colonia Villas del Poniente, en el municipio de García, Nuevo León, unos 20 km al poniente de Monterrey.
Vio un bulto entre [música] las piedras y la hierba seca. Se acercó, llamó a la policía. Era el [música] cuerpo de Eric Garsa. La Agencia Estatal de Investigaciones confirmó la identificación [música] ese mismo día. Las manos las tenía atadas con cinta adhesiva por la espalda. Los [música] ojos también los tenía cubiertos con cinta.
En el cuerpo tenía varios impactos de arma de fuego y un tiro de gracia en la cabeza. Le habían cubierto los ojos para que no pudiera identificar a sus secuestradores y aún así lo mataron. Aunque la familia había pagado el rescate completo, aunque no había forma de que Eric los reconociera en un juicio, porque nunca les había visto la cara, aunque el negocio [música] de extorsión les hubiera servido mejor, dejándolo vivo como un caso ejemplar, lo mataron [música] igual.
Lo mataron por el puro gusto de matar. Lo mataron porque en ese [música] Monterrey de 2012 matar a un comerciante se había vuelto tan rutinario como tomarse un café. La prensa [música] local reportó que en las semanas anteriores al menos otros cinco comerciantes [música] habían sido secuestrados en la misma zona.
Casi todos habían sido liberados después del pago. Eric fue la excepción. Eric [música] fue el que no regresó. Cuando la noticia llegó a Apodaca, [música] a la casa de Lupe Esparza y a la casa de Choche y a la casa de Javier y a la casa de Ramiro, los cuatro recibieron el mismo golpe en el mismo instante. Eric [música] había sido el primer tecladista.
Eric había estado con ellos cuando grabaron Quiero [música] decirte. Eric había sido el de las cajas de cartón, el de los [música] primeros ensayos en la cochera, el de la primera vez que escucharon su canción en la radio. [música] Lupe fue al funeral. Los cuatro fueron al funeral. Era el primer entierro de un fundador de Bronco.
25 años después de que Eric [música] se había salido del grupo para seguir con el negocio de su familia, el grupo se reunía para despedirlo en una caja. Bronco [música] emitió un comunicado ese día. Lo firmaron los cuatro. Le mandaban el pésame a la familia. Decían que Eric había sido parte esencial del origen del grupo, que su talento siempre iba a ser parte del corazón de Bronco.
Lo que no [música] pudieron decir en el comunicado, pero lo dijeron entre ellos esa noche en la casa de Lupe. fue que tenían miedo, [música] que si a Eric le había pasado eso, a cualquiera de ellos le podía pasar, que los narcos [música] ya no respetaban a las figuras públicas, que la fama no protegía de nada.
Si tú viviste [música] esa época en Monterrey o en cualquier ciudad del norte de México, tú te acuerdas [música] de ese miedo, el miedo de salir a la tienda y pensar que quizá no regresabas. El miedo de dejar a tus hijos ir solos a la escuela. El miedo de levantar el teléfono [música] y escuchar una voz desconocida pidiéndote dinero para no hacerle daño a tu familia.
Eric Carsa levantó el teléfono y su familia pagó lo que pidieron [música] y lo mataron igual. Pero el 2012 apenas estaba empezando. Lo que vino después fue peor, porque mientras Bronco lloraba a Eric en Apodaca, uno de los que lloraba, estaba más enfermo de lo que nadie sabía. Choche, el hermano de Javier, el baterista del alma, el de la [música] sonrisa grande, el que inventó a Pony Choche en su programa de televisión en el canal 2 de Monterrey.
José Luis Villarreal estaba muriendo de una enfermedad que había ocultado durante más de una década. La historia completa de Choche la contó después su hermano Javier en una entrevista para el San Diego Unión Tribune. Sus palabras fueron exactas. A Choché [música] se le complicó la salud cuando le hicieron una operación a corazón abierto hace 12 o 14 años.

