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ANTONIO MARGARITO : CUMPLIÓ 47 AÑOS y como VIVE es MUY TRISTE

En el décimo [música] asalto, el árbitro detuvo la pelea. Margarito ganó por knockout técnico, campeón mundial por primera vez en su vida. Revelación número uno. ¿Cómo se convirtió en el más temido? Entre 2002 y 2008 construyó una racha que lo consolidó en la élite. Defensas de título, rivales peligrosos, peleas que nadie olvidó fácilmente.

Sus combates contra Kermit sin Tron [música] quedaron grabados en la memoria del boxeo. Los derrotó dos veces, ambas [música] por knockout técnico, ambas en peleas que mostraban lo mismo de siempre. un hombre que recibía todo lo que le lanzaban [música] y en lugar de debilitarse parecía fortalecerse. Su [música] apodo lo decía todo.

El tornado de Tijuana, no por elegancia, [música] no por técnica, por la forma en que arrasaba con todo [música] lo que encontraba en su camino. Los rivales no querían pelear con él. Los managers evitaban esa pelea para sus boxeadores. Hoy los que no tenían opción [música] subían al ring con una mezcla de respeto y miedo que Margarito sabía leer [música] desde el primer intercambio.

Y aquí está la primera cosa que casi nadie analiza con honestidad, ese nivel de resistencia, esa capacidad casi antinatural para soportar golpes [música] que noquean a cualquier otro. ya generaba preguntas en los círculos internos del boxeo. No en los medios todavía, no en público, pero en los vestidores, entre entrenadores y promotores, había gente que se preguntaba en voz baja cómo era posible.

Nadie tenía pruebas, nadie podía señalar nada concreto, pero las preguntas estaban ahí esperando. La noche más grande. [música] Su consagración definitiva llegó el 26 de julio de 2008. MGM Grand, Las Vegas, frente a Miguel Coto, campeón de la Asociación Mundial de Boxeo, [música] invicto con 32 victorias, considerado uno de los mejores libra por libra del mundo en ese momento.

El combate fue una guerra desde el primer asalto. Escoto usó su velocidad y precisión para castigar a Margarito en los primeros rounds. Golpes limpios que a cualquier otro lo hubieran frenado. Margarito siguió caminando hacia adelante [música] como siempre. En los asaltos finales, la balanza cambió. Coto, agotado, acumulando daño visible en el rostro, cayó dos veces en el undécimo round.

Su esquina detuvo [música] la pelea. Margarito levantó los brazos. Esa noche fue el punto [música] más alto de toda su carrera. Los medios lo elogiaron, la afición mexicana [música] lo celebró, el símbolo del boxeo de resistencia, el guerrero que nunca daba un paso atrás. Pero incluso en ese momento de gloria, las preguntas que flotaban en los vestidores empezaron a hacerse más frecuentes.

¿Cómo absorbía ese nivel de castigo y siempre terminaba dominando al final? Solo genética, solo mentalidad. [música] Las preguntas flotaban. Nadie tenía pruebas todavía. Lo que vino después les daría una respuesta [música] que nadie quería escuchar. La caída, las vendas. T el escándalo. Paquiao. La revancha [música] con Koto.

Aproximadamente 20 minutos. Hay noches que definen una carrera entera. Para Antonio Margarito, esa noche fue el 24 de enero de 2009. Stapel Center, Los Ángeles. Margarito llegaba como campeón mundial. Su rival era Shane Mosley, un veterano respetado que muchos veían como en el tramo final de su carrera. En el papel parecía una defensa más.

Lo que estaba por ocurrir no figuraba en ningún papel. Revelación número dos, lo que pasó en el vestidor. Minutos antes de subir al ring, mientras [música] el equipo de Margarito terminaba de vendarlo en el vestidor, el entrenador de Mosley notó algo, algo que no cuadraba. pidió que [música] deshicieran los vendajes.

El ambiente se tensó de inmediato. Al retirar las vendas encontraron unas almohadillas con una textura dura, [música] compacta, extraña. Nada que debiera estar ahí. Los oficiales de la Comisión Atlética de California intervinieron. [música] No es el análisis confirmó lo que el tacto ya sugería. sulfato de calcio y sulfato de sodio, los componentes básicos del yeso, la misma sustancia que endurece al contacto con la humedad.

En términos simples, si Margarito hubiera peleado con esas vendas, habría estado golpeando con algo cercano a una roca cubierta de tela. A pesar del escándalo, la pelea se celebró esa noche, pero Margarito ya no era el mismo. Mosley lo dominó de principio a fin. Round tras round, el castigo fue metódico y sin piedad.

En el noveno asalto, el árbitro detuvo la masacre. Margarito cayó por knockout técnico y días después el escándalo explotó en todos los medios del mundo. La audiencia y la condena. La Comisión Atlética citó a Margarito y a su entrenador Javier Capetillo. La defensa fue débil. Capetillo intentó asumir la culpa completa.

Dijo que fue un error que confundió las almohadillas viejas. Nadie lo creyó. La lógica era simple. Un entrenador con décadas de experiencia no comete ese tipo de error. La comisión suspendió a ambos por un año, pero la condena pública no tuvo fecha de vencimiento. La palabra tramposo se pegó al nombre de Margarito como una marca que ninguna declaración podía borrar.

Los patrocinadores desaparecieron. La prensa deportiva lo despedazó. Canales de televisión y revistas lo comenzaron a poner en listas de los mayores fraudes del boxeo moderno, el fantasma de Koto. Y entonces llegó la pregunta que todos se hacían en voz baja. Si lo intentó contra Mosley, lo hizo también en 2008.

Las imágenes de Koto aquella noche en Las Vegas volvieron a circular. su rostro destrozado, las caídas en el undécimo round, el daño que muchos ahora miraban con otros ojos. El propio [música] Coto no guardó silencio. Dejó claro en entrevistas que sentía que aquella pelea no había sido limpia, que le habían quitado algo que no se recupera sin pruebas concluyentes, pero con una sospecha que ya nadie podía ignorar.

Y Margarito insistió en su inocencia. Repitió una y otra vez que no sabía lo que había en sus vendas, que confiaba ciegamente en su entrenador. El mundo del boxeo, en su mayoría no le creyó. La lógica que la gente manejaba era simple. Un boxeador siente sus manos, sus guantes, [música] el peso, la dureza. Era difícil sostener que no sabía nada.

Y aunque nadie pudo probarlo, la duda quedó sembrada para siempre. Revelación número tres. Pacquiao y el precio del cuerpo. Margarito intentó volver y la pelea que consiguió fue contra Manny Pacquiao, el mejor boxeador del mundo en ese momento. El resultado [música] fue devastador. Lo que Pacquiao le hizo a su rostro aquella noche quedó registrado en imágenes que dieron la vuelta al mundo.

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