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TIBIO MUÑOZ: el ORO de México 68 INHABILITADO 10 AÑOS… DESVIÓ MILLONES en CODEME

Tercera, la cifra real de los millones que fueron cuestionados en la CODM y que le valieron una sentencia de muerte civil por una década. Cuarta. ¿Dónde está ahora el tibio y por qué su legado está manchado por una sombra que ni todo el oro del mundo puede limpiar? Te voy a avisar cuando llegue  cada una.

Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Como un campeón que lo tenía todo, el respeto de un pueblo y el estatus de semidios terminó  siendo expulsado del servicio público como un delincuente administrativo. Pero antes, necesitas saber cómo llegó hasta ahí, porque todo empezó en la Ciudad de México, mucho antes de que el mundo supiera su nombre. Grábate.

Esto es importante. En 1951 nació un niño que no parecía destinado a la velocidad, sino  a la resistencia silenciosa. Felipe creció en una familia de clase media en una ciudad de México que todavía respiraba un  aire de provincia. Pero su conexión con el agua no fue amor a primera vista. Escucha esto.

Le apodaron el tibio, no por su  temperamento, sino por una broma de su padre. Su madre era de Aguascalientes y su padre de la Ciudad de México, lo que lo  convertía en una mezcla de aguas calientes y frías. Así nació el apodo que marcaría su vida. El tibio empezó a nadar en el club deportivo Chapultepec y ahí es donde aparece la figura clave, su primer mentor, Nelson Vargas. Piensa en eso un momento.

Vargas no solo le enseñó a nadar, le enseñó a cazar. En esos años, México se preparaba para los Juegos Olímpicos de 1968. No eran cualquier juego, eran la oportunidad de México para demostrar que era un país moderno, a pesar de que las calles estaban teñidas de la sangre de los estudiantes por la masacre de Tlatelolco apenas 10 días antes de la inauguración.

Esto que te voy a contar ahora nadie lo sabe con  detalle. El entrenamiento del tibio era una tortura psicológica y física diseñada para romper a cualquiera. No era el más rápido en las prácticas de velocidad pura. No era el más fuerte en el gimnasio, pero tenía algo que los demás no. una capacidad pulmonar fuera de lo común y una frialdad absoluta bajo presión que lo hacía parecer casi inhumano.

Mientras el país se convulsionaba políticamente y los tanques del ejército rodeaban las plazas públicas, Felipe se sumergía en el cloro durante 6 u 8 horas diarias, haciendo miles de metros en un estilo de pecho que muchos consideraban poco elegante, pero tremendamente eficiente.

Su primer título importante fue en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero nadie en el circuito internacional esperaba que ese chico, de hombros anchos y mirada tranquila pudiera hacer algo contra las potencias mundiales de la época, especialmente contra los nadadores de la Unión Soviética y Estados Unidos que dominaban los rankings mundiales.

Pasó de ser un joven  con una vida normal que disfrutaba de las caminatas por la colonia Condesa,  a hacer la esperanza de una nación que necesitaba desesperadamente una alegría en medio de la oscuridad política y la represión social. El 22 de octubre de 1968, Felipe tenía exactamente 17 años y 251  días.

Estaba en la final de los 200 m brasa. Aquí viene lo primero que te prometí. Imagina la alberca olímpica Francisco Márquez,  una joya arquitectónica inaugurada apenas unos meses antes. Hay 10,000 personas gritando su nombre, creando un estruendo que se sentía en las entrañas. Pero él ha dicho años después que en ese momento no escuchaba nada, solo el latido de su propio corazón.

Suena el disparo. El tibio no sale bien. Su reacción al bloque de salida es lenta comparada con los velocistas puros. Al llegar a los primeros 50  m está en la parte trasera del grupo. A los 100 m está en cuarto lugar y el soviético Vladimir Kosinski parece inalcanzable, deslizándose sobre el agua con una técnica perfecta que parecía predestinada al oro. Pero escucha esto.

En los últimos 50 m algo cambió en la química de esa  alberca. Felipe empezó a bracear con una furia y una potencia que no se había registrado en toda su carrera. remontó metro a metro, centímetro a centímetro.  La grada era un caos de gritos y llanto. Tocó la pared en 2 minutos 28 segundos y 7 décimas. Oro para México.

El país explotó en una catarsis colectiva que no se ha vuelto a repetir en el deporte nacional.  Ese fue el momento de su gloria máxima, el momento en que se convirtió en un símbolo intocable de la identidad mexicana.  El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz lo usó inmediatamente como bandera, como el ejemplo perfecto del éxito del sistema, ignorando convenientemente que mientras Felipe ganaba el oro, miles de jóvenes de su misma edad estaban siendo perseguidos  o encarcelados.

empezó a ganar becas, reconocimientos, medallas al mérito y una posición social que su familia nunca había imaginado. Pero esa misma gloria fue la que le abrió las puertas de las oficinas gubernamentales, donde años más tarde se gestaría  su ruina total. Grábate este detalle. El éxito deportivo es  una droga potente que nubla el juicio, pero el poder político es una adicción mucho más peligrosa y difícil de abandonar.

Tras retirarse joven de la natación activa porque sabía que nunca superaría lo hecho en el 68, Felipe Muñoz no se alejó  del deporte, sino que se metió de lleno en las entrañas de su administración burocrática. quería, según sus propias palabras,  devolverle al deporte mexicano un poco de lo que este le dio. Pero el sistema deportivo de finales de los 90 y principios de los 2000  no era una alberca de cristal, era un nido de influencias, deudas  de favores y manejos opacos de presupuestos federales. Muñoz pasó de ser el héroe

que venció a los soviéticos  a ser un funcionario público que aprendió muy rápido cómo funcionaba la maquinaria del presupuesto. Su ascenso en la jerarquía fue meteórico, impulsado por su carisma y su estatus de leyenda. Fue jefe de la misión olímpica en varias ocasiones, diputado federal por el PRI, donde aprendió las artes negociación política y finalmente alcanzó la presidencia de la Confederación Deportiva Mexicana, la CODM, y posteriormente del Comité Olímpico Mexicano. Estaba en la cima absoluta

de la pirámide burocrática. tenía bajo su firma el control de cientos de millones de pesos destinados a federaciones, atletas de alto rendimiento y programas de desarrollo que supuestamente crearían a los nuevos tibios del futuro. Pero el tibio de carne y hueso olvidó que en el agua los carriles están perfectamente marcados y las reglas son claras, pero en la política mexicana de esa época los límites entre lo público y lo privado eran peligrosamente difusos.

Bajo su mando, la CODM se convirtió en un ente poderoso pero cerrado. Empezó a tomar decisiones cuestionables sobre el destino de los recursos que llegaban de la Comisión Nacional del Deporte. Se dice, y esto fue parte de las investigaciones posteriores, que el dinero que debía llegar a los jóvenes que entrenaban en condiciones deplorables en los estados más pobres del país terminaba desviándose para cubrir gastos de representación que no tenían justificación.

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