Fue una transfusión de sangre la que le causó una bacteria y se le [música] hizo una cirrosis hepática porque él no tomaba alcohol. Léelo con atención. Una transfusión [música] de sangre. Durante una cirugía de corazón, a finales de los años 90 o principios de los 2000, [música] la sangre que le pusieron estaba contaminada con una bacteria que le causó una infección en el hígado.
Y esa infección con los años [música] se volvió cirrosis, la misma enfermedad que le da a los alcohólicos crónicos. Pero Choche no bebía, nunca había bebido. Era un hombre familiar. Tranquilo de iglesia, le dieron la cirrosis por una transfusión mal filtrada, por negligencia [música] del sistema de salud, por algo que pasó en un quirófano años atrás y que nadie vio venir.
Durante más de una década, Choche vivió con esa cirrosis escondiéndosela a todos, a los fans, a la prensa, incluso al principio, aparte del grupo. [música] Solamente a su hermano Javier y a Lupe les había contado. Decía que no quería que sintieran lástima por él, que mientras [música] pudiera tocar la batería, quería tocar la batería.
Hacia 2011, la enfermedad avanzó demasiado. Choche [música] ya no pudo viajar. Dejó de ir a las giras. Su última aparición pública importante fue al lado de Galilea Montijo [música] en la primera temporada del programa Pequeños Gigantes de Televisa. En [música] 2011 salió sonriendo, salió haciendo reír a los niños.
Salió cantando una de sus canciones para niños. Nadie del público sabía que ese hombre sonriente en la pantalla [música] estaba en la fase final de una cirrosis. Cuando Choche dejó de viajar, los hijos de Lupe Esparza, [música] René y José Adán, entraron al grupo a cubrir los conciertos. René se hizo cargo del bajo.
José Adán tomó guitarra y segunda voz. Choche bendijo la transición. dijo que Bronco tenía que seguir, aunque él ya no pudiera. Durante 8 meses después de la muerte de Eric Garza, Choche se quedó en su casa de Apodaca, [música] hizo los preparativos, se despidió de todos. La madrugada del domingo 30 de septiembre de 2012, José Luis Villarreal murió en su casa.
[música] Tenía 55 años. Al principio, por razones que nunca se aclararon públicamente, se manejó en la prensa que había sido una insuficiencia cardíaca o respiratoria, una manera de cuidar la privacidad de Choche y su familia. La verdad, [música] la de la cirrosis por transfusión contaminada, tardó años en salir a la luz completa.
En el funeral de [música] Choche, Lupe Esparza no pudo cantar. Le pidieron que interpretara una canción como [música] despedida y no le salió la voz. Ramiro Delgado tocó el acordeón con lágrimas rodándole por la cara. Javier no se separó del féretro de su hermano. En menos de [música] un año, Bronco había enterrado a dos de sus cuatro fundadores.
Eric en febrero, Choche en septiembre, 8 meses de distancia. Y los dos hombres que habían formado aquella banda con cajas de cartón en Apodaca [música] ya no estaban. 2012 terminó y Bronco tenía que decidir si seguía o se acababa. Las tragedias, [música] una tras otra, la fama, Homero, el robo del nombre Eric, Choche, habían desgastado al grupo de una manera que cualquier fan común [música] difícilmente puede imaginar.
Lupe Esparza tomó la decisión. Bronco iba a seguir con los dos hijos de Lupe adentro, con Javier y Ramiro todavía ahí. Bronco [música] no iba a morirse. Bronco iba a cabalgar con el nombre que le habían puesto hacía [música] más de 30 años. En 2017, después de 14 años peleando en los juzgados, Bronco recuperó legalmente [música] el derecho sobre su nombre.
Volvieron a llamarse Bronco, sin el apellido Gigante de América. Ese mismo año tocaron en el festival Vive Latino en la ciudad [música] de México delante de una multitud joven que coreaba que no quede huella como si la hubiera escrito ayer. Parecía que después de 30 años de maldición, [música] el grupo por fin respiraba.
