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BETO ÁVILA: The Family HELL… The Brutal TRAGEDY That Left Him DEVASTATED

El 30 de abril de 1949, Roberto Ávila debutó con los indios [música] de Cleveland frente a los Tigres de Detroit en el esio municipal de Cleveland. El público idolatraba grandes peloteros ya establecidos como Bob Feller, Bob Lemon y Early Win. El segunda base estelar era Joe Gordon y en la banca esperando su oportunidad estaba un mexicano de 25 años que había cruzado la frontera con $17,500 y el peso de representar a una nación entera.

Comenzaba una nueva era, no solo para él, para el béisbol mexicano completo. Lo que vino después no fue fácil. Las grandes ligas de béisbol en 1949 eran un mundo que apenas empezaba a procesar la integración racial después de que Jackie Robinson la forzara en 1947. El ambiente en los estadios, en los vestuarios, en los hoteles, durante las giras por las ciudades del este y del medio oeste cargaba tensiones que hoy cuesta imaginar en su dimensión real.

Beto Ávila [música] llegó como mexicano y latinoamericano en un circuito dominado por blancos estadoamericanos y [música] por Afrafro. Todavía lucha por su propio lugar con toda la fuerza de quien sabe que está peleando por algo más grande que un contrato de béisbol. Un mexicano del puerto de Veracruz era una figura casi completamente exótica en ese contexto de 1949.

El idioma era una barrera real y concreta. El inglés de Beto al llegar a Cleveland era limitado. Las costumbres del béisbol americano, el ritmo de los viajes largos en autobús y tren ciudades, la comida, el clima del norte de Ohio, la distancia de su familia y de su tierra veracruzana, todo pesaba de maneras diferentes y simultáneas.

[música] Pero lo que pesaba más que cualquier otra cosa individual era la conciencia de la expectativa. Porque si Beto fallaba, no era solo Beto quien pagaba el precio. Era la imagen del pelotero mexicano en las Grandes Ligas la que sufría las consecuencias de ese fracaso. El primer fracaso de un pionero siempre es más costoso que el fracaso de alguien que llega a un espacio donde ya hay muchos iguales a él.

Beto lo sabía con claridad y esa conciencia, en lugar de aplastarlo bajo el peso de la responsabilidad, [música] lo afiló como afila el fuego al acero y Beto no falló. Joe Gordon se retiró y el puesto de segunda base de los Cleveland Indians quedó vacante. Roberto Ávila lo tomó y no lo soltó por casi una década de béisbol consistente y respetable al más alto nivel del deporte.

En 1952 llegó la primera convocatoria al juego de estrellas de las Grandes Ligas, ese evento donde los mejores jugadores de cada liga se enfrentan ante la mirada de toda América. Beto Ávila, mexicano veracruzano en el juego de estrellas de las Grandes Ligas [música] en México. Esa noticia fue recibida con una emoción que iba mucho más allá del béisbol como deporte, porque en ese momento Beto no solo representaba a los fanáticos de un juego, representaba la posibilidad concreta y demostrada de que un latinoamericano podía llegar al nivel

más alto del deporte más importante de Estados Unidos y mantenerse ahí con orgullo, con disciplina y con números que nadie podía discutir. Pero lo mejor de toda su carrera estaba todavía por llegar y llegó en 1954. Aquí viene lo primero que te prometí. La temporada de 1954 es la más grande en la historia del béisbol mexicano y Beto Ávila fue el protagonista absoluto de esa historia.

Los indios de Cleveland vivieron una temporada extraordinaria, ganando 111 juegos en la temporada regular, un récord de la liga americana en aquel momento. Fueron a la Serie Mundial contra los Gigantes de Nueva York, de Willy Ma y de su compañero de la Liga Nacional en el título de bateo de esa temporada, el mismo Maze que ese año bateó punto 345.

Los indios eran los favoritos claros y en medio de todo eso, Beto Ávila llegó a la última semana de la temporada peleando el título de bateo de la Liga Americana contra nada menos que Ted Williams [música] de los medias rojas de Boston. Ted Williams, el último hombre en batear punto 400 en una temporada completa en las grandes ligas, hazaña que logró en 1941 y que ningún bateador ha vuelto a alcanzar hasta el día de hoy.

El jugador que muchos consideraban el mejor bateador puro que el béisbol había producido hasta ese momento. Un hombre que perdió años de su carrera por servir en dos guerras. Un hombre que paradójicamente era también amigo personal de Beto Ávila fuera del terreno de juego, como lo son a veces los grandes rivales deportivos que se reconocen mutuamente [música] en su magnitud.

Ese era el rival de Beto en la carrera por el título de bateo de 1954. Grábate esto porque este detalle lo cambia todo. Beto Ávila jugó casi toda la temporada de 1954 con un pulgar roto, no con un pulgar adolorido o con una molestia menor que los entrenadores convencen a los jugadores de ignorar. con el pulgar roto. Y con ese pulgar roto compitió contra [música] Ted Williams, el mejor bateador de su generación, por el título de bateo más importante del béisbol americano.

Ahí está la diferencia visible entre el talento y la grandeza que lo trasciende. El talento le habría dicho a Beto que descansara, que esperara la próxima temporada, que su carrera todavía tenía años por delante. La grandeza le dijo que siguiera bateando. Al final de la temporada, Beto terminó con un promedio de punto 341.

Williams terminó con punto 345, un promedio superior en términos numéricos, pero Williams no tenía suficientes turnos al bate oficiales para calificar [música] para el título según las reglas de la época. Cuando se aplicaron las reglas de calificación reglamentariamente, el promedio de Williams cayó por debajo del debeto y Roberto Francisco Ávila González del puerto de Veracruz, México, se convirtió en campeón de bateo de la Liga Americana de 1954.

El primero de toda América Latina en ganar ese título en las Grandes Ligas de béisbol. En 1952, 1954 y 1955, Beto fue convocado al juego de estrellas. Tres en 1951 y en 1954 fue candidato al jugador más valioso de la liga americana, reconocimiento que en ambas ocasiones quedó en manos de Yogi Berra, de los Yankees de Nueva York.

Y en la Serie Mundial de 1954, los indios de Cleveland enfrentaron a los Gigantes de Nueva York. Los Gigantes ganaron la serie en cuatro juegos consecutivos. En una de las sorpresas más grandes [música] de la historia de la serie mundial, la temporada histórica de 111 victorias terminó con derrota en el escenario más grande, pero el título de bateo de Beto era intocable, nadie podía quitárselo.

En México, la noticia del título de bateo tuvo un impacto que hoy seía difícil de reproducir con ninguna tecnología moderna. No había redes sociales, no había transmisiones en vivo instantáneas [música] disponibles para todos en cualquier lugar. Pero la noticia viajó por radio, por los periódicos, [música] de boca en boca en las calles del puerto de Veracruz, en los cafés de la Ciudad de México, en los estadios de béisbol de Monterrey, de Puebla, de todas las las ciudades donde el béisbol tenía [música] raíces profundas en la identidad local.

México tenía un campeón de bateo en las grandes ligas. Un mexicano había llegado a la cima del béisbol mundial y lo había hecho con un pulgar roto, compitiendo contra el mejor bateador de su generación y ganando en base a las reglas de un deporte que no hace favores a nadie. El béisbol lo elevó hasta el punto más alto que cualquier pelotero mexicano había alcanzado hasta ese día.

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