raliano invicto en defensa de título, el favorito. Olivares tenía 22 años, récord de 51, ganado cero perdidos con un empate y ningún dólar en la bolsa que no viniera del boxeo. Round 5co. Golpe al cuerpo. Rose se dobla. El PA sube la mano al mentón. Knockout. México explotó. Un chamaco de Bondojito acaba de ser el mejor peso gallo del mundo.
Lo que nadie sabe es lo que pasó antes. El director del Forum, aterrado a que hubiera disturbios, fue al vestidor a pedirle que calmara a la gente y el púas, con toda la calma le dijo que no se preocupara, que él respondía y respondió con noockout. Pero en el boxeo mexicano, la gloria siempre viene con un rival que la complica.
Jesús Chucho Castillo, guanajuatense, igual de duro, igual de hambriento. Se pelearon tres veces entre 1970 y 1971. Tres guerras en el mismo ring, en el mismo for de Inglegood. Primera pelea en abril de 1970. Olivares al piso en algún momento, pero se levanta y gana por decisión en 15 round. Rasha invicta. Segunda pelea, octubre de 1970.
Desde el primer round, un corte en el ojo izquierdo del Púas, la sangre no para. Round 14, el referee lo detiene. Primera derrota en 62 peleas, la primera para el Pugas Olivares. Tercera pelea en abril de 1971. Olivares regresa diferente, más frío, más calculador. Gana por decisión en 15 round en forma tan clara que no hubo discusión.
recuperó el cinturón y la dignidad. Dicen que cuando terminó la tercera pelea, los dos se abrazaron en el ring, rivales en el cuadrilátero, amigos afuera. Así era el boxeo de antes. Recuperó el cinturón Gallo en 1971, lo perdió en 1972 ante Rafael Herrera y en lugar de retirarse subió de categoría. Peso pluma y volvió a ser campeón del mundo en 1974.
noqueó al japonés UHAM en el séptimo round, campeón de la Asociación Mundial de Boxeo. En 1975 venció a Bobby Chacón, campeón del Consejo Mundial de Boxeo. Cuatro títulos mundiales en dos divisiones diferentes y al hacerlo se convirtió en el primer mexicano en la historia en ganar campeonatos mundiales en dos divisiones distintas.
Primero de la historia antes de Chávez, antes de Barrera, antes de Canelo. El PA lo hizo primero. Miembro del salón internacional de la fama del boxeo, mismo salón donde están sugar Robinson, Mohamed Alí, John Luis y Rubén Olivares de la Abondojito. Y aquí viene la parte que nadie quiere contar, pero que hay que contar igual.
Olivares ganó más de 2 millones de dólares en su carrera, una fortuna real en los años 70 y la gastó toda. No en una mala inversión, no en un abogado que lo robó. La gastó en las parrandas, en los amigos, en ser el púas fuera del ring, igual que adentro, sin medida, sin límite. Nunca fue el boxeador más disciplinado.
Sus entrenadores lo sabían, los promotores lo sabían y el propio Olivares lo sabía. Pero el barrio también lo sabía y lo querían igual porque el PUAS nunca fue el tipo que se esconde. Invitaba a todos, pagaba todo, era generoso hasta que no quedó con nada que dar. Eso es una virtud o es un defecto, no sé, pero sí sé que eso lo hace más humano que cualquier trofeo.
Años después del retiro, alguien fue a la lagunilla y lo encontró ahí. Un señor de edad sentado entre puestos de curiosidades con sus cinturones de campeón del mundo sobre una mesa de metal vendiéndolos cobrando 100 pesos por tomarse una foto con él. Los mismos cinturones que ganó sudando sangre en Inglegood frente a decenas y miles de personas.
Y aquí está lo que más extraño de todo. No lo veían triste, lo veían ahí y te sonreía. Te contaba las peleas con la misma emoción como si fuera el día de ayer. Firmaba autógrafos, posaba para las fotos. El PA Olivares nunca aprendió a perder con la cabeza baja, ni en el rin ni en la vida. ¿Cuánto valen cuatro títulos mundiales? Si la respuesta fuera dinero, Rubén Olivares no saldría bien en la cuenta.

Pero si la respuesta es otra cosa, si la respuesta es cuánta gente lo sigue queriendo 40 años después de que se retiró, ¿cuántos niños del barrio lo vieron pelear y se creyeron que ellos también podían? Entonces eles es el campeón más rico de todos. Nació en Iguala, creció en Bondojito, vendió periódicos, goleó zapatos, cargó blog con su padre y fue el primer peso gallo del mundo.
Hay barrios enteros que se parecen al abondojito y en todos ellos hay un Rubén Olivares que todavía no sabe que lo es. Esta es la historia de Rubén el Púa Olivares, uno de los máximos ídolos del boxeo mexicano.
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