Los hijos de Lupe se habían integrado bien. Los nuevos discos funcionaban. Las giras llenaban palenques y plazas de toros. La herencia [música] de Eric y Choche se honraba en cada show. La figura de Homero seguía viva en cada interpretación de amigo Bronco. Lo que nadie imaginaba en 2017 era que [música] dos años después el golpe más doloroso de toda la historia de Bronco iba a venir no del narco, no de un accidente, no de una enfermedad.
Iba a venir de adentro de la casa de alguien que llevaba 32 años ahí. de un hombre que Lupe Esparza llamaba compadre. [música] Aquí viene lo cuarto que te prometí. Quizá tú también has vivido una traición que vino de adentro de tu familia o de tu círculo de amigos [música] más cercano. Quizá un hermano que se peleó contigo por una herencia, un cuñado que resultó no ser el que creías.
Una amiga de toda la vida que habló mal de ti [música] a tus espaldas. Tú conoces ese dolor, el dolor de las puñaladas [música] que vienen de una mano que creías abierta. Lo que le pasó a Lupe Esparza en 2019 fue exactamente eso. [música] Para entender la traición de Ramiro Delgado, hay que regresar al principio.
Ramiro entró a Bronco en 1987, poco antes de la noche de la fama. Entró a cubrir el lugar que había dejado Eric Garza al salirse [música] del grupo. Llegó cuando Bronco apenas empezaba a despegar. Durante los [música] siguientes 32 años, Ramiro estuvo ahí en los premios [música] Lo nuestro de Miami, en el autobús El día que cayó Homero, en el estudio cuando grabaron Que no [música] quede huella.
en el funeral de Eric Garza, en el funeral de Choche. Y Ramiro se volvió con padre [música] de Lupe en el sentido más literal de la palabra. Bautizó a uno de sus hijos. Lupe bautizó [música] a uno de los de él. Pasaron Navidades juntos. Fueron vecinos [música] en algún momento.
Estuvieron en los momentos más importantes de las dos familias. eran compadres en el papel [música] y en la vida, en el pleno sentido mexicano de esa palabra que carga más que amistad, que carga una obligación de lealtad casi sagrada. En 2019, Ramiro tenía 67 años. Había empezado a tener problemas de salud, [música] específicamente problemas con la presión arterial.
le subía sin aviso, se desmayaba a veces. Los médicos le pidieron que bajara el ritmo, que descansara entre conciertos, que no tocara [música] tantos días seguidos. Ramiro le llevó esa preocupación a Lupe y a su círculo cercano. Dijo que necesitaba descansos, que no podía aguantar el ritmo de giras que tenía el grupo.
Lo que ocurrió en los meses siguientes, [música] según la versión del propio Ramiro, fue que el trato hacia él empezó a cambiar. El primero de marzo de 2019, Bronco tocó en una fecha. Esa fue la última presentación de Ramiro Delgado como integrante oficial del grupo. Después de [música] esa noche, según el mismo contó en el programa Hoy de Televisa dos meses después, empezó a recibir mensajes raros, mensajes que le decían que si no podía aguantar el ritmo, [música] quizá era mejor que se retirara.
Mensajes que le sugerían que pasara por su dinero [música] y se retirara en paz. Ramiro dio una entrevista al programa hoy. Sus palabras exactas fueron publicadas en varios medios. Ramiro dijo, “Su actitud [música] por el problema es de alta traición y la verdad me he quedado desconcertado. La gota que derramó el vaso fue la última fecha [música] que tuvimos el primero de marzo.
Ahí me sentí maltratado, tanto por él como por sus hijos, decepcionado, todo por el problema de mi salud. [música] Inclusive me dijo el jueves pasado que pasara por mi parte del dinero y se acabó. Me pagaron como si fuera una persona más y yo soy el fundador del grupo. Entonces me dijeron, “Si no te parece, aquí le paramos.” Lee esas palabras otra vez.
