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ANA GUEVARA: The CONADE looting… 524 million stolen and athletes selling underwear

Fue seleccionada para representar a Nogales. Ganó el campeonato estatal. Soñaba con [música] algo parecido a lo que Michael Jordan representaba para toda una generación de niños de los años 80 y 90 en México. La idea de que el talento puro podía llevarte más lejos que cualquier privilegio de cuna, pero llegó un momento en que la edad la sacó del equipo y tuvo que buscar otro deporte.

Esa decisión tomada por circunstancias ajenas a ella cambió la historia [música] del atletismo mexicano. Necesitas imaginar ese momento. Una joven de 19 años en Nogales, sin dinero, sin estructura, sin un plan claro para su vida, que de repente tiene que reinventarse deportivamente. Podría haber dejado el deporte, podría haber encontrado trabajo en alguna maquiladora, como hacían muchos de sus contemporáneos.

En cambio, eligió probar con el atletismo, no porque alguien se lo recomendara, no porque hubiera un programa institucional que la detectara y la guiara, sino porque tenía velocidad y quería usarla. En 1996 tiene 19 años. Sin entrenamiento formal en pista, sin experiencia en atletismo de competición, sin ninguna base técnica específica para los 400 m y se inscribe en la Olimpiada Nacional Juvenil de México.

Lo que pasó ahí fue algo que los entrenadores presentes aún recuerdan. Ganó, no solo ganó los 400 m, ganó también los 800 m. Una chica de Nogales que nunca había entrenado atletismo llegó a la Olimpiada Nacional y se llevó dos oros. Ese resultado llegó a los oídos de Raúl Barreda, entrenador cubano que en ese momento era considerado uno de los mejores especialistas en velocidad del continente americano.

Barreda la vio correr. Entendió inmediatamente que estaba frente a algo excepcional y tomó una decisión que iba a definir los siguientes 12 años de la vida de ambos. la tomó bajo su tutela. El entrenamiento bajo Barreda fue brutal, no hay otra palabra. Raúl Barreda era el tipo de entrenador que formaba campeones porque les exigía lo que nadie más se atrevía a exigir.

Venía de la Escuela Cubana del atletismo, una de las más rigurosas del mundo en disciplinas de velocidad y medio fondo. Para Barreda, el talento bruto era solo el punto de partida. Lo que diferenciaba a un buen atleta de un campeón mundial era el trabajo, la disciplina y la capacidad de tolerar el dolor de manera sostenida durante años.

El atletismo de élite en los 400 m es una de las disciplinas más exigentes que existe en el deporte. No es velocidad pura como los 100 m, pero tampoco es resistencia pura como los 800. Es la distancia que combina lo peor de las dos cosas. Corres a una velocidad que tu cuerpo no puede mantener durante todo el recorrido y tienes que aprender a gestionar el dolor que viene cuando el ácido láctico empieza a acumularse en tus músculos a los 300 m, cuando el cuerpo grita que pares y tú tienes que seguir acelerando.

Los mejores especialistas en 400 m no son solo velocistas rápidos, son personas con una tolerancia al dolor fisiológico por encima del promedio, combinada con una velocidad de base excepcional. Es una combinación rarísima. Ana Gabriela aprendió a correr con ese dolor. Barreda le enseñó a controlarlo y juntos construyeron algo que México nunca había visto en una mujer, una velocista de clase mundial que podía competir y ganar contra las mejores del planeta.

El proceso no fue inmediato ni fácil. Fueron meses de entrenamientos dobles, de sesiones en pista que dejaban al atleta sin poder caminar correctamente al día siguiente, de aprender a comer para rendir, de dormir para recuperarse, de construir la base física que convertiría una basquetbolista de Nogales en la mejor velocista de América Latina.

En 1997, primer año completo de entrenamiento formal, participó en la Universidad Mundial en Italia. Terminó sexta en los 800 m. Para alguien con un año de entrenamiento específico, ese resultado era extraordinario. En 1998 llegó al Campeonato Iberoamericano en Lisboa, Portugal, y se llevó tres medallas: oro en 400 m, plata en 800 m y oro en el relevo 4×400.

Su récord en los 400 m del campeonato iberoamericano sigue vigente hasta hoy, casi 30 años después. Piensen, es un momento. Un récord establecido en 1998 que no se ha podido romper en casi tres décadas. Eso te da una medida exacta de lo que An Guevara fue como atleta. En 1999 ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnie Peg, Canadá.

Primera mujer mexicana en ganar el oro continental en los 400 m. En ese mismo año fue a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo y sumó más medallas. Al terminar 1999, Anna Guevara ya era la mejor velocista de América Latina en su distancia y una de las mejores del mundo. Su familia en Nogales seguía su carrera a través de la televisión.

César Octavio y Ana María viendo a su hija mayor, la que nació en aquella ciudad de la frontera, la que no tenía maestro de educación física en la primaria, compitiendo contra las mejores atletas del mundo. Ese fue el México que Ana Guevara llevó siempre en la espalda cuando corría. No las instituciones, no el sistema, [música] su familia, su ciudad, la gente que no tenía nada y la vio convertirse en todo.

En el año 2000 llegó a los Juegos Olímpicos de Sydney como una de las favoritas para el podio. En la final de los 400 m, femenino corrió en 49,70 segundos y terminó en quinto lugar. Tonique Williams de Bahamas ganó el oro en 49,11. Para la mayoría de las personas, un quinto lugar olímpico es el sueño de toda una vida.

Para Ana Guevara fue el comienzo. Salió de Sydney sabiendo exactamente lo que tenía que mejorar y lo mejoró. Pero lo peor aún no había llegado. Primero vendría la cima. En 2001, Ana Guevara fue al campeonato mundial de Edmonton, Canadá. Llegó al podio, medalla de bronce en los 400 m. Días después, en los Juegos de la buena voluntad de Brisbane, Australia ganó el oro en los 400 m individuales.

En Brisbane también compitió en el relevo 4×400 representando a una selección mundial, terminando con medalla de bronce. Al finalizar esa temporada, la Federación Internacional de Atletismo publicó su ranking mundial de los 400 m femenino. El nombre que aparecía en el número uno era el de una atleta de Nogales, Sonora.

México, Ana Gabriela Guevara. Aquí viene lo primero que te prometí. En 2002, Ana Guevara hizo algo que muy pocos atletas en la historia del atletismo mundial han logrado. Ganó todas las pruebas de 400 m en las siete competencias de la Golden League de la IAFE. Todas, no cuatro de siete, no cinco de siete, las siete.

Para los que no conocen el circuito, la Golden League era la competencia más prestigiosa del atletismo mundial fuera de los Juegos Olímpicos y los campeonatos mundiales. Los mejores atletas del planeta competían en las mismas carreras. Ganar una sola de esas carreras ya era un resultado extraordinario. Ganar las siete era algo que solo ocurría una o dos veces por generación en cualquier disciplina.

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