Me pagaron como si fuera una persona [música] más. Si no te parece, aquí le paramos. Esa fue la frase que según Ramiro, le dijeron después de [música] 32 años de estar en Bronco. Ramiro también reveló números. dijo en la misma entrevista que [música] Bronco cobraba más de un millón de pesos por cada concierto, un millón [música] de pesos mexicanos por show y que el reparto que a él le llegaba después de tres décadas no correspondía [música] con el de un socio fundador.
Acusó falta de transparencia en las regalías, [música] pidió claridad sobre los derechos de grabación. pidió cuentas [música] sobre los proyectos derivados, incluyendo la serie biográfica que Bronco había estrenado en TNT. La acusación fue pública, fue fuerte y, sobre todo fue inesperada porque nadie afuera del círculo cercano del grupo había imaginado que hubiera tensiones así.
Bronco era para el público, la hermandad perfecta, los cuatro amigos de Apodaca que nunca se habían soltado. Y de repente, en televisión abierta, uno de esos cuatro le ponía nombre y apellido a una herida que llevaba [música] años gestándose. Lupe Barza tardó semanas en responder. Cuando lo hizo fue a través de un comunicado.
En el comunicado, Bronco decía que a Ramiro siempre se le había invitado a los conciertos, que era decisión de él si iba o no, que durante [música] años el grupo había tratado de satisfacer todas sus inquietudes y Lupe le dirigía un mensaje directo. Las palabras fueron estas: “Ramiro, compadre, tú sabes que las [música] cosas que estás diciendo en los medios no tienen fundamento.
Te invito a que con la confianza que siempre nos hemos tenido [música] nos sentemos a hablar de cualquier inquietud que tengas para tratar de resolverlo de la mejor manera. Una invitación a sentarse a hablar. Después de que Ramiro había salido en televisión abierta a usar la palabra traición, era demasiado [música] tarde para sentarse a hablar.
Los dos compadres ya estaban en los [música] hechos enfrentados. En septiembre de 2019, Ramiro Delgado y su abogado [música] Javier Navarro dieron una conferencia de prensa en Monterrey. Anunciaron [música] que habían interpuesto dos demandas contra Bronco y contra el hijo mayor de Lupe, René Esparza, que era el administrador de la sociedad Jigame, una sociedad en la que Ramiro tenía el 50% de las acciones.
pidieron a las autoridades congelar el flujo de nóminas hasta una audiencia programada para el 3 de octubre. argumentaban que no se estaba rindiendo cuentas de los ingresos, que la sociedad podía recibir pagos, pero no podía emitirlos, que había una administración opaca de los dineros [música] del grupo. Lupe Esparsa ese mismo mes dio otra entrevista al [música] diario Excelsior.
Le preguntaron si iba a haber reconciliación con Ramiro. Lupe respondió con una frase que se volvió titular. dijo, “Jamás contesto [música] nada. No es mi estilo.” Y eso ya pasó a la historia. No éramos uña y mugre. En los grupos no hay amigos. Hay amigos [música] cuando no tienes nada. Cuando ya hay dinero, se fija uno en todo.
Eso es [música] una realidad en todos los grupos del mundo. En los grupos no hay amigos. Esa [música] es la frase, la frase que condensa 32 años de una relación. La frase que Lupe Esparza [música] le dedicó al hombre que había sido padrino de uno de sus hijos. Un [música] mes antes, ese mismo hombre había sido su compadre.
Ahora era para él uno más de los tantos músicos con los que se había peleado la industria. Lupe también dijo [música] en otra entrevista al programa Infobae, obviamente las cosas ya no están igual. Se rompieron los [música] puentes, pero estamos en paz. Somos compadres, pero ya le quiero devolver los 20 pesos.
Una reconciliación es muy complicada porque a veces los puentes se rompen para siempre. No es cualquier cosa lo que se habla de otras personas, es [música] complicado. Quiero devolverle los 20 pesos. En el lenguaje popular del norte, deberle 20 pesos a un compadre [música] es una metáfora de la deuda moral.
Lupe lo decía de otra manera. Decía que ya no quería tener nada que ver con él, ni los 20 [música] pesos simbólicos. Y lo más raro de todo esto, [música] lo más contradictorio, lo más cargado de dolor humano, es que mientras Ramiro Delgado demandaba a Bronco, su propio hijo Ramiro Delgado Junior, [música] seguía tocando con el grupo.
Era el tecladista nuevo. Estaba en [música] cada concierto. Estaba en la misma camioneta que los hijos de Lupe. Padre e hijo quedaron separados [música] por Bronco, el padre afuera demandando, el hijo [música] adentro tocando, una familia partida por el medio, por el mismo grupo que había sido su vida. En enero de 2021, Ramiro Delgado Junior anunció que él también [música] se salía de Bronco.
Dijo en un comunicado que se retiraba de la música, pero meses después apareció con un proyecto nuevo, una agrupación que llamó Delegado Norte. [música] Lupe Esparza dio su versión de esa salida en una entrevista con Univisión. Sus palabras. [música] No resultó lo que él nos afirmó al principio, de que casi llorando a grito abierto conmigo, abrazándome, [música] diciéndome que él dejaba la música.
Resulta que sale con su música él, [música] lo cual me parece muy bien, pero era muy fácil que nos lo dijera. Se rompió también con el hijo, [música] se rompió con el padre y con el hijo. Se rompieron los dos Ramiros delgado de la historia de Bronco [música] y Lupe se quedó. al final rodeado solamente de sus propios hijos y de [música] los nuevos músicos que fue contratando para llenar los huecos.
En 2022, en una conferencia de prensa para promocionar la gira, se soltaron los caballos, Lupe Esparza habló otra vez del tema. Para entonces ya habían pasado 3 años de la primera acusación de Ramiro. Le preguntaron si lo había afectado. Dijo [música] que sí, que le había afectado a nivel físico y psicológico.
Pero dijo también algo que vale la pena escuchar con calma, sus palabras. En lo personal, yo no tengo ningún tipo de odio ni recelo. Yo, por mi parte, estoy tranquilo, abierto mi corazón a todo lo que venga y le deseo todo lo mejor del mundo a Ramiro. Que le vaya bonito en lo que esté haciendo. Es mi mejor deseo.
Que esté [música] muy bien de salud, porque ya con nosotros, pues yo creo que fue una de las razones por las que decidió irse. Andaba ya muy mal de salud. Que esté muy bien de salud. [música] Ramiro había acusado maltrato por la enfermedad. Lupe 3 [música] años después le deseaba salud. Los dos versiones irreconciliables de la misma historia.
Los dos compadres ahora separados por abogados y micrófonos. Cada [música] uno contando lo suyo. ¿Quién tiene razón? Quizá los dos. Quizá ninguno. Quizá la verdad [música] es que después de 37 años de muertes y tragedias y batallas legales, el grupo [música] que se fundó en Apodaca con cajas de cartón ya no podía aguantar una herida más y que la herida que terminó de quebrarlo no vino de los narcos, ni de un autobús, ni [música] de un salón sin ventanas.
Vino de adentro, vino del compadre. Hoy Bronco siguen los escenarios. [música] Lupe Esparza, que ya va por los 70 años sigue cantando. Sus hijos René y José Adán lo acompañan. Javier Villarreal todavía anda cerca, aunque más apartado de la primera línea. El grupo sobrevivió a todo, [música] a la estampida. a la muerte de Homero, al robo del nombre, a la ejecución [música] de Eric, a la cirrosis de Choche, a la traición del compadre, a un desplome [música] de escenario en 2024 en un evento del candidato Jorge Álvarez
Maines en San Pedro Garza García, donde murieron nueve personas [música] más en un acto donde Bronco iba a tocar. 37 [música] años, más de 20 muertes alrededor del grupo contando a los siete de la fama, a Homero, a Eric, [música] a Choche y a los nueve del escenario de 2024. 20 [música] vidas pagadas por una carrera musical que empezó un sábado cualquiera en un salón de baile de agua fría, Nuevo León.
Tú creciste [música] escuchando a este grupo. Tú bailaste que no quede huella en una boda. Tú cantaste amigo bronco en el [música] entierro de alguien. Tú pusiste Sergio el bailador en un estéreo en un domingo familiar. [música] Lo que tú no sabías era todo esto que acabas de escuchar. Y regresemos para terminar a la noche donde empezó la maldición.
[música] Al 8 de noviembre de 1987, al salón La Fama de Santa Catarina, Nuevo León. [música] En ese salón sin ventanas, con la única puerta bloqueada, arriba del escenario estaba un grupo de cuatro muchachos de apodaca cantando una cumbia. La cumbia se llamaba No nos vamos a olvidar. Abajo, afuera, [música] entre cuerpos apretados que querían entrar y cuerpos apretados que querían salir, siete muchachos y muchachas empezaban a caerse y la multitud [música] les pasaba por encima.
Nadie se olvidó. La canción lo advertía, “No nos vamos a olvidar.” Los siete muchachos de la fama no se olvidaron de esa noche porque para ellos no hubo siguiente noche. Sus mamás no se olvidaron [música] porque tuvieron que identificar cuerpos en la morgue del Hospital Universitario al día siguiente. Bronco no se olvidó porque Lupe [música] Esparza compuso cumbia triste y las regalías las mandó a las familias.
[música] Homero Hernández no se olvidó de sus muchachos, aunque a él nadie lo [música] recuerde por nombre en las biografías oficiales. Eric Garsa no se olvidó de la banda que fundó, aunque se haya salido en el 86 y aunque haya muerto 26 años después en un baldío con un tiro en la cabeza. Choche no [música] se olvidó, aunque una bacteria de una transfusión le haya robado 14 años de vida.
Ramiro Delgado no se olvidó, [música] aunque hoy esté afuera del grupo, peleando por lo que él considera suyo, en tribunales que siguen abiertos. [música] Y tú, que escuchaste esta historia hasta aquí, tampoco te vas a olvidar, porque ahora cuando suene no nos vamos a olvidar en la radio de tu cocina [música] o en la bocina de tu carro.
Vas a pensar en un salón sin ventanas de Santa Catarina. Vas a pensar en una cinta adhesiva atada a unas manos en un valdío de García. [música] Vas a pensar en una transfusión de sangre contaminada que nadie vio a tiempo. Vas [música] a pensar en un autobús y una puerta mal cerrada en una carretera de Veracruz. Vas a pensar en dos compadres que fueron amigos 32 [música] años y que no pudieron sostener la amistad un año más.
Esa canción que una noche de noviembre en 1987 [música] sonó como un himno romántico. Se volvió con el tiempo una profecía. Nadie se olvidó. Ni los muertos, ni los vivos, ni la industria [música] que siguió enterrando a los de Apodaca. Gracias por haberte quedado conmigo hasta el final. Gracias a cada mujer que estuvo escuchando desde Guadalajara, desde Monterrey, desde la Ciudad de México.
Gracias a cada mujer que escuchó este video desde Los Ángeles, desde Chicago, [música] desde Houston, desde Phoenix. Gracias a cada mujer de Colombia, [música] de Argentina, de Perú, de Ecuador, que encontró esta historia en su pantalla y se quedó porque reconoció esas [música] canciones de su propia juventud.
Te pido algo antes de que te vayas. Baja ahí a los comentarios y cuéntame cuál fue la primera canción de Bronco que te marcó. ¿Dónde estabas cuando la escuchaste por primera vez? ¿Con quién la bailaste? [música] Porque lo que carga Bronco no es nada más una lista de muertes. Es también una herencia de noches felices en tu propia vida.
Y esas [música] noches también merecen ser contadas. Y si alguien te ha acompañado en esa memoria, una hermana, una [música] hija, una amiga de la secundaria con la que bailabas cumbias hace 30 años, mándale este [música] video. Quizá ella tampoco sabía lo que de verdad pasó detrás de las canciones que marcaron a nuestra generación.
Nos vemos [música] en la siguiente historia, otra que México prefirió callar. Porque aquí lo que hacemos es recordar